COMENTARIOS AL EVANGELIO, CICLO - B

 

 

 

- TIEMPO DE ADVIENTO -

 

 

 

 

Primer Domingo de Adviento:

 

EVANGELIO (Mc 13,33-37.)
                                                      "Velad, pues no sabéis cuando vendrá el dueño de la casa."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.
 

        En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!
                                                                                           Palabra del Señor.

 

Jesús recomienda a sus discípulos: “Vigilad, pues no sabéis cuándo es el momento.”

           Comenzamos la andadura de un nuevo Año Litúrgico y es bueno que tengamos en cuenta esta recomendación del Maestro; debemos estar alerta, siempre vigilantes, siempre alertas, esperando que venga en cualquier momento.

         Bien es verdad que estamos dispuestos a preparar su venida en Navidad, pero no podemos olvidar que su venida se realiza diariamente y no necesariamente en forma de recién nacido, que también, sino que puede ser en forma de anciano que viva en solitario su duro ocaso, en forma de emigrante de mirada ansiosa y asustada, en forma de quien pasa hambre, discriminados por nuestra implacable sociedad del consumo y del bienestar. Bienestar ¿para quién?; ¿para los que hemos mencionados?, ¿para tantos otros que no mencionamos?...

         Creo que el mensaje de advertencia que Jesús lanzó a los suyos en aquellos días sigue teniendo plena vigencia en nuestro tiempo. Realmente hemos de estar atentos a todas las señales que se nos envían y no sólo para estar preparados para su venida sino también para preparar su camino, para quitar todos los obstáculos posibles y hacer un camino agradable y atractivo. Para eso hemos de estar alerta y tener en cuenta sobre todo las carencias de nuestros hermanos; su hambre no puede constituir el pan nuestro de cada día. Vigilemos.

 

Segundo Domingo de Adviento:

 

EVANGELIO  (Mc 1,1-8.)
                                                  "Preparadle el camino al Señor."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.
 

        Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos.
Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: -Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.
 

                                                                                                          Palabra del Señor.

 

        Al abrir el evangelio de San Marcos lo primero que encontramos es un mensaje de esperanza, de incontenida alegría, de gozo sin límites con el anuncio del Reino. El mensajero es un tanto peculiar: un hombre sobrio, que se viste con humildad, que come con frugalidad y que se ciñe con un cinturón de cuero, nada más. Este mensajero, que proclama la inminencia de la llegada de alguien al que no es digno de desatar las sandalias. Un hombre admirable que lejos de atribuirse ningún mérito por su labor, por su trabajo, lo pone todo en función de Aquel que viene tras de él y que en lugar de bautizar con agua para ratificar el arrepentimiento de los pecados, bautizará con fuego, con Espíritu Santo para borrar la memoria del pecado; para abrir de una vez por todas las puertas de la casa del Padre, cerradas desde antiguo por el pecado del hombre. Pero Juan nos trae un hermoso mensaje de esperanzas, aunque su envoltorio no sea muy atractivo.

        Nos dice que nos preparemos para que recibamos con dignidad a quien nos trae un nuevo mundo de esperanzas. Preparemos el camino y allanemos el sendero para Jesús venga a nosotros y nos traiga la fuerza del Espíritu Santo que recibimos el día de nuestro bautismo.

 

 

Tercer Domingo de Adviento:

 

EVANGELIO  (Jn 1,6-8.19-28.)
 

En medio de vosotros hay uno que no conocéis.
 

        Lectura del santo Evangelio según San Juan.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: -¿Tú quién eres? El confesó sin reservas: -Yo no soy el Mesías. Le preguntaron: -Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías? El dijo: -No lo soy.-¿Eres tú el Profeta? Respondió: -No. Y le dijeron: -¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo? El contestó: -Yo soy «la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor» (como dijo el profeta Isaías). Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: -Entonces, ¿Por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? Juan les respondió: -Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

    

                                                                                                               Palabra del Señor.

        La liturgia nos presenta hoy un nuevo punto de vista sobre el Adviento, sobre la preparación que hemos de llevar a cabo ante la inminente llegada del Esperado. Hoy tenemos la siempre interesante y penetrante visión de Juan sobre el hecho y, como no podía ser de otra manera, tiene sus propios matices.

                   Ante la creciente fama que las acciones del Bautista van tomando, los siempre cautos sacerdotes y levitas de Jerusalén enviaron emisarios a Juan para que le preguntaran directamente quién era. Juan contestó sin reservas: “Yo no soy el Mesías” Yo sólo soy la voz del que clama en el desierto “Allanad el camino del Señor” Ante la increpación que le hacen algunos fariseos de que porqué bautiza si no es el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. A esto Juan les da una respuesta que aún en nuestros días sigue siendo un toque de atención: “Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de su sandalia”

         Es un tanto triste, Jesús, escuchar de boca del Bautista que estás entre nosotros y no te conocemos y eso que nos advertiste que te encontrabas en el enfermo, en el sediento, en el necesitado de afecto y todo lo que nos rodea y nos recuerda la gratuidad de tu amor. Sé que tú me amas tal como soy y por eso voy a procurar allanar el camino y abrir las puertas de par en par y así puedas entrar y tomar posesión de nosotros.

 

 

Cuarto Domingo de Adviento:

 

 

 EVANGELIO  (Lc 1,26 38.)
                                                     "Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
 

        A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo: -Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: -No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel: -¿Cómo será eso, pues no conozco varón?
El ángel le contestó: -El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó: -Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
 

                                                                                                               Palabra del Señor.

 

 

 Se acerca la Navidad; es inminente el nacimiento del Mesías prometido; por fin las nubes lloverán al Justo.

         Mientras, en un pueblecito de Israel, una muchacha está viviendo una experiencia inolvidable. Un mensajero celestial la ofrece la posibilidad de ser madre de ese Mesías, de ese Justo esperado y todo gracias a la intervención directa del poder de Dios. Esta muchachita que aunque sorprendida no deja de captar el alcance de la oferta, con una exquisita dignidad respecto a su conciencia y a Dios, después de manifestar asombro, sencillamente acepta la proposición de Dios.

         Desde ese momento la chiquilla desconocida de un pueblecito de Israel está abocada a ser llamada “Bendita” de generación en generación.

 

                   Muchos comentaristas han intentado hacernos ver, como valor fundamental, la entrega incondicional de María, unos; la aceptación y confianza en Dios, otros. Creo que todos tienen razón, pero dejadme que yo lo vea de otra manera; dejadme que lo vea como una tierna declaración de amor…

         Dios, enamorado de la humanidad y personificándola en María, le propone un plan en común para la salvación del hombre. María acepta y dirige su mirada en la misma dirección de Dios. Desde ese momento la salvación del género humano está en marcha y todo gracias a una hermosa historia de amor…

         ¡Dejadme que yo así lo piense!

 

 

 

 

- TIEMPO DE NAVIDAD -

 

 

NATIVIDAD DEL SEÑOR (MISA DE LA MEDIA NOCHE)

 

EVANGELIO
                                                      "Hoy os ha nacido un Salvador."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 2,1-14.)
 

        En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero
Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en: Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo: -No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.
 

                                                                                                     Palabra del Señor.

 

                   En la presentación que Lucas hace de este pasaje pone especial interés en situarlo en un tiempo muy concreto, aportando datos específicos que nos permiten ubicar con gran exactitud el hecho narrado; como si con todos estos datos aportados quisiera quedar probada sin lugar a dudas la veracidad de lo que nos cuenta y no es de extrañar este interés porque es tan extraordinario lo que nos dice que, posiblemente, pudiera provocar escepticismo en más de un oyente y él quiere que esto que narra no pueda ponerse en duda y para eso aporta todos estos datos de fácil comprobación.

         Y ¿Qué nos cuenta concretamente Lucas? Pues nos narra el nacimiento del Mesías esperado por todos, el anunciado por los profetas y esto ocurre no a la manera de este mundo sino a la manera de Dios, como suelen suceder las cosas al modo divino, sin espectacularidad, sin bombo ni platillos, pasando casi desapercibidas.

         Así resulta curioso que los primeros que recibieron esa buena noticia fueron unos pastores que velaban por su rebaño ¿Premonición acaso? Al menos curiosa coincidencia que el nacimiento del Buen Pastor fuese conocido en primicias por los que cuidaban su ganado en las noches pasadas a la intemperie.

 

                   Los ángeles dan una serie de detalles a estos hombres para que encuentren fácilmente al recién nacido y les comunican que encontrarán al recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre y, al momento, una legión de ángeles se unen al anunciador con un cántico de alabanza y de esperanza: ¡Gloria a Dios, paz a los hombres que Dios ama!

         Con el anuncio del ángel a los pastores comienza la Buena Nueva, comenzaba el proceso para hacernos uno con Cristo, para hacernos hijos de Dios.

 

                   Recibimos con gozo esta Buena Nueva y esperamos pertenecer a ese grupo de hombres que ama el Señor.

 

 

 

 

NATIVIDAD DEL SEÑOR (MISA DEL DÍA)

 

EVANGELIO:


                                               "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros."
 

Lectura del santo evangelio según san Juan. (Jn. 1,1-18)
 

        En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
 

                                                                                                        Palabra del Señor.

 

         Juan va a hacernos una semblanza de Jesús para que lleguemos a conocerlo de una vez por todas; lo que ocurre es que utiliza un lenguaje un tanto críptico, unas palabras que no dejan lugar a dudas aunque a veces nos cueste entenderlas.

 

                   La divinidad de Jesús se nos muestra en este pasaje. La Palabra, el Verbo existía por siempre; la Palabra estaba junto al Padre antes de la creación del universo. En la Palabra había luz, había Vida, había Verdad. Era la manifestación de la divinidad de alguien que quería y quiere hacernos partícipes de su presencia. La Luz viene a su casa, al fruto de sus amores, pero nosotros no fuimos capaces de reconocerlo, cosa frecuente en los humanos, acostumbrados a no ver más allá de las  narices, a no reconocer a nadie fuera de nosotros mismos. Pero siguiendo su inclinación, su gran debilidad por el hombre, la Palabra se hizo carne y plantó su casa entre nosotros y desde entonces no hizo falta ningún santuario, ningún lugar sagrado concreto en donde se manifestara la gloria de su presencia. Es, sencillamente, un Hijo enamorado que quiere ponernos ante los ojos la hermosura e infinita bondad de su Padre Dios.

 

                   Allá, en el trasfondo, como entre neblina, se presiente la presencia del Bautista, testigo privilegiado de la Luz que nos anunciará como inminente y que será el encargado de señalárnoslo entre la multitud de los hombres, el que nos enseñará que el Esperado ya está entre nosotros, que la Gracia de Dios nos ha sido enviada como don gratuito en Jesús, el Cristo.

 

                   Hoy nos ha nacido un Niño y, como todo recién nacido, necesita muchos y especiales cuidados y, sobre todo, mucho amor y ternura. No defraudemos a este Niño, no seamos tacaños con nuestra entrega personal.

Que el calor del corazón sea lo suficientemente poderoso y persistente para vencer el frío aislador que produce el egoísmo y la mezquindad.

                  

                   Pensemos en esto y estoy seguro que nos ayudará a encontrarnos entre ese grupo de "hombres que ama el Señor".

 

 

 

 

SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

 


EVANGELIO:

                                              "El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 2,22 40.)
 

        Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor [(de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor») y para entregar la oblación (como dice la ley del Señor. «Un par de tórtolas o dos pichones»).
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres (para cumplir con él lo previsto por la ley), Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel».
José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: -Mira: Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida; así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana: de jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel].
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. EL niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
 

                                                                                                         Palabra del Señor.

       Lc.: 2, 22-40

 

                Ya ha nacido Jesús, ya cantamos en su honor villancicos para darle la bienvenida entre nosotros y ofrecerle nuestros corazones para sustituir al humilde pesebre y que encuentre el calor amable que todo recién nacido necesita. Pero en Belén no estaba solo Jesús, también se encontraban María y José, es decir, la familia completa; por eso en este domingo la Iglesia quiere que celebremos la imagen que nos queda en el portal de Belén: la Sagrada Familia.

         También Jesús tuvo una familia como cualquiera de nosotros, por eso San Juan nos recuerda en una de sus cartas que Dios se hizo hombre semejante en todo a nosotros.

                  

                   Para nosotros es importante la familia. Es el origen de nuestra formación como personas; es la fragua en la que se forja nuestra propia identidad y donde se templan nuestros sentimientos. En ella aprendemos a valorar la aportación de los demás y a dar importancia también a nuestra propia aportación. Es, en suma, un espacio protector en el que nos sentimos seguros y valorados y que, por eso, estamos dispuestos a defenderlo con uñas y dientes. Pues eso es lo que hoy celebramos, pero en su grado de perfección: La Sagrada Familia, nuestra familia.

 

                   Nuestros hogares han de ser el primer lugar que cada miembro de la familia tenga para encontrarse con La Palabra, con el Dios que es amor.

 

 

 

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

 


EVANGELIO:

 

              "Encontraron a María y a José, y al niño. Al cumplirse los ocho días, le pusieron por nombre Jesús".
 

Lectura del santo evangelio según san Lucas. (Lc. 2,16-21)
 

        En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
 

                                                                             Palabra del Señor.

 

      Lc.: 2, 16-21       Lucas nos da algunos detalles en su relato, quizá sin pretenderlo, que para nosotros son significativos; veamos: Los pastores fueron corriendo a Belén. Los pastores, humildes trabajadores, reciben una noticia portentosa y, por otro lado, largamente esperada. Una vez que han oído la noticia y las señales que el ángel les da para encontrar al Mesías, es decir, en cuanto tienen noticia del nacimiento de Jesús, corren hacia Belén y allí encuentran la causa de su carrera junto con María y José. Ellos, maravillados, como queriendo excusarse de su apresurado alboroto, comentaron todo lo que se les había dicho acerca de este niño.

        La madre, como cualquier madre, estaba encantada con lo que decían de su chiquitín, pero también en esta ocasión, Lucas suelta una de esas pinceladas tan sutiles y oportunas que son como pistas casi imperceptibles y que nos ayudan a seguir la senda, el camino, en su amplio desarrollo y esta vez nos dice: “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

        A partir de ahora María vivirá su maternidad con plenitud, cumpliendo con los mandatos establecidos por la ley y con la emocionante tarea que en un horizonte cercano se dibuja: educar y criar a su hijo, al Hijo de Dios.

       

  Hasta los mismos evangelistas parece que respetan ese periodo y nos ofrecen escasas noticias de María, por eso la Iglesia hoy quiere celebrar a María como Madre.                                    

 

 

 

EPIFANÍA DEL SEÑOR:

 


EVANGELIO:

 

                              "Venimos de Oriente para adorar al Rey."


Lectura del santo evangelio según san Mateo. (Mt. 2,1-12)
 

        Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: -¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: -En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: -Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
 

                                                                          Palabra del Señor.

 

                            EPIFANÍA                Mat.: 2, 1-12

 

                        Hoy nos encontramos con unos “Magos” de Oriente que vienen buscando a un niño que será rey de los judíos.

            “Magos” de “Oriente”. Cuando el evangelista utiliza la palabra “Magos” quiere dar a entender que se trata de personas principales, instruidas y de una posición social elevada.

            Al indicar que son de “Oriente” nos indica que son de muy lejos, de países lejanos, fuera de la influencia de Judea y de su Rey Herodes.

            Esto es lo que nos cuenta Mateo en este breve relato. Así mismo nos muestra las aviesas intenciones que Herodes tiene hacia el niño nacido.

 

                        Visto todo esto con la perspectiva que nos ofrecen los dos mil años transcurridos, podemos ver reflejados en esos Magos a toda una multitud de diversas razas y colores que, guiados por una estrella, por una necesidad, buscan con interés, con afán a alguien que pueda colmar sus expectativas de amor, de paz, de una razón de ser que de sentido a sus anhelos, que aclare sus dudas, que elimine sus fobias y que, en definitiva, ofrezca una gran esperanza que justifique el tener que afrontar las dificultades que la vida presenta todos los días.

 

                        Luz, esperanza, amor… en definitiva nosotros, como los Magos de Oriente, buscamos en Jesús Verdad y Vida.

 

 

 

 

 

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR:

 


EVANGELIO:

 

                                                         "Tú eres mi Hijo amado, mi preferido."


Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 1,6b-11.)
 

        En aquel tiempo proclamaba Juan: -Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: -Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.
 

                                                             Palabra del Señor.

 

 

BAUTISMO DE JESÚS    Mc.: 1,6b-11

 

                        Jesús, llegado desde Nazaret de Galilea, se mezcla entre la gente que esperan ser bautizados por Juan, como uno más de los muchos que esperan purificarse de sus culpas. Jesús va a comenzar su vida pública y prefiere hacerlo “purificado”.

            Juan viene anunciando insistentemente que él no es el Mesías y ante el acoso a que es sometido una y otra vez, declara reiteradamente que el Esperado está entre ellos y que él no es digno ni de agacharse a desatarle la correa de sus sandalias.

 

                        Jesús es bautizado por Juan y, cuando sale del agua y asciende por la ribera, mientras es seguido con la mirada por el Bautista, éste ve cómo se abre el cielo y descender sobre Jesús al Espíritu de Dios y una voz desde el cielo declara a Jesús como el Hijo amado en quien el Padre se complace.

 

                        Ya está purificado, ya está ratificado como Hijo de Dios, ahora será un Hombre entre los hombres y tratará, impulsado por el gran amor que le embarga, de que todos sean conscientes de su propia identidad, de que tomen conciencia de que son hijos de Dios y, como tales, herederos legítimos del reino de los Cielos. Sólo hay que cumplir unos requisitos mínimos y para eso el Padre nos envía a su Hijo, para que sea nuestro Maestro y poder llegar a la meta final con total seguridad.

 

 

 

 

- TIEMPO ORDINARIO -

 

 

2º Domingo del TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                               "Vieron dónde vivía y se quedaron con él."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 1,35-42.)
 

    En aquel tiempo estaba Juan con dos de sus discípulos y fijándose en Jesús que pasaba, dijo: -Este es el Cordero de Dios.
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y, al ver que lo seguían, les preguntó: -¿Qué buscáis?
Ellos le contestaron: -Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?
El les dijo: -Venid y lo veréis. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo: -Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús.
Jesús se le quedó mirando y le dijo: -Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).
 

    Palabra del Señor.

 

DOMINGO 2º T. ORDINARIO      Jn.: 1, 35-42.

 

    Jesús ha comenzado su vida pública y aún está prácticamente sólo. Juan aún no ha sido apresado y sigue con su predicación, intentando preparar el camino para el que viene tras él. Jesús pasa por el camino y el Bautista, sin poder remediarlo, con un admirado respeto, exclama: Este es el Cordero de Dios. Como no podía ser menos, los dos discípulos que estaban con Juan siguieron a Jesús.

         No hubo gran protocolo ni presentaciones rimbombantes, no hizo falta más que una sencilla pregunta: ¿Qué buscáis? Y ellos le contestaron con otra: Rabí ¿dónde vives? Y Él les dijo: Venid y lo veréis. Lo demás fue como si hubieran estado juntos toda la vida; tan agradable debió ser la tarde pasada en compañía del Maestro que Andrés que era uno de los que oyeron a Juan y siguió a Jesús, en cuanto encontró, al volver a casa, a su hermano Simón, le faltó tiempo para decirle: Hemos encontrado al Mesías; ven conmigo. Y le llevó a donde estaba Jesús que se le quedó mirando y algo debió ver en el fondo de Simón que le cambió de nombre, llamándole Cefas, que quiere decir piedra. Significativo ¿no?.

    Ya tenemos al impetuoso Pedro en contacto con Jesús y le acompañará hasta el final porque la realidad es que el contacto con el Maestro “engancha”. ¿No?...

 

 

 

 

3º Domingo del TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                    "Convertíos y creed la Buena Noticia."


Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 1,14-20.)
 

    Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: -Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: -Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.
 

    Palabra del Señor.

 

DOMINGO 3º T. ORDINARIO   Mc.: 1, 14 – 20

 

          Ya ha sido apresado Juan. En Galilea Jesús predica el evangelio del reino de Dios. Jesús dice que el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado, que es necesario arrepentirse y creer en el evangelio.

           Como veis, es lo que ya comentábamos el domingo pasado. Sólo hacen falta unos pequeños requisitos que Jesús nos recuerda: “Arrepentíos y creed en el evangelio”.

 

                        Jesús sigue caminando junto al mar de Galilea y se encuentra con dos amigos, les saluda y les invita a que le acompañen. Mientras van charlando ven a otros dos hermanos y también son invitados a unirse al grupo. Jesús les promete que a cambio de dejar sus redes Él les hará pescadores de hombres.

            Jacobo y Juan no lo piensan, no dudan ni un momento. Dejan a su padre en la barca con los jornaleros y sin más requisitos siguen al Maestro. Comienzan una nueva vida que para nosotros es como un paradigma, como un claro ejemplo de lo fácil que será para nosotros dejar nuestra antigua vida, nuestra rutina de siempre y comenzar una nueva. Sin preguntas, sin exigir garantías de nada, sólo con una absoluta confianza en el Maestro que, con toda seguridad, ya nos tiene preparado un nuevo cometido. ¿Será hacernos pescadores de hombres? Tal vez sea hacernos auténticos hombres y, como tales, hijos de Dios y herederos del reino. No es poco ¿No?.

 

 

4º Domingo del TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                                         "Les enseñaba con autoridad."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 1,21-28.)
 

    Llegó Jesús a Cafarnaúm, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: -¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno ? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.
Jesús lo increpó: -Cállate y sal de él.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: -¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
 

    Palabra del Señor.

 

DOMINGO 4º T. ORDINARIO  Mc.: 1, 21-28

 

                Jesús, en plena actividad catequética, se pone a enseñar, el sábado, en la sinagoga de Cafarnaún. Los oyentes quedan encantados con esta forma de explicar las escrituras. Se acabaron los lugares comunes, se terminaron los manidos recursos que siempre habían escuchado. Ahora, por fin, oyen y entienden las escrituras. Alguien les explica las cosas con sencillez, con claridad y, sobre todo, con autoridad y esto les llama la atención, hasta el punto de preguntarse pero ¿Quién es este Rabí?.

        No todos los que le estaban oyendo ignoraban quién era. Hay alguno que sí le conoce y que no duda en proclamarlo en voz alta. No sólo le conoce sino que le teme; aún así proclama: Sé que eres el Santo de Dios. Jesús le da una orden directa: Cállate y sal de él.

        Marcos nos sigue relatando que el espíritu inmundo le retorció y, dando un grito enorme, le dejó.

 

                Este relato nos induce a pensar que aquel espíritu inmundo cumplió con su cometido: declarar públicamente, sin lugar a dudas, la identidad de Jesús, pero no sólo por el acto de proclamarlo a voz en grito, sino por la actitud de sumisión, de obediencia que presenta ante la autoridad de Jesús. Hecho que no pasa desapercibido para los presentes que se encargan de difundir su fama por toda Galilea.

 

 

 

5º Domingo del TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                       "Curó a muchos enfermos de diversos males."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 1,29-39.)
 

    En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. AL anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: -Todo el mundo te busca.
El les respondió: -Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.
 

    Palabra del Señor.

 

DOMINGO 5º T. ORDINARIO      Mc.: 1, 29-39

 

                        Parece que ha terminado una jornada de predicación más. Jesús, con sus amigos, se dirige a casa de Simón y Andrés. Tomarán un refrigerio y descansarán algo, pero… La suegra de Simón está indispuesta, no se encuentra bien y ha decidido acostarse para ver si se le pasa, pero parece que no es así. Llegan Jesús y los hermanos a comer y ella no se encuentra con ánimos para levantarse, sigue encontrándose mal. Esto se lo han dicho a los que acaban de llegar. Simón se preocupa porque la buena mujer tiene fiebre. Llega Jesús, la toma de la mano, la levanta y al momento la dejó la fiebre y, como buena ama de casa, lo primero que hace es ponerse a servirles la comida, dando rienda suelta a su disponibilidad, a su disposición de servicio.

                        Esta acción no pasa desapercibida y, por la noche, ante la puerta de Simón, hay una multitud que llevan a sus enfermos y a los poseídos para ser curados. Ante el acto de fe, Jesús responde restableciendo la salud de los enfermos. Tarde se retiran a descansar, pero no ha amanecido aún y Jesús se retira a un lugar desierto para orar. Siente la necesidad de hablar con el Padre. Le están sucediendo una serie de acontecimientos muy seguidos y se siente con la necesidad del contacto con el Padre. En un lugar desierto. Fuera del bullicio. Sin boatos, sin fanfarrias. ¿Nos enteramos?.

 

 

 

6º Domingo del TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                             "Le desapareció la lepra y quedó limpio"


Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 1,40-45.)
 

    En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -Si quieres, puedes limpiarme.
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
El lo despidió, encargándole severamente: -No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés. Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
 

                                          Palabra del Señor.

 

6º DOMINGO T. ORDINARIO           Mc.: 1, 40-45

 La lepra. El cáncer terrible que atenazaba a aquella sociedad de forma tan terrible que no solo destruía el cuerpo de quien la padecía sino que destruía a la propia persona en el plano social al marginarle totalmente, imponiéndole obligaciones peores que la misma muerte, tan humillantes e indignas que muchos no las aguantaban y preferían terminar con sus vidas.

 

                        Marcos nos presenta hoy de forma escueta, sencilla, sin dramatismos, una situación tremenda: Un hombre afectado por la terrible lacra, rompiendo todas las normas, todos los convencionalismos, se acerca a Jesús y humilde, rodilla en tierra pero con una confianza que le cala hasta la médula le dice: “Maestro, si quieres puedes curarme”  ¡Y este es el auténtico milagro! La fe sin fisuras, la confianza sin condiciones y el anteponer la voluntad del benefactor a la propia conveniencia o deseo.

            Marcos no nos lo refiere, quizás por obvio, pero la cara de Jesús debió reflejar un profundo gozo al ver una humildad y una confianza tan absolutas. Conociendo al Maestro sabemos que su respuesta era la más lógica y también se produce con la mayor sencillez, como ocurren las grandes cosas: “Quiero, queda limpio” y una recomendación que él sabía que no sería cumplida: “no se lo digas a nadie”. Pero el gozo de aquel hombre difícilmente ra controlable; la gratitud, la alegría y la felicidad le brotaban por cada poro de su piel y, lógicamente, se enteró todo el mundo, unos de forma directa al haberlo presenciado y otros por referencias.

 

             Pero eso ocurrió hace dos mil años. Las cosas han cambiado, la sociedad ha evolucionado y las cosas son muy diferentes…

            ¿Es cierto eso? ¿Estamos seguros de ello? Permitidme que lo ponga en duda, aunque sea de forma preventiva.

            Posiblemente en nuestra sociedad occidental, en nuestro “primer mundo”, la lepra se encuentre erradicada y sólo la conozcamos a través del cine o de la televisión, pero no es menos cierto que hay otras lacras tan terribles como la lepra de que nos habla Marcos en su relato. No hace falta cargar las tintas ni regodearnos mencionando algunas de las “lepras” que aquejan a nuestra sociedad, a la llamada sociedad de consumo que se desarrolla en los denominados “estados del bienestar”. Drogas, prostitución, violencia, etc, etc… Sólo nos falta tener un par de… momentos de decisión y valor y armados de humildad ponernos ante Jesús y decirle: “Yo sé que si quieres puedes curarme, puedes sacarme de este pozo sin fondo en el que me encuentro”  Y no tengamos la menor duda de cuál será la respuesta de Jesús y además sin ningún tipo de condicionantes.  ¡Qué suerte tenemos! Y no lo digo, como pudiera parecer, por disponer de un abanico tan variado de lacras, sino por disponer de forma tan incondicional de alguien con el poder suficiente y el amor tan inmenso como Jesús, nuestro hermano mayor. ¡Ahí es nada!

 

 

7º Domingo del TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                "El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados"
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 2,1-12.)
 

    Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaúm, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta. El les proponía la Palabra.
Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: -Hijo, tus pecados quedan perdonados.
Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?
Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: -¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico «tus pecados quedan perdonados», o decirle «levántate, coge la camilla y echa a andar»?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados..., entonces le dijo al paralítico: -Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.
Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: -Nunca hemos visto una cosa igual.
 

                      Palabra del Señor.

7º DOMINGO T. ORDINARIO      Mc.: 2, 1-12

        Parece que Marcos escribe su evangelio hacia el año 70 d.C. oyendo a Pedro y poniendo por escrito sus palabras.

         En el pasaje de hoy sigue la tónica del domingo pasado. El protagonista principal vuelve a ser la fe o para ser más preciso, la confianza que la gente sencilla de Cafarnaún y sus alrededores tienen en el Rabí que habla con autoridad y que tiene potestad sobre demonios y enfermedades. Marcos así se lo había oído a Pedro y así lo escribe. ¿Es consciente de la explosión de fe que pone de manifiesto con su relato? No sabría responder a esto con certidumbre, teniendo en cuenta el momento histórico que le toca vivir a Marcos y el contacto con el cabeza de la incipiente Iglesia que ya empieza a tener numerosos seguidores en todo el Imperio. Lo que sí es cierto es que la Iglesia, recién estrenado el año, nos propone estos pasajes para que nos demos cuenta, para que tomemos conciencia de que nuestro papel, nuestra participación activa en la vivencia plena de nuestra fe requiere muy poco esfuerzo, sólo una gran dosis de confianza y humildad, una gran dosis de amor en definitiva.

         Confianza en nuestro Maestro.

         Humildad para reconocer nuestros fallos y la necesidad de pedir ayuda cuando lo necesitemos.

         Y amor, mucho amor para asumir y disfrutar de la capacidad de recibir ese caudal desbordado que brota del corazón de nuestro hermano mayor.

         Como veis, nada imposible de conseguir, aunque nadie haya dicho que se fácil.

 

         Los que transportan al paralítico para que Jesús pueda verlo se encuentran con que la multitud les impide acercarse, pero ellos no están dispuestos a rendirse por cualquier contingencia. Ni cortos ni perezosos, ante los ojos atónitos de los que les observan, destechan la casa, , hacen un hueco en la cubierta y descuelgan al enfermo ante las mismas barbas del Maestro. De nuevo el corazón de Jesús se emociona ante un derroche de fe tan impresionante, tan humilde y, lógicamente, responde acorde con la situación y le obsequia con algo extraordinario: “Hijo, tus pecados te son perdonados” Y algunos escribas (entendidos) que estaban presente comienzan a poner pegas en su interior y a criticar y comparar lo divino con lo humano. Jesús que ve en sus corazones, les reprocha con esa dulzura que sólo él es capaz de emplear y les hace ver que el curar al paralítico es mucho menos importante para el mismo paralítico, aunque sea el fin primero buscado por los que le descolgaron desde el tajado, que el perdonarle sus pecados. Que es mucho más importante curar su alma que su cuerpo. Pero una vez más el amor de Jesús se impone y no pretende que esto lo entiendan a la primera. Ya lo irán aprendiendo; de momento manda al paralítico que cargue con su propia camilla. De nuevo se impone el amor ¿No os parece?.

 

 

 

 

8º Domingo del TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                "El novio está con ellos"
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 2,18-22.)
 

    En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: -Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?
Jesús les contestó: -¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día si que ayunarán.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.
 

                                    Palabra del Señor.

 

8º DOMINGO T. ORDINARIO        Mc.: 2, 12-22

          Marcos nos sigue presentando una visión que podríamos llamar “doméstica” de la vida pública del Maestro y además lo hace con esa sencillez y naturalidad del que da por sentado que aquello que cuenta es conocido por todos y de que puede ser verificado fácilmente por multitud de testigos que aún perduran. 

         Nos cuenta esta vez cómo el Maestro, al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.

         Así de sencillo, sin más preámbulos ni zarandajas. Y levantándose, le siguió. Pero la cosa no queda así. Aquel día Jesús debía estar un poco “guerrero” porque no se le ocurre otra cosa que irse a comer con sus discípulos a casa de Leví y con unos amigos del cobrador de impuestos. ¡Átame a esa mosca por el rabo! Claro que una cosa así no se le podía ocurrir más que a Jesús y, mucho menos, ponerla en práctica abiertamente, sabiendo que era una acción políticamente incorrecta; pero ya sabemos que esto no era cortapisa para el Rabí de Nazaret que anteponía la persona a las apariencias, incluso a las conveniencias por muy adversas que pudieran llegar a ser las consecuencias. No obstante los “criticones”, que siempre los ha habido y que es una raza que no parece estar en peligro de extinción, no pueden por menos que dirigirse a los discípulos ya que con el Maestro no se atrevían y haciéndose los ofendidos les preguntan: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Jesús que los conocía de sobra y debía estar atento, sale al quite de sus discípulos y les dijo a los escribas y fariseos (los enterados): Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos: No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

            Como vemos, Jesús está a gusto con un grupo de amigos y no quiere entrar en discusiones con los aguafiestas de siempre, no obstante les para los pies para que no se despisten y olviden con quien están hablando.

         Lo mismo ocurre con la pregunta que le hacen sobre el ayuno, aunque esta vez se muestra un poco más condescendiente y trata de explicar la actitud de sus discípulos con unos ejemplos que posiblemente entendieron muy bien, de tal forma que no replicaron.

         No obstante Jesús lanza un aviso para navegantes: “Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado y entonces en aquellos días ayunarán”

         Regocijémonos mientras el novio está con nosotros, es justo y bueno que disfrutemos con su presencia, pero no olvidemos que hemos de estar preparados para cuando el novio no esté con nosotros, para poder seguir nuestro camino sin contar con la luz guía, cuando se llegue a producir nuestra noche oscura del alma.

 

 

- TIEMPO DE CUARESMA -

 

 

MIÉRCOLES DE CENIZA

 

 

EVANGELIO
        

    Lectura del santo Evangelio según San Mateo. (Mt 6,1-6.16-18.)
 

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
    Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
    Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
    Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
    Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
    Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
                                                                                              Palabra del Señor

 

         MIÉRCOLES DE CENIZA              Mat.: 6, 1-6, 16-18

                    La ley mosaica, como toda norma dictada para cubrir las necesidades de todo tipo que pudieran surgir en un pueblo que se regía por ella y que la tenía como código rector de todos los actos de la vida tanto pública como privada, a lo largo de los años, se había ido complicando tanto y de tal manera que al pueblo llano le costaba entenderla y, como consecuencia de ello, surgen los llamados “expertos en la ley” que con frecuencia en lugar de poner en claro las cosas lo que hacen es embrollarlas más. De tal manera era esto así que no resultaba raro encontrarse al fariseo de turno en una esquina concurrida, con la cara demudada y la ropa con una estudiada dejadez, orando, en pie y en lugar preferente y si daba alguna limosna era previo toque de trompeta, que se enterara todo el mundo que el tal fariseo era un santo varón que oraba, ayunaba y daba limosna y, claro, merecía ser respetado y enaltecido por todo esto.

         Esta escena “mutatis mutandis” no nos es desconocida en nuestros tiempos; no han cambiado tanto las cosas. Sin embargo viene Jesús y se empeña en poner patas arribas todo el chiringuito y así les dice a sus discípulos:  Cuando os veáis en la necesidad de hacer justicia, no lo hagáis condicionados por los hombres, por el qué dirán. Cuando deis limosna, nada de trompetas, , hacedlo de tal manera que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha; el pobre, el necesitado ya tiene suficiente pena con serlo, no necesita ser humillado al recibir nuestra ayuda y cuando oréis hacedlo desde el fondo de vuestro corazón, no en las esquinas y, cuando practiquéis el ayuno, lavaos la cara y peinad vuestros cabellos. ¡Pero bueno! ¿Y si no lo ve nadie qué gracia tiene hacer todo esto?!! Estas mismas preguntas que posiblemente podrían hacerse los discípulos son las primeras que pueden aflorar a nuestros labios cuando leemos estas recomendaciones del Maestro y Él mismo se encarga de aclararnos la respuesta: Los que obran de esa determinada manera ya tienen su recompensa y además de forma inmediata dependiendo de la capacidad de los espectadores para conceder alabanzas, pero vosotros, obrando en lo secreto, seréis visto por vuestro Padre que ve en lo secreto y os recompensará en público.

         Ahí está la diferencia. La recompensa puede proceder de los hombres o de Dios, nuestra es la elección. Esto lo sabemos, como también sabemos que con demasiada frecuencia se elige ser aplaudido por los hombres. Eso nos demuestra, una vez más, la vigencia que siguen teniendo las palabras del Maestro.

 

 

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                               "Era tentado por Satanás y los ángeles le servían."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 1,12-15.)
 

    En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: -Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.
                                           Palabra del Señor.

 

Mc.: 1, 12-15

 

                        La Iglesia nos propone hoy el relato que de las tentaciones de Jesús nos hace San Marcos, que escribió su evangelio en Roma, a petición de los fieles, según lo que había oído a San Pedro, quien se lo aprobó y le propuso con su autoridad a la Iglesia para que le leyese, como dice S. Jerónimo (Catal. de Script. Eccl). Se muestra como un compendiador de San Mateos, como le llama S. Agustín, pues en efecto refiere casi las mismas cosas, aunque más brevemente, con todo añade alguna vez en pocas palabras cosas muy importantes. Se cree que lo escribió hacia el año 45 de Jesucristo, 12 después de la pasión y muerte del Señor.

 

                        Una vez situados en el tiempo y circunstancias en las que se desarrolla el relato que hoy se nos propone, creo que nos resultará más fácil su comprensión, incluso la forma en que está narrado, de la cual, si me permitís, vamos a prescindir ya que la esencia del relato es lo que dice, no cómo lo dice.

            Y lo que San Marcos nos dice hoy es que Jesús, impulsado por el Espíritu, se retira al desierto para orar y allí fue tentado por Satanás.

            San Marcos no detalla el tipo de tentaciones que Jesús sufre en el desierto; quizá resultasen demasiado obvias y por eso no las concreta o quizá lo que pretenda es, simplemente, dejar una puerta abierta para que cada cual pueda identificar su situación personal con la del Maestro y sentir que su victoria puede ser nuestra victoria.

 

                        Si nos retiramos al desierto a orar, es decir, si penetramos en nuestro propio interior, tal vez no seamos tentados con comida o bebida, pero puede ser que lo seamos con ambición, con deseo de poder, con afán de notoriedad, con sexo desenfrenado, con drogas de cualquier tipo, con dominio sobre los demás, dinero, poder, fama… El catálogo de Satán es variado y adaptable a los tiempos y a las circunstancias; las que han de mantenerse firmes son las respuestas; claras y firmes.

 

                        Jesús, cada vez que ha de tomar una decisión importante, se retira a orar, a hablar con el Padre y a pedirle consejo, a consultar la mejor manera para hacer las cosas bien. Es el mejor modo práctico de enseñarnos a hacer las cosas, o mejor, de cómo debemos hacer las cosas: contando siempre con el consejo y la ayuda del Padre.

 

                        Una vez más Jesús se nos presenta como uno de nosotros, con sus dificultades y sus tribulaciones y, de nuevo, nos muestra el camino a seguir<. <una vez más es uno más. Aquí cabrían aquellas palabras de un gran maestro que tanto me impresionaron la primera vez que las leí: “Era un judío, un simple judío, un judío como vosotros, judíos, un judío entre vosotros.. del mismo linaje para la eternidad”

 

 

 

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                                 "Este es mi Hijo amado."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.(Mc 9,1-9.)
 

    En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: -Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: -Este es mi Hijo amado; escuchadle.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
 

                                                          Palabra del Señor.

 

Mc.: 9, 1-9

                   Jesús toma consigo a Pedro a Jacobo y a Juan y los lleva a un monte, sólos y ante ellos, sus más íntimos amigos, se transfiguró, se dio a conocer en toda su gloria, al menos en la medida en que estos amigos podían aguantar. De todas formas no entienden nada. Ellos sólo ven a Elías a Moisés y a Jesús que habla con ellos y con el susto en el cuerpo ellos sólo saben que se encuentran a gusto y proponen al Maestro hacer allí mismo unos cobertizos para Él, Elías y Moisés. Una gran nube les cubrió con su sombra y una vez más se deja oir la voz del Padre: Este es mi hijo amado, oídle. Cuando la maravillosa visión hubo desaparecido y vuelven Jesús y sus amigos, éste les ordena que no digan a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre hubiese resucitado de entre los muertos.

                        Hasta aquí el relato que Marcos nos hace hoy y que nos enseña cómo se conjugan la ley (Moisés) y los profetas (Elías) para producir al Jesús, al Cristo, amalgama perfecta y comunicación extrema de la Ley y de los Profetas. Jesús se transfigura, se quita alguna capa del ropaje externo que le cubre y deja entrever a sus amigos parte de su gloria y estos, con sus capacidad de admiración casi intacta, sólo aciertan a manifestar el gozo que sus almas experimentan ante tal visión.

            ¡Qué suerte la de aquellos discípulos! ¡Quién pudiera haber estado allí y haber visto aquella transfiguración!...  ¿Estamos seguros de lo que decimos? ¿Somos conscientes de ello?...  Si pensamos con un poco de calma descubriremos que Jesús se sigue transfigurando día a día. Quizá su figura no resplandezca como el sol, quizá se parezca más al avergonzado hombre que nos tiende su mano remisa a la puerta de cualquier Iglesia en cualquiera de nuestros pueblos solicitando una limosna; o al chiquillo de cara churretosa que con voz falsamente lastimera nos pide “algo” porque su padre está enfermo, o en ese adolescente que se revela ante todo y que su postura no es más que un grito desgarrado de súplica, o … de infinidad de maneras que todos, más o menos, conocemos y si les miraos a los ojos, si acaso nos atrevemos, veremos cómo en el fondo, allá en lo más profundo, brilla una chispita de luz. Nosotros podremos interpretarla como de agradecimiento, de picardía, de rebeldía, de lo que queramos, pero no es otra cosa que el Cristo transfigurado que se nos muestra a través de sus criaturas más necesitadas.

            Jesús se sigue transfigurando y se nos sigue mostrando en toda su gloria cuando las temblorosas manos de un anciano sacerdote, en cualquiera de nuestros pueblos, nos muestra su Cuerpo y su Sangre que se ofrecen como alimento en una alegre Eucaristía.

 

 

 

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                                         "Destruid este templo y en tres días lo levantaré."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 2,13-25)
 

    En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: -Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron. -¿Qué signos nos muestras para obrar así ?
Jesús contestó: -Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Los judíos replicaron: -Cuarenta y seis anos ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía, pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
 

                              Palabra de Dios.

 

Jn.: 2, 13 – 25

                   Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús, como buen judío, se acerca a Jerusalén con intención de cumplir con los preceptos y ritos que la ley dictaba para esta ocasión, pero…

                        Cuando se acercó al templo y vio como en lugar de orar se negociaba con todo lo divino y lo humano, que se compraba, se vendía, se cambiaba dinero con su correspondiente interés; en fin, allí, menos rezar, se realizaban todo tipo de transacciones, permitidas y auspiciadas por los sacerdotes con la sola condición de que depositaran la parte estipulada en las arcas del templo, que subían considerablemente, aunque hubiera viudas y huérfanos que murieran de necesidad.

            No es de extrañar que a Jesús se le revolvieran las tripas cuando vio todo aquello. Un templo que era orgullo del pueblo judío y envidia de otros pueblos, levantado con el fin de dar culto al verdadero Dios y se ve convertido en covacha de traficantes… ¡Qué pena! Y los encargados de su cuidado y custodia, corrompidos por el dinero y las prebendas habían perdido el norte, o como se dice ahora, se les había ido la olla.

            Jesús intenta poner las cosas en su sitio y no tardan en salirle al paso y preguntarle que quién es él para hacer eso, que con qué autoridad se arroga el papel de justiciero y entonces es cuando les dice, haciendo alusión al sagrado templo de su cuerpo: "Destruid este templo y en tres días lo reedificaré".

                      ¿Qué nos sugiere este relato de Juan? Sin duda alguna con demasiada frecuencia vemos que las cosas no han cambiado mucho sustancialmente. No tenemos más que acercarnos a cualquiera de los muchos santuarios existentes y cuanto más renombre tengan mejor, y veremos el mismo espectáculo. Ante el sagrario, rezando, pocos o ningunos fieles, pero la tienda de regalos estará llena de gente que, atendidas por solícitos religiosos o religiosas, se afanan por llevarse un recuerdo de la casa de Aquel a quien ni siquiera han saludado ¿no es esto triste? Y estoy seguro que cada uno de vosotros conocéis casos concretos que ratifican esta apreciación mía y creo que también convendréis conmigo en que es un espectáculo, cuando menos, triste. Por eso no vamos a ahondar sobre lo mismo.

            Por suerte contamos con una serie de personas, la mayoría de las veces anónimas, que emplean su vida de forma primordial en orar y alabar al Señor. Gracias, hermanos, por vuestra dedicación. Sois el aroma que sube hacia el Señor perfumando el resto de malos olores que irresponsablemente producimos. Gracias.

 

 

 

 

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                            "Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 3,14-21.)
 

        En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: -Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que rea liza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
                                                                             Palabra del Señor.

 

(Jn.: 3, 14 – 21)        Jesús recurre a la historia para hacerse entender por aquellos que le escuchan. Sin dudas todos recordarían la historia de su pueblo en su éxodo por el desierto durante cuarenta años tras la salida de Egipto; Jesús lo sabe y les recuerda el hecho que tuvo lugar cuando los israelitas se vieron acosados por las frecuentes mordeduras de serpientes. Ya entonces se prefiguró una señal, un símbolo, que era motivo y causa de salvación.

         De la misma manera que Moisés levantó la serpiente en el desierto para que todo el que la mirara quedara sano de las mordeduras, así era necesario que el Hijo del Hombre fuese levantado de tal manera que todo aquel que le busque con su mirada encuentre una causa y motivo de salvación, una señal de calma, sosiego y confianza.

         A propósito de confianza  ¿Habéis notado la confianza de un niño pequeño en su padre? Es total, sin fisuras. No hay evidencias posibles que puedan empañar esa confianza. Bueno, pues este tipo de confianza es lo que se propicia con las palabras de Jesús: “para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna”.

         Además, en este paje, nos desvela Jesús los planes salvíficos del Padre: “Dios envió a su Hijo al mundo para que,  por causa suya, sea salvo”. Como único requisito para no ser condenado es creer en él. Creer en él con todas sus consecuencias, con todo lo que eso conlleva. No se trata sólo del sentimiento de admiración o simpatía que la imagen de Jesús, el Cristo, pueda suscitar en  nosotros, sino de algo mucho más profundo, más íntimo. Se trata del convencimiento absoluto, de la creencia sin fisuras en el Hijo del Hombre “para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”. Esto, que a primera vista parece lógico y fácilmente llevadero, en la práctica no lo es tanto. No olvidemos que el hombre tiene, por voluntad del mismo Dios, la posibilidad de elegir sobre sus propias decisiones; dispone del libre albedrío  que, como todo lo que es trascendental, tiene una doble faceta. Le confiere al hombre la capacidad de decisión, mostrando así en la esencia humana el reflejo de la divinidad que la creó, pero al mismo tiempo le confiere la responsabilidad de sus propias decisiones, libremente asumidas. Tremendo ¿no? Ahora es cuando toman auténtico sentido las palabras de Jesús: “pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”

            Estas son las condiciones de la cuestión. En juego está nuestra salvación y en nuestra propia decisión el que se realice o no.                

 

 

 

 

 

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO

                                  "Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 12,20-33.)
 

        En aquel tiempo, entre los que habían venido a ce labrar la fiesta había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: -Señor, quisiéramos ver a Jesús.
        Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
        Jesús les contestó: -Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hambre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.
        Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.
        Entonces vino una voz del cielo: -Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.
        La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: -Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
        Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
                                                                                                                                Palabra del Señor.

 

(Jn.: 12, 20 – 33)  Jerusalén se prepara para celebrar la gran fiesta de la Pascua. Como en cualquiera de nuestras ciudades que celebran fiestas sonadas  -Sevilla con su feria de abril, su Semana Santa. Pamplona con sus Sanfermines, etc. – se reúnen gentes diversas de lugares variados. Algunas de estas personas denominadas como “gentiles” es decir, no judíos, muy posiblemente pertenecientes a la cultura dominante en la época –griegos- pretenden conocer a Jesús y para ello se ponen en contacto con Felipe que a su vez se lo dice a Andrés. Jesús aprovecha la coyuntura que se le presenta y hace ver que sus palabras no sólo atañen al pueblo judío, sino a cualquier hombre de cualquier nacionalidad: “si alguno me sirve, sígame y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”

         De todas formas también les comunica cuándo será el tiempo de anunciar la Buena Nueva a los gentiles: “ de cierto os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda sólo; pero si muere, lleva mucho fruto”  Primero ha de producirse su muerte y luego les será anunciado el evangelio a todo hombre, sin distinción de raza o condición. También es significativo que se dirijan a Felipe y Andrés para que les ponga en contacto con Jesús ya que estos serían los primeros Apóstoles en predicar entre los gentiles. Si bien es verdad que no eran tan fructíferas las prédicas porque la ley mosaica se encontraba omnipresente y los llamados judaizantes pretendían que los gentiles, una vez convertidos al cristianismo, acataran la ley mosaica con toda sus imposiciones. No será hasta el año 50 en que, a petición de Pablo, se reúne el 1º concilio, el de Jerusalén, para tratar sobre este tema concreto, predominando la visión universalista de Pablo frente a la más constrictiva de los judaizantes.

        También nos da Jesús una lección de entereza y de responsabilidad. Él sabe que se acerca su hora y, consciente de ello, siente que le fallan las fuerzas y se pregunta qué debe hacer, sin embargo su respuesta es rápida: “para esto he llegado a esta hora” “Padre, glorifica tu nombre”.

         Es consecuente con su vida. Él ha sido enviado al mundo para acortar las distancias que le separaban de Dios. Para eso se requiere un sacrificio, un tremendo sacrificio cruento y Él es la víctima propiciatoria, la que provocará el juicio de este mundo y que el príncipe de este mundo sea echado fuera. En consecuencia con esto pronunciará: “Padre, hágase tu voluntad” .

 

 

- SEMANA SANTA -

 

 

 

DOMINGO DE RAMOS

 

EVANGELIO

                                              ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 11,1-10.)
 

    Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: -Id a la aldea de enfrente, y en cuanto entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: «El Señor lo necesita», y lo devolverá pronto.
Fueron y encontraron el borrico en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron: -¿Por qué tenéis que desatar el borrico?
Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. Llevaron el borrico, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban: -¡Viva, bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Viva el Altísimo!
                                                                      Palabra del Señor.

 

        DOMINGO  DE  RAMOS        Mc.: 11, 1 – 10

 

                Se acerca el final. Jesús lo ha venido anunciando repetidamente. Es necesario que el Hijo del Hombre padezca, sea afrentado y muera de manera ignominiosa. Ya ha llegado el tiempo. Es hora de que se cumpla lo que durante siglos se ha venido anunciando.

 

                Se nos presenta en estos días una liturgia tan rica que resulta difícil comentar los textos que Marcos nos presenta. Yo casi me atrevería a recomendar el disfrutar de la lectura de la narración que Marcos nos hace; aunque también recomendaría hacer una lectura crítica para poder disfrutar después de una auténtica lectura creyente.

 

                En el relato que Marcos nos hace de la Pasión hay diversos momentos que podemos considerar como álgidos, así cuando toma consigo a Pedro a Jacobo y a Juan y comienza a entristecerse y a angustiarse, hasta el punto de decirles: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad”. La desolación, la soledad más absoluta se enseñorea del ambiente. La muerte está allí.

        Otro momento álgido es cuando lanza aquella petición desgarrada pidiendo que, si fuese posible, pasase de él aquella hora, que le evitara apurar aquel cáliz pero que no se haga lo que yo quiero, si no lo que tú.

 

                En fin, lo que os decía antes. Es mejor no comentar, es preferible leer y sentir.

 

 

 

JUEVES SANTO

 

EVANGELIO
                                      "Los amó hasta el extremo."
 

    Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 13,1-15.)
 

    Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: -Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le replicó: -Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
Pedro le dijo: -No me lavarás los pies jamás.
Jesús le contestó: -Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.
Simón Pedro le dijo: -Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.
Jesús le dijo: -Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».)
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.
                                                                                                                                  Palabra del Señor.

 

JUEVES  SANTO  Jn.: 13, 1-15

 

                El Maestro y los discípulos están juntos reunidos, cenando, celebrando la gran fiesta nacional de la Pascua. El ambiente de hermandad, cálido y festivo, toma un cariz más acentuado si cabe cuando el Maestro, en un arranque de amor desmedido, se ciñe una toalla y tomando un recipiente con agua se puso a lavarles los pies; operación que solían hacer los criados cuando el señor de la casa o algún huésped llegaban al domicilio.

        Con este acto de servicio impulsado por el amor, Jesús quiere enseñar a sus discípulos, de manera práctica, como deberá ser en un futuro que está a la vuelta de la esquina su forma de conducirse: con amor y servicio.

        Jesús sabe que su hora ha llegado y, habiendo amado tanto a los suyos, los amó hasta el extremo. Con todas sus consecuencias y a todos, incluso al que sabía que había de entregarle, sin distinciones ni juicios de ningún tipo. El es el Buen Pastor hasta el último momento y no pierde la esperanza de reencontrar a la oveja perdida. Es una hermosa lección de amor. De amor sin condiciones

 

 

VIERNES SANTO

 

EVANGELIO
                                                   "Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan." (Jn 18,1-19.42.)


 

VIERNES  SANTO          Jn.:18, 1-19-42

                Juan relata, no sin dolor, toda la crudeza de la larga pasión del Maestro. Trata, de la manera más gráfica que le es posible, de poner de manifiesto el horror añadido que acompañó al hecho en sí, para conseguir, en la medida de lo posible, hacer sentir a quienes no vivimos en primer término aquellos acontecimientos no sólo el horror por los sufrimientos físicos sino la tremenda desolación, la mezcla de decepción, incredulidad e impotencia que se apoderó de la mayoría de sus seguidores.

        ¿Qué había ocurrido? ¿Resultó ser todo un sueño, una quimera? ¿Fue todo una fantasía de un loco visionario? ¿Se terminó todo?

        De todas maneras no era esto todo lo malo que había sucedido; ahora había que seguir viviendo, había que volver a la aldea, con el consiguiente bochorno; había que retomar el trabajo, aguantar bromas pesadas y aquello de: ya te lo decía yo… y por encima de todo eso el vacío… la sensación de haber perdido el asidero al que nos aferrábamos con todas nuestras fuerzas, el sin sentido de todo.

        El Maestro había muerto y eso no había manera de sustituirlo por ningún otro sentimiento. Es como cuando muere un ser querido, su pérdida es irreemplazable, no hay razonamiento suficientemente convincente como para dejar nuestro ánimo apaciguado. Y no quiero ni mencionar a su madre. Su dolor sólo puede ser entendido por aquella madre que haya perdido a su hijo de una manera totalmente gratuita, sin causa aparentemente justificada, sin motivos suficientes – todo esto, claro, a los ojos de los hombres -. Todo había llegado a su fin, como tantas veces nos ocurre a nosotros frente a la aparente victoria de la muerte, frente al cadáver de alguien querido. Llegamos a veces a poner en dudas nuestras convicciones. Nuestra fe flaquea y llegamos a poner en duda la autenticidad de tu existencia. Nuestros intereses y prioridades se mueven por derroteros distintos. Nuestros caminos no son coincidentes. Necesitamos que como a los discípulos que se dirigían a Meaux, te hagas el encontradizo y nos hagas reconocerte al partirnos el pan, el auténtico pan de la vida que comienza a adquirir sentido con tu muerte ya que destruye la última barrera que el pecado había levantado entre el Hacedor y sus criaturas. Con frecuencia nuestros caminos, llenos de egoísmo, no coinciden con los tuyos, llenos de amor y de entrega, pero la verdad es que sigues siendo como el padre de aquel hijo pródigo que todas las tardes salía a otear el camino con la esperanza de ver volver a su hijo y ¿Quién no ha sido hijo pródigo alguna vez?.

 

 

- PASCUA DE RESURRECCIÓN -

 

PRIMER DOMINGO DE PASCUA

 

EVANGELIO
                                                 "El había le resucitar de entre los muertos."


Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 20,1-9.)
 

    El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y les dijo: -Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
 

                                              Palabra del Señor.

 

PASCUA  DE  RESURRECCIÓN         Jn.: 20, 1-9

 

                El evangelista S. Juan nos narra los hechos ocurridos en aquel primer día de la semana. Trata de hacerlo lo más asépticamente posible y lo consigue. La narración es de una sencillez absolutamente lineal, sin recovecos, aunque no por eso falten pinceladas de singularidad.

 

                Ante el anuncio de María Magdalena, los dos discípulos salen corriendo para verificar aquella noticia que les llega. Con toda seguridad cada uno es impulsado por un sentimiento que en aquel momento no proceden a analizar. Corren, pero la juventud se impone y Juan llega antes al sepulcro, ve y observa pero no entra; espera a que llegue Pedro, como signo de respeto..? como consecuencia del temor..? Pedro llega resoplando como un caballo y, sin pensárselo, se lanza al interior del sepulcro. Juan entra a continuación y ven los lienzos doblados y el sudario de la cabeza enrollado aparte. Vieron y creyeron. “Porque aún no habían entendido la Escritura”, que era necesario que él resucitase de los muertos. Y volvieron los discípulos a los suyos.

 

                Así de sencillo, sin más alboroto ni escándalo presenta Juan el evangelista el misterio supremos de nuestra religión, el meollo de nuestra creencia, la causa de nuestra alegría sin fin : Jesús ha resucitado. La Vida ha vencido a la Muerte en la eterna batalla. Al fin podemos considerarnos hijos de la Vida, libres de todo tipo de ataduras que pudieran hacernos tributarios forzosos y forzados de la Muerte. La muerte con la muerte fue vencida y ahora la Vida se presenta resplandeciente en toda su plenitud como heredad legítima de los hijos de la Verdad. La Luz prevaleció sobre las tinieblas y la libertad triunfa sobre todo tipo de opresión.

 

                Con su resurrección Jesús nos proporciona una vida nueva de tales dimensiones que con frecuencia nos ocurre lo que a los discípulos cuando el evangelista apostilla: “es que aún no habían entendido la Escritura”. Eso nos sucede con esta posibilidad nueva que graciosamente se nos brinda. No es una continuación de esta vida, no. No es una supervivencia hasta el infinito. No es nada de eso. Es sencillamente la Vida en plenitud sin los cortapisas que en nuestra vida actual nos condicionan, incluso sin la parte imperativa del libre albedrío que a veces nos hace esas malas pasadas. No es nada de eso. Con su resurrección Jesús nos trae sencillamente la Vida.

 

 

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

 

EVANGELIO
                                             "A los ocho días llegó Jesús."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 20, 19-31)
 

    Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidas.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: -Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó: -Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: -Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás: -¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo: -¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.
 

                                                                                                           Palabra del Señor.

 

 

2º DOMINGO DE RESURRECCIÓN  Jn.: 20, 19-31

 

                Este domingo Juan nos presenta un pasaje no sólo lleno de interés sino de una intensidad difícilmente superable.

        Juan nos muestra por primera vez al Resucitado y también nos presenta las primeras dudas que afloran en la incipiente comunidad eclesial.

 

                Jesús se presenta en medio de sus discípulos que se encontraban reunidos, con las puertas bien cerradas y con una buena carga de miedo a los judíos que no habían dudado en matar a su Maestro. Imaginemos por un momento la cara que pondrían aquellos hombres cuando el Maestro se presenta ante ellos y les saluda con el deseo de paz para todos. Con su presencia no sólo experimentan los discípulos la presencia real del Maestro sino que se lleva a cabo la constitución de la comunidad eclesial con la fuerza y la asistencia del espíritu, así como la misión encomendada a los discípulos.

 

                El contrapunto lo pone Tomás, que no se encontraba presente cuando el Resucitado hace su primera aparición y por más que sus compañeros tratan de explicarle lo ocurrido, él insiste en que si no lo ve no lo cree. ¿Nos suena esta postura?

        Se trata de convencer a Tomás de que Jesús ha resucitado, es decir, que ha conseguido algo que está fuera de las posibilidades del hombre, algo que depende exclusivamente de Dios y esto es demasiado fuerte para el pobre Tomás que sólo acierta a decir que él necesita ver y comprobar para creer. Las dudas de Tomás van a prefigurar las dudas que se presentarán muy pronto en la incipiente comunidad eclesial y que más o menos exacerbadas van a llegar hasta nuestros días, a veces hasta nosotros mismos. No obstante en Tomás quedaron totalmente disipadas estas dudas cuando el Maestro, al presentarse de nuevo, le pide que introduzca sus dedos en los agujeros de los clavos y su mano en la herida del costado y que no sea incrédulo; Tomás sólo puede exclamar: “Señor mío y Dios mío”, reconocimiento este que arranca de boca del Maestro aquella consideración que tanta esperanza nos transmite: “Bienaventurados los que creen sin haber visto”.

 

                Con frecuencia, a pesar de todas estas consideraciones, necesitamos una ayuda para poder creer en la Resurrección de Cristo, necesitamos el concurso de la fe. Repetidamente nos vemos envueltos en tantas dudas que es bueno y necesario que roguemos al Espíritu su apoyo para que nos ayude a vencer nuestros reparos e incredulidad.

 

 

3º DOMINGO DE RESURRECCIÓN  Lc 74, 35-48


    

 EVANGELIO:    "Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 25,35-48.)
 

    En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y cómo reconocieron a Jesús en el partir el pan. Mientras hablaban, se presento Jesús en medio de sus discípulos y les dijo: -Paz a vosotros.
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: -¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: -¿Tenéis ahí algo que comer?
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. EL lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: -Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse.
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: -Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
 

                                              Palabra del Señor

Acaban de llegar los discípulos de Emaús. Están tratando de comunicar con todo lujo de detalles a sus compañeros su reciente experiencia con el Maestro resucitado cuando este se presenta en medio de ellos deseándoles la paz, saludo que se convertirá en habitual desde que volvió una vez vencida la muerte. Los discípulos se sobrecogen y entre la alegría, el temor y el estupor, debió ponérseles unas caras muy raras porque el mismo Jesús tuvo que hacerlos poner los pies en el suelo. ¡No soy un fantasma, amigos! ¡Soy yo! ¿Tenéis algo de comer por ahí?. Jesús trata de mostrarse de la manera más natural posible para infundir ánimo en sus amigos y que la confianza vuelva a reinar entre ellos. Les muestra todas las evidencias y aprovecha para, como dice Lucas, abrirles el entendimiento para que de una vez por todas entiendan las Escrituras. De nuevo la confianza en el Maestro había solucionado el problema.

Esta es una de las cosas que, entre otras muchas, nos muestra el pasaje de Lucas: la confianza. Vivimos en un tipo de sociedad en la que la confianza no se prodiga en exceso. No tenemos confianza en nuestros semejantes con lo que la no confianza, la desconfianza, se enseñorea de la mayoría de las situaciones que nos relacionan con los otros. Pero esto, con ser malo, no es lo peor y digo esto porque no sólo negamos la confianza, el crédito, a nuestros semejantes, sino que llegamos a no concedérselo al mismo Dios.

 

Tradicionalmente entre los cristianos Dios ocupaba el eje central de la existencia pero desgraciadamente en estos momentos no podemos asegurar lo mismo. Bien es verdad que se han eliminado muchos tabúes absurdos, pero no nos engañemos, con demasiada frecuencia Dios no entra en nuestros esquemas de realización de acciones. ¿Las razones? Posiblemente estemos perdiendo la experiencia de Dios, experiencia debida a la fe y no olvidemos que esta es un don gratuito y que para merecerlo lo primero que hay que hacer es desearlo con todo el corazón y suplicarlo con toda humildad. Estoy usando palabras que parecen estar en desuso ¿verdad? Es posible que sea así, pero creo que si conseguimos asimilar e incorporar a nuestro vocabulario de sentimientos estas palabras, como oración, humildad, confianza… llegaremos a recibir el don precioso de la fe. Entonces también a nosotros, como a los apóstoles, se nos abrirá el entendimiento y lograremos comprender que los hermanos y sobre todo los más desfavorecidos están por delante en el interés de Dios que todas las cosas materiales de las que estamos rodeados y que tanto apreciamos a veces con un apego desmedido.

 

 

 

 

4º DOMINGO DE RESURRECCIÓN   Jn 10, 11, 18

 

EVANGELIO
                           "El buen Pastor da la vida por sus ovejas."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 10,11,18.)
 

    En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: -Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastos, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo además otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libre mente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre.
 

                                          Palabra del Señor.

 

             Juan nos pone en consideración hoy uno de los pasajes más hermosos de su relato de la vida de Jesús. Mucho hemos oído a cerca de este pasaje que nos es muy familiar. Recuerdo una estampita que guardaba en mi librito de oraciones en la que se representaba a Jesús vestido de pastor y con un corderillo sobre sus hombros. Siempre me produjo una tierna simpatía esta estampita ¿dónde estará?.

            Como digo, este pasaje nos es muy conocido y especialmente querido, pero yo quisiera que hoy lo enfocáramos desde otro punto de vista, como si contempláramos el auto retrato de un famoso pintor. Jesús, en este pasaje, va desgranando sus señas de identidad: “Yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen” “también tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traerlas y oirán mi voz y habrá un rebaño y un pastor” “El Padre me conoce y yo conozco al Padre” “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar” “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo”. “Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar”.

               Creo que Jesús nos presenta unas credenciales impresionantes y sobre todo aclara perfectamente que hace donación de su propia vida en ofrenda al Padre para la remisión de los pecados del hombre de una manera totalmente libre porque además tiene poder para entregarla y para volverla a tomar. Nadie le impone nada.

            Este es el Jesús en el que creemos y aún así le ignoramos con demasiada frecuencia, parece que nos avergonzamos de ser seguidores de Jesús y de que nos señalen como tales. ¿Se puede aguantar esto? Hay veces que nos duelen ciertas acciones de los demás para con nosotros pero sobre todo nos duelen de manera significativa cuando vienen de alguien querido, de alguien que nos importa de veras. ¿Cuántas veces le hemos hecho a Jesús auténticos desplantes? Muchas. Lo que nos ocurre es que sabemos que siempre va a estar ahí para perdonar, para re-tomarnos como sus hijos queridos y nosotros, que lo sabemos, abusamos. Esa es la grandeza del amor de Dios que está dispuesto a darlo todo a cambio de nada. ¡Gracias, Señor!.

 

 

 

 

5º DOMINGO DE RESURRECCIÓN   Jn 15,1,8.

 

EVANGELIO
                                      "El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 15,1 8.)
 

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mi.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizara.


Palabra del Señor.

 

        Jesús nos ofrece un programa de vida en el evangelio de hoy. Estoy seguro que le hemos leído y oído comentar muchas veces y por lo tanto conocemos bien el texto, ahora bien, como venimos intentando en los domingos de esta Resurrección, vamos a tratar de mirarlo desde un ángulo distinto ya que no pretendo que sea nuevo.

              Ciertamente Jesús nos ofrece un proyecto de vida, no de imitación de ninguna otra vida, incluida la suya propia. Él nos da las pautas para vivir la vida de forma plena, siendo conscientes de dónde emana esa vida y cómo llega hasta nosotros. Cuando lleguemos a entender y degustar esto comenzaremos a experimentar la auténtica religiosidad o comunicación con las manifestaciones de esa Vida. A continuación vendrá el momento de unirnos al Cristo y poner en práctica todas sus recomendaciones. Se trata de un lento y largo proceso, como todo lo que realmente vale la pena. No todos tendremos la suerte que tuvo Pablo de caer del caballo y encontrarse con la experiencia del Resucitado. Yo al menos estoy convencido de ello, así como de que las convicciones íntimas han de irse produciendo poco a poco; pero lo fundamental es que la savia siga fluyendo desde el centro de la Vida hasta las últimas ramificaciones. Procuremos ser capaces de sentir esa vida en nosotros y seremos pámpanos fecundos llenos de fruto.

 

 

 

 

6º DOMINGO DE RESURRECCIÓN  Jn 15, 9-17

 

EVANGELIO
                                         "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 15,9-17.)
 

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.
 

                                                    Palabra del Señor.

 

21-05-06                  Jesús se está despidiendo de sus amigos y les da las recomendaciones finales; como un padre cuando presiente que llega su fin en este mundo y reúne a sus hijos y seres queridos en torno para despedirse de ellos y darles las últimas recomendaciones; tal vez las más meditadas y sentidas, quizá las más importantes de esa vida que toca a su fin. Jesús hace lo mismo y es como si les estuviera leyendo su testamento, sus últimas voluntades y, como siempre, el tema central es el amor, pero no un amor vacío sino un amor pleno de frutos y recompensas en sí mismas satisfactorias: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor”, para terminar diciendo: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” El final de su testamento es tajante, la cláusula finales:”Esto os mando: Que os améis unos a otros”. Así, sin ambigüedades, claro como el agua pura. Y para que nadie se sienta tentado de atribuirse nada por méritos propios, aclara: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”. Por eso, si recordáis, decíamos el domingo anterior que lo fundamental era estar en comunicación con la fuente de la Vida y después de sentir la savia correr por nosotros, sería el momento de tomar conciencia de que hemos sido elegidos para una misión muy concreta y hemos de procurar responder como se espera de nosotros y para eso tenemos la garantía de que “todo aquello que pidiereis al Padre en mi nombre, os lo concederá”.

 

 

 

ASCENSIÓN DEL SEÑOR:

 

 EVANGELIO
                                     "Ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 16,15-20.)
 

    En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo: -Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos.
    El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
    Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos, y confirmaba la palabra con los signos que los acompañaban.
                                                                    Palabra del Señor.

 

 

ASCENSIÓN DEL SEÑOR              Mc.: 16,15-20

 

                Ha llegado lo que podríamos calificar como el epílogo de la vida de Jesús entre nosotros. Él vino con una misión concreta y, una vez realizada satisfactoriamente, vuelve a su lugar de origen, al Padre.

        Esta sería una visión y una definición simplista de la vida y obra de Jesús y, como toda definición simplista, no deja de ser insuficiente aunque en rigor no se falte a la verdad.

        Con este dilema se encuentra el pobre Marcos cuando debe dar a conocer a la incipiente Iglesia de Roma los detalles de la vida del Maestro, no con ánimos biográficos, sino como soporte del más adecuado conocimiento del mensaje evangélico a todos aquellos que, aunque muchos de ellos contemporáneos con los hechos narrados, sin embargo chocaban fuertemente con su experiencia diaria de la vida, de las formas de vida que se desarrollan a su alrededor y en las que se encuentran inmersos.

 Marcos, asiduo discípulo de Pedro al que este llama hijo al final de su primera carta, según nos cuenta San Jerónimo (Catal. de Script.Eccl.). Marcos escribe su evangelio hacia el año 45 de Jesucristo, 12 años después de la pasión y muerte del Señor. Esta serie de datos no pretenden tener matiz erudito, sino que sean un poco vehículo aclaratorio que nos permita entender de manera obvia lo que Marcos va a tratar de transmitirnos en el final de su evangelio.

 

        En el pasaje de hoy, Marcos nos narra la subida de Jesús al Padre, así como las últimas recomendaciones que el Maestro hace a sus seguidores.

        Entre las promesas compensatorias que el Maestro hace para aquellos que crean en el mensaje que los Apóstoles se encargarán de difundir por todo el mundo, Marcos pone en boca de Jesús: “Estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes y si tomasen algún veneno no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”.

 

        Como vemos, Marcos refleja los temores de su época, de ahí los datos temporales anteriormente aportados; temores que no son otros que la enfermedad por causas desconocidas (posesión demoníaca), la incomunicación (hablar lenguas desconocidas); el miedo a los peligros frecuentes conocidos (serpientes y veneno). Todos estos signos adversos pueden ser contrarrestados con un arma que poseen los seguidores el Maestro: la fe. ¿Cómo se las hubiera apañado el bueno de Marcos si hubiere de explicar esto a los hombres de nuestro tiempo? ¿Se hubiera decantado por las modernas tecnologías, o bien se prodigaría en razonamientos trascendentes en los que se tuviera en cuenta la supremacía del “yo” sobre los acontecimientos accidentales y aleatorios que le acompañan?... Tal vez no. Posiblemente se decantaría, como entonces, por lo más prosaico, lo más cotidiano que es siempre lo más cercano al hombre y que afecta por igual a la mayoría. Hoy, posiblemente, usaría como promesas compensatorias para los creyentes algunas de las que forman la baraja de las principales preocupaciones dominantes  hoy día: La hipoteca no será un problema; encontrarás una vivienda digna a un precio justo; el puesto de trabajo será seguro… etc., etc… Los temores siguen existiendo. Sus soluciones se siguen mostrando como el bien supremo deseado. El hombre sigue necesitando un aliciente, un acicate para intentar superarse, elevarse sobre su condición mezquina y ser capaz de ser fiel a un ideal, al ideal de hermandad universal predicado por un loco sublime llamado Jesús y que no dudó en entregar su vida para ofrecer a sus amigos la posibilidad de una vida eterna de plenitud y felicidad.

 

 

PENTECOSTÉS:

 

EVANGELIO
 

                    Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.
 

      Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 20,19-23.)
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En esto entro Jesús, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidas.
 

                                                                             Palabra del Señor

 

PENTECOSTÉS Jn.: 20, 19 – 23

                El evangelio de hoy nos presenta a un grupo de hombres amedrentados, condicionados por el miedo y que van a sufrir una radical transformación por la acción directa del Espíritu Santo.

                El evangelista nos cuenta cómo Jesús se presenta en medio de sus discípulos y, tras desearlos la paz, gesto habitual en él, les anima y les dice que de la misma manera que él ha sido enviado por el Padre, que él les envía a ellos por todo el mundo para predicar la buena nueva y exhaló su aliento sobre ellos y se llenaron del Espíritu Santo.

                Este es el relato que nos hace Juan, un tanto concentrado y bastante escueto, como acostumbra. Pero Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, cuando en su capítulo segundo nos narra la venida del Espíritu Santo, es algo más explícito y utiliza gran profusión de símbolos: el ruido, el viento, el fuego… Tratemos de entenderlo, entendiendo el contexto en el que este relato se escribe. La cultura reinante es la cultura greco-latina. En el campo de la filosofía, Platón afirma que el hombre es un compuesto indisoluble de una parte  espiritual y otra material. A tenor de todo esto, Lucas trata de describir al espíritu con los atributos que más se le acomodan como puede ser el viento, símbolo de sutileza; el fuego, símbolo de perseverancia; el ruido, símbolo de poder… todo esto y más es lo que reciben los apóstoles cuando el Espíritu de Dios entra en ellos.

        Comienzan a expresarse en lenguas para ellos desconocidas y todos se admiraban de que cada cual les entendía en su propia lengua. Hoy ocurre exactamente lo mismo cuando vemos  cómo esos misioneros o esos voluntarios de cualquier O.N.G. dan su testimonio allí donde son enviados por el Espíritu y son entendidos por aquellos a quienes van a ayudar, aunque hablen idiomas distintos y es que, hermanos, el idioma del amor y la entrega es universal. Pero no olvidemos lo que Lucas nos dice en el versículo trece de ese segundo capítulo de los Hechos: “Mas otros, burlándose, decían: están llenos de vino”

                Como vemos, no hemos cambiado tanto a nivel social como cabría esperar: Cuando algo no nos gusta o nos increpa abiertamente, tratamos de escudarnos ridiculizándolo. ¡Ingenuos!.



O bien:
 

EVANGELIO
                                           El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena
 

     Lectura del santo evangelio según san Juan  (Jn 15,26-27;16,12-15)
 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.
 

                                                                                Palabra del Señor.

 

 

SANTÍSIMA TRINIDAD:

 

 

EVANGELIO
                          Lectura del santo Evangelio según San Mateo. (Mt 18,16-70.)
 

    En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:-Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
 

                                                                  Palabra del Señor.

 

 

 

SANTÍSIMA   TRINIDAD        Mt.:28, 16-20

 

             Jesús había citado a sus discípulos en Galilea, en un lugar determinado, un monte conocido por todos ellos. Allí llegaron los discípulos y, cuando vieron a Jesús, le adoraron, aunque algunos todavía dudaron, lo que hizo que Jesús se acercara y les dijera: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. También les hace una maravillosa y reconfortadota revelación: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

     Jesús acaba de nombrar la gran comisión. Todo cristiano, todo seguidor del Cristo, tiene una misión fundamental que cumplir. Puede que no sea fácil, que nos cueste más de lo que estemos dispuestos a entregar, pero la misión está ahí y nuestra parte no se la podemos pasar a nadie más, es nuestra exclusiva responsabilidad…

      Ha veces, muchas veces, que una nube oscura nos envuelve y no somos capaces, aunque lo procuremos, de ver más allá de nuestras narices. Entonces, en esos momentos de total aridez, es muy reconfortante evocar las amables palabras del Maestro que nos recuerdan: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”

 

 

CORPUS CRHISTI:

 

 

EVANGELIO
 

    Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 14,12-16.27-26.)
 

    El primer día de los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: -¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
El envió a dos discípulos, diciéndoles: -Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: -Tomad, esto es mi cuerpo.
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio-y todos bebieron.
Y les dijo: -Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.
 

                                                             Palabra del Señor.

 

Corpus Christi     Mc.:14,12-16.27-26

          Jesús se dispone a celebrar la Pascua y ante la pregunta de sus discípulos sobre el lugar donde la celebrarán, les da instrucciones precisas para que sea preparado el lugar donde la celebrarán y así sucede. Todo parece desarrollarse con normalidad, pero el Maestro sabe que aquella fiesta de Pascua es especial, sabe que es la última que celebrará con sus discípulos antes de consumar totalmente la misión que el Padre le ha encomendado. Él sabe que se va, que sus ovejas se verán perdidas sin el pastor que las guíe y es tanto el cariño que siente por los suyos que decide quedarse con ellos, aunque tenga que dejarlos huérfanos por un tiempo y, cuando les reparte el pan y el vino, después de bendecirlo, les comunica que aquello es realmente su cuerpo y su sangre y que cada vez que se junten hagan aquello en recuerdo de Él, se rememorará su presencia real y su Misterio de Salvación.

    Es, como si dijéramos, una materialización de su amor por el hombre. Jesús entrega su propio cuerpo como alimento a los suyos ¿se puede amar más? No sólo entrega su vida por los hombres sino que les da su propio cuerpo y su sangre como comida y bebida; en definitiva no deja de ser una enorme manifestación de amor. Por esta causa la Iglesia celebra hoy el Cuerpo de Cristo, pero también celebra el día del Amor, de la “Charitas” o amor de Dios. No olvidemos la definición que el gran San Agustín hace de Dios: “Deus charitas est”: Dios es amor.

                               No olvidemos esto nunca: Dios es amor. A Dios le hemos adjudicado toda clase de atributos, todos aquellos que a nosotros nos parecen dignos de serle aplicados, pero por encima de todos los atributos está la esencia: Dios es amor.

 

XII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                 "¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!"

 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 4,35-40.)
 

    Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: -Vamos a la otra orilla.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. El estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron diciéndole: -Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?
    Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: -¡Silencio, cállate!
    El viento cesó y vino una gran calma. El les dijo: -¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
    Se quedaron espantados y se decían unos a otros: -Pero ¿quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!
 

                                                                                     Palabra del Señor.

 

XII   DOMINGO T. O.           Mc.: 4, 35-40

 

                Jesús está  predicando, está mostrando las bondades del reino prometido, pero como en toda tarea humana, la caída de la tarde pone fin a otra jornada de trabajo y entonces, como hoy, mucha gente debe tomar un medio de transporte para regresar a su casa, en busca del merecido descanso.

  

      Jesús toma una barca y con los suyos se dirige a la otra orilla. Pero el día ha sido duro; Jesús está cansado y recostado en la popa se queda dormido y como en cualquiera de las líneas de autobuses de cualquiera de nuestras ciudades, entre salida y llegada un sueñecito es especialmente apetitoso. Pero el tiempo apacible en la salida cambia bruscamente. La tormenta se muestra con toda su furia; el agua amenaza con inundar por completo la barca y la integridad de todos los ocupantes corre serio peligro y Jesús ¡¡duerme!!.

 

        Bien, hasta aquí podríamos encontrar un cierto paralelismo entre lo relatado y el desarrollo normal de nuestra vida, con su devenir más o menos monótono y rutinario pero casi siempre siguiendo unos esquemas predeterminados. Todo debe desarrollarse normalmente, hasta que se desata la tormenta, hasta que la tempestad nos envuelve y las olas nos desbordan y entonces, inexorablemente, volvemos nuestros aterrorizados ojos hacia el timonel, confiados en que allá estará gobernando el timón con mano firme y segura, pero vemos angustiados que está ¡¡dormido!!

 

       El pánico se apodera de nosotros, corremos a despertarlo y le preguntamos si le parece bien dormir en lugar de preocuparse por los pasajeros.

 

                Exactamente eso mismo hicieron los acompañantes de Jesús. Le despertaron y le mostraron su temor ante la situación de peligro que se presentaba. De momento y para empezar, calma al viento  e increpa al mar ordenándole que se calme. A continuación recrimina a sus amigos la falta de confianza que han demostrado al desconfiar, al temer por su vida a pesar de que Él estaba con ellos.

 

        Jesús no les recrimina el hecho de sentir miedo ante una situación comprometida, eso es inherente a la naturaleza humana. Lo que si les reprocha es su falta de confianza, en definitiva su falta de fe. Puede que a nosotros nos suceda algo parecido con demasiada frecuencia. Nos queda por confiar en nuestro piloto, aunque nos parezca que está dormido y no somos el objeto de su atención preferente.

 

       ¿Cuándo aprenderemos a confiar un poquito? Imagino que necesitamos varias tormentas, pero Señor, ¡¡¡no nos dejes, aunque te duermas en nuestra barca!!!

 

 

 

XIII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO

                                "Contigo hablo, niña, levántate.


Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 5,21-43.)
 

    En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: -Mi niña está en las ultimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.
    Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. [Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que, con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: -¿Quién me ha tocado el manto?
    Los discípulos le contestaron: -Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»
    El seguía mirando alrededor para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa; al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: -Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
    Todavía estaba hablando, cuando] llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: -Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?
    Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, mas que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.
    Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entro donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, niña; levántate»).
    La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar -tenía doce años-. Y se quedaron viendo visiones.
    Les insistió en que nadie se enterase, y les dijo que dieran de comer a la niña.
 

                                                                                                                      Palabra del Señor.

 

DOMINGO XIII  T.O.     Mc.: 5, 21-43

             Pasajes como el de hoy nos los irá presentando la Iglesia a lo largo de todo el llamado Tiempo Ordinario. Son como catequesis que pretenden, al igual que hacía Jesús, ir enseñando poco a poco, de forma dosificada y progresiva, el cambio que supondría el paso de la Antigua Alianza a la Nueva.

                Una vez más tenemos la barca como símbolo de la Iglesia que se perfila; al mar como al cúmulo de peligros que hemos de salvar para llegar a la otra orilla, al mundo que nos rodea en definitiva y, como figura central, tenemos a Jesús, pero a un Jesús que irradia salvación. No se trata de un Jesús imponente, digno de temor y respeto, no. Es un Jesús cercano, apretujado por la gente que quiere estar cerca del Maestro mientras se dirigen a casa de un hombre atribulado, desesperado ante la muerte de su hija que se presenta como inevitable. Pero hete aquí que no es sólo esta miseria a la que Jesús se dirige para remediarla, sino que una mujer aquejada de una de las enfermedades consideradas “impuras” por aquella sociedad radical e intransigente.

                Todo el pasaje va encaminado a la exaltación de la fe. Con una fe fuerte no somos conscientes del poder que tenemos. Es tan grande que el mismo poder de Dios se pone a nuestro servicio porque entonces, cuando ejercitamos esa fe absoluta y sin fisuras, nos asemejamos a Dios, somos verdaderamente hijos de Dios, de su misma naturaleza, actuando como tales. 

                Jesús rodeado, apretujado, siente que alguien le ha tocado de manera especial, de forma que le ha absorbido virtud, poder, bondad… Pregunta y, ante el asombro de los suyos, se entabla un amable diálogo entre una asustada mujer y el Maestro que la anima y que la aplaude por la firmeza de su fe que le ha posibilitado su curación. En estos momentos de culminación de fe sencilla y sentida vienen unos emisarios con la triste noticia de que la niña, causa del viaje del Maestro, ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?... ¿qué va a hacer ya?... Terrible prueba de fe para el padre de esa niña que sigue confiando en Jesús, que le tiene al lado y que le dice: no te preocupes, amigo, yo estoy contigo.

        Cuando llegan a la casa y les dicen que la niña ha muerto, se produce un terrible enfrentamiento; por un lado la evidencia de la realidad y por otro la esperanza de la fe contra toda evidencia.

        Como un avance a lo que será después, la muerte es vencida por la autoridad del Maestro y la vida es devuelta a la niña que, entregada a sus padres, reciben la vida que para ellos ya estaba perdida. De nuevo un tanto para la fe.

 

 

XIV DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO

                           "No desprecian a un profeta más que en su tierra."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 6,1-6.)
 

    En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: -¿De dónde saca todo eso? ¿Que sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: -No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
 

                                                                                                         Palabra del Señor.

 

DOMINGO XIV T.O.   Mc.:6, 1-6

 

             Marcos, en el pasaje de hoy, nos muestra a un Jesús perplejo ante la incredulidad de los suyos, de aquellos que le conocían desde niño y, quizá por esto, no saben explicarse de dónde le viene a éste la capacidad de hacer milagros y la autoridad que muestra en la exposición de las escrituras. También nos apunta el evangelista que, dada su incredulidad, no pudo hacer ningún milagro –faltaba la fe, requisito indispensable - ; s una de esas pinceladas que de vez en cuando suelta Marcos como a vuelapluma y que van cargadas de intención.

 

                Jesús se enfrenta a una nueva experiencia; la de ser un desconocido en su propia tierra, hecho no demasiado raro también en nuestra sociedad que se dispara por los dos extremos: No conoce al profeta en su tierra o, sin haberlo visto en su vida, se manifiesta poco menos que íntimo si el personaje en cuestión ha sido tocado por el dedo de la fama.

        Debió ser decepcionante, terriblemente depresivo, llegar a tu tierra, con una carga emotiva importante, con unas ilusiones lógicas y ver que te reciben sino con hostilidad, sí con una frialdad ilógica y con una desconfianza tal que imposibilita la realización de milagros y se limita a hacer algunas curaciones. Podría haber realizado grandes gestos, grandes maravillas, pero no es así; no fuerza a nadie a que crea en sus palabras; se limita a exponer la vía, el camino correcto hacia la salvación y todo esto sin violencia, sin agobio hacia ninguno de los que le escuchaban. Se limita a mostrar su extrañeza ante la actitud de sus conciudadanos, ante el rechazo de gente que le conocían de siempre. Siente como una sensación de pena ya que él es consciente de que todo el potencial afectivo del que dispone va a quedar sin efecto por falta de confianza de aquellos que le están oyendo.

        ¡Qué paradójica es la situación del Jesús que quiere ayudar y del soberbio que no  deja ser ayudado!

 

                Si no de esta manera, sí de otras muchas, seguimos plantando cara y condiciones a la acción salvadora que el Maestro nos tiende constantemente. Procuremos no ser tan duros de corazón como sus paisanos. Agradezcamos su preocupación por nosotros y démosle gracias.

 

 

 

XV DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO

                                     "Los fue enviando."
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 6,7-13.)
 

    En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
 

                                                                                                  Palabra del Señor.

DOMINGO  XV  T.O.             Mc.: 6, 7-13

             Jesús está en su tierra pero no está contento, no se siente satisfecho con la confianza que sus paisanos han manifestado. Ese mismo desconcierto se ha apoderado de sus amigos y seguidores. El se da cuenta que la autoestima de sus amigos está bastante mermada y decide ponerle remedio. Les envía, de dos en dos, a que recorran la zona y les delega parte de sus poderes para que experimenten por sí mismos la satisfacción que se siente al hacer el bien sin pretender recibir nada a cambio. Les hace una advertencia especial: que no lleven nada, ni siquiera una túnica de repuesto con la que poder cambiarse. ¿Capricho del Maestro? No, sin duda que no. Sencillamente se trataba de reafirmar su propia autoestima y de fundamentar profundamente su fe. Sabían que avalando sus decisiones se encontraba el Maestro y eso les daba confianza.

        Les envía de dos en dos, es decir, en comunidad. Las acciones en la Iglesia, desde sus primigenios comienzos, se realizan en comunidad. La individualidad, para que sea fructífera, ha de ser compartida; por eso Jesús les envía a unos en compañía de otros. No lo hace por capricho sino para que sus amigos pudieran experimentar el inmenso gozo que se experimenta cuando se hace el bien de forma gratuita, sin interés por recibir ninguna compensación a cambio. Por eso les recalca que vayan sin nada, ligeros de equipajes, sin que nadie pudiera impedirles cumplir con su cometido.

        Ellos, expectantes y nerviosos, inician su periplo un tanto escépticos al principio, asombrados después y júbilosos finalmente. Comprueban que los demonios se les someten y que los enfermos son curados.

             Hasta aquí el relato que Marcos nos hace y que dentro de su inocencia no deja de ser hermoso. Pero ahora leamos entre líneas: la misión sigue vigente y los discípulos siguen saliendo a cumplir su misión, a pesar de que los demonios pueden haber cambiado y las enfermedades tener otros signos o sintomatología.

        Jesús toma esta decisión sin duda para inyectar ánimo a los suyos que se ven rodeados por un ambiente hostil. En nuestros días ¿es tan hostil el ambiente que rodea a sus enviados? Aparentemente no es así pero eso es precisamente lo que no debe engañarnos. Sus enviados se siguen encontrando con todo tipo de dificultades pero estoy seguro que también disfrutan de algún tipo de satisfacciones bien merecidas que sólo ellos podrían explicar.

 

XVI DOMINGO ORDINARIO

 

 

EVANGELIO
                                    "Andaban como ovejas sin pastor."


Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 6,30-34.)
 

    En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: -Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
 

    Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
 

                                             Palabra del Señor.

 

        El gozo de compartir, qué difícil es, hay tanta desconfianza en nuestras vidas que a pesar de estar en el mismo empeño, nos guardamos algún as en la manga para el final; qué poco hemos aprendido del Señor, ¿Acaso creemos que las hazañas de los discípulos eran tan importantes como para distraer al Maestro? ¡Pues lo debieron de ser! Porque dejando todo y a todos se retira con ellos a un sitio aparte donde confraternizar, donde escuchar con entusiasmo, donde sonreír las peripecias acontecidas, donde simplemente gozar de la alegría ajena. Supongo que el Divino Maestro, por eso de ser Divino, tomaría muy en cuenta las posibilidades de cada uno, para así organizar su Iglesia en el futuro.

 

        ¡Qué madurez, qué corazón adivinaría en Pedro para encargarle de pilotar su barca! ¡Qué pasión, qué mente preclara vería en Juan, para inspirarle el más bello de los Evangelios!

                     Pero no se puede dormir nadie en los laureles, otra de las cosas que más cuesta, hay que enseñar con calma; a Dios rogando y con el mazo dando; que enseñar no son charlas espirituales, que es estar al lado de los que más lo necesitan, con todos los medios disponibles, la palabra en todas sus extensiones, el amor en su única modalidad, compartiendo los conocimientos, dejándose exprimir y exprimiendo; eso y no otra cosa es compartir, que lo otro pertenece más bien a lo académico.

 

        ¡Señor, Jesús, que pueda y sepa compartir contigo los ratos de gozo y los ratos de trabajo...!    

 

 

 

XVII DOMINGO ORDINARIO

 

 

EVANGELIO
                                          "Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron."


Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 6,1-15.)
 

    En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe: -¿Con qué compraremos panes para que coman éstos? (lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer).
Felipe le contestó: -Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: -Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero ¿qué es eso para tantos?
Jesús dijo: -Decid a la gente que se siente en el suelo.
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo, todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: -Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: -Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
 

                                                Palabra del Señor.

 

DOMINGO XVII T. O.        Jn.: 6, 1-15

 

                        Nos cuenta San Juan en su evangelio que Jesús, en su afán por estar un poco en la intimidad con los suyos atraviesa el mar de Galilea y sube a un monte, con la intención, posiblemente, de pasar un día de asueto al aire libre disfrutando de la naturaleza. Pero… Una gran multitud le había seguido y al percatarse Jesús de la situación pregunta a sus amigos la manera de solucionar el problema que presenta la intendencia inmediata de la multitud que se está reuniendo. Él sabe perfectamente la solución pero no por ello deja de involucrar a sus amigos en la posible solución del problema. Es una catequesis práctica más de todas las que va poniendo en funcionamiento a lo largo del prolongado contacto con sus discípulos.

 

                        Andrés, el hermano de Simón, aventura una posibilidad aunque le pareciera remota a él mismo y manifiesta conocer a un chaval que tiene cinco panes y un par de peces, pero para tantos… Jesús organiza la reunión, toma los panes, los bendice y manda a los suyos a que lo distribuyan entre la gente, haciendo lo mismo con los peces. Una vez saciados manda recoger las sobras “para que nada se pierda”.

 

                        Bien, si nos fijamos se han producido dos milagros, al menos. Uno evidente: la multiplicación de los panes y los peces. Otro, aunque no tan evidente, no es por eso menos importante: el triunfo de la voluntad confiada sobre la aparente imposibilidad.

            Jesús, como apuntaba antes, da una nueva lección catequética a sus seguidores para que aprendan y, luego cuando estén solos, puedan poner en práctica lo que aprendieron del Maestro: Todos reparten los panes y los peces. Todos toman parte activa en el prodigio que ante sus ojos se lleva a cabo. Todos recogen las sobras y, lógicamente, todos sienten la satisfacción del trabajo bien hecho. Esa será la labor de la futura Iglesia. Un trabajo de todos, de voluntades unidas para la consecución de fines comunes aunque parezcan empresas imposibles. Siempre contaremos con la inestimable ayuda del Maestro.

 

 

 

 

XVIII DOMINGO ORDINARIO

 

 

EVANGELIO
                                       "El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mi no pasará nunca sed."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 6,24-35.)
 

    En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. AL encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: -Maestro, ¿cuándo has venido aquí?
Jesús les contestó: -Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna; el que os dará el Hijo del hombre, pues a éste lo ha se liado el Padre, Dios.
Ellos le preguntaron: -¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?
Respondió Jesús: -Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado.
Ellos le replicaron: -¿Y qué signo vemos que haces tú para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo».
Jesús les replicó: -Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Entonces le dijeron: -Señor, danos siempre de ese pan.
Jesús les contestó:-Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.
 

                                                                  Palabra del Señor.

 

DOMINGO  XVIII  T.O.          Jn.: 6, 24-35

                   Hermoso pasaje el que nos propone en este domingo la liturgia del tiempo ordinario. 

                   La multitud que buscaba a Jesús le pregunta que cuándo ha llegado allí y Jesús, que les conoce perfectamente, les dice:  Dejaos de rollos. Me buscáis no porque os sintáis interesados por mis palabras y mis obras, sino porque comisteis hasta hartaros. Aclaradas las cosas, les sigue aconsejando que encaminen sus esfuerzos por conseguir no aquello que satisface de manera momentánea, sino lo que llena de forma duradera y que el Hijo del Hombre proporciona pues para eso ha sido enviado por el Padre.

         La comida que habían recibido estaba demasiado reciente y su recuerdo placentero les hace decir: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?” Jesús les responde: “Creed en el que él ha enviado”  Así de simple, así de sencillo, así de difícil…

         Estos hombres nacidos y desarrollados en la ley mosaica, conocedores de las tradiciones y de la historia oral de su pueblo, transmitida de padres a hijos durante generaciones, no pueden por menos de hacer comparaciones y necesitan algo concreto a qué aferrarse y así le exponen: Nuestros padres comieron el maná en el desierto y tú ¿Qué señal nos das para que te creamos?. Jesús debió mirar a aquellos hombres como el maestro de escuelas mira a sus alumnos cuando, tras una larga y detallada explicación hace una sencilla pregunta y comprueba con desencanto que no se han enterado de nada.

         Jesús les dijo: No os dio Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo. El pan de Dios es aquel que desciende del cielo y da vida al mundo. Ellos, con el reciente recuerdo del pan comido, le dijeron: Señor: danos siempre este pan. Y Jesús, mirándolos sin duda con infinita dulzura, les dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”

 

                   El Maestro nos da una solución vital. El hambre y la sed son las primeras necesidades del hombre, son los arquetipos de las necesidades de las personas. Cubiertas estas, la persona puede funcionar como tal; pues bien, Jesús nos sigue dando la solución; sólo nos falta a nosotros lo mismo que les faltaba a los que le estaban escuchando cuando estas palabras salían de su boca: Confianza en el Maestro, en definitiva nos falta un puntito de fe.

 

 

 

 

 

XIX DOMINGO ORDINARIO

 

 

EVANGELIO
                                "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo."


Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 6,41-52.)
 

    En aquel tiempo criticaban los judíos a Jesús porque había dicho «yo soy el pan bajado del cielo», y decían: -¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?
Jesús tomó la palabra y les dijo: -No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios». Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; éste es el pan que baja del cielo para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
 

                                            Palabra del Señor.

 

DOMINGO XIX T. ORDINARIO    Jn.:6,41-52

 

 

             Enigmático y profundo se muestra el evangelista en este pasaje. Los planos de referencia y los de percepción inmediata no son los mismos, de ahí el estupor de los oyentes y la confusión que se genera entre las palabras de Jesús y la realidad cotidiana vivida por aquellos hombres.

 

                ¿Acaso no le conocemos? ¿No sabemos quiénes son su familia? ¿Cómo dice que ha bajado del cielo si le conocemos apenas desde que nació? ¿Comer su carne? ¿Somos acaso caníbales? Definitivamente está como una cabra. ¡Qué pena! ¡Con lo bien que habla, cuando no desvaría! ¿Estará borracho? En fin… quien le entienda que le compre…

 

                Estos, o parecidos, comentarios tuvo que soportar Jesús cuando trataba de explicar a aquellos hombres que Él era la salvación venida del cielo, el “pan” que proporciona vida y en este caso, por los características del pan, la vida proporcionada es de carácter eterno, de tal manera que el que coma de ese pan no sentirá más hambre, es decir, más necesidad de ninguna otra cosa para sentirse totalmente satisfecho.

 

                Yo no soy más que un sencillo padre de familia y no me encuentro con la capacidad suficiente para poder explicar con las palabras que yo quisiera este pasaje tan hermoso. Mis conocimientos no son tan extensos como para eso, pero sí puedo sentirlo; para eso no hace falta ser erudito en nada, bueno tal vez un poco en amor, pero sin nada raro ni especial, sencillamente hay que dejar a los sentimientos que se manifiesten por completo. Eso sí puedo hacerlo y eso es lo que puedo intentar manifestar: mis sentimientos. Y como es fácil comprender, estos no son sino de gratitud, de agradecimiento por esa posibilidad que <jesús nos branda de recibir ese alimento que nos proporcionará vida eterna. Gratitud por esa entrega tan sin condicionantes de ningún tipo, ni de tiempo ni de lugar y no puedo por menos de recordar esas iglesias de nuestros pueblos, casi siempre cerradas, en las que una lucecita oscilante nos avisa de la presencia de ese pan vivo que siempre, siempre, encontraremos esperándonos con la alegría que supone el encuentro con un ser querido.

 

                Una vez más me equivoqué. Creí poder manifestar con cierta facilidad mis sentimientos y apenas si he podido esbozarlos mínimamente,  pero aún así creo que se me entiende, al menos esa era mi intención.

        Al final de este intento de comentario, sólo me queda añadir que merece la pena participar con los hermanos en la Eucaristía y sentir esa paz interior tan intensa al recibir el Pan.

 

 

 

 

ASUNCIÓN DE SANTA MARÍA

 

 

EVANGELIO
                                  "El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: enaltece a los humildes."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 1,39-56.)
 

        En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
María dijo: -Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, por que ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo.
Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
 

                                                                                          Palabra del Señor

 

 

XX DOMINGO ORDINARIO

 

 

EVANGELIO
                               "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 6,51-59)
 

    En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: -Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Disputaban entonces los judíos entre sí: -¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo: -Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi come y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
 

                                                    Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO  XX  T. O.            Jn.:6, 51-59

 

                Las palabras con que comienza el evangelio de hoy son de una contundencia aplastante: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual  yo daré por la vida del mundo”

 

                Jesús está ya plenamente entregado a cumplir la misión para la que ha sido enviado. Hoy, en este pasaje, hace Jesús una especie de declaración de principios, como un programa de las consecuencias de su predicación, con un punto único como consecuencia: la salvación del mundo. Medio o vehículo para conseguir esta salvación: su propio cuerpo hecho alimento para así fundirse con quien tome este alimento.

        La idea puede parecernos un tanto peregrina, como sin duda debió parecerles a los hombres que en la sinagoga le escuchaban, pero si la analizamos nos daremos cuenta que así como el alimento que tomamos para nuestra supervivencia se incorpora a nosotros mismos y llega a formar parte constitutiva de nuestro propio cuerpo, de la misma manera, al comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre mediante el pan y el vino, le asimilamos de tal manera casi como si nos convirtiéramos de su misma naturaleza, de la naturaleza del Hijo de Dios, siendo elevados a un rango semejante al suyo.

 

                De todas formas, no olvidemos que estamos manejando, durante estos últimos domingos, el evangelio de San Juan y, dentro de ese, el capítulo seis, un capítulo cuajado de sucesos maravillosos y significativos: La alimentación de los cinco mil, el caminar sobre las aguas; Jesús, el pan de vida; y las palabras de vida eterna. Con sólo este capítulo sexto del evangelio de Juan tenemos una visión bastante completa de la misión encomendada al Cristo y la manera de ir desarrollándose esta.

        De cualquier manera, vuelvo a repetir lo que comentábamos el domingo pasado; el evangelio de San Juan es más apropiado para sentirlo que para analizarlo: Va más dirigido al corazón que a la cabeza. De todas maneras, ese es mi punto de vista y, como siempre, no es excluyente ni pretende ser único. Creo que tenemos un Maestro con una riqueza de matices tan enorme que, aunque nos lo propusiéramos, no nos sería posible empobrecer su figura con nuestras apreciaciones. Lo que sí es cierto es que cuanto más tratamos de conocerle, más cosas nuevas descubrimos, más matices se nos muestran, ¡Vaya, más contentos estamos por tener un Hermano mayor tan formidable!.

 

 

 

XXI DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                             ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 6,61-70.)
 

    En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: -Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: -¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y, con todo, algunos de vosotros no creen.
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: -Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede.
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: -¿También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó: -Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo, consagrado por Dios.
Palabra del Señor.

 

        Es que esto de comer su carne, esto de nacido de una Virgen por obra del Espíritu Santo, esto de quedarse en un trozo de pan......., como dicen los gallegos “¡Manda carallo!”, es ponérselas a huevo, como decimos todo el mundo, a los incrédulos o a los que buscan la más mínima excusa para no comprometerse.

 

    Pero Jesús pasa por encima de la polémica y conociendo quienes creen y quienes lo entregaremos, pone en manos de su Padre a los futuros discípulos. Afirma categóricamente “las palabras que os he dicho son espíritu y vida” por eso está la puerta abierta para los flojos de fe...., “y muchos se marcharon...” 

 

Y ahora la pregunta directa a lo más profundo de nuestro ser, no si estamos o no de acuerdo, sino al corazón, al ser de familia: “¿también vosotros queréis marcharos?”

Y la respuesta de Pedro, de lo más profundo del ser, del amor sin condiciones, del sentirse nada sin el Maestro: “Señor, ¿ a quién vamos a acudir?.....”

 

Las primeras palabras de Pedro, representando al grupo, como cabeza de la futura Iglesia: “Tú tienes palabras de vida eterna....”

 

         ¿Cuál es tu respuesta hoy, ante tanto ataque inmisericorde de la sociedad, de los medios, de los que dicen tener fe pero a su medida,....? ¿Te quedas en la familia o te vas? ¿No has descubierto las palabras de vida eterna, o es que crees que es cuestión de ritos y costumbres?  

 

 

XXII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                 Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 7,1,8a.14,15.21-23.)
 

    En aquel tiempo se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos). (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: -¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?
El les contestó: -Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. EL culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos».
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. En otra ocasión llamó Jesús a la gente y les dijo: -Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.
Palabra del Señor.

 

¡Hay, Dios mío! ¡Si la profecía de Isaías, también se refiere a mí, mi familia, mi parroquia, no sabré dónde morirme de vergüenza! ¿Cómo se puede honrar sólo con los labios y tener el corazón lejos de Tí?

 

    Cada uno de nosotros podrá poner sus propios ejemplos, historias que nos sobrecogerían y nos parecerían inverosímiles en personas de tan aparente profunda fe. Yo también tengo una que contar, pero dicho en general para no ofender a nadie: (Cuando llegué a la parroquia hace ya 16 años, me iban sorprendiendo los acontecimientos en general gratamente por el grado de participación de los fieles. Cuando llegó la Semana Santa, todo muy bien, la liturgia y las procesiones, con mucho respeto, yo estaba muy contento. El Sábado por la noche, en la liturgia de la Vigilia Pascual un lleno en el templo, pero al día siguiente en la Misa de Resurrección nadie, apenas 8 o 10 personas, la Misa era a las 12,30 h., o sea que no era por el madrugón; desconcertado, dije la Misa de la mejor manera posible.

Al año siguiente y a pesar de mi insistencia en la participación del Domingo de Resurrección argumentando todo lo habido y por haber, ocurrió igual, toda le Semana bien pero el Domingo de Resurrección la Misa en familia, yo creo que incluso menos que el año anterior, la gente seguía marchándose al campo como si fuera un día de romería.

    Entonces se me encendió "la bombillita de pájaro viejo", organizamos colectas a las que la gente respondió muy bien y compramos una imagen de Jesucristo Resucitado, se organizó una procesión del Encuentro con disparos de escopetas, cohetes, vestimenta de fiesta para la imagen de la Virgen, etc., me refiero ya al siguiente año, la afluencia de público fue tal, que yo creo que nadie se quedó en casa; después de la procesión fuimos a la Iglesia a celebrar la Santa Misa del Resucitado; no todos entraron pero al menos el 80% del pueblo sí. Ya siempre el Domingo de Resurrección también es una fiesta litúrgica.

 

 

 

 

XXIII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO

                                Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 7,31 37.)
 

    En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. EL, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: -Effetá (esto es, «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: -Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Palabra del Señor.

 DOMINGO  XXIII   T. O.     Mc.: 7, 31,37

        Una vez más acuden al Maestro ¿En busca de ayuda? ¿Para tentarle?. Tal vez para las dos cosas, pero lo cierto es que le presentan un caso difícil. Un hombre que, además de ser sordomudo, presenta una especial incapacidad para articular las pocas palabras que ha podido aprender en su vida, y el Maestro, una vez más, repite el rito que ya es habitual en sus múltiples intervenciones con resultados nada convencionales: se concentra, se pone en contacto con el padre y se pone en contacto físico con el que va a ser curado. Es como un puente tendido entre Dios y sus criaturas más necesitadas. Un puente vivo que cumple a la perfección sus funciones; las de comunicar las dos orillas, las de posibilitar el contacto entre una y otra parte.

                        Ya está realizado el prodigio. El pobre hombre ya oye estupendamente y habla hasta por los codos… Todo está bien, pero yo me quedaría con el comentario que el evangelista pone en boca de los espectadores del prodigio, de la gente que estaba allí en aquellos momentos: “Bien lo ha hecho todo” . Creo que es el mejor elogio que se puede hacer de una persona y de su actitud ante la vida. ¡Ya quisiera yo que pudieran decir eso de mí!

      Por mí acabaría en este punto el comentario del evangelio de este domingo XXIII del Tiempo Ordinario. No me salen las palabras necesarias para seguir alargando esto, dando vueltas sobre lo mismo, pero por otra parte se hace notar la necesidad de manifestar algo más, aunque no se sabe lo que es.

            Ya está terminando la estación cálida del año, la de los días largos y perezosos, los atardeceres interminables y las noches cómplices de tertulias invitadoras a las confidencias más insólitas. Se presenta a las puertas otra estación con no menos encantos que la pasada, con un cromatismo tan increíble que hace que la paleta de cualquier pintor, por muy genial que pueda ser, quede un tanto deslucida. Así de maravillosa es la naturaleza creada por Dios para que nos sirva de marco en donde se desarrolle nuestra vida de forma placentera; sin embargo nos empeñamos en hacerlo difícil, de tal manera que hay momentos en que no vemos la hermosura de las flores, ni oímos el canto de los pájaros ni somos capaces de manifestar nuestro agradecimiento a quien nos proporciona todas estas maravillas: Nuestros sentidos están cerrados, por eso necesitamos a alguien que nos ayude y que, con su toque de amor realice el prodigio y al acariciarnos con sus manos nos diga: ¡¡Ábrete!!.

 

 

 

XXIV DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                   Tú eres, el Mesías... El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 8,27-35)
 

    En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: -¿Quién dice la gente que soy yo?
Ellos le contestaron: -Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, alguno de los profetas.
El les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Pedro le contestó: -Tú eres el Mesías.
El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: -El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días.
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro: -¡Quítate de mi vista, Satanás! Tú piensas como los hombres, no como Dios.
Después llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: -El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará.
Palabra del Señor.

 

Mc.: 8, 27-35    Jesús sigue su gira de predicación del Evangelio a la que acompaña on la realización de acciones prodigiosas que ayudan a afianzar las enseñanzas que el Maestro va dejando caer poco a poco, pero de manera constante.

         Imaginemos un día, de buena mañana, en el que Jesús va con sus discípulos haciendo el recorrido previamente trazado por las aldeas de Cesarea de Filipo. Una escena de lo más normal del mundo; un grupo de amigos que caminan juntos hacia un lugar determinado y, como si de romper la monotonía de la marcha se tratara, surge la pregunta de Jesús: ¿Quién dice la gente que soy yo?. Hubo respuesta para todos los gustos, eso sí, siempre relacionadas con alguien que hubiera tenido gran influencia en el desarrollo religioso de la historia de Israel. Allí se nombraron a Moisés, a Elías, incluso Juan el Bautista. Todo un elogio para un humilde galileo que sólo proclamaba la palabra de Dios. Pero, una vez conocida la opinión de la gente, en general, el Maestro da una vuelta de rosca más y vuelve a preguntar: Y vosotros¿Quién decís que soy yo? Y como no podía ser de otra manera, rápidamente sale la fe confiada y sin fisuras de Pedro que declara de forma rápida, clara y con tundente: Tú eres el Mesías.

        Jesús pudo comprobar, sin duda complacido, que a tenor de esta respuesta, al menos sus discípulos iban entendiendo su misión: Al menos eso parecía por el momento. Algo es algo.

        Animado sin duda por esta buena disposición de sus discípulos comienza a enseñarles que era necesario que el Hijo del Hombre padeciera mucho y ser despreciado por las máximas autoridades, tanto civiles como religiosas, y ser muerto y resucitar después de tres días. Y de nuevo Pedro y su vehemencia. Ante lo que piensa que es un disparate del Maestro, le toma a un lado e intenta quitarle esas ideas de la cabeza. No sabe el pobre Pedro lo que le espera: El Maestro le reprende con dureza y aprovechando el momento y la tensión creada, llama a la gente y a sus discípulos y les dice: Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

        El programa es claro, no hay lugar ni ocasión para las medias tintas, sin embargo… Es triste cuando se nos acusa a los católicos de pertenecer a una Iglesia que es maestra en las ambigüedades. Que proclama ser y estar interesada por los pobres de forma primordial y sin embargo no encontramos pobres en las fastuosas manifestaciones de esta Iglesia. La misma liturgia, tan cargada de simbolismo, sigue utilizando la ambigüedad en sus manifestaciones suntuosas. En tiempo de Semana Santa se realiza el lavatorio de los pies a los más pobres en señal de servicio. ¿A los pobres? ¿De veras?... Y así podríamos enumerar uno, otro, otro e infinitos ejemplos.

        Recordemos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame.

 

 

XXV DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                                              El Hijo del hombre va a ser entregado... El que quiera ser el primero que sea el servidor de todos.
 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 9,29-36.)
 

    En aquel tiempo instruía Jesús a sus discípulos. Les decía: -El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hambres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y, una vez en casa, les preguntó: -¿De qué discutíais por el camino?
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: -Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: -El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.
Palabra del Señor.

 

Mc.:9, 29-36    Jesús está preparando a sus discípulos para que entiendan lo que pronto ha de suceder, para que estén avisados y no les coja desprevenidos; pero sus discípulos no le entendían, no acababan de aceptar eso de que hubiera de padecer y morir y lo de resucitar después… Aquello no se correspondía en manera alguna con las expectativas que ellos se habían formado, y tanto es así que mientras iban caminando hacia Cafarnaum iban discutiendo entre ellos. Una vez hubieron llegado a casa, ya tranquilos y descansando de la caminata, jesús les pregunta: “Qué veníais disputando entre vosotros en el camino?”  No debían tener la conciencia muy tranquila puesto que no se atrevieron a responder al Maestro y Marcos nos aclara la razón de este silencio: “Porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor” . No acababan de enterarse aquellos hombres rudos y sin complicaciones intelectuales. Entonces el Maestro, con paciencia, se sentó, llamó a los doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos y el servidor de todos”.

        Como vemos, Jesús sigue ejerciendo de catequista con sus discípulos y, como buen pedagogo, refuerza sus enseñanzas con ejemplos fácilmente asimilables, así tomó a un niño de los que por allí correteaban y levantándolo en sus brazos les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.

        Sigue el Maestro marcando su programa de vida. Comenzó con la necesidad de la negación del propio egoísmo, con la aceptación de las dificultades inherentes a la misión encomendada y el seguimiento incondicional a las enseñanzas del Maestro. Nuevamente le añade otra faceta: para medrar hay que servir a los demás. ¡Qué distinta esta filosofía a la que estamos acostumbrados! Estamos habituados a ver que los grandes, los importantes, los que llevan la voz cantante, son servidos por multitud de ayudantes de todo tipo y mientras más servidores, mayor rango en la sociedad. Y El Galileo dice que el que quiera ser el primero ha de ser el servidor de todos. ¡¡Sin duda está loco!!

        Esto, aunque con frecuencia lo meditemos, no dejará nunca de interpelarnos; siempre será como esa china en el zapato que tanto nos incordia al caminar. Podremos ignorarla pero eso no hará el que deje hacerse notar, hasta que nos decidamos a sacarla fuera.

         Pensemos, hermanos. ¿Nos apetece servir o que nos sirvan? ¿Cuál es la realidad que contemplamos de forma cuotidiana?.

 

 

XXVI DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                     
El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Si tu mano te hace caer, córtatela
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.(Mc 9,37-42.44.46,47.)
En aquel tiempo dijo Juan a Jesús: -Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.
Jesús respondió: -No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. El que os dé a beber un vaso de agua porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. Al que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies al abismo. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
Palabra del Señor.

 

DOMINGO  XXVI T.O.  Mc.: 9, 37-42-44-46-47

                    Una vez más vemos en el evangelio de hoy nuestro continuo intento por monopolizarlo todo, incluso nuestras relaciones con la divinidad, nuestra prioridad sobre los demás en algo que nos afecta de una forma tan íntima y directa. Juan reclama del Maestro que ejerza su autoridad impidiendo a uno que no es del grupo el que arroje demonios en nombre de Jesús. ¡Que atrevimiento! ¡¿De dónde ha sacado su licencia?! ¡¿Quién le ha dado permiso para hacer eso?! ¡¿A dónde vamos a parar de seguir así?!.  ¡Pobre Juan!... Que apurado debía encontrarse el pobre Juan para recurrir a la autoridad del Maestro. Pero Jesús le tranquiliza y le da a entender que la fuerza del Espíritu de Dios no está limitada a manifestarse sola y exclusivamente a través de los seguidores de Jesús, sino que puede alcanzar a cualquiera de corazón limpio; de ahí las palabras tranquilizadoras de Jesús: “No le prohibáis nada. El que hace el bien en mi nombre, no puede luego hablar mal de mí.”  Una vez más es el Maestro el que trae las aguas a su cauce y aplaca los ánimos.

         Pero no es sólo Juan el que se alarma ante la manifestación clara e inequívoca de la fuerza del Espíritu divino a través de alguien que no pertenece a su círculo. Por suerte pasó la época en que la salvación –se nos decía- no era posible fuera de la Iglesia Católica. Luego, por suerte, vino la etapa en que la salvación se cifraba en la positiva voluntad del hombre para buscar el bien y creer de buena fe que su creencia, fuera la que fuere; era el camino más adecuado para servir a Dios. El Concilio Vaticano II pone en claro todo este intento de protagonismo y, como Jesús en su día, nos enseña que el Espíritu divino no tiene forma predeterminada para manifestarse, ni circunstancias concretas, ni situaciones excluyentes. Lo que si es cierto es que el espíritu de Jesús impregna todas estas manifestaciones. Lógico ¿no?.

         No obstante, la Iglesia, en su desarrollo litúrgico y catequético, ha querido poner este pasaje a nuestra consideración el día de hoy para que nosotros, que hemos tenido la gran suerte de desarrollar nuestro sentimiento religioso libre de absolutismos, seamos conscientes de ello y sepamos disfrutar de nuestra suerte, dando una vez más gracias a Jesús por aclararnos y enseñarnos que la Gracia de Dios no la posee nadie en exclusividad, que no es monopolio de nadie.

 

 

XXVII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
                     

 Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 10,2-16.)
En aquel tiempo se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba: -¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?
El les replicó: -¿Qué os ha mandado Moisés?
Contestaron: -Moisés permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio.
Jesús les dijo: -Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. El les dijo: -Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.
[Le presentaron unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: -Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.]
Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXVII T.O.           Mc.: 10, 2-16

        Jesús vuelve a la región de Judea, al otro lado del Jordán. El pueblo vuelve a reunirse en torno a él y una vez más les enseñaba como solía hacer.

        Hasta aquí todo es normal, pero las dificultades no tardan en hacer acto de presencia en forma de fariseos que con la “sana” intención de tentarle le hacen preguntas que son de interés general pero que se dirigen a la parte más oscura de las pasiones que de una forma u otra atormenta a gran número de personas.

         En una sociedad en la que el papel de la mujer era casi inexistente en su condición de persona, la pregunta sobre el derecho lícito o no del marido para repudiarla se convertía en arma de dos filos. Si afirmaba, siguiendo asíi las enseñanzas de la ley mosaica, contradecía sus propias enseñanzas. Si negaba, se enfrentaba expresamente a los mandatos e indicaciones de la ley.

         Más he aquí que de nuevo aquellos fariseos habían mordido un bocado superior al que podían digerir.

         Jesús les aclara la razón de porqué Moisés escribió este mandamiento. No fue por exigencias sociales o religiosas, ni siquiera por conveniencia de la hegemonía masculina sobre la mujer, no. Jesús les dijo: “Por la dureza de vuestro corazón escribió este mandamiento”.

         También les recuerda que anterior a la ley de Moisés, al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. También les hace ver cómo desde el principio de la creación Dios pone en el corazón del hombre un sentimiento que le hace diferente a cualquiera de las demás criaturas y este sentimiento lanzarán tanto al hombre como a la mujer a ser uno sólo en su sublimación. El catalizador de esta atracción no es otro que el amor. También hace una hermosa recomendación: “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. Con sus discípulos, en privado, es mucho más contundente.

         Como casi siempre, sus catequesis se ilustran con ejemplos: En este caso pone a los niños que por allí corretean como ejemplo de inocencia y de falta de egoísmo. De tal manera quiere hacer Jesús hincapié en este aspecto que toma a los niños entre sus brazos y los bendice. Este es Jesús.

 

 

XXVIII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
 Vende lo que tienes y sígueme.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 10,17-30.)
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: -Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Jesús le contestó: -¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno mas que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.
El replicó: -Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: -Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme.
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: -Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.
Ellos se espantaron y comentaban: -Entonces, ¿quién puede salvarse?
Jesús se les quedó mirando y les dijo: -Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.
[Pedro se puso a decirle: -Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Jesús dijo: -Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas, y hermanos y hermanas, y madres e hijos, y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura vida eterna.
Palabra del Señor.  

DOMINGO  XXVIII T.O.             Mc.: 10, 17-22

                  Jesús, una vez más, se pone en camino, pero hoy no es como todos los días. Hoy sucede que, al punto de iniciar su marcha el Maestro, alguien que viene corriendo, se arrodilla ante Jesús y le pregunta lleno de esperanza: “Maestro bueno: ¿qué debo hacer para ganar la vida eterna?”.

         San Marcos no hace una referencia exacta sobre la edad de esta persona rica; San Mateo (XIX-20) aclara que se trata de un joven. El entusiasmo que manifiesta parece confirmarlo ¿Acaso no hace falta ser joven de cuerpo y de alma para precipitarse hacia Jesús? En efecto el joven corrió y se postró ante el Maestro. Lo que provocó su fervor fue la bondad de Cristo de la que fue testigo pues le llama de inmediato “Maestro bueno”.

         Jesús ciertamente merece este entusiasmo. El amor que derrama a su alrededor es digno de conquistarle los corazones. El rasgo distintivo del Maestro es su bondad. Por esto se puede uno abandonar a Él sin reserva, le puede entregar su vida con toda confianza.

         El entusiasmo por la persona amante de Cristo favorece la afloración de una vocación.

                    “Qué debo hacer para ganar la vida eterna” El fin que se propone este joven es muy alto: comprendió que no debía vivir sencillamente por el placer o por los goces terrenales, tan pasajeros, sino por la verdadera vida que es lo que dura siempre, la vida eterna. Se muestra dispuesto a todo para alcanzar este fin. Diríase que está pronto para aceptar todo lo que Cristo le va a decir. Por su pregunta pone en manos del Maestro la orientación de todo su porvenir.

         La disposición ideal para recibir la vocación es por un lado el deseo de una vida más alta que la vida terrenal, y por otro la voluntad de tomar todos los medios para alcanzarla.

                    La bondad que se desprendía del Maestro sin duda atrae a este joven rico y es el incentivo primero para que se produzca este enfrentamiento entre el amor que llama y el deseo de una eternidad que responde. Amor y deseo de felicidad eterna. La historia permanentemente iniciada y pocas veces resuelta completamente. En este caso concreto la bondad no sólo era manifiesta y palpable, también era una bondad exigente. Jesús mira con cariño a este joven que con tanta espontaneidad y gozo manifiesta haber venido guardando los mandamientos prescritos en la Ley desde su infancia. La exigencia de la bondad del Maestro se manifiesta cuando este le dice: “Ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres y sígueme” Y aquí es donde la respuesta del deseo de felicidad eterna no está a la altura de los requerimientos del amor. El joven agachó la cabeza, dio media vuelta y se marchó entristecido. La razón de ello nos la da Marcos: “Era muy rico”.

                    Cristo pide la renuncia a los bienes de esta tierra, al dinero. Si el joven quiere ser perfecto debe liquidar su fortuna y darla a los pobres. En cambio, tendrá un tesoro invisible, un tesoro en el cielo. Así podrá como pobre, seguir a un Maestro pobre.

         Tal es la exigencia de la vocación. El llamamiento pone frente a una opción, como al joven del Evangelio; permanecer apegados a los bienes de la tierra, o entregarse a Cristo renunciando a estos bienes.

         El joven rico probablemente esperaba conciliar el disfrutar de su herencia y alcanzar la perfección. Cristo le obliga a escoger, porque “nadie puede servir a dos señores”.

                    Esta vez la elección de la vocación está claramente definida. El joven puede tomar una decisión con conocimiento de causa. Jesús no quiso aprovechar su entusiasmo pasajero para atraerlo a su lado. Al contrario, desea que lejos de seguirlo por un impulso emotivo, reflexione y sopese el valor del sacrificio que le pide. Al enumerar los mandamientos le da tiempo de que recobre su sangre fría: después le ha manifestado las condiciones de una vida más perfecta, sobre todo la pobreza, que era más difícil aceptar para el joven.

                    El amor de la mirada de Cristo es realmente seductor, pero no quita la libertad a aquel a quien se dirige: por encantado que esté por este cariño, el joven responderá con entera independencia ala propuesta que se le hace.

         “Pero él al oír estas palabras se fue triste”. Se le vio dar la espalda a Jesús y se fue hacia sus bienes. La opción que tomó no le hace feliz. Está triste porque Dios es la única fuente de felicidad: el que se aleja del Señor para gozar de los bienes de este mundo, sólo cosecha la tristeza.

         El joven rechazó la más grande de las gracias que le era ofrecida. Permanece como ejemplo del “No” dicho a la vocación, “No” que se opone a la mirada de amor a Cristo.

                    Si no cometió pecado al decir “No”, sin embargo, perdió por su cobardía el don tan precioso que se le ofrecía y perdió la oportunidad de una vida mucho más noble; la participación en el gran sacrificio de Cristo por la salvación de los hombres.

                 

XXIX DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
 El Hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 10,35 45.)
En aquel tiempo [se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: -Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.
Les preguntó: -¿Qué queréis que haga por vosotros?
Contestaron: -Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
Jesús replicó: -No sabéis lo que pedís; ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?
Contestaron: -Lo somos.
Jesús les dijo: -El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.] Jesús, reuniéndolos, les dijo (en la forma abreviada: reuniendo a los Doce...): -Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso; el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.


Palabra del Señor.                    

 

DOMINGO XXIX T. O.    Mc.: 10, 35-45

 

             Jesús sigue su camino, cada vez más cercano, hacia su entrega total y definitiva. Pero no todos los que le siguen tienen sus puntos de vista tan elevados, no. La práctica totalidad de sus discípulos tienen unos puntos de vista más humanos, tremendamente humanos. De ahí la pregunta-condicionante que Santiago y Juan le hacen al Maestro.

        Ellos quieren estar uno a cada lado del Maestro, no por deseo de ser superiores a sus compañeros sino para que todo el mundo sepa que ellos son amigos y amigos importantes del Maestro.

        ¿Nos extraña esta actitud? Yo creo que es totalmente humana, totalmente comprensible entre nosotros. Sabemos que el Maestro dice que el que pretenda ser el primero que se coloque el último, que el que quiera ser el primero sea el servidor de todos. Sí, pero… que se sepa porque si esto no se sabe ¿de qué sirve? ¿qué beneficio reporta?. A veces sucede que realmente nos entregamos al servicio de nuestra comunidad, que dedicamos gran parte de nuestro tiempo a preparar las celebraciones comunitarias pero siempre con nuestra intervención personal visible, haciendo ver nuestra importancia, reclamando nuestro puesto al  lado del Maestro, ya que somos casi, casi imprescindibles…

 

                Bueno, esto dicho así puede parecer un poco exagerado pero por desgracia es bastante frecuente y a todos los niveles. Nos encanta figurar y que los demás reconozcan nuestra importancia, a pesar de que todos conocemos las palabras del Maestro.

 

                Jesús intenta explicar a sus amigos que eso que le piden no está en sus manos concederlo puesto que es el Padre el que toma esas decisiones pero que aún así lo que debe preocuparles no es el lugar que ocuparán sino la voluntad y la disposición de servicio, sin esperar nada a cambio. El lugar que nos corresponda a cada uno han de ser los demás los que deban indicarlo.

 

XXX DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
  Maestro, que pueda ver.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 10,46 52.)
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: -Hijo de David, ten compasión de mí.
Muchos le regañaban para que se callara. Pero el gritaba más: -Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús se detuvo y dijo: -Llamadlo.
Llamaron al ciego diciéndole: -Animo, levántate, que te llama.
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: -¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó: -Maestro, que pueda ver.
Jesús le dijo: -Anda, tu fe te ha curado.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Palabra del Señor. 

 

DOMINGO  XXX  T. O.       Mc.: 10, 46-52

                        Jesús sale de Jericó en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de personas que le seguían. Al borde del camino que debía ser muy transitado por su relativa cercanía con la capital, se encontraba instalado un ciego y Marcos lo señala con un nombre parlante, le denomina como Bar-Timeo, el hijo de Timeo.

            Lógicamente no conoce a Jesús puesto que es ciego y está limitado en sus movimientos pero debe haber oído hablar de Él y de una manera harto elogiosa. El ciego oye el tropel que acompaña al Maestro y, conocedor de sus propias limitaciones, hace lo único que está en su mano para llamar la atención de Jesús; esto es: dar voces pidiendo ser atendido y su estrategia da resultado. No sabemos si por las voces que daba o por su insistencia a pesar de los que le mandaban callar.

            Cuando oye que el Maestro le requiere no lo anda pensando, arrojó sus pobres andrajos, dio un salto y se acercó a Jesús totalmente lleno de confianza, como el naufrago que tras una horrible tempestad consigue llegar vivo a la tierra que será su salvación. La pregunta del Maestro es directa y sencilla: “¿Qué quieres que haga por ti?” Y la respuesta, posiblemente mil veces imaginada por aquel pobre ser, no se hace esperar: “Señor, que vea”.

            Es el don más preciado del que vive en perpetua tiniebla: la luz. Y el dueño y señor de la luz, ante aquella confianza tan absoluta, no puede por menos que acceder a sus ruegos y concederle la vista: “Vete, tu fe te ha salvado”.

                                    Todo está hecho. Una nueva catequesis ha sido presentada a sus discípulos y acompañantes: La bondad de Dios es grande y gratuita, pero hay que pedirla y hay que merecerla. No podemos quedarnos a la vera del camino resignados con nuestra impotencia, lamentándonos de nuestra mala suerte, no. Aunque sólo podamos dar voces, como el hijo de Timeo, hemos de procurar hacer oír nuestra voz  sea como un clarín que denuncie todo aquello que no sea correcto. Hemos de implicarnos directa y personalmente, respondiendo con claridad y convencimiento cuando nos llegue nuestro turno, que llegará, y se nos pregunte: “¿Qué puedo hacer por ti?” Ese será nuestro momento decisivo, cuando podremos formular la petición que haya sido el norte y guía de nuestra vida. La de Bar-Timeo fue: “Señor, que vea”. ¿Cuál será la nuestra?

                 

XXXI DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO
 Este es el primer mandamiento. El segundo le es semejante.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 12,28-34.)
En aquel tiempo, un letrado se acercó a Jesús y le preguntó: -¿Qué mandamiento es el primero de todos?
Respondió Jesús: -El primero es: «Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que éstos.
El letrado replicó: -Muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: -No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se abrevió a hacerle más preguntas.


                                                             Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXXI  T.O.           Mc.:12, 28-34

                   En su caminar hacia Jerusalén Jesús tiene contacto con todo tipo de gente y de variada condición. Esta vez es un letrado el que se acerca a preguntarle. Por el cariz que Marcos da a la conversación que sostuvo con el Maestro, sus intenciones no parecen aviesas como tantas otras veces, sino que parece que lo que busca es que el Maestro corrobore sus propias convicciones, por eso está de acuerdo con Él cuando recibe su respuesta y no tiene inconveniente en reconocerlo. Su honradez impacta favorablemente en Jesús que regocijado no tiene inconveniente en confirmarle que no está lejos del Reino de Dios.

                   En una sencilla pregunta y en una aparente sencilla respuesta se encuentra resumida toda la Ley y todas las predicciones de los profetas. Años de aprendizaje, miles de consejos, recomendaciones y alguna que otra terrible amenaza, son resumidos por el Maestro en unas pocas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser y amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamientos mayor que estos.”

                   Hace más de dos mil años que el Maestro viene repitiendo esto, y con demasiada frecuencia parece que nos olvidamos de ello y ponemos nuestro interés y preferencias en otras cosas que, aunque no sean fundamentales, sí son más vistosas y nos proporcionan más protagonismo. A veces puede sucedernos, y de hecho nos sucede, como a aquel buen hombre que no pudo socorrer al necesitado por no llegar tarde al templo donde debía prestar sus servicios.

                    Jesús deja muy claro lo que es fundamental. Todo lo que no sea esto puede ser muy bueno, pero no deja de ser secundario. Frecuentemente lo secundario no nos permite ver con claridad lo que realmente tiene importancia. No tengamos miedo de ir siempre a lo fundamental, de agarrar al toro por los cuernos; de esta manera tendremos la aprobación del Maestro y seguramente, como el letrado del evangelio de hoy, seremos merecedores de su criterio favorable y seguro que pensará de nosotros que “No estamos lejos del Reino de los Cielos”.

 

XXXII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO

Esa pobre viuda ha echado más que nadie.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 12,38-44)
En aquel tiempo enseñaba Jesús a la multitud y les decía: -¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.]
Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero; muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.
Palabra del Señor.

 

DOMINGO  XXXII  T.O.    Mc.: 12, 38-44

         Jesús sigue su período de catequesis, sigue enseñando y dando  consejos a todo aquel que quiere escucharle. En esta ocasión les previene contra los letrados amigos de destacar con sus vestiduras ampulosas, con su prurito de notoriedad que aprovechan cualquier oportunidad para hacerse notar… y para apropiarse de los bienes de los desgraciados que caen en sus ansiosas redes. Utilizarán cualquier excusa para prolongar los procesos y hacer engordar así sus facturas.

        Sus conocimientos, en lugar de utilizarlos a favor de los demás, serán utilizados en su propio beneficio. ¡Qué alivio! En este mundo cambiante que nos ha tocado vivir, nos encontramos con algunas cosas que apenas si se han modificado desde hace más de dos mil años. En este aspecto seguimos progresando adecuadamente. El espectro se ha ampliado un pelín y ahora militan en la misma formación no sólo letrados sino que se les han unido políticos, ideólogos de diversa índole, charlatanes, demagogos y un largo etcétera que hacen de esta singular ralea una especie de plaga que, aunque no deseada, se nos impone como necesaria en nuestra sociedad.

 

        También nos dice el evangelista, con esas pinceladas de detallista que caracterizan a Marcos, que Jesús estaba sentado frente al cepillo del templo y, mientras les hablaba a los que le rodeaban, se percataba de lo que sucedía en torno al cepillo.

        Mientras hablaba, Jesús mira. Todo es normal y posiblemente el hecho no hubiera tenido más importancia si no hubiera sido por el hecho de que se acercó una viuda pobre y volcó en el cepillo todo lo que tenía para sobrevivir. Este acto de entrega absolutamente desinteresada no pasa desapercibido para el Maestro que no puede por menos que ensalzar la acción generosa en público y asegurar el enorme valor que esta acción tiene a los ojos de Dios.

        La humildad, la generosidad, la entrega sin condiciones… Siguen siendo las mejores monedas de cambio para comprarnos un auténtico tesoro donde la polilla no lo daña y los ladrones no pueden robarlo.

 

        Os aseguro, amigos, que si fuéramos capaces de conseguir el desprendimiento de esta viuda pobre, habríamos conseguido tener la auténtica libertad.

 

 

 

XXXIII DOMINGO ORDINARIO

 

EVANGELIO

Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 13,24 32.)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo.
Aprended lo que os enseña la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.
 

                                              Palabra del Señor.

 

Mc.:13, 24-32

Jesús intenta explicar a sus oyentes cómo será la venida final del Hijo del Hombre y los fenómenos que le acompañarán.

        Intenta ser todo lo gráfico posible para hacerse entender pero yo creo que no lo consiguió plenamente. Lo que sí es cierto es que su catequesis no ha perdido vigencia. Muchas veces hay en las que tenemos la sensación de que todo está perdido, que no vemos un resquicio de luz por parte alguna, como si el sol se hubiera oscurecido y la luna no diera su resplandor. Todo lo vemos negro y suponemos que se acerca el fin del mundo o poco menos; pero en medio de ese caos, de esa tremenda oscuridad, el cielo se aclara y, usando una expresión castiza “vemos la cara de Dios”. Es decir, un rayo de esperanza ilumina esas tinieblas que nos oprimían de forma ominosa y como si de los puntos más lejanos se reunieran, comienzan a mostrársenos las soluciones que pondrán fin a nuestra tribulación.

        Yo creo que estas sensaciones las conocemos todos y las hemos experimentado alguna vez. Pero el Maestro, en su intento de enseñarles, va más lejos y les habla de la próxima destrucción de Jerusalén, haciendo un símil con el fin del mundo, dos cosas iguales para un judío. Más aún, les comunica el tiempo en que todo esto sucederá y les asegura que no pasará esta generación sin que esto suceda.

        Roma destruyó Jerusalén hasta sus cimientos. El templo de Salomón, orgullo de la ciudad, fue totalmente destruido. A esto se refería el Maestro, pero la mayoría no le entendieron. En su deseo de hacerse entender por los que le escuchaban sigue hablándoles en parábolas, lenguaje que aquellos hombres sencillos parecían entender y así les da pistas para que conozcan que el tiempo se acerca. Les habla de la higuera, de sus ramas tiernas que anuncian la llegada de la primavera.

        También podemos nosotros buscar signos evidentes en el tiempo que nos ha tocado vivir y seguro que si ponemos atención sabremos con cierta seguridad lo que de nosotros se espera. Si no deja de importarnos la última patera que llega, el inmigrante que pasa a nuestro lado como una sombra furtiva o la mujer con el ojo morado que trata de disimular con el maquillaje. Hay muchos signos que nos indican cuál ha de ser nuestra actitud, sólo hemos de estar atentos.

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