
Foto - 1 Virgen con el Niño
(Virgen de la Leche)
Ficha técnica (Pintura, técnica mixta, sobre tabla 84 x 64 cms. Museo
del Prado, Madrid, ESPAÑA)
Bibl.: Berjano, p. 95; E. Du Gué Trapier, “Morales y las influencias
leonardescas en España”, pp. 653-686; AnguloÍñiguez, “Pintura del
Renacimiento”. Ars Hispaniae, XII, p. 239; Rodríguez G. De Cevallos, “El mundo
espiritual del pintor Luis de Morales”, pp. 193-203.
Exp.: Felipe II. Un monarca y
su época. Las tierras y los hombres del rey. Valladolid 1998, nº 291
La serie de estas tablas de la Virgen con el
Niño, denominadas también "Vírgenes de la leche", con sus variantes
iconográficas de tres cuartos o de medio cuerpo, ofrece un capítulo
significativo en el catálogo mariano de Morales, que contabiliza en su haber
numerosos ejemplares, algunos de subida calidad artística.
Pocas veces se ha interpretado con
tanta ternura esta escena íntima, de reconocida tradición medieval y lejanos
precedentes bizantinos, que tiene en esta tabla del Prado una de las más
logradas versiones de Morales. Aun que pintada con una técnica arcaizante,
propia de todo el quehacer artístico del maestro, se evidencia en ella un carácter
de signo manierista cercano a la pintura italiana de la época. Desentendidos
del espectador, Madre e Hijo se funden en un bloque compacto de rítmicas curvas
interiores, emergiendo de un fondo neutro que desrrealiza el ambiente, sin
referencia alguna espacial ni temporal. Nuestra Señora sostiene entre sus
brazos al Niño inquieto, quien, vuelto de espaldas, fija en Ella su mirada,
buscando con su manita derecha el pecho materno, mientras levanta con la
izquierda el finísimo velo transparente que cae de los dorados cabellos de
María.
A.Rodríguez G. de Ceballos sugiere
acertadamente‑ como fuente literaria inspiradora de tan entrañable
escena la literatura piadosa de la época y más en concreto el ya citado libro
Flos Sanctorum de Alonso de Villegas, publicado en Toledo (1568), que
probablemente conocería Morales a través del obispo don Juan de Ribera.
Desde el punto de vista formal, Angulo
ha evocado, por su parte, un graba do de Durero, datado en 1516, a la vez que
detecta ecos leonardescos en el misterioso claroscuro del rostro de Nuestra
Señora. Pese a estas analogías iconográficas, son muchas las diferencias que
median entre el más profano (?) modelo dureriano y las versiones pudorosamente
recatadas del pacense. Más bien y en esto compartimos el parecer de E. du Gué
Trapier‑ el precedente iconográfico inmediato habrá de buscarse en una
obra singular, muy cercana al pintor: el bajorrelieve en alabastro de la
Madonna con el Niño, atribuido a Desiderio de Settignano, que desde comienzos
del XVI presidía la capilla funeraria de don Lorenzo Suárez de Figueroa, junto
con la soberbia lauda en bronce del prócer embajador de los Reyes Católicos, en
la propia catedral de Badajoz. De este modelo de Madonna, fijado originalmente
por Donatello y más tarde glosado ampliamente por sus epígonos, recogería
directamente nuestro pintor el prototipo de la Virgen, de rostro ovalado, alta
frente y ojos pudorosamente bajos, así como el diseño de los brazos y manos,
unidos de modo similar los dedos de la derecha, que sostienen tiernamente al
Infante, al igual que el atrevido escorzo de la izquierda.
Esta
misma disposición gestual, si bien invertida no pocas veces, de Nuestra Señora,
no sólo aparece en las escenas de la Infancia, sino también en las
representaciones de la "Quinta Angustia", en las que la Virgen
sostiene el cuerpo inerte de Cristo, tal vez con la intención de asociarla en
ambos "pasos" con el mismo gesto expresivo al misterio redentor de su
Hijo.
Esta bellísima pintura del Prado forma parte,
junto con otras obras, del importante legado de don Pablo Bosch a nuestra
Pinacoteca Nacional (1915 ). Eugenio D'Ors la reputa como "probablemente
el mejor Morales del Museo" (Tres
horas en el Museo del Prado... p. 67) y sugiere al visitante apresurado
"acariciar de una mirada la suave maternidad de La Virgen y el Niño, y especialmente la noble frente de aquélla;
frente que, por sí sola, ya es frente y nimbo a la vez".
Repetitiva
casi en su literalidad, y también de subida calidad artística, se conserva
otra
versión en el Museo Nacional de Arte Antiga de Lisboa, expolio, según
Backbascka, de algún convento desamortizado, al igual que una tercera en
colección particular, en Jaén, procedente esta última de la de don Benito
Barriga Solé, que fuera expuesta en París en 1889, según la historiadora
finlandesa, y reproducida por Díaz Padrón en 1983 en A. E. A. (n° 223). De la
tabla lisboeta se ofrece un breve comentario en la correspondiente ficha de
este catálogo.
Foto – 2 Virgen con el Niño
Ficha técnica: (Pintura, técnica mixta, sobre tabla. 57 x
40 (944) y 43 x 52 (946) cms. Museo del Prado, Madrid, ESPAÑA)
Bibl.: E. du Gué
Trapier, “Morales y las influencias leonardescas en España”. R.E.E., Badajoz
1953, pp. 653-686; Angulo Iñiguez, “Pintura del Renaciemiento”
en Ars Hispaniae, XII, P.
239; Gaya Nuño, p. 42.
Entre las versiones, de medio
cuerpo, de la Virgen con el Niño, o "Virgen de la leche", sobresale
esta pintura del Prado, adquirida a Adrián Rotondo en 8.000 pesetas. Está
registrada con el número 946, antiguo 830, del catálogo del museo. Gaya Nuño
la cree "cabeza de la serie y, por lo menos, la más afortunada en su
sencillez". Nada seguro hay en esta suposición.
Frente al parecer de don Diego
Angulo sobre la fuente inspiradora dureriana, el precedente iconográfico
inmediato ha de buscarse, sin duda, en el mismo bajorrelieve en alabastro del
Settignano, en la catedral de Badajoz, a que antes nos hemos referido. Si el
claroscuro es ciertamente de abolengo leonardesco, el espíritu y carácter de la
escena mística son deudores a la sensibilidad de Morales, quien en consonancia
con el espíritu contrarreformista de la época no muestra el seno desnudo de
Nuestra Señora, sino que pinta al Niño solicitando, inquieto, el escondido
pecho materno.

Foto – 3
Virgen con el Niño
Ficha
técnica (Misma que la anterior)
Otra
tabla similar en el mismo Museo, catalogada con el número 944, más la conservada
en el Museo Nacional de Arte Antiga de Lisboa, fragmentada, y una tercera en
la National Gallery de Londres, pasan por las más acertadas versiones de este
delicioso tema mariano.