Si quieres consultar los comentarios de todos los Domingos y fiestas anteriores, pincha en estos iconos:
CICLO-A
Los comentarios a los Evangelios escritos
en color azul son de
D. Francisco González Lozano
y a veces los comentarios al resto de lecturas,
escritos en color rojo, del Sicómoro-2.
Otros comentarios , escritos y cartas para la reflexión cristiana Chema; Lecciones de Vida:
CICLO -A-
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
EVANGELIO
"Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra."
Final
del santo Evangelio según San Mateo. (Mt 28,16-20)
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús
les había indicado. Al verlo se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose
a ellos, Jesús les dijo: -Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y
enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con
vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Palabra del Señor.
(Mt
28,16-20) Al final de su evangelio, Mateo
nos muestra el mandato de Jesús a sus discípulos
de predicar, bautizar y enseñar; coincide este texto con la fiesta de la
Ascensión de Jesús a los cielos, con el retorno del Hijo al Seno del Padre, del
que salió.
Pero
antes de partir les queda, y nos ha quedado a todos sus discípulos, un
mandamiento muy especial: id y haced discípulos; id y predicad; id y anunciad a
todos lo que habéis visto y oído, lo que habéis experimentado conmigo. Sed
testigos de la buena Noticia del Evangelio.
Lo
que Jesús les recuerda a sus discípulos antes de partir es el deber de
continuar su obra en Iglesia, en Comunidad. Enseñar a toda la humanidad lo que
han conocido de Dios. Y entonces les dice que Él se va pero no les quedará solos, sino que permanecerá a su lado. Sabed que yo estoy
con vosotros.
La
escena se sitúa en un monte, en ese lugar sagrado por excelencia, cerca de
Dios, lugar en el que otras ocasiones se había
manifestado la gloria de Dios. El monte donde Moisés recibió los mandamientos,
el monte de las bienaventuranzas, el de la transfiguración… Ahora la tierra se
eleva para recibir las últimas palabras de Cristo: Id
y bautizad.
“Id a Galilea, yo voy por delante, allí os encontraré”. En
Galilea comenzó su misión, su vida pública; ahora es el lugar en el que
comienzan los Apóstoles la suya. En el monte Jesús les hablará por última vez
antes de ascender al Cielo.
Tras este último diálogo de Jesús con
sus discípulos, y como nos lo muestran otros evangelistas, Jesús asciende al
cielo. La fiesta de hoy es un motivo de alegría porque recordamos el día en que
la pequeñez de nuestra naturaleza humana ha sido elevada, con Cristo, hasta el
Reino del Padre. La Ascensión es la glorificación personal de Cristo como el
hombre perfecto.
Todos
hemos sido abrazados por Dios en la Pascua. Todos hemos subido a la dignidad de
ser hijos del Padre. Este evangelio nos queda a las
puertas del paso de este mundo al Padre. Es la Pascua de Jesús.
Había venido del Padre, vuelve a Él. Es constituido otra vez en la dignidad de
Hijo. Es el momento pascual en el que asume todo el poder. Es el momento en el
que se presenta en la gran asamblea para abrir el libro del corazón de Dios.
Regresa adonde vino no con las manos vacías, sino con la vida recuperada de los
hombres para ofrecérsela al Padre.
Hacer
discípulos, bautizar y enseñar; una triple misión que ha de continuar la
Iglesia de nuestros días; acomodándose a los tiempos y nunca olvidando la
presencia permanente de Jesús;
PRIMERA
LECTURA
"Se elevó a la vista de ellos."
Lectura de los Hechos de los Apóstoles. (Hch 1,1-11.)
En mi primer libro, querido
Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en
que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido movido por el Espíritu
Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles
numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndoseles durante cuarenta días,
les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos les recomendó: -No os alejéis dé Jerusalén; aguardad
que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizo
con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.
Ellos lo rodearon preguntándole: -Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la
soberanía de Israel?
Jesús contestó: -No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el
Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre
vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria y hasta los confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista.
Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres
vestidos de blanco, que les dijeron: -Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados
mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá
como le habéis visto marcharse.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
(Sal 46,2-3.6-7.8-9.)
R./ Dios asciende entre
aclamaciones, el Señor, al son de trompetas.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.
R./
Dios asciende entre aclamaciones,
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.
R./
Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
R./
SEGUNDA
LECTURA
"Lo sentó a su derecha en el cielo."
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los
Efesios. (Ef 1,17-23.)
Hermanos: Que el Dios del Señor
nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y
revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que
comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria
que da en herencia a los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder
para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que
desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha
en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por
encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo
lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su
cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.
Palabra de Dios.
ALELUYA (Mt 28,19 y
20.)
Aleluya, aleluya. Id y haced discípulos de todos los pueblos, dice el Señor. Y
sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya.
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
EVANGELIO
"Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu
Santo."
Lectura
del santo Evangelio según San Juan. (Jn 20,19-23.)
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos
en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En esto entro
Jesús, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se
llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz a vosotros. Como el
Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu
Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se
los retengáis, les quedan retenidas.
Palabra del Señor
(Jn
20,19-23.) Encerrados, por
miedo a los judíos, los apóstoles aún no han comprendido plenamente el mensaje
de Jesús; con las puertas cerradas por temor a que los jefes políticos y
religiosos hicieran con ellos lo que habían hecho con el Maestro.
Pero entra Jesús, y todo cambia; su
presencia les llena de alegría; las muñecas marcadas por las llagas y su
costado marcado por la lanzada no daban lugar a dudas: era Él, el Maestro; ¡y
era verdad que había resucitado! Y ahora estaba en medio de ellos, tal y como les
había prometido
La paz, ese gran don mesiánico, es el
saludo que utiliza Jesús para los que habían compartido con Él los últimos años
de su vida; una paz que cambia el corazón de aquellos temerosos discípulos y
una alegría que se notaba incluso en los ojos incrédulos que le contemplaban.
Paz a vosotros, repite el Mesías.
Y ahora cumple la promesa que les había
dicho: no os dejaré solos; os enviaré mi Espíritu; y así se cumple; reciben la
Fuerza necesaria para ser sus testigos, la gracia del Espíritu que vivifica y
santifica esa pequeña comunidad de creyentes.
La nueva vida del Espíritu les hace
cambiar; el Espíritu enciende en el corazón de aquellos creyentes la llama del
amor que procede de Dios y llena de inquietud su alma; llena de inquietud
porque llama a la evangelización, a comunicar ese mensaje salvador de que Jesús
había resucitado.
En su nombre y con la nueva Fuerza
perdonarán y retendrán pecados, hablarán con autoridad y muchos signos los
acompañarán. No hablan en nombre propio, ni predican su propio mensaje; no son
dueños de lo que han escuchado, vivido u oído, sino que son mensajeros,
ángeles, testigos y apóstoles, enviados por el mismo Jesús. Es la fiesta de
Pentecostés, la gran fiesta de luz y alegría que los Apóstoles recordarán
cuando prediquen.
El Espíritu guía y santifica su
Iglesia, su asamblea, su Comunidad; a partir de estos momentos pueden
comprender el mensaje del Maestro, entienden y se abren sus ojos y su corazón,
pueden contemplar al mismo Jesús resucitado.
Algo ha cambiado en el corazón de
aquellos pescadores: la alegría que ha brotado en sus rostros y la paz que ha
infundido Jesús en sus corazones será el signo distintivo de los enviados de
Jesús.
PRIMERA
LECTURA
"Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar."
Lectura de los Hechos de los Apóstoles. (Hch
2,1-11.)
Todos los discípulos estaban
juntos el día de Pentecostés. De repente un ruido del cielo, como de un viento
recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas
lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se
llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras,
cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la
tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque
cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos
preguntaban: -¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es
que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay
partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el
Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que
limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos;
también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de
Dios en nuestra propia lengua.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial (Sal
103,1ab.24ac.29bc-30.31 y 34. )
R./ Envía tu Espíritu, Señor, y
repuebla la faz de la tierra.
Bendice, alma mía, al Señor.
¡Dios mío, qué grande eres!
¡Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas!
R./
Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
R./
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.
R./
SEGUNDA
LECTURA
"Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo."
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a
los Corintios. ( 1 Cor 12,3b-7.12-13.)
Hermanos: Nadie puede decir «Jesús
es Señor» si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones,
pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay
diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que
el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a
pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros,
judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu,
para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.
ALELUYA ()
Aleluya, aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.
SANTÍSIMA TRINIDAD
EVANGELIO
"Dios mandó a su Hijo al mundo, para que se salve por él."
Lectura
del santo Evangelio según San Juan. (Jn 3,16,18.)
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: -Tanto amó
Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los
que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al
mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que
cree en él,: no será condenado; el que no cree, ya
está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.
(Jn 3,16,18.) Dialogando con uno de aquellos judíos que
esperaban la liberación, con un fariseo creyente en el Dios liberador, Jesús le
presenta el mensaje que había venido a anunciar de un modo radical: Dios envió
a su Hijo para que el mundo se salve por Él. Uno de esos coloquios interesantes
que cara a cara mostraban la sencillez del Mesías.
Pocas cosas más pueden
conocerse del Dios en el que creemos, o poco más nos interesa, más allá de que
su designio ha sido salvarnos y amarnos, pues para eso se hizo uno de nosotros.
Es el Dios que ha tomado carne como la nuestra, que ha querido poner su morada
en medio del mundo; y precisamente esa manera de amar, solamente puede ser
digna de Dios
Dios nos ama, y con esas palabras
afables y resumidas, se dirige Jesús a Nicodemo;
sobran ya discursos teológicos sobre la soberanía divina, o sobre su omnipotencia…
Todo eso queda al margen cuando se muestra tan claramente la misión del Hijo en
la historia del hombre: salvarnos a todos.
Ese Dios que se nos ha dado a conocer
es el Dios que nos ha amado tanto que entregó a su Hijo por amor hacia
nosotros. Es el Dios que ha querido intervenir en nuestra historia. Todo lo
demás son especulaciones y discursos humanos. El Dios que Jesucristo nos ha
dado a conocer en el misterio pascual es el Dios que se ha dejado atar en la
cruz, para liberamos en el amor.
Llamados a una vida sin límites, en la
que pocas veces nos paramos a pensar; una eternidad junto a Dios si aceptamos
su mensaje, si aceptamos la Palabra, es decir, su Hijo; y para ello contamos
con la Fuerza del Espíritu que el mismo Cristo nos ha dejado.
Sabemos, por Cristo, dónde comienza nuestra nueva vida, la vida del Espíritu; dejar a un lado las condenas y anunciar un mensaje liberador, un mensaje auténtico de liberación, de felicidad, que se acepta en la fe y que nos lleva hacia el verdadero Dios. Ahora nos queda vivir con la Gracia del Espíritu como testigos de esa Buena Noticia
PRIMERA
LECTURA
"Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso."
Lectura del libro del Éxodo. (Ex 34,4b-6.8-9.)
En aquellos días, Moisés subió de
madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano
las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y
Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: Señor,
Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento
a la ira y rico en clemencia y lealtad.
Moisés al momento se inclinó y se echó por tierra.
Y le dijo: -Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése
es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como
heredad tuya.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
(Dan 3,52.53.54.55.56.)
R./ A ti gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre santo y glorioso;
a él gloria y alabanza por los siglos.
R./
Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
Bendito eres sobre el trono de tu reino.
Bendito eres tú,
que, sentado sobre querubines, sondeas los abismos.
Bendito eres en la bóveda del cielo.
R./
SEGUNDA
LECTURA
"La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo."
Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios. (2 Cor
13,11-13.)
Hermanos: Alegraos, trabajad por
vuestra perfección, animaos;
tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con
vosotros. Saludaos mutuamente con el beso santo. Os saludan todos los fieles.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del
Espíritu Santo esté siempre con vosotros.
Palabra de Dios.
ALELUYA (Apoc 1,8.)
Aleluya, aleluya. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es,
que era y que vendrá. Aleluya.
CORPUS CHRISTI

EVANGELIO
"Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida."
Lectura
del santo Evangelio según San Juan. (Jn 6,51-59.)
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: -Yo soy el pan vivo que ha bajado del
cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi
carne para la vida del mundo.
Disputaban entonces los judíos entre sí: -¿cómo puede éste darnos a comer su
carne?
Entonces Jesús les dijo: -Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del
hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne
y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que
me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.
Palabra del Señor.
(Jn 6,51-59.) Difícil de
digerir la palabra que hoy dirige Jesús a los judíos tomadas al pie de la
letra; y de esa literalidad viene el asombro de los que le escuchaban: ¿cómo
puede este darnos a comer su carne?
El amor de Dios es absoluto y para siempre,
de tal manera que podemos recordarlo, actualizarlo y revivirlo cada vez que
comemos el Cuerpo de Cristo; participar de la vida del Mesías, hacerse uno con
el Dios que se ha hecho uno de nosotros y formar parte de la vida eterna a la
que Dios nos ha convocado; palabras que nos recuerdan una vez más la
Encarnación del Hijo de Dios.
La sangre para el pueblo judío era la
vida, el cuerpo era el medio de comunicarse con los demás, por eso resultaba
muy extraño el que Jesús dijera que entregaba su propia vida, que todo lo que
tenía y lo que era se lo daba gratuitamente. Por eso, el Evangelio habla de
"comer la carne y beber la sangre". Habla de "vivir en mí y yo
en él". Habla de "tener vida eterna" y de "vivir para siempre".
Comer su Cuerpo y beber su Sangre es
crear una comunidad con Él, hacerse partícipe de sus mismos sentimientos y de
su misma misión; es dejar que Cristo habite en nuestra propia vida y ser capaz
de transmitirlo a los demás. En definitiva eso es participar plenamente de la
Eucaristía: alimentarse de Cristo.
Esa sangre que brotó del costado es la
misma que nos abre a la vida eterna, según las palabras del evangelista; su
carne, entregada por nosotros, nos alimenta y nos da fuerza en el camino para
ser sus apóstoles, sus mensajeros, sus testigos.
Y del mismo modo que Cristo y el Padre
son uno, todo aquél que se alimenta de Jesús forma un solo cuerpo con Él. Este
evangelio nos habla de comunidad, de crear comunión con Dios, de ser capaces,
por un momento, de amar como Él ama.
Ya no hablamos de lo que hemos oído a
nuestros padres, del famoso maná que alimentó durante cuarenta años en el
desierto al pueblo de Israel; ya somos nosotros los que experimentamos en
nuestra propia vida la suerte de formar unidad con Cristo. Y es que el que come
de este pan vive para siempre.
Hoy podemos ser uno de esos judíos que no entendieron las palabras de Jesús y se extrañaban de que les mandara a beber su sangre; o podemos tener una actitud de agradecimiento y ver en su Cuerpo y su Sangre la entrega generosa y continua que Él mismo nos hace.
PRIMERA
LECTURA
"Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres."
Lectura del libro del Deuteronomio. (Dt
8,2-3.14b-16a.)
Habló Moisés al pueblo y dijo:
Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos cuarenta años
por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus
intenciones: si guardas sus preceptos o no. El te afligió haciéndote pasar
hambre y después te alimentó con el maná -que tú no conocías ni conocieron tus
padres- para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto
sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de
Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y
terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; que sacó
ag
ua
para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que
no conocían tus padres.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial (Sal
147,12-13.14-15.19-20.)
R./ Glorifica al Señor,
Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios Sión,
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
R./
Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina;
él envía su mensaje a la tierra
y su palabra corre veloz.
R./
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así
ni les dio a conocer sus mandatos. .
R./
SEGUNDA
LECTURA
"El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo."
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a
los Corintios. (1 Cor 10,16 17.)
Hermanos: El cáliz de nuestra
acción de gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que
partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así
nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del
mismo pan.
Palabra de Dios.
ALELUYA (Jn 6,51-52.)
Aleluya, aleluya. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor;
quien coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

NOVEDAD: CADA SEMANA O BIEN POR TIEMPOS LITÚRGICOS, SEGÚN PUEDA, OS PONDRÉ LOS DIBUJOS ORIGINALES QUE TENEMOS PARA LOS TRES CICLOS Y TAMBIÉN LAS LECTURAS OFICIALES; PODÉIS USARLOS SIN NINGÚN PROBLEMA SI LOS DEDICÁIS A LA CATEQUESIS O CUALQUIER TIPO DE PASTORAL, QUE ES PARA LO QUE SUS AUTORES LOS HEMOS CREADO, PARA EL SERVICIO DE LA FE.
SI NECESITÁIS ALGÚN DIBUJO CON MAYOR CALIDAD O ALGUNA LETRA DETERMINADA PODÉIS PEDIRLO POR CORREO ELECTRÓNICO O VER PÁGINA DE MATERIALES DEL "SICÓMORO-2"