COMENTARIOS AL EVANGELIO, CICLO - C

 

 

 

- TIEMPO de ADVIENTO -

 

 

DOMINGO DE ADVIENTO

 

EVANGELIO
                              "Se acerca vuestra liberación."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 21,25-28.34-36.)
 

        En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.
 

                                                                                   Palabra del Señor.

1º DOMINGO DE ADVIENTO –C-     Lc.:21,25-28.34-36

                   En este pasaje con tinte apocalíptico, el evangelista trata de transmitir su propia impresión, la que él sintió cuando oyó de labios del Maestro algunos de los signos indicativos del fin del tiempo.

         La alegoría de la propia muerte y de la muerte o extinción del hombre como especie, se mezclan en el relato intentando conseguir un clímax que sea fiel reflejo de su estado de ánimo, exacerbado por el realismo impactante de la noticia recibida de primera mano.

                   Con estos aldabonazos dados por el Maestro nos avisa de que, a pesar de predicar el amor y la tolerancia, la comprensión y la acogida en actitud de brazos abiertos, no hemos por eso de perder de vista el horizonte ni pensar que “todo vale”. No.

         El camino está marcado y el horizonte nos espera al final del mismo. Si no estamos prevenidos, el camino no será fácil y los tropiezos los encontraremos a cada paso, pero… ya estamos advertidos.

         De todas maneras nosotros contamos con un poco de ventaja. Sabemos que en todo momento contamos con el apoyo y el aliento de un aliado de primera magnitud que no nos abandona en ningún momento; que siempre está ahí; que nos conoce perfectamente y sabe de nuestras debilidades y titubeos de nuestros pasos atrás y nuestro caminar tambaleante y nuestra satisfacción y consuelo están en que sabemos que contamos con Él.

                   A pesar de que Lucas intentaba presentar el final de los tiempos como algo pavoroso, si somos realistas y miramos a nuestro alrededor con ojos mínimamente críticos, veremos que vivimos la vida como si esta no tuviera un fin necesario y determinado; en todo caso esa eventualidad la consideramos como algo que ocurre, pero no a nosotros. De todas formas no deja de ser un mecanismo de defensa de la propia naturaleza que no sería capaz de desarrollarse con normalidad si pensara de forma consciente que vive con una espada de Damocles pendiente de un hilo sobre su cabeza. Contra todos estos temores se nos advierte para que no lleguen a nublarnos la mente y nos hagan perder el norte de nuestro auténtico destino. Se nos pone en guardia no vaya a ser que los árboles nos impidan ver el bosque.

 

2º DOMINGO DE ADVIENTO

 

EVANGELIO

 

                          "Todos verán la salvación de Dios."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 3,1-6.)
 

    En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios».
                                                                                Palabra del Señor.

 

2º DOMINGO DE ADVIENTO   Lc.: 3,1-6

                 El evangelista San Lucas del que se han extraído los textos de los domingos del Adviento, pone hoy especial interés en datar el hecho narrado con todo lujo de detalles. Comienza por la cabeza y así nos dice quién es el Emperador de Roma, en qué año de su reinado ocurre y quienes son los mandatarios supremos que imperan en todo el territorio y en los territorios aledaños. Así nos dice que el Gobernador de Judea es Poncio Pilato y que el Tetrarca de de Galilea es Herodes y su hermano Filipo lo es de Iturea y de Traconitide y Lisanias es el Tetrarca de Abilinia; esto en el plano político-militar. En el plano religioso nos dice que el puesto de Sumos Sacerdotes estaba ocupado por Anás y Caifás, suegro y yerno que de común acuerdo ostentaban esta dignidad. Pues bien, todos estos datos puntuales sirven para que pueda ser situado con total exactitud un hecho concreto: “Vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”

         “La Palabra”, el logos, la esencia presente de Dios se aposenta en Juan, mientras se encuentra a solas consigo mismo, en profunda meditación. “En el desierto”; el evangelista sigue utilizando el modo de expresión clásico para indicar la disposición más favorable a la comunicación entre el Hacedor supremo y su criatura más querida.

         La fuerza interior recibida le impulsa a predicar por toda la región contigua al Jordán y a utilizar un signo externo para significar un cambio interno que se produce en aquellos que reciben el bautismo del arrepentimiento para que se produzca el perdón de los pecados.       

                   Si cuando en nuestra niñez, en las clases de catequesis que precedieron a nuestra primera comunión, aprendimos que un sacramento es la manifestación externa de un suceso interno que nos condiciona aunque no podamos verlo. Y ¿qué es lo que hace Juan? Pues eso es lo que hace. Se sirve de un acto externo, el bautismo, para producir un hecho interno, intangible: el perdón de los pecados. Un auténtico sacramento que el mismo Jesús no duda en recibir concediéndole de esta manera el reconocimiento de autenticidad. 

                   Nosotros tuvimos la gran suerte, el enorme privilegio de recibir ese bautismo con muy pocos días de vida, entrando desde ese momento en una enorme familia, en un selecto linaje de profetas, sacerdotes y reyes.

 

3º DOMINGO DE ADVIENTO

 

EVANGELIO

 

                       ¿Qué hemos de hacer?


Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 3,10-18.)
 

        En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: -Entonces, ¿qué hacemos? El contestó: -El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene y el que tenga comida, haga lo mismo.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos; y le preguntaron: -Maestro, ¿qué hacemos nosotros? El les contestó: -No exijáis más de lo establecido. Unos militares le preguntaron: -¿Qué hacemos nosotros? El les contestó: -No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.
El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: -Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.
 

                                                                                                                                Palabra del Señor.

 

3º DOMINGO DE ADVIENTO  Lc.:3, 10-18

                Juan sigue con su cometido, con la tarea encomendada. No se limita sólo a bautizar con agua, sino que incita con sus palabras a una vida digna y honrada, a cumplir sencillamente los mandamientos de la ley natural, aunque a veces, como es el caso de hoy, va un poco más lejos. Digo “un poco” más lejos por utilizar un modo de expresión corriente en nuestra forma de comunicarnos, pero si intentamos situarnos en el tiempo y en el espacio en que Juan manifiesta que si uno tiene dos túnicas ha de compartirlas con quien no tenga y así con todo lo demás, en distintos órdenes: comida, comportamiento, normas de conducta, convencimiento, etc. Esto, para aquella época era algo poco menos que impensable, incomprensible para aquella sociedad encorsetada entre normas y preceptos, así como asfixiada por costumbres ancestrales que no permitían avances sociales significativos. Y en este contexto hay alguien que se atreve a aconsejar a que no se exija más de lo convenido,, a que no se haga extorsión, a que no se calumnie, a estar conforme con un salario justo…

        Juan es consciente de que su forma de actuar choca “un poco” con la mentalidad de los que le rodean y hacia los que va dirigida directamente su acción, por eso les avisa y les indica que “Yo verdaderamente os bautizo con agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará con Espíritu Santo y fuego” También les advierte, siguiendo un símil agrícola que les es familiar, que tiene en su mano el aventador para separar la paja del grano.. Les avisa de que no valdrán medias tintas, no será válido el sí pero no, el ya veremos… También les habla de un fuego que nunca se apagará.

                 Con frecuencia nos gusta imaginar el infierno como un lugar pavoroso inundado de llamas. Nos gusta exagerar las cosas, aunque estas cosas sean más sencillas y triviales de o que imaginamos; pero nosotros necesitamos representaciones tangibles para intentar hacernos una idea de aquello de lo que hablamos, bien lo deseemos o por el contrario lo temamos. La verdad es que no necesitamos indagar en lugares raros o remotos; basta con que nos acerquemos al “desierto”, a nuestro desierto interior. Allí encontraremos, sin duda, todo aquello que buscamos.

 

 

4º DOMINGO DE ADVIENTO

 

EVANGELIO

 

                              ¿Quién soy yo para que roe visite la madre de mi Señor?


Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc.: 1,39-45)
 

        En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, salto la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
 

                                                                                                     Palabra del Señor.

 

4º DOMINGO DE ADVIENTO Lc.: 1,39-45

El pasaje que nos propone hay la Iglesia es especialmente emotivo, de acuerdo con el tiempo que con este domingo finaliza.

        María ha recibido por el ángel Gabriel la noticia del embarazo de su prima Isabel y se llenó de alegría pues con la edad que tenia Isabel no parecía que esto fuera posible y Lucas nos indica cómo impactó la noticia en aquella chiquilla, tanto es así que dice que se levantó “deprisa” para ir hasta el pueblo de la montaña donde vivía su prima. Esa es María, la que antepone el servicio a los demás a su propio cuidado.

        El ángel la había anunciado que el Altísimo la había elegido a ella para ser madre de su Hijo y para reforzar la noticia la comunica también el embarazo de su prima y aquí tenemos a María que lo primero que se plantea no es que va a ser madre de Dios o que va a ser bendecida por generaciones que aún ni siquiera han visto la luz, no. Lo primero que se plantea esta sencilla muchacha es ir a ver a su prima para alegrarse con ella y para ayudarla en los momentos que se le avecinaban.

        Sin pretenderlo, con la espontaneidad de sus pocos años y su infinita inocencia, nos da una lección magistral de comportamiento. Para ella, independientemente de todo tipo de consideraciones, los primeros son los demás y allí está ella al servicio de quien la necesite; esa es Maria.

        Como decía antes nos da, sin pretenderlo, una hermosa lección. Vivimos en una sociedad que se impone a sí misma unas normas despiadadas y autodestructivas; una sociedad que parece ser enemiga de sí misma y que dicta unas reglas del juego cada vez más deshumanizadas, como si pretendiera demostrar el “más difícil todavía”

        En medio de todo ese caos, de todo ese desencanto y egoísmo exacerbado, aparece la figura de una niña que es todo dulzura, todo desinterés de su propia persona y todo preocupación por el bienestar del otro, sea quien sea. Una criatura angelical, tan sublime y pura que es capaz de enamorar a Dios, y Este, en su infinita bondad, la comparte con nosotros haciéndola madre de su único Hijo y Madre nuestra… ¡¡Gracias, María.

 

 

- TIEMPO de NAVIDAD -

 

 

NATIVIDAD DEL SEÑOR

 

 

EVANGELIO

"La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros."

Lectura del santo evangelio según san Juan. (Jn. 1, 1-18 )

 

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor.

 

 cOMENTARIO:     Jn.: 1, 1-18

        En el principio existía la palabra y en la palabra había vida y esa vida se enamoró de los hombres y decidió acampar entre ellos, pero no la entendieron.

 Hoy es un día grande para los cristianos. Hoy celebramos el nacimiento de Jesús y todo son deseos de felicidad y parabienes. ¿De verdad nace hoy Jesús en nuestra sociedad? ¿Dónde nace? ¿Tal vez en los grandes almacenes ofertadores de todo tipo de regalos? ¿En los restaurantes con sus mesas repletas, no al alcance de todos? ¿Acaso nace en…?  No se dónde nacerá, aunque sí estoy seguro que encontrará cobijo en el corazón puro de algún niño y en alguna mesa llena de calor y alegría, aunque falten algunos manjares considerados como imprescindibles en estos días.

           Parece que da la sensación de que cada año le cuesta más al Niño Dios encontrar lugares idóneos donde montar su tienda y yo creo también que no es por maldad intencionada de esta sociedad en que vivimos, sino que es como si hubiera perdido el norte y tratara de encontrarlo sin conseguirlo, tal vez porque sigue senderos equivocados, aunque intente paliarlo con luces, música y banquetes. ¿Es toda la culpa suya? Al menos intenta celebrarlo de alguna manera, aunque no sepa hacerlo correctamente. En la cena de la llamada Noche-Buena ¿estará invitado Jesús en nuestras mesas? Si lo hacemos en su honor lo más lógico es que al menos lo mencionemos y le demos las gracias por la oportunidad que nos brinda de poder celebrar su nacimiento.

            Me conformaría con que sólo hiciéramos público nuestro agradecimiento a Jesús durante la cena de Navidad. Otro día podremos comentar la pérdida de valores religiosos y trascendentales en nuestra sociedad. Pero eso podemos dejarlo para otro día. Hoy dejadme desearos a todos Porque nace Jesús: ¡Paz y Amor!

 

 

 

SAGRADA FAMILIA

 

 EVANGELIO
"Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los doctores."
 Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 2,41-52.) 

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: -Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
El les contestó: -¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Palabra del Señor

 

COMENTARIO

SAGRADA  FAMILIA   Lc.: 2, 41-52

                En este día tan señalado, la Iglesia quiere celebrar a la Sagrada Familia como queriendo rendir un homenaje a todo un conjunto de valores que para muchos empiezan a ser conocidos por referencias más que por vivencias. Los han oído contar, no los han experimentado. Triste, pero cierto.

                “Familia” no es sólo un número de personas unidas por un vínculo de sangre. Familia es mucho más que eso. Es un espacio casi mágico en el que se producen y desarrollan situaciones que implican sentimientos, sensaciones, experiencias y vivencias que no pueden darse en otro sitio. Familia es una alegría compartida, un gozo que se contagia, una pena que se diluye y un problema que se encuentra con múltiples soluciones. Familia es cuando los pronombres personales los declinamos al revés, o tal vez de forma más lógica: “Él, tú y yo”.

                Sería un recurso fácil el ponerse sentimental enumerando todos los tópicos que a la familia ideal le hemos atribuido. No haremos hoy eso, no nos interesa teorizar sino comunicar vivencias con sus caras positivas o menos sonrientes. Pasó el tiempo en el que el espacio vital de la familia era considerablemente amplio. Bajo un mismo ámbito transcurría la vida de los padres, los abuelos, los hijos, incluso algún que otro pariente que por circunstancias se sumaba al núcleo principal. El respeto a los mayores y la consideración con los más jóvenes era el aglutinante que hacía que este núcleo se mantuviera indivisiblemente unido. Como antes comentábamos, desgraciadamente eso ya es historia.

        El respeto es una cualidad de ida y vuelta, quiero decir que para recibirlo hay que darlo, independientemente de la edad que tenga el ejercitante de la cualidad. Quiero decir con esto que los hijos deben respetar a sus mayores, pero también tienen derecho a esperar respeto y comprensión de parte de estos. Hoy tachamos a los jóvenes de que no guardan estas reglas, pero nos preguntamos si los mayores las guardan? El joven puede que por reivindicar su “yo” se revele porque es su manera de manifestar su personalidad que se está formando, pero ¿Y el mayor? ¿Porqué ese afán por subyugar a todos, por tener a todos bajo su dominio y que estén pendientes de sus deseos y caprichos? Yo diría que es por miedo. Sencillamente miedo a una soledad que se presenta con sus descarnadas señas de identidad.

                Por eso hoy queremos, celebrando a la Sagrada Familia, recordar lo que nos dice el Eclesiástico (3, 1-16): “El que honra a su padre salda sus fallos, el que respeta a su madre acumula muchos tesoros… Quien desprecia a su padre es un blasfemo, quien insulta a su madre irrita a su Creador.”

        También en Colosenses 3, 12-21, podemos leer: Como familia, llamada al amor, que vuestro vestido sea la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, dulzura, comprensión… Y por encima de todo lo que tengáis, el amor, que es el cinturón que ciñe la unidad a la que debéis aspirar y consumar… Y todo lo que de palabra o de obra realicéis en vuestra familia, sea como la acción de gracias al Padre Bueno por medio de Jesús.

 

   

 

1 DE ENERO

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

 

  

Evangelio “María meditaba todas estas cosas en su corazón. Al cumplirse los ocho días, le pusieron por nombre Jesús”

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2,16-21

En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor

 

COMENTARIO

 

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS   Lc.: 2, 16-21

               Comenzamos un nuevo año cronológico, aunque el litúrgico ya hace días que comenzó su andadura y lo comenzamos celebrando a la Madre con el título que dará origen y fundamento a todos los demás, el de Madre de Dios. En María se aúnan la naturaleza divina y la humana de Jesús. María no sólo es la madre de Dios, también es la madre del Hombre, es nuestra madre, es el día de nuestra madre. ¿A quien puede extrañarle que estemos contentos?

        Pero fundamentalmente la Iglesia celebra la maternidad divina de María, de la mujer que no dudó ni un instante de la palabra que le era enviada y aceptó, sin entender plenamente, los designios que el Creador tenía.

         Los pastores se acercan al portal y encuentran a una sencilla familia. Un hombre, su mujer y un pequeño recién nacido, del que ellos tenían noticias maravillosas que le identificaban como el salvador del pueblo, el guía esperado que sacaría al pueblo judío del ostracismo al que el poderío del pueblo romano le había confinado. Sobrecogidos, tal vez por la sencillez de aquellas personas, se vuelven a sus puntos de origen dando alabanzas a Dios por lo que habían visto y constatado con sus propios ojos.

           Vivimos en una sociedad desencantada, que no encuentra algo que realmente llene sus expectativas, que no ha encontrado nada que mínimamente colme sus ansias de realización, sus expectativas de encontrar un modelo al que seguir y que colme sus expectativas. ¿Seremos capaces de hacer presente nosotros, los cristianos, con nuestras vidas, ese modelo ideal al que seguir? Ojalá sea así, aunque con demasiada frecuencia, también nosotros hemos de pararnos a reflexionar sobre nuestro ideal para no dejarnos llevar por la desolación existencial que oprime a buen número de nuestros jóvenes.

         Hoy celebramos a Santa María, Madre de Dios. Celebremos también a Santa María Madre de los hombres.

 

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

 

Evangelio “Venimos de Oriente para adorar al Rey”

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.” Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó donde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta”: “Y tu, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.”

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente que hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.” Ellos, después de oir al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.”

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor

 

Comentario

 

 LA EPIFANÍA DEL SEÑOR    Mt.: 2, 1-12

                   El relato que Marcos nos hace de la visita de los “Magos”, dentro de su infantil ingenuidad, nos ofrece la posibilidad de leer entre líneas y entender cómo la gracia de Dios se manifiesta de la forma más insospechada y menos convencional. Puede tratarse de una simple estrella o de cualquier otra manifestación que seguro hemos experimentado todos nosotros y que, indefectiblemente, nos lleva a Jesús. Con frecuencia sabemos reconocer las señales y sabemos dónde nos conducirán, por eso preferimos ignorarlas y no darnos por enterados, es más cómodo.

         Herodes se asusta ante el conocimiento de la existencia de un posible competidor y, como buen estratega, intenta conocer todo lo posible de su adversario y tratar de eliminarlo de la manera más efectiva posible.

         En el relato, aquellos hombres sabios, que ese es el significado de “Magos”, ofrecen al Niño que encuentran en el seno de una familia humilde: oro, que le reconoce como rey; incienso, que le confiere la dignidad sacerdotal y mirra, que le otorga su reconocimiento como hombre. Se siguen cumpliendo escrupulosamente las escrituras y le son reconocidos los tres órdenes, según Melquisedech. Los hombres sabios, avisados en sueño, retornan a sus lugares de origen por caminos distintos para no hacerse cómplices de la masacre que realizaría Herodes para asegurarse su trono.

                   En nuestra sociedad tecnificada, los “magos”, los hombres sabios, los hombres conocedores de los secretos de la vida y de la mejor manera de sacarle el máximo rendimiento, no son muy tenidos en cuenta, algo parecido a lo que ocurría en tiempos de Jesús aunque nos pudiera parecer extraño. Sólo tenían un cierto predicamento en círculos muy restringidos, lo mismo que sigue ocurriendo en nuestros días. Pero ellos sabían y saben  leer entre líneas. Son capaces de distinguir la gracia de Dios en los signos externos, por muy insólitos que puedan parecer. Ellos, los del relato, demuestran su reconocimiento ofreciendo al niño oro, incienso y mirra, pero nosotros no tenemos esas cosas; no tenemos ni siquiera cofres, pero sí tenemos algo muy especial; tenemos un corazón que tiene una capacidad particular, la capacidad de amar; de contener y dar amor y si nos presentamos cada uno en nuestro portal particular con nuestro cofre bien repleto, estoy seguro que arrancaremos una resplandeciente sonrisa al niño Dios.

 

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

 

 

Evangelio “Tu eres mi Hijo amado, mi preferido”

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,7-11

En aquel tiempo proclamaba Juan: “Detrás de mi viene el que puede mas que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.” Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia el como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tu eres mi Hijo amado, mi predilecto.”

Palabra del Señor

 

 

Comentario

 

Lc.: 3, 15-16.21-22   

                   Es un día normal en la vida del Bautista. La gente sigue preguntándose si  será él el Mesías esperado y sigue confiando en él. La necesidad de confirmar las esperanzas se hacen acuciantes y acosan al Bautista preguntándole si es él aquel a quien esperan, pero Juan, que se sabe mensajero de algo muy importante, precursor de alguien muy superior, declara humildemente que él no es digno de desatar las sandalias del auténtico Mesías, del que viene tras él bautizando con fuego y con Espíritu y no sólo con agua.

         De pronto, el día deja de ser normal. Algo ocurre que turba profundamente a Juan. En la fila, entre los que demandan ser bautizados se encuentra alguien al que él conoce bien y no sólo porque sea su pariente, sino porque se trata de Aquel al que él debe preparar el camino.

         Juan cumple su cometido, con humildad, sin pretensiones, asumiendo su papel con total honestidad.

 

         La mirada que se cruza entre aquellos dos hombres en ese preciso momento es todo un poema; por un lado amor y aceptación, por otro admiración y agradecimiento sin fin. Se produce la unión de dos miradas: la del hombre y la de su creador, las dos mirando en la misma dirección.

 

        Con el bautismo de Jesús no sólo termina el tiempo de Navidad. Termina lo que podríamos llamar vida “privada” de Jesús. A partir de ahora comienza su andadura como proclamador de la Buena Nueva. El camino es largo y nada fácil. La meta es dura y dolorosa, pero la misión encomendada hay que cumplirla.

        El punto de salida de su andadura está marcado por un bautismo de agua. Su punto de llegada estará marcado por un bautismo de sangre. Es el precio que pagará por asumir la carga de los pecados de la humanidad, pero es la única manera de que la afrenta queda saldada. El motivo de todo esto no podemos buscarlo en parte alguna porque está en su propio corazón, no es otro que el AMOR.

 

 

- TIEMPO ORDINARIO -

EVANGELIO

 
                      "En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos."
 

    Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 2,1-12.)
 

    En aquel tiempo había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: -No les queda vino.
Jesús le contestó: -Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los sirvientes: -Haced lo que él diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo: -Llenad las tinajas de agua. Y las
llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó: -Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: -Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta
ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en el.
Después bajo a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
Palabra del Señor.

DOMINGO 2º T.O.  Jn.: 2,1-11

              Hoy el evangelista nos muestra un momento festivo en la vida del Maestro. Recién comenzada su andadura como predicador, un alto en el camino parece indicado para reponer fuerzas y qué mejor que disfrutar en la boda de un amigo, en la pequeña aldea de Caná de Galilea. Hasta aquí, todo parece normal. Lo peor es cuando María, su madre, se le acerca y le dice: “se han quedado sin vino” y Jesús se encuentra entre la espada y la pared. Él ha ido allí a divertirse con sus amigos, no quiere problemas, pero su madre… Bueno, eso es punto y aparte. ¿Cómo le va a negar nada a su madre a la que tantísimo quiere, aunque ponga una leve resistencia asegurándola que no ha llegado su hora? La madre es la madre así es que se dirige a los sirvientes y les dice: Haced lo que él os diga. Es suficiente; entre madre e hijo no hace falta más y así resulta que el mayordomo se hacía cruces porque en su vida había catado un vino tan exquisito, desde luego la denominación de origen era de primer orden.

 

                Estamos al comienzo de la vida pública de Jesús. Todavía se nos va a mostrar como uno más de nosotros, con nuestras mismas costumbres y nuestros mismos intereses inmediatos. Esto irá cambiando poco a poco y veremos surgir, cada vez más definido, al Cristo, al Hijo amado proclamado en el Jordán. Es el paso progresivo del hombre hacia Dios. El que comienza siendo un perfecto hombre terminará siendo un glorioso Dios. Esa hermosa metamorfosis se realizará a lo largo de un tiempo y contará con un catalizador de excepción, como es María que con su papel callado, imperceptible casi, consigue esos matices de ternura que dotan de calor humano las divinas enseñanzas. Hoy es el día del triunfo del amor de una madre sobre lo conveniente en la actuación de su hijo; así como el triunfo de la reverencia de un hijo ante la súplica sencilla de su madre.

EVANGELIO
                               "Hoy se cumple esta Escritura."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 1,1-4;4,14-21.)
 

    Ilustre Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: -Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.
                                                        Palabra del Señor.

 

DOMINGO 3º T. O.   Lc.:1, 1-4; 4, 14-21

                   El pasaje que se pone hoy en consideración es como la consagración de Lucas como escritor, o relator de unos hechos que él no ha conocido de primera mano, sino a través de su maestro Pablo. Lucas, que era médico, se propone relatar todos los detalles que él conoce de la vida del Maestro; las noticias que él tiene y que, como él mismo se encarga de aclarar, ha verificado escrupulosamente con el testimonio de los que fueron testigos presenciales de aquello que relata. Es el evangelista que nos da más de talles de la infancia de Jesús y quizás de la vida cotidiana desarrollada en Nazaret por la familia del carpintero. Este evangelio, a modo de relato personal, se la dedica a Teófilo “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”

                   También nos introduce en el comienzo de la vida pública de Jesús y arranca precisamente en Nazaret, donde se había criado, donde era conocido de todos y por todos, en su tierra.

                   Es sábado y, siguiendo su costumbre, Jesús va a la sinagoga y allí, en medio de todos, sólo, lee el libro sagrado que el ayudante le presenta. Es el libro de Isaías, el profeta más prestigioso, el que gozaba de más popularidad y el más respetado por el pueblo. Y Jesús lee: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por que él me ha ungido. Me ha enviado….; para anunciar el año de gracia del Señor”  Una vez que terminó de leer, se sentó y comunicó a todos: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

         Él es consciente de lo que dice y quiere que todo el que le oye en ese momento lo sea. También quiere que nosotros lo asimilemos de forma consciente para poder obrar en consecuencia. ¿Creéis que lo hemos conseguido? Si la respuesta es afirmativa, permitidme felicitaros; si por el contrario es negativa creo que sería una estupenda meta a superar en este recién estrenado año. ¿No os parece?.

 

EVANGELIO
                             "Jesús, como Elías y Eliseo no es enviado sólo a los judíos."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 4,21-30.)
 

    En aquel tiempo comenzó Jesús a decir en la sinagoga: -Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: -¿No es éste el hijo de José?
 

    Y Jesús les dijo: -Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaum.
Y añadió: -Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
 

    Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
                                                                                                             Palabra del Señor.

 

DOMINGO 4º T. ORDINARIO  Lc.: 4, 21,30

 

                    Sigue la narración de Lucas en el punto en que la dejamos la semana pasada y el evangelista se fija en los puntos que él considera más sobresaliente. Así hace que Jesús hable como un vecino más del pueblo, incluso cita algunos dichos  populares de los comúnmente usados en la comarca. Lucas nos dice que, una vez terminada su intervención, todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Pero Jesús que conocía sus corazones, sigue hablando y les dice cosas que aunque ciertas, no les gusta oír -¿nos suena esto?- y claro, viene la reacción adversa y así como en una discusión cuando nos faltan argumentos pretendemos suplirlos levantando la voz, pretendiendo ahogar la argumentación de nuestro adversario con lo elevado de nuestro tono; de la misma manera los convecinos de Jesús se proponen zanjar la cuestión arrojándole por un barranco, pero “Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.

 

                   Lucas no nos da más detalles, posiblemente porque no los considera relevantes; su objetivo no es escribir ningún  relato de aventuras, sino que como ya le había anunciado a Teófilo “Ha emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros”, por eso no especifica más ni da más detalles, se limita a decir que se abrió paso entre ellos y se alejaba.

 

                   Ha comenzado la “vida pública” de Jesús. Se ha puesto en marcha la misteriosa transformación, a lo largo de un complicado proceso, del Hombre en Dios. La humanidad con su rémora de miserias y egoísmos, se diluirá en la divinidad con su carga de infinita misericordia y amor. Pero eso sucederá alo largo de un delicado proceso que no ha hecho más que comenzar y que ya es imparable.

 

                   Lucas, posiblemente sin pretenderlo, nos dice algo que para nosotros tiene varias lecturas. Veamos una de las posibles: “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba” Nos da la sensación de la oportunidad perdida. Es como si el Maestro hubiera tenido la delicadeza de ofrecer a sus paisanos la primicia de su misión y estos la hubieran rechazado; pero la sensación de abandono se hace tremendamente patente, casi dolorosamente palpable, en las últimas palabras: “… y se alejaba”. Tremendo ¿no?.

        

Podríamos hacer seguramente otras lecturas, pero esas las dejo para que las saboree y disfrute cada uno.

 EVANGELIO
                                "Dejándolo todo, lo siguieron."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. ( Lc.: 5, 1,11)
 

    En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: -Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó: -Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: -No temas: desde ahora serás pescador de hombres.
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.       

DOMINGO 5º T. ORDINARIO    Lc.: 5, 1,11

                Jesús está a la orilla del lago de Genesaret anunciando la palabra de Dios. La gente se agolpa para oírle y, como es lógico, todos quieren estar en primera fila y no es difícil imaginarse los empujones, codazos y demás para conseguir un puesto en primera fila. Por eso Jesús, que estaría presenciando el faenar de los pescadores afanados en limpiar y preparar sus aparejos después de una dura jornada de trabajo, se sube a una marca, la de un tal Simón, y le pide que la aparte un poco de tierra. Así puede, con más tranquilidad, dirigirse a los que, desde tierra, le escuchan. Vamos a hacer un inciso y a fijarnos en que el Maestro se sube a una barca y que le dice a Simón que la guíe fuera de la orilla.

                    Jesús sigue proclamando la palabra de Dios y cuando da por terminada su prédica le dice a Simón: ahora te toca a ti, así es que rema mar adentro y tirad las redes, vamos a pescar. Simón debió poner una cara como del que piensa y este ¿de qué va?, pero respetuoso con el rabí le dice: Nos hemos pasado toda la noche bregando y no hemos pescado nada, pero para que veas, echaré las redes por ti, para darte gusto, aunque la pesca está…

         Los ojos como platos de Simón no daban crédito a lo que veían. Las redes reventaban; la barca no podía con tal carga. Hace señas desesperadas a sus amigos de la cercana orilla para que vengan en su ayuda y aún así, las barcas se ven en dificultad para transportar captura tan enorme. Simón, hombre sencillo y franco, un rudo pescador, presiente que se encuentra ante alguien muy especial a pesar de su apariencia y de sus palabras bondadosas y, lleno de un temeroso respeto, se arroja a sus pies suplicando que se aparte de él “porque soy un pecador”. Ante esta explosión de sincera humildad, recibe la respuesta el Maestro: “No temas: desde ahora, serás pescador de hombres”.

         Ellos sacaron las barcas a tierra y dejándolo todo, lo siguieron

                   ¿Recordáis el inciso que hicimos, con la barca, con Simón guiándola mar adentro?. De nuevo tenemos la diversidad de lecturas y semblanzas del Maestro que se nos muestran como un diorama cambiante y subjetivo, pero siempre proporcionando un sosiego agradable y dulce.

 

EVANGELIO
                                "Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!"
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc.:6,17.20-26)
 

    En aquel tiempo bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
El, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.
Palabra del Señor.

 

DOMINGO 6º  T. ORDINARIO    Lc.:6,17.20-26

                   Jesús sigue con su misión de difundir el mensaje de Dios. Rodeado de una gran multitud de discípulos y amigos, se para en un lugar entre el monte y la llanura y allí, como si diera salida a sus propios pensamientos íntimamente sentidos, expone en voz alta las directrices de la vida que le es grata a Dios, aunque sus criterios no siempre concuerdan con los nuestros. Es como si se superpusieran dos planos distintos en el que en uno estaría el tipo de vida propuesto por el Maestro y en el otro la vida que solemos llevar de forma habitual, con pocos puntos de conexión entre una y otra.

                   Jesús expone unas normas que con frecuencia vemos que no tenemos en cuenta en nuestra vida diaria. ¿Por qué?, pues yo diría que, en la mayoría de los casos es porque no hemos llegado a entenderle; porque miramos las cosas con criterios diferentes. Lo que para Él es importante para nosotros no tiene sentido. ¿Por qué llorar, si se puede reír? ¿Por qué vamos a disfrutar teniendo hambre si podemos saciarnos plenamente?. Y así sucesivamente. El orden de los valores no es que sea coincidente, precisamente.

         De todas formas el Maestro no nos obliga a nada; se limita a darnos unos consejos que posiblemente nos ayudarán a la larga; pero si no queremos o no sabemos seguirlos, aparentemente la vida se desarrollará con toda normalidad, al menos según nuestro criterio, aunque cuando llegue la hora de comprobar, la opción de una nueva oportunidad ya no sea posible.

                   De todas maneras, mientras “vivimos la vida” lo normal es que lo hagamos llevados por la inercia de la propia vida, sin un propósito específico o una meta inmediata. Si acaso, nos marcamos algunos objetivos que normalmente no influyen de manera decisiva en nuestra forma de vida. Esta sigue fluyendo, incluso sin tenernos en cuenta, hasta que se cumpla de forma irremediable su ciclo completo, siempre distinto en su monótona igualdad. Pero, si hemos de recorrer una ruta siempre desconocida, bueno será que lo hagamos con unos puntos de referencia seguros que nos ayuden eficazmente en nuestro inseguro caminar.

 

EVANGELIO
                           "Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc.: 6, 27-38)
 

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
 

    ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.
La medida que uséis la usarán con vosotros.
                                                                                            Palabra del Señor.

 

DOMINGO  7º  T. ORDINARIO     Lc.: 6, 27-38

 

                   El fragmento del Evangelio que se nos ofrece hoy es parte del núcleo central de la enseñanza del Maestro. El mensaje que en este pasaje lanza Jesús se hace no sólo difícil de llevar a cabo, sino que incluso se hace difícil entenderlo y asimilarlo.

·        Amar a tu enemigo.

·        Hacer el bien a quien nos odia.

·        Bendecir a quien nos maldice.

·        Orar por los que nos injurian.

·        Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra.

·        Al que te quite la capa, déjale también la túnica.

·        A quien te pide, dale.

·        Al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

·        Tratad a los demás como queréis que ellos os traten…

 

El programa es para quitar el sueño a cualquiera y para hacernos reflexionar y darnos cuenta que con nuestras solas fuerzas es prácticamente imposible llevarlo a la práctica. Es un programa que nos hace reflexionar y darnos cuenta de que necesitamos ayuda y no de cualquier tipo sino una ayuda importante, sobrenatural, divina, en suma.

El fragmento  del evangelio que la Iglesia nos presenta para nuestra consideración el domingo presente junto con el del domingo pasado son el corazón de la enseñanza del Maestro, de su  mensaje a los hombres para que estos recobren su dignidad y su categoría de hijos de Dios. Pero le vamos a necesitar, como ya he comentado, desde el principio si queremos llevarlo a cabo. Eso servirá para nivelar un poco la balanza cuando caigamos en la tentación de considerarnos “buenos” y hayamos de admitir que no todo es mérito nuestro sino que siempre nos vendrá bien un “empujoncito”.

 

- TIEMPO DE CUARESMA -

 

MIÉRCOLES DE CENIZAS

 

EVANGELIO
                      

Lectura del santo Evangelio según San Mateo  (Mt 6,1-6.16-18.)
 

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
    Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

    Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
    Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
    Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
    Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
                                                                             Palabra del Señor

 

Mt.: 6,1-6.16-18

 

                   Comenzamos el tiempo de Cuaresma recordando nuestra pobre condición: polvo somos y en polvo hemos de convertirnos. Así como la madre Iglesia nos recuerda nuestra humilde condición, el Maestro nos da una serie de pautas para que tratemos de vencer ese vicio tan común en el hombre: el de la soberbia, el aparentar, la ostentación, el querer, en definitiva, ser admirado y sentirnos por encima de los demás.

         Eso, que ocurría en tiempos de Jesús, sigue ocurriendo en nuestros días. Posiblemente no utilizamos las mismas excusas, como el hacer oración o dar limosna, pero sí otras muchas y de índole muy variada.

 

                   El hombre se sabe superior a la mayoría de seres creados y le gusta pavonearse de ello y, sobre todo, le gusta hacerse notar y reconocer por aquellos que le son más cercanos. Por eso seguimos intentando ser reconocidos en nuestro entorno y tenidos en cuenta como personas no sólo importantes sino, incluso, imprescindibles en la mayoría de actividades que supongan un reconocimiento público o que vayan a ser conocidas por gran número de personas. ¡Nos encanta destacar!

         Pero el Maestro nos aconseja que hagamos todo lo contrario, que cuando demos limosna no se entere nuestra mano izquierda de lo que hace nuestra derecha. Cuando hagamos oración que sea desde el fondo de nuestro corazón como humilde ofrenda a nuestro Padre que ve en lo profundo de nuestra alma.  Pero entonces… ¿Dónde está la gracia?... Si no lo va a ver nadie ¿para qué sacrificarnos?...

         Eso es lo que sigue sin entrarnos en la cabeza. Nuestros esquemas no están conformados con los de Dios, por eso nos cuesta tanto admitirlos y, en el mejor de los casos, hacemos aquello que se nos dice pero sin llegar a entenderlo, por simple cortesía; perdiendo de esta manera el mérito que puedan tener las cosa que se hacen por convencimiento.

 

                   Ha llegado el tiempo de la Cuaresma, tiempo fuerte que hemos de aprovechar para la preparación profunda del misterio que se nos avecina, núcleo de nuestra fe: la Pascua de la Resurrección. Que nuestra limosna sea un servicio a los demás y a nosotros mismos que nos ayude a valorar y dar gracias por lo que tenemos y a no ambicionar riquezas. Que nuestra oración nos enseñe a poner en manos de Dios nuestra vida y nuestra esperanza y que nuestros sacrificios y ayunos o privaciones de tantas cosas superfluas nos hagan ver que no sólo se vive de pan, sino que la Palabra puede ser para nosotros un alimento más valioso y deseable que todos los manjares reunidos.

                   Retirado en lo profundo de mi interior, sólo se me ocurre decir: ¡Gracias, Señor!.

 

 

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                          "El Espíritu le iba llevando por el desierto. Y era tentado."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 4,1,13.)
 

    En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y a final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó: -Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y e dijo: -Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mi me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tu te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó: -Está escrito: «Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate e aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le contesto: - Está mandado: «No tentarás al Señor tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
                                                                                                              Palabra del Señor.
 

 

DOMINGO 1º DE CUARESMA  Lc.: 4, 1-13

 

         Jesús se dispone a iniciar el tramo final de su cometido y para eso nada mejor que una intensa preparación.

         Los atletas, ante una competición importante, se concentran en un lugar apartado, fuera de todo bullicio y allí, a solas consigo mismos, suelen poner a punto sus capacidades para la prueba que se les avecina.

         Jesús, como campeón y líder que ha de defender la prioridad del amor del Padre por encima de cualquier otra consideración hacia los hombres, se prepara concienzudamente y también lo hace en un lugar apartado, en el desierto, con la carga semántica y de significación que la palabra “desierto” tiene en las escrituras. No sólo se trata de un paraje en sí desolado y con escasas posibilidades para el desarrollo de la vida, sino que se trata de un estado en el que la persona se enfrenta a sí misma sin más interferencias. Jesús se “desnuda” anímicamente ante el Padre, purifica sus propias inclinaciones, acepta el programa del Padre propuesto desde el principio de los tiempos y decide firmemente llevarlo a cabo por el amor que profesa al Padre y a su criatura predilecta: el hombre.

         Como todo atleta, terminada su concentración, vuelve a ser, digamos para entendernos, “normal”, es decir que vuelve a sentir las acuciantes necesidades que la propia naturaleza impone, sobre todo  hambre y sed. Y, valido de eso ¡pobre iluso! El diablo intenta llevarle a su terreno y vanagloriarse así de que ha dominado nada menos que al Cristo, al Hijo predilecto de Dios Padre. ¡¡Pobre diablo!! Nunca mejor dicho.

         Como ve que mediante las necesidades de orden material, como son la comida y la bebida no tiene éxito, lo intenta con algo más sutil y atractivo como son la riqueza y el poder, pero… tampoco. Está visto que no tenía su mejor día el pobre diablo.

 

       Esto, que puede sonarnos como a cuento didáctico, para que tomemos conciencia de la existencia del mal y de su enorme poder, sigue ocurriendo todos los días. A diferencia de muchos de nosotros, el diablo sí sabe que tenemos un inmenso valor para nuestro Padre, sabe que, mediante el bautismo, somos hijos de pleno derecho de Dios y si no lo consiguió con nuestro Hermano Mayor, mucho mejor preparado que nosotros, no deja por eso de intentarlo constantemente con todos y cada uno de nosotros. Tenemos un ejemplo a quien imitar y ciertamente nos podremos encontrar en nuestro “desierto” con frecuencia, pero no debemos perder nunca la perspectiva y saber que, por encima de todo, somos hijos de Dios.

 

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                                 "Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 9,28b-36.)
 

    En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria; hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: -Maestro, ¡qué hermoso es estar aquí! Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el escogido; escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
 

                                                                                                                 Palabra del Señor.

 

 DOMINGO 2º DE CUARESMA    Lc.: 9,28b-36

 

                   Jesús se lleva a tres de sus discípulos con él a la montaña para orar. Se lleva a los tres apóstoles que en Getsemaní estará más cercanos a él, para que, en su momento, recuerden lo que ya vieron y no se extrañen de lo que se avecina.

         En el Tabor tienen estos apóstoles ocasión de comprobar el poder de la oración, la capacidad de transformar que ésta tiene. Al mismo tiempo tienen conocimiento de lo que en pocas fechas ocurrirá y que ellos no quieren entender por más que Jesús intenta repetidamente explicárselo. Tampoco en esta ocasión parece que se han enterados. Ellos están emocionados por lo que han visto y por lo bien que se han encontrado. Han sentido la agradable sensación que supone la presencia de Dios y todo lo demás queda en segundo plano; por una vez creo que es comprensible y creo que a cualquiera de nosotros nos hubiera sucedido lo mismo y si no, recordad esos momentos de interiorización intensa en los que sentimos la presencia de Dios ¿ no nos parecen enormemente tranquilizadores? ¿no sentimos una paz interior difícilmente explicable? Pues eso mismo, en grado superlativo debieron sentir estos tres apóstoles que tuvieron la suerte de experimentar la presencia del Padre desde tan cerca. La intención de Jesús posiblemente fue transmitirlos la información de su próxima muerte en Jerusalén, para que de este modo se cumplieran las escrituras así como el plan trazado por el Padre desde el principio de los tiempos, cuando pensó en la redención del hombre antes, incluso del castigo impuesto por su desobediencia.

Jesús se manifiesta como lo que es, el Hijo predilecto de Dios, y los más grandes antecesores del pueblo judío se manifiestan cambiando impresiones con él, reconociéndole como superior a ellos. Los apóstoles no saben, no se explican la que están viendo, pero experimentan un bien estar que aunque incomprendido les agrada. La presencia divina les sobrecoge, pero les agrada, de tal manera que manifiestan su disponibilidad para construir tres refugios para los tres insignes protagonistas del evento; ellos no cuentan, se encuentran pagados de sobra con lo agradablemente que se encuentran.

 

                   Jesús sabe lo que le espera. Saben que serán días y momentos duros y, como cualquiera, prefiere estar rodeado de alguien en quien confiar, de amigos leales en quien apoyarse cuando lleguen las terribles situaciones por las que habrá de pasar, por eso se los lleva consigo a la montaña, para que vean su gloria y la recuerden cuando estén en aquel otro montículo y la desolación no se apodere de ellos. Siempre pensando en los demás, siempre.

 

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                          "Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 13,1-9.)
 

    En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: -¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador: -Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó: -Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.
 

                                                                                     Palabra del Señor.

 

DOMINGO 3º DE CUARESMA  (Lc.: 13, 1-9)

 

    Algunos de los asiduos oyentes de Jesús vienen preocupados a darle a conocer una noticia preocupante, pero el Maestro no se alarma y trata de mostrarles, una vez más, cómo de profundo es el amor de Dios por el hombre.

 

        Les pone una parábola con la que intenta explicárselo de una forma sencilla y a ellos que forman parte de un pueblo agrícola y ganadero no debe costarles mucho entender el símil.

        La higuera es un árbol común en los países mediterráneos y una ayuda en la alimentación con sus frutos frescos o desecados. Por eso, si una higuera no da frutos ¿para qué conservarla?, pero el cultivador del campo que como el pastor de un rebaño también conoce a sus árboles, intercede por la higuera baldía y sugiere al dueño del campo que la deje otro año, él se va a esmerar en su cuidado y tal vez de frutos, total para cortarla hay tiempo. El dueño del campo se deja convencer, ¡es tan bonita aquella higuera…!

        Lo mismo sucede con el Dios Padre que Jesús-Cristo se empeña en enseñarnos. Nosotros ya conocíamos a Dios. Él mismo se había presentado y se había definido en la zarza ardiendo:”Yo soy el que soy”. Pero Jesús nos muestra otra faceta del Padre. Para él no es sólo el Dios todopoderoso, el Dios celoso de otros dioses, el Dios de la justicia y del conocimiento absoluto. Jesús nos muestra una faceta desconocida y maravillosa del Padre: la faceta del amor. Dios es un Padre amoroso que antepone la necesidad de querer a cualquier otra. El ama tanto a sus criaturas que el perdón forma parte de su propia naturaleza. Ese es el Dios que Jesús intenta mostrarnos, sirviéndose para ello de cualquier parábola, de cualquier símil que hiciera posible que esta idea y esta realidad fuera comprendida por todos. De ahí la parábola de la higuera. El dueño del campo, ante la súplica del labrador, concede una nueva oportunidad al árbol para que de fruto antes de ser cortado por inútil.

        Nosotros con frecuencia pedimos una nueva oportunidad. Cuando fallamos y somos conscientes de ello, el movimiento de pesar que sentimos nos lleva a pedir una y otra vez una nueva oportunidad y siempre se nos concede ¿por qué? Tal vez nuestro Padre Dios no sepa negar lo que le pedimos porque el gozo que le produce esa petición anula todo posible recuerdo de castigo por los fallos cometidos. ¡Qué hermoso es el amor de Dios! Y ese amor del Padre es el que Jesús quiere mostrarnos esta maravillosa faceta del Padre; ¡démosle ese capricho! ¡se lo merece!.

 

 

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                                      "Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido."
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 15,1-3.11-32.)
 

    En aquel tiempo se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: -Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola: -Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: -Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces se dijo: -¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».
Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: -Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.
Pero el padre dijo a sus criados: -Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado.
Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Este le contestó: -Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.
El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre: -Mira: en tantos anos como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
El padre le dijo: -Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado.
                                                     Palabra del Señor.

 

Evangelio  4º DOMINGO DE CUARESMA  Lc.: 15, 1-3.11-32

 

                   Lucas, como siempre, nos pone en situación con pocas palabras: “Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores para escucharle”. Ya tenemos el auditorio mayoritario de que disponía el Maestro: publicanos y pecadores. Por eso les pone un ejemplo que sería fácilmente comprendido por sus oyentes. No es un caso aislado. Ni entonces ni ahora en nuestros días. Ellos seguramente lo entendieron sin dificultad, sin necesidad de prolijas explicaciones.

                  

                   Jesús se propone explicar la diferencia de calidad de vida que se produce al estar en la casa del padre, aunque sea con escasos medios materiales, a la que se puede encontrar fuera de ella con cuantiosos medios que pronto llegan a esfumarse.

 

                   La situación, presentada con sencillez, es comprendida por todos, pero de una manera intuitiva, ya que la diferencia es demasiado evidente. Nosotros debemos ir más allá. Mirar con más profundidad. Darle perspectiva a nuestra mirada. Profundidad a nuestro escrutinio.

         De una situación cómoda, aunque no percibida, el chico de la parábola pasa a encontrarse en una situación límite, mísera y denigrante. Ha perdido la esperanza porque tiene el convencimiento de que su obrar no ha sido el correcto. Tiene “conciencia” de su falta, aunque sea una “mala conciencia”, pero la tiene.

         Cuando se encuentra a solas con los cerdos a los que apacenta no puede evocar los tiempos en que se encontraba en casa de su padre y los momentos tan gratos entre los que se desarrolló su existencia y allá a lo lejos, muy lejos y muy profundo, le parecía escuchar la voz de su padre, aquella voz que nunca olvidaría por mucho tiempo que pasara, que le decía: Hijo mío, ¿dónde estás? ¿Cuándo volverás?. Te estoy esperando con mis brazos abiertos. Pero luego parecía despertarse de su ensimismamiento y la cruda realidad le demostraba que su situación no tenía nada que ver con sus sueños.

         Él había exigido a su padre su parte de la herencia. Él, libremente, había escogido dilapidarla en fiestas y saraos. ¿Con qué cara podía plantearse siquiera retornar a la casa de su padre? Pero un día parece que la luz penetró un poco más profundamente en su razón e intuyó el amor que su padre le profesaba. Fue como una sensación placentera, aunque un poco difusa pero que poco a poco iba tomando cuerpo y lo curioso es que este sentimiento no le desagradaba. Esta sensación fue tomando cuerpo. El joven fue comprendiendo poco a poco que el amor que su padre le profesaba estaba por cima de cualquier reproche que él pudiera imaginarse que recibiría, en vista de lo cual tomó la mejor decisión que podía tomar: volver a su casa, volver con su familia.

        

Desde lejos le ve venir el padre. La perspectiva del amor llega mucho más allá que la del arrepentimiento. La supera, la sobrepasa, podríamos decir que la presiente antes de verla. Cuando el encuentro se produce antes ha sido precedido por la inmensa alegría que experimenta el oteador del horizonte… el padre.

El encuentro gozoso se traduce en fiesta y algazara, pero ¿Y su hermano? La primera reacción es humana y como tal es fácil de entender. Pero la que no nos cuenta Lucas es la reacción que le sigue, una vez que el padre habla con él y le hace ver la alegría que proporciona el perdonar y aceptar al hermano, con todos sus defectos, con todas sus limitaciones, con todas sus faltas… Sin duda que también disfrutó de la fiesta y de la compañía del hermano al que consideraban perdido para siempre. De nuevo el amor del Padre, ofrecido sin condiciones, gana la batalla. Es la nueva faceta que Jesús se empeña en mostrarnos.

 

 

 

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

 

EVANGELIO
                                "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra."
 

Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 8,1-11.)
 

    En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los letrados y los fariseos le traen una mujer sor prendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: -Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices?
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: -El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último. Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó: -Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?
Ella contestó: -Ninguno, Señor.
Jesús dijo: -Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.
 

                                                                                Palabra del Señor.

 

DOMINGO 5º DE CUARESMA    Jn.: 8, 1-11

                   El evangelista Juan, con su característica finura, nos pone ante nuestros ojos hoy un pasaje difícilmente igualable en lo tocante a delicadeza, elegancia, respeto, delicadeza, altura de miras, grandeza de espíritu… y todos los matices que podamos añadir a la exquisitez del trato dado por Jesús a la mujer que le presentan para que la juzgue; y no sólo a la mujer en sí misma, sino a la situación completa que la ha llevado a encontrarse en aquellas circunstancias.

                   Se nos pone en consideración la dualidad que preside  nuestras vidas. Por un lado, la visión mutilada, raquítica aunque sea con buena intención que guía la mayoría de nuestras actuaciones. Somos muy amigos de juzgar y, sobre todo, de condenar; con muy buenas intenciones, pero condenar; por el bien del otro, pero condenar.

                   Por otro lado está la visión de Jesús. Visión que está presidida por el amor, por la misericordia ante el pecador que se siente culpable no sólo por la acción cometida, sino por el sentimiento de culpa asumido y que, en ocasiones, pesa mucho más que la falta misma.

                  Y el amor, la comprensión, la dulzura que se hacen interrogantes: ¿Dónde están los que te condenaban? Tampoco Yo te condeno. Ve y no peques más. Se libre, disfruta del amor del Padre y gózate con su misericordia.

                   Permitidme que hoy lo dejemos aquí ¿Qué podemos añadir nosotros que sea más elocuente que la actitud del Maestro? Sólo nos queda, una vez más, decir: ¡Gracias, Señor!.

 

 

 

- SEMANA SANTA -

 

 

DOMINGO DE RAMOS      Lc.: 22, 14-23,56

               Jesús está a punto de concluir su periplo trascendental. Se aproxima el final del ciclo y parece que apenas si se ha conseguido una mínima parte del programa preestablecido, al menos esa es la sensación que flota en el aire…

         Una gran multitud sigue al Maestro. La bullanga y el jolgorio son como un somnífero que hiciera su efecto embotando los sentidos de aquella multitud que se deja llevar por sus impulsos más primarios.

         Los discípulos, siguiendo las indicaciones del Maestro, han traído un borrico. Lo aparejan con sus mantos y el Maestro se sube al animal iniciando un paseo ¿triunfal? entre una multitud de vociferantes seguidores que le aclaman con los apelativos reservados al Mesías, si bien se mezclan con los vítores al uso utilizados para recibir a sus reyezuelos o al capitoste romano de turno. Aquello es un tumulto que no pasa desapercibido a los jerifaltes del templo que se sienten incómodos con el Galileo que no tiene pelos en la lengua y que la utiliza como un látigo silbante contra ellos. Tal vez esa circunstancia les dará una oportunidad de vengarse de Él. Le tienen unas ganas…

                   Esto es lo que el bueno de Lucas nos cuenta, intentando ser lo más fiel posible al relato que él mismo recibió. A nosotros nos sirve para tener un conocimiento bastante concreto de lo que pudo suceder en aquella mañana que el evangelista nos evoca. Lo que me hace pensar y es lo que me gustaría comentar con todos vosotros, es la actitud del Maestro. Él no era amigo del protagonismo, no le gustaba llamar la atención, eludía el baño de multitudes siempre que le era posible y ahora, en esta ocasión, parece buscarlo, provocarlo… Raro, ¿no?.

         Hace su entrada al estilo de los generales romanos cuando volvían victoriosos de alguna batalla importante, sólo que cambia algunos “detalles”, por ejemplo: no monta un brioso caballo, sino un humilde borriquillo. No se hace escoltar por un vistoso séquito, sino por una vociferante y variopinta multitud. No es del agrado de todos ya que algunos fariseos le hacen notar que sus seguidores gritan demasiado… ¿Casualidad?... Yo creo que no. Él sabía perfectamente lo que le esperaba; no en vano venía anunciándolo repetidamente y no quería que nadie pudiera llamarse a engaño sobre su aceptación voluntaria de la situación futura inminente. Va a demostrar que puede actuar y presentarse como un rey y, sin embargo, aceptará la situación de un malhechor, agobiado por una carga ancestral de la humanidad que sólo Él puede arrastrar para conseguir redimirla. En fin, sólo me he atrevido a esbozar lo que pudo pasar por su corazón en los momentos anteriores de lo que se le avecinaba y que Él, desde el principio de los tiempos, había aceptado para asumirlo sin reservas, con todas sus consecuencias.

                   Todo este cúmulo de circunstancias va a servir a los dirigentes políticos y religiosos para tener una ocasión estupenda y poder quitarse de encima a aquel galileo incómodo.

                   Este hecho, salvando todas las diferencias que haya que salvar, puede servirnos de paradigma para muchas situaciones que se nos irán presentando a lo largo de nuestra vida. También nosotros nos sentiremos tentados de utilizar en nuestro propio beneficio cualquier situación que se nos muestre propicia para satisfacer nuestros propios intereses, aunque sean situaciones dignas de mayor respeto.

                   Bien, creo que me habéis entendido. Posiblemente el Maestro iba mucho más allá, pero eso no quiere decir que no hubiera pensado alguna vez como lo hemos hecho hoy nosotros ¿No os parece?.

 

JUEVES  SANTO   Jn.: 13, 1-15

                    Por fin hemos llegado a la parte final del viaje iniciático comenzado allá en Caná, en un alegre día de bodas en el que se brindó con un buen vino. Hoy también habrá vino en la cena que el Maestro está celebrando con sus íntimos y un vino que llegará hasta nuestros días convertido en su sangre vivificadora y que seguirá dando vida a los miembros de su Iglesia por los siglos de los siglos. El vino, signo de alegría en la mayoría de las culturas, se hace para nosotros señal de vida, fruto de un amor intenso que fluye “sine die” desde el corazón de Dios hacia los hombres. Bien podríamos decir que hoy conmemoramos el día del Amor Gratuito, del Amor, sin más.

                    Estamos en plena “Semana Santa”. En nuestra cultura occidental es la celebración nuclear del cristianismo, como religión y como filosofía. Sin embargo podemos observar que en un porcentaje muy elevado de los que nos denominaos “cristianos” estos días de asueto se dedican a eso, al asueto; a las vacaciones en distintos sitios: playa, montaña, ciudades extranjeras… Pocos, en comparación con los anteriores, dedican estos días a la meditación y a la profundización en los misterios de eso que, en definitiva, justifica este periodo vacacional.  Esta es la realidad, pero la cosa no queda aquí sino que con frecuencia, aunque gracias a Dios cada vez menos, no nos limitamos a comentar este hecho sino que lo condenamos por impropio de “buenos cristianos”. Nos parece poco respetuoso el que algunos se estén divirtiendo mientras recordamos los terribles momentos en los que se llevó a cabo nuestra liberación de la culpa para siempre. ¿Qué pensará el Maestro de esto?. Realmente no lo sabemos, pero yo me atrevo a creer que si se lo planteáramos seriamente, cara a cara, posiblemente se sonreiría y nos diría: Como siempre, no os enteráis de nada. Y creo que tendría razón. Podría decirnos que si en tan poco valorábamos la entrega total, la entrega hasta la muerte del Hijo de Dios. ¿Acaso no había sido suficiente pago el establecido en el Gólgota? ¿Había que pagar algo más para que sus hermanos pudieran disfrutar libremente sin escandalizar a otros hermanos? Permitidme pensar que el pago fue más que suficiente, así como que el ser hijos de Dios nos concede ciertos privilegios que no deben empobrecerse por nuestra cortedad de vista. Desde que el Maestro decidió entregar su vida por nosotros, adquirimos una dimensión distinta ante los ojos del Padre. Disfrutemos todos de nuestra privilegiada posición, sin menoscabarla con cortedad de miras, sin pretender poner cortapisas a la actuación de los demás, so capa de moralidad. ¡Por Dios!.

 

VIERNES   SANTO          Jn.: 18, 1-19, 42

                Ha llegado el final del camino. La preparación ha terminado, sólo queda la consumación, el acto supremo. Como en todo acto supremo la soledad es uno de los componentes que nunca faltan; tampoco esta vez fue tarda a su cita. Ya están solos los dos: el Justo, el Inocente y las culpas de la humanidad. Todo ello envuelto en una negra y espantosa soledad…

                    Los pasajes evangélicos a fuerza de ser escuchados, leídos, una y otra vez, pueden perder para nosotros parte de la fuerza de su mensaje. Tratemos hoy de verlos, de oírlos con ojos y oídos nuevos. Apartemos en la medida de lo posible esos sentimientos que provocan en nosotros el contemplar tanto dolor, tanto en Jesús que muere entre atroces sufrimientos, como en su madre y en los que le siguen de cerca que se ven impotentes para aliviarle, aunque sólo fuere con una palabra de aliento.

         Veamos, entre tanta desolación, la luz que brilla cegadora, la inquebrantable resolución del Amor que siembra en el mundo una nueva esperanza para todos los hombres.

         Veamos, por fin, la victoria del Amor sobre la Muerte y el Pecado. Todo se había hecho y se había hecho bien, por eso Jesús puede exclamar: “Consumatum est”

 

 

- TIEMPO DE PASCUA -

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN      Lc.: 24, 1-12

                  Por fin estamos en “el primer día de la semana”; así nos lo dice Lucas en su relato, pero yo me atrevería a decir que estamos “en el primer día de una nueva vida”, se ha producido una auténtica resurrección no sólo de Jesús, sino de la creación entera, de todo lo que vive, entonando de este modo un canto de alabanza al Viviente. El amor de Dios puesto en juego en la contienda ha sido infinito, la lucha ha sido encarnizada, feroz, y la victoria, a la medida del Campeón, ha sido infinita, completa, total… por lo tanto la recompensa debe estar a la medida, por eso me atrevo a decir que la creación entera, como trofeo legítimo resucita hoy junto con El Cristo, aunque no sea consciente de ello en una gran parte de sus componentes. Y digo que resucita, no que vuelve a la vida que tenía antes de morir sino que comienza una vida totalmente nueva, con coordenadas espaciotemporales distintas, con su carga afectiva y emocional totalmente nueva para que podamos llenarla a nuestra medida y la proyectemos según la dirección que libremente elijamos.

                   Hoy es el día más importante, el que justifica todo lo sucedido en el Triduo Santo, para el mundo cristiano. La razón de mi afirmación nos la da San Pablo: “Cristo ha resucitado” “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicia de los que durmieron…” Esta es la razón y, como os decía antes, no se trata de un retomar la vida anterior a la muerte, sino del acceso a una vida totalmente nueva, de una auténtica resurrección. Esto es lo que Pablo quiere trasmitirnos en el capítulo 15 de su primera carta a los Corintios.

         Nosotros tenemos ahora un tiempo litúrgico lleno de alegría por el gran acontecimiento ocurrido y que nos permitirá ir tomando conciencia, poco a poco, de nuestro nuevo estado recién adquirido. Sólo nos queda decir: ¡Gracias, Señor!.

 

2º DOMINGO DE PASCUA    Jn.: 20, 19-31

                 El pasaje del Evangelio de hoy se lo debemos a Juan y, como ya sabemos, con este evangelista hemos de estar muy atento a las pistas que va dejando en su relato. No hay ni un solo vocablo dicho al azar. Todo tiene su significado, sólo hemos de estar atentos y descubrirlo. El evangelio de hoy no podía ser distinto y así vemos que comienza diciendo: “Al anochecer aquel día…” y de esta manera comienzan las claves del evangelista. Aquí no sólo trata de indicarnos la hora del día, sino el estado de ánimo que embargaba a los que se encontraban reunidos “con las puertas cerradas, por miedo a los judíos”  y aquí tenemos un refuerzo de la clave anterior. Realmente tenían miedo; la dura prueba de la muerte del Maestro está muy reciente y cualquier ruido les sobresalta hasta el extremo de hacerlos palidecer. Por eso Jesús, con la dulzura y exquisitez de que sólo Él sabía emplear cuando el momento lo requería, al presentarse ante ellos lo hace con un saludo tranquilizador y transmisor de serenidad: La paz esté con vosotros. Este será de ahora en adelante el saludo con que se dirigirá a sus discípulos cada vez que se reúna con ellos.

         No estaba con ellos Tomás y estaban deseando que viniera para decirle la noticia asombrosa de la resurrección del Maestro y Juan, una vez más, utiliza su relato para marcarnos otra clave que yo diría es crucial en el desarrollo de la fe en Cristo. Como digo, Juan utiliza la clave de la duda de Tomás para presentar una prueba irrefutable de la resurrección de Jesús. Previendo el comportamiento de muchos futuros creyentes, pone en boca de Tomás la postura pragmática más lógica y sencilla: si no veo, no creo; y de nuevo sale a flor de piel el cariño de Jesús por los suyos; en la siguiente reunión le dice a Tomás, ¡pero hombre, amigo Tomás, cerciórate de que soy yo realmente! Y ante el estupor del escéptico discípulo le asegura: Dichosos de los que sin ver crean

              También hoy Jesús hace un fabuloso regalo a sus discípulos, les otorga la facultad de perdonar los pecados. Otra de las claves que nos da el evangelista, clave que casi dos mil años después aplica un doctor llamado Freud y le catapulta a la fama internacional con su famoso psicoanálisis (confesión) que tantos problemas de toda índole había mitigado.

         El perdón de los pecados va un poco más allá porque no sólo implica el reconocimiento de la culpa, sino que proporciona la paz y la tranquilidad de saber que Aquel a quien hemos ofendido olvida la ofensa recibida, de tal forma que se nos brinda la oportunidad de comenzar de nuevo, sin mancha alguna, sin tachones en nuestro historial, sin menoscabo en el amor que nos profesa. ¡Menudo regalo! .

         Este es el Cristo al que seguimos. Este es el Hijo de Dios que se erigió en el primero de nosotros, el que asumió nuestras culpas y el que pagó el precio con creces.         A la vista de esto, sólo nos queda decir, una vez más, ¡Gracias, Señor!

 

DOMINGO 3º  DE  PASCUA    Jn.: 21, 1-19

                Por tercera vez se presenta Jesús ante sus discípulos desde su resurrección y es muy significativo que lo haga en el mismo sitio en el que tuvo contacto con ellos por primera vez y en circunstancias similares – no olvidemos que el narrador es Juan – lo que nos da a entender que no es por azar el que así ocurran las cosas.

         Cuando por primera vez Jesús pide a algunos de sus discípulos que le sigan, les promete que les hará pescadores de hombres. Esta vez se reúne con ellos para confirmar, para hacer efectiva aquella promesa; esta vez les manda a predicar la Buena Nueva a todos los hombres y nombra a Pedro, en unión con todos sus compañeros, responsable de esa “Ecclesia”, de esa gran comunidad de creyentes que ha de difundirse por toda la tierra. Jesús escoge, las dos veces, las orillas del mar de Tiberiades, el lago sustentador de la vida de todos los pueblos ribereños. Curioso, ¿no?.

         Podríamos reseñar la intuición del discípulo “que Jesús tanto quería” o la vehemencia de Pedro, incapaz de esperar en la barca a llegar a la orilla. Pero no vamos a entretenernos en esos puntos de vista, de todos conocidos y más de una vez meditados. Pero sí podemos pensar en la triple pregunta que Jesús dirige a Pedro y que, aún hecha sin intención de herir, tiene la virtud de hacerle recapacitar y rememorar su triple negación, haciéndole patente la vanidad de la confianza en las propias fuerzas cuando se trata del “negocio de lo divino”, que diría nuestro paisano Pedro de Alcántara.

         Pero es lógico que se den estas circunstancias. Son nuevos en estas situaciones, como nos ocurre a nosotros en nuestra nueva realidad. Hemos de acostumbrarnos a ser hombres nuevos y , por ello, no es de extrañar que en determinadas ocasiones no sepamos muy bien cómo actuar, pero contamos con una ayuda inestimable y estoy seguro que sabremos aprovecharla.

 

DOMINGO  4º  DE PASCUA     Jn.: 10, 27-30

                    “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco…”  Con estas palabras podríamos relacionar nuestra relación con Jesús: “Yo las conozco…” Es decir que nuestra salvación, nuestra relación de hijos predilectos no nos viene por la ley y su cumplimiento, sino que nos viene directamente de Jesús, es una relación totalmente personal y única. Jesús es el Buen Pastor, pero no es un pastor cualquiera; no es el pastor de un rebaño, por muy selecto que este pueda ser; no. Es mi pastor y el de cada uno de nosotros en particular. Este hecho, lejos de hacernos sentir ufanos, que también, nos ha de hacer sentirnos mucho más responsables al sabernos contemplados cuidadosamente, no tanto para ver si fallamos en algo cuanto para ayudarnos en todo aquello que podamos necesitar.

                   Las lecturas de hoy nos presentan las dificultades con las que se encuentran los primeros difusores de la Palabra. A día de hoy esas dificultades siguen presentándose y, con harta frecuencia, se repiten las viejas fórmulas y personas “piadosas” no dudan en poner todas las trabas a su alcance para impedir la difusión de la Palabra.  Pero aún con todas las trabas que puedan presentarse, no podemos olvidar la visión que nos narra Juan en el Apocalipsis: Yo, Juan, vi una muchedumbre  inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

         Los destinatarios de la Palabra formarán un ingente rebaño que se moverá a los impulsos de la voz conocida de su Pastor, que les hará recostar en verdes praderas, por los siglos de los siglos.

 

DOMINGO 5º DE PASCUA       Jn.: 13,31-33ª.34-35

                Vivimos en un mundo en el que se dan infinidad de contrastes, de contradicciones y, como no, de injusticias. Con frecuencia oímos retumbantes discursos que nos hablan de proyectos estupendos que, de llevarse a cabo, terminarían con el hambre, con la enfermedad, con la mortandad infantil en el llamado tercer mundo. Proyectos, propuestas, palabras… Pero todo continua lo mismo en el mejor de los casos, aunque a veces empeora de forma alarmante e imparable, por lo tanto no son palabras, por muy hermosas que sean, lo que necesitamos. La respuesta a esta y a otras muchas necesidades nos la dio el Maestro hace más de dos mil años y aún hoy nos cuesta entenderlo y, mucho más, ponerlo en práctica. “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado” .

         Es así de sencillo y así de difícil ponerlo en práctica. De tal forma es importante este mandamiento que el Maestro cifraba en su cumplimiento el que sus discípulos y seguidores fueran reconocidos, por la forma de amarse entre si. Muchos seguidores suyos lo ponen en práctica y descubren la satisfacción interna que el hecho proporciona. A otros parece darles vergüenza poner en práctica este hermoso mandamiento y así, ellos solos, se privan de una satisfacción que difícilmente encontrarán en ninguna otra actividad.

                   Juan dice que vio un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado. Nuestra forma de sentir, tras la resurrección ocurrida recientemente, es distinta, por eso no ha de extrañarnos que lo que antes nos parecía bien, ahora lo veamos como insuficiente y mezquino; lo que hemos de procurar es no acostumbrarnos a la mezquindad, que la sorpresa siga presidiendo nuestra forma de ver las cosas y nuestras ganas de mejorarlas nos impidan permanecer inactivos. En definitiva de lo que se trata es de poner en práctica el sencillo y difícil mandamiento que el Maestro nos recomendó.

 

DOMINGO 6º  DE  PASCUA        Jn.:14, 22-23

                “El que me ama guardará mi palabra y mi padre lo amará…”  El que me ama amará también al hermano que tiene al lado, aunque haya llegado en una patera o esté recién salido de la cárcel, se encuentre en paro o su calvario sean las drogas… Ese es el Jesús que se está despidiendo de sus discípulos ante lo inminente de su partida definitiva. Este es el camino que les marca, iluminado con las llamas del amor mutuo semejante al que Él había demostrado de forma palpable. Les muestra un camino prometedor, con una meta apetecible, pero jamás les dice ni a sus amigos ni a nosotros que el camino vaya a ser de color de rosas. El suyo tampoco lo fue. Él tuvo varias caídas, provocadas por el peso y el dolor de nuestros pecados y faltas con las que generosamente cargó; por eso no debemos asustarnos si alguna vez también nosotros caemos a causa de nuestra debilidad. Él contó con la ayuda de Cirineo, nosotros tenemos la suerte de tener un Cirineo de primer orden dispuesto a ayudarnos en todo momento y en todas circunstancias.

                   La recomendación que Jesús hace a sus amigos es que pongan en práctica todo lo que Él les ha ido enseñando y de esta manera tanto el Padre como Él mismo vendrán “y haremos morada en él”. Les hace una gran promesa, les asegura la ayuda de un potente mediador que les irá recordando y haciendo entender todo lo que les ha ido diciendo a lo largo de su vida pública. También será una poderosa ayuda en los momentos de prueba que se presentarán. Nunca les promete un camino de rosas, pero sí la ayuda necesaria para recorrerlo con éxito.

                   Con frecuencia sentimos en nuestras propias carnes la dureza del camino que , por amor y mandato de Jesús, libremente hemos escogido. Se hace duro, difícil y con frecuencia se nos muestra casi insuperable. No olvidemos nunca, en esos momentos en que tenemos la sensación de encontrarnos en un pozo sin fondo, que contamos con una ayuda segura y eficaz; que sólo hemos de levantar nuestras manos con confianza y notaremos como nos impulsan hacia arriba para sacarnos de esa “noche oscura del alma”. Y el precio es bien claro y definido: “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará”… Así de sencillo, nada más – y nada menos-.

 

DOMINGO 7º  DE  PASCUA   (SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR)       Lc.:24, 46-53

                 ..Y mientras los bendecía se separó de ellos… El Maestro se ha ido. Los discípulos vuelven a Jerusalén contentos y esperanzados con la promesa de que en breve recibirán la fuerza del Espíritu de Dios que les acompañará en su peregrinar universal en el anuncio de la Palabra “a todos los hombres, hasta los confines del mundo”.

         Cuando estamos con alguien del que estamos aprendiendo, aunque ignorantes, nos sentimos seguros, al menos resguardados, por aquel de quien estamos aprendiendo. Lo malo empieza cuando nos quedamos solos y nos dicen que nuestro instructor se marcha y nos deja porque se considera que ya estamos preparados para desarrollar la acción para la que nos hemos estado reparando… Ahí es cuando los apuros se amontonan y es cuando tomamos conciencia de lo poco que sabemos, de lo que nos gustaría saber y dominar para hacer un trabajo fructífero y útil. Y el evangelista nos dice que los discípulos se volvieron a Jerusalén contentos. Y no tiene porqué extrañarnos que estuvieran contentos. Ellos palparon en directo la realidad que tenían ante los ojos y pudieron comprobar por sí mismo la autenticidad de lo que se les había dicho ¿porqué iban a dudar de lo prometido en breve? Si el Maestro lo había dicho, así sería. Esta fe sin fisuras será la que caracterice a los discípulos hasta que sean llamados a disfrutar del merecido galardón que les está concedido desde siempre.

         Esta es nuestra aspiración, ese galardón, merecido por nuestras acciones y por el cumplimiento de las recomendaciones del Maestro. Que no nos preocupe ni el color ni la procedencia del necesitado de nuestra ayuda. Que nos preocupe sólo el hacer la máximo que esté a nuestro alcance para cumplir los deseos de Jesús. Él tampoco nos va a pedir más. Estará contento y orgulloso de nosotros. También tiene derecho a sentirse orgulloso de sus hijos ¿no?.

Evangelio     DOMINGO DE PENTECOSTÉS    Jn.: 20, 19-23

                La Iglesia celebra hoy el día de Pentecostés. Es esta una palabra griega que significa cinco decenas de días, o el día quincuagésimo. Llamaban también los judíos a la fiesta de Pentecostés fiesta de las semanas, por terminar la séptima semana después de Pascua; también fiesta de las primicias, porque se ofrecían a Dios las primicias de los frutos ya recogidos. Nosotros celebramos el día en el que recibimos el Espíritu Santo, la fuerza creadora de Dios.

         A la festividad de hoy, siguiendo la tradición, la llamamos de Pentecostés y con frecuencia este nombre nos deja un tanto fríos porque no sabemos lo que se esconde tras él. Podríamos llamarle con toda razón, día del Amor de Dios. En este día lo recibimos del Maestro. Su obra se había realizado, sólo faltaba que esta comenzara a funcionar y para eso la dota de un motor imponente, fuerte y robusto, incansable y fiable, capaz de superar todos los obstáculos habidos y por haber. Un motor que como combustible utiliza el amor. Raro ¿no?. Pero a estas alturas no vamos a extrañarnos por un quítame allá esas pajas. Y yo me pregunto…: Habremos sabido utilizar esa formidable fuerza que se nos concedió? Tal vez al principio sí, pero luego, con el paso del tiempo, nos fuimos acostumbrando y, finalmente, olvidamos el procedimiento para usarla adecuadamente. Si consiguiéramos recuperar su uso estoy seguro que nos sorprenderíamos de lo que se podría conseguir sin demasiado esfuerzo. Las fronteras, ese mero trazo en un mapa que se convierte en una barrera casi imposible de franquear sin unas determinadas condiciones, tal vez desaparecerían. También creo que las pateras, esas ratoneras de muerte con el engaño de la libertad como cebo, se convertirían en un mero recuerdo de algo que fue y no debió ser. El comercio de la carne obligado por la coacción o el miedo, desaparecería dejando paso al disfrute del amor que Dios implantó en el corazón del hombre para que pudiera gozar de la dulzura que supone el intercambio generoso de sentimientos libres de egoísmos, sin horizontes limitados, sin cortapisas de conveniencias de ningún tipo… sólo teniendo como límites la consecución del bien. Y tantas y tantas cosas que se me ocurren pero que no voy a enumerar para no cansaros en primer lugar y, en segundo, para no privaros a ninguno de que podáis imaginar y disfrutar con vuestras propias situaciones sentidas en lo profundo de vuestro propio yo.

                    Ante esta perspectiva tan hermosa, sólo me queda repetir, una vez más, ¡Gracias, Señor! ¡Muchas gracias!.

 

 Evangelio  DOMINGO 1º DEL T. ORDINARIO   Jn.: 16, 12-15

                 SOLEMNIDAD  DE  LA  SANTÍSIMA TRINIDAD

                 Por boca del mismo Jesús tenemos noticias directas del trío de personas divinas que componen lo que llamamos La Santísima Trinidad. Jesús anuncia a sus discípulos que le quedan muchas cosas por decirles, pero que , aunque se las dijera ahora, no las entenderían porque no están preparados para recibir ciertas noticias. Vendrá Él, el Espíritu de la Verdad que recibirá de lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene El Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo comunicará. Aquí tenemos a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

         Mucho se ha escrito y especulado sobre este misterio de nuestra fe y mucho que se seguirá haciendo sin duda. Para los teólogos supone un reto el hacer compatible entendimiento y comprensión, porque si bien es cierto que se puede entender una cosa, cuando hablamos de comprender nos estamos moviendo en planos distintos y el tender puentes válidos entre esos planos no es tarea ni fácil ni sencilla. Pero eso es, como decía antes, para los teólogos. Esos hombres que sin duda aman profundamente a Dios pero que tienen la vana ilusión de encontrar explicaciones lógicas y consecuentes para algo que se sale de toda lógica y consecuencia y si no contestadme a esto: ¿es lógico que Dios se vuelva loco por el amor al hombre? ¿Con una locura tan sublime como para sacrificar a su Único Hijo para limpiar los errores del hombre?

         Para mí es mucho más sencillo que todo eso; la Santísima Trinidad es una faceta más de la riqueza esencial de nuestro Dios que se manifiesta a su criatura siempre de la manera más conveniente para poder ser entendido por nosotros y, en cierto modo, para no asustarnos con su majestad, por eso se nos presenta como Padre, como Hijo o como el flujo amoroso entre Padre e Hijo que hace que cualquier cosa sea posible, que ninguna empresa parezca descabellada. Esta hermosa realidad es la que celebramos hoy y, al mismo tiempo, la Iglesia tiene hoy un recuerdo especial para todas aquellas personas que consagran su existencia a la vida contemplativa y que suponen una considerable reserva en nuestras posibilidades de encontrar gracia ante los ojos de Dios cuando le pedimos, cosa que hacemos con frecuencia, y a veces no sabemos bien lo que le pedimos o no contamos con el “aval” necesario como para garantizar un éxito en nuestra empresa. Pues estos hermanos y hermanas se encargan de acrecentar esos “avales” para que podamos encontrar gracia ente los ojos de Dios, así como ser nuestros suplentes cuando se nos “olvidan” nuestras obligaciones de buenos hijos, cosa que también sucede con frecuencia. Lo que si es seguro es que contarán con nuestro recuerdo y agradecimiento en el día de hoy.

 

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Evangelio   Lc.:9,11b-17 

        Uno de los mayores dones que Jesús nos hizo es el que celebramos hoy. Celebramos el Cuerpo de Cristo, es decir, la posibilidad de una unión total y absoluta de nuestra entidad humana con la entidad completa de Jesús y, por consiguiente, con todos los hermanos que decidan unirse mediante la Eucaristía. También con la unidad al Padre por medio de Jesús y con el Espíritu que vivifica todo este proceso maravilloso.

         La presencia real de Jesús en la Eucaristía, desde siempre, ha sido motivo de discusión, incluso de escándalo; entre los mismos seguidores de los primeros tiempos, cuando el mismo Jesús les advierte que: “el que no coma mi carne y beba mi sangre, no tendrá vida eterna”. Algunos consideraron que eran “duras palabras” y se alejaron de él. Hoy sigue sucediendo lo mismo, pero no porque sus palabras nos parezcan duras, sino porque no las damos suficiente credibilidad, porque nos parecen un tanto exageradas, pensamos que en realidad no es más que una forma de hablar. ¡Así nos luce el pelo!

                   También dedicamos este domingo a tener un recuerdo especial para Cáritas y celebramos el Día Nacional de Caridad, intentando recordar, al menos un día al año, que somos unos privilegiados, que no todas las personas tienen  nuestra misma suerte que nosotros y que la felicidad de compartir lo poco o mucho que tengamos tiene hoy un especial reconocimiento.

                   El evangelio de hoy nos presenta a un Jesús preocupado por situaciones concretas y por aportar soluciones concretas. La gente que le sigue se encentra lejos de sus casas, la tarde cae y llevan todo el día sin comer y ante la pobre perspectiva que le presentan los discípulos, toma una decisión práctica: que se recuesten en grupos de unos cincuenta. Bendice el pan y los peces, los parte y manda que se repartan entre todos. Se recogieron doce cestos de sobras. Ese es el milagro que consigue el compartir, que cuando parece no ser suficiente lo que hay, puedan recogerse sobras si se sabe compartir. Por suerte vamos aprendiendo, aunque sea poco a poco. Desde aquí enviamos un aplauso y una oración por tantos voluntarios anónimos que consiguen que esa obra tan maravillosa y necesaria de Cáritas siga ofreciendo unos frutos sabrosos y agradables a los ojos de Dios.

 

DOMINGO 11 T. ORDINARIO   Lc.: 7, 36 - 8, 3      

                   Un fariseo, es decir, un hombre de cierta categoría social y bien considerado en su entorno, invita al Maestro a comer. Era una medalla más que este buen fariseo quería colgarse ya que sería un reconocimiento implícito ante toda la comunidad si el Maestro se dignaba ir a comer a su casa. Y lo hizo. Y de nuevo se muestra la delicadeza, la finura, la grandeza de ese Jesús que nunca deja de asombrarnos.

         Con enorme cariño acepta las deferencias de la mujer pecadora que a sus pies se limita a cubrir con sus besos, a regar con sus lágrimas y secar con sus cabellos la parte más humilde de su cuerpo, sus pies, porque no se considera digna de tocar ninguna otra parte, sino la más baja. La riega con perfume y a cambio de tanta adoración recibe un premio inesperado: “Tus pecados te son perdonados” “Porque amaste mucho, se te perdona mucho”… El amor, siempre el amor…

         Jesús también aprovecha la ocasión para hacer de la sobremesa una catequesis y con delicadeza le hace ver al fariseo Simón que no se debe juzgar a la ligera sin tener un conocimiento profundo de las personas y de las situaciones y le da un pequeño varapalo, cosa que casi siempre es buena, para bajarnos un poco los humos y no considerarnos tan buenos, tan por encima de los demás.

         Jesús sigue su camino, desarrollando su misión de manera sencilla; acompañado por sus amigos más íntimos y algunas mujeres que le seguían, agradecidas porque todas habían recibido alguna merced del Maestro y nos dice el evangelista que le ayudaban con sus bienes. Desde el principio Jesús nos muestra que el compartir con quien lo necesita es algo que llena plenamente. ¿Nos habremos enterado realmente de eso? Yo creo que a veces nos cuesta, nos falta la confianza necesaria para poner en práctica esta enseñanza tan hermosa del Maestro. Si consiguiéramos hacerlo de forma espontánea, sería un gran logro que nos podemos proponer para este ciclo que hemos comenzado.

 

 DOMINGO 12 T. ORDINARIO -NATIVIDAD DEL BAUTISTA-  L.: 1,57 – 66.80

                   Comienza esta narración diciendo: “A Isabel se le cumplió el tiempo y dio a luz a su hijo”  Como fruto visible de la bendición que de Dios había merecido, este niño que nace comienza siendo diferente desde el principio. Es un niño que ya en el vientre materno percibe la presencia de su Señor y por ello se alborota de júbilo. Es un niño que, sin precedentes en su familia, recibe un nombre extraño y se cría en soledad, en sus montañas natales “en el desierto”. Es un niño que será un hombre austero, honrado, sencillo… cumplidor hasta la muerte de la misión que le será encomendada.

         Volvemos al principio.”A Isabel se la cumplió el tiempo…”  Y este tiempo sin dudas había sido aprovechado y dado el fruto esperado. Isabel cumplió correctamente con el encargo que se le había hecho. Pero… ¿Y nosotros?. A todos se nos da un tiempo y unos cometidos. Sólo de nosotros depende el que esos cometidos se cumplan o no. Con frecuencia oímos la expresión: “es que no me ha dado tiempo” “es que no he tenido tiempo” “lo que me falta es tiempo”…  Cada vez que recibimos una misión concreta, ésta viene acompañada con su ración de tiempo suficiente para ser ejecutada, pero si malgastamos el tiempo… Es curioso pero casi nunca pensamos en el tiempo como en un capital limitado del que disponemos a nuestro antojo y con demasiada frecuencia de forma inconsciente. Cuando se nos cumpla nuestro tiempo, el de cada uno, se nos pedirá cuenta de la realización de los objetivos encomendados en ese tiempo concreto y posiblemente nos llevemos algunas sorpresas. ¡Ojalá sean agradables!.

                    Desde tiempo inmemorial se ha vinculado la festividad de San Juan con el fuego. Se ha tratado de explicar de múltiples formas. Se ha dicho, entre otras cosas, que corresponde a las fiestas paganas que se celebraban para recibir el solsticio de verano. Otras versiones hablan de las palabras de fuego que tenía el Bautista y que conmovían a quienes le escuchaban… Yo no sé realmente porqué será pero algo debe haber para que así haya sido conservado a través de los siglos. Hoy nos quedaremos con lo que Jesús nos dijo de Juan: “Es el mayor e los profetas, el más grande nacido de mujer, hasta que venga el Esperado”.

 

DOMINGO 13 T. ORDINARIO   Lc.: 9, 51-62

 

                El trozo de evangelio que Lucas nos narra hoy es un tanto duro, un tanto intransigente. Sin concesiones innecesarias. Aclaratorio.

                   “El Hijo del Hombre no tiene ni donde reclinar su cabeza” ¿Se puede hacer una declaración de independencia mayor? “Dejad que los muertos entierren a sus muertos” “El que hecha mano al arado y sigue mirando atrás no sirve para el reino de los cielos”. Cuando se toma una determinación ha de ser con todas las consecuencias que conlleva. No vale el ahora sí, pero luego no , porque… NO. O sí o no, pero nada más. Ya han pasado los tiempos de las niñerías. Las cosas hay que tomarlas en serio, aunque duelan, aunque cuesten, aunque no sean agradables, pero siempre serán las que nosotros hemos elegido por correctas.

 

                   Este que hoy nos presenta Lucas no es tan trasnochado. Yo diría que es el caballo de batalla de la sociedad en la que nos movemos. La mayor dificultad que presenta nuestra sociedad es la capacidad de compromiso. La mayoría sabemos lo que debemos hacer; cuál es la opción correcta, pero el asumir el compromiso es como quedarnos desarmados, sin posibilidad de escape en un momento dado. Eso es lo que no nos gusta, el comprometernos y eso es lo que pretende el Maestro enseñarnos en este pasaje. Pero aunque parezca que obra con un radicalismo exacerbado, miremos su reacción ante la insinuación de Santiago y Juan contra la aldea que no había querido recibirlos: Se revolvió y les regañó.

         Él es exigente, pero respetuoso con la libertad de los demás. Él expone el camino a seguir, la decisión final siempre será nuestra.

 

DOMINGO 14 T. ORDINARIO    Lc.: 10, 1-12.17-20

                    Parece ser que el tiempo de preparación teórica ha terminado. El Maestro considera que ha llegado el momento de poner en práctica lo aprendido. Envía a un gran número de discípulos para que de una forma práctica lleven a cabo las enseñanzas recibidas. Les hace las últimas consideraciones, les da las últimas instrucciones y les envía por todos los pueblos y aldeas a predicar la Buena Nueva, la inminencia del reino de los cielos. Les da poder sobre el mal y les recomienda unas determinadas formas de actuar y, como buen maestro, espera los resultados para hacer las correspondientes evaluaciones.

         ¡Qué alegría! ¡Qué sorpresa! ¡Parecía increíble! ¡Hasta los demonios se nos sometían! Creo que los más sorprendidos eran  los mismos discípulos. Me hubiera gustado ver la cara de Jesús cuando los contemplara, todos alrededor de un fuego y contando cada uno sus experiencias vividas con una intensidad insospechada para ellos mismos. Su cara debía ser de una enorme satisfacción, como si les diera ¿Veis lo que yo os decía?.

 

                   Esa satisfacción es la que sentimos nosotros algunas veces cuando sentimos que hacemos las cosas bien, como deben ser y esos momentos íntimos no pueden ser valorados ni cuantificados con las medidas al uso. Por eso son tan satisfactorios y tan gratificantes.

         Jesús envía sus discípulos no para que hagan prodigios sin ton ni son, sino para que ellos mismos tomen conciencia de que todas las enseñanzas recibidas tienen una base de verdad que es comprobable por ellos mismos. Es un  ejercicio inmenso de afianzamiento de la confianza en el Maestro y en sus enseñanzas. Les hace partícipes activos de su obra salvadora, Son agentes necesarios con Jesús para que esa obra se lleve a cabo. Es uno más de los regalos exquisitos recibidos del Maestro.

DOMINGO 15 T. O.  Lc.: 10, 25-37

               Hermoso e inquietante a la vez el pasaje que Lucas pone hoy a nuestra consideración. De una actualidad rabiosa, nos demuestra que la hipocresía, la diarrea social y el deseo de destacar no es nada nuevo. Es lo mismos de siempre con la cara apenas lavada.

         El letrado le pregunta a Jesús “para ponerlo a prueba”, no con el deseo de saber o de aprender para así obrar correctamente, no. Le pregunta para intentar cazarle en un fallo que le permita, retorciendo el sentido de la respuesta, sacar las conclusiones que en ese momento le interesasen. Pero Jesús le da cancha, le lleva a su propio terreno y le contesta con una sencilla pregunta que da pie al letrado a demostrar que realmente está puesto en su menester, poniéndose en evidencia que la pregunta estaba hecha con una intencionalidad retorcida. Esto no debe pillarnos de sorpresa a nosotros puesto que con frecuencia ponemos en práctica este sistema en nuestro propio beneficio; por eso decía antes que estamos ante una situación que se repite y que nosotros sólo la lavamos la cara para intentar que parezca nueva.

                  En cuanto al ejemplo que pone Jesús para ilustrar de forma sencilla y contundente a la vez quién es nuestro prójimo, es casi mejor no “meneallo”, creo que no saldríamos muy bien parados si empezáramos a hacer comparaciones, salvando las distancias temporales solamente… Con demasiada frecuencia hay minucias que nos impiden dedicarnos a lo que realmente tiene importancia, a todos los niveles. Olvidamos con demasiada facilidad la recomendación que el Maestro hace al letrado cuando le responde que el que realmente se portó como prójimo fue: “El que practicó la misericordia con él” y la respuesta de Jesús es simple y sencilla: “anda, haz tú lo mismo”.

 

Evangelio DOMINGO 16 T. O.   Lc.: 10, 38-42

 

        Cortito el pasaje de hoy aunque sabroso. Dos posturas ante la misma situación, dos maneras de ver las cosas, dos concepciones, en definitiva, de la vida.

    Lucas nos presenta un momento de la vida cotidiana, con sus quehaceres, sus obligaciones impuestas por las costumbres y las tradiciones y con la innata preocupación del ama de casa que quiere, en la manera de lo posible, agasajar a sus invitados de forma que todos queden suficientemente cumplidos. Hasta aquí una estampa harto conocida por todas porque se sigue dando en nuestro entorno familiar y social. Pero al lado de esta postura lógica y conocida, nos presenta otra que no cuadra tanto con nuestros esquemas pragmáticos “políticamente correctos” que diríamos siguiendo el lenguaje al uso. Se trata de la postura de María, la hermana de Marta, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras.

    Aquí chocamos con un conflicto de intereses, si seguimos con el lenguaje que solemos utilizar habitualmente. A una hermana le trae de cabezas una cosa, mientras que a la otra no parece afectarle en nada este problema y, sin embargo, está totalmente entregada a otro menester. Ante la quejosa reconvención de Marta, intentando involucrar al Maestro en su punto de vista, se encuentra con la inesperada respuesta de éste : “María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”

    Jesús advierte las dos posturas, las dos tomas de decisión libremente tomadas y no se decanta por ninguna. A la primera le reconoce su dedicación y preocupación por todo lo relacionado con su entorno familiar y a la segunda su elección por lo que concierne a un plano distinto, en un nivel distinto; pero, ante todo, respeta las decisiones tomadas por cada individuo y al decir respecto a María que “no se la quitarán” está indicando su preferencia pero nunca su imposición. La delicadeza el Maestro, como siempre, sigue siendo exquisita.

    No quiero hoy añadir mucho más a este pasaje. Creo que se merece, por su belleza y sencillez, que podamos disfrutar en nuestro interior con las enseñanzas y deducciones que cada uno seamos capaces de sacar y degustar.

 

Evangelio DOMINGO 17 T. ORDINARIO      Lc.: 11, 1-13

 

                Los discípulos observan como el Maestro se retira can frecuencia a orar y observan también el aspecto de paz y de tranquilidad  que presenta el Maestro tras sus momentos de oración; de tal manera que un día, uno de ellos, se atreve a pedir: "Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos" y Jesús, con una sonrisa a flor de labios, les dijo: Cuando oréis decid: "Padre..." Se dirige a Dios como a un padre cariñoso y que, como padre, todo le es posible (esto que digo lo entenderán sin problemas aquellos que tengan hijos pequeños y para los que sin duda están colocados en lo más alto en el corazón de sus pequeños) y por tanto lo puede conceder todo con la sola condición de que se lo pidamos. ¡Qué fácil parece! Y, en realidad, lo es. Lo que nos ocurre la mayoría de las veces es que no rogamos, no pedimos con la humildad que lo hace el que necesita, sino que exigimos con la urgencia del que se ve con el agua al cuello sin saber nadar. Esa es la clave. A dios no se le exige, se le ruega sin altanería sino con humildad para que aquello que le pedimos nos sea concedido en el supuesto de que sea conveniente para nosotros y ahí solemos tener otro punto de fricción puesto que no admitimos poder estar equivocados y que pueda haber otro punto de vista diferente al nuestro.

              Jesús les enseña a orar y además les enseña el poder de la oración; poder que se ejecuta con frecuencia no por merecimientos de quien presenta la oración sino por la insistencia de la misma que, con su perseverancia, consigue el fin pretendido.

              El Maestro dio a sus discípulos un modelo, una pauta que se acomodaba como un guante a las necesidades que les acuciaban. Sus principales afanes eran conseguir el alimento (pan de cada día) y el verse libre de opresiones - políticas, militares, económicas...- y mantener lo mejor posible la práctica de los múltiples preceptos que las prácticas religiosas les imponían, sin caer en la tentación de mandar al garete la mayoría de ellas por vacías y anodinas.

              ¿Cómo sería el modelo de oración que nos enseñaría hoy? Posiblemente no se diferenciaría mucho. Dios seguirá siendo nuestro padre y nosotros seguiremos teniendo necesidades que nos cuestan cubrir con nuestros propios medios. En este mundo (¿primer mundo?) en el que nos ha tocado vivir tal vez no sea el pan diario el déficit fundamental pero sí puede ser la hermandad entre pueblos, el saber compartir nuestro pan de cada día; el poder dar, sin exigir nada a cambio, unas migas del amor gratuito que a raudales recibimos.

 

Evangelio   DOMINGO 18 T.ORDINARIO           Lc.: 12, 13-21

                      No siempre el Maestro es el hombre teórico, que aconseja acertadamente y que enseña una manera distinta de hacer las cosas. A veces, como en el pasaje que Lucas nos muestra hoy, se nos presenta como un hombre eminentemente práctico y realista. Ante la petición de un oyente que solicitaba su mediación en el reparto de una herencia con su hermano, su respuesta, un tanto teatrera, para hacerles ver lo fuera de lugar que estaba su petición ¿quienes mejor que su hermano y él para ponerse de acuerdo en el reparto? ¿para qué necesitan la intervención de un tercero si ellos tienen voluntad de repartir con justicia? Además aprovecha la ocasión para realizar, como es costumbre en él, una catequesis surgida al hilo de la experiencia cotidiana. Hace ver, con un sencillo y acertado ejemplo, la futilidad de los afanes diarios en una vida que tiene fecha de caducidad y que, además, esta fecha nos es desconocida. Lo fundamental es afanarse por algo que sea duradero, que trascienda a la propia existencia presente que, como todo camino, tiene una meta final donde todo termina. ¿Quiere decir con esto que no hemos de preocuparnos entonces por nuestro devenir en la vida presente? No, ni mucho menos. No pretende decirnos que no hayamos de preocuparnos, sino que no nos obsesionemos, que no perdamos el rumbo ni la perspectiva y así no confundiremos las imágenes reales con diferentes espejismos.

                       Por desgracia esta advertencia es de las más inadvertidas en todos los tiempos, quizá porque el hombre no ha cambiado tanto en los últimos dos mil años. Nos sigue obsesionando el tener más que el ser, a todos los niveles y, como si de una horrible repetición de la fábula de Midas se tratase, nunca parecemos satisfechos con lo que poseemos sino que siempre necesitamos más ¿hasta cuando? ¡Ilusos!

 Evangelio DOMINGO 19 T. ORDINARIO       Lc.: 12, 32-48

                 El evangelio que hoy pone la liturgia en nuestra consideración es, como todos los pasajes, para pensarlo, para saborearlo muy despacio, empapándose hasta los huesos con su hermosura lástica y con su sensatez cargada de provechoso pragmatismo.

                   Es alentador oír de boca del Maestro esa afirmación contundente y tranquilizadora dirigiéndose a sus discípulos: "No temas, pequeño rebaño, " porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino" Ya está. No hay de qué preocuparse por ese lado. Es como cuando al estudiante que se ha esforzado durante todo el curso, en el examen final el profesor le dice: No te preocupes, estás aprobado, pero... si quieres sacar nota, ya sabes, hay que responder correcta y adecuadamente a las cuestiones que en el examen se te plantean. Pero, de momento, sabeos que estamos arobados. La perspectiva cambia totalmente y, en teoria, nos es más fácil contestar cualquier cosa.

         También les aconseja que se mantengan siempre en estado de alerta y siempre disponibles para prestar servicio allí donde sea necesario. A cualquier hora, sin condicionamiento alguno: disponibilidad total; sin ataduras ningunas.; sin bolsa que los ladrones puedan apetecer... ¡Cuánto nos queda por conseguir!.

                   Pero aunque el pasaje es esperanzador y propicio para hacer que nuestro ánimo se ponga jubilosamente por las nubes, no todo es de color de rosa. También hay una parte que nos obliga a ser conscientes de que hemos de aportar unas contraprestaciones a tanto don concedido: "Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá"

                   Con frecuencia podemos identificarnos con ese criado que sabe lo que quiere su Señor, pero que con frecuencia también, se le olvida y no lo hace. Cuando esto sucede, que no es nada infrecuente, apelamos a la misericordia del Amos, pero no debemos olvidar que, además de misericordioso es justo.

                   En estos calurosos días, un simple vaso de agua fresca, ofrecido con cariño, sin suficiencia y mirando abiertamente a los ojos de los que nos lo solicite, puede ser como el criado que recibe a su señor, sea la hora que sea a la que se presente. Y cuando esto suceda - esto o algo parecido - recordemos mirar dentro de nosotros mismos un momentín y decir: "Gracias Señor, por haberme ofrecido esta oportunidad".

 

Evangelio   DOMINGO XX T. ORDINARIO    Lc.: 12, 49-53

          Duras palabras del Maestro las que nos refiere Lucas en el pasaje del evangelio que la liturgia pone ante nuestra consideración. Duras y llenas de actualidad como todo el Nuevo Testamento.

             Jesús viene a traer fuego y desea verlo todo ardiendo a causa de ese fuego (el amor) que él trae y que ha de terminar por purificar a un mundo corrompido por la impiedad, por la maldad o, peor aún, por la indiferencia o la desesperanza.

No ha variado sustancialmente tanto la situación de nuestro tiempo con el de Jesús. Entonces era Roma la que gobernaba y la que imponía su criterio. Hoy quien gobierna realmente es quien domina los sectores económicos, sean de donde sean. Nuestras tierras cambian a medida que llegan capitales foráneos, que a su vez determinan nuestra propia forma de ser.

El comercio internacional abre un abismo cada vez mayor entre el primero y el tercer mundo –divide a padres contra hijos y a hijas contra madres- . El fuego producido por el ansia del poder amenaza con devorar a esta sociedad y el problema, realmente, no es de medios sino de objetivos. La maldad del sistema no está en sus recursos sino en sus motivos. Hay un gran desequilibrio entre medios y objetivos. Hay más recursos que capacidad de aprovecharlos; de ahí los trepas, irresponsables, descomprometidos…  El descompromiso es la mayor lacra de nuestra sociedad, como en tiempos de Jesús podía ser la desesperanza o la indiferencia.

El progreso auténtico es evaluable por aquello profundo y silencioso que penetra realmente en nuestra sociedad. Hemos de amar al mundo puesto que el mundo es el objeto del amor de Dios (salmo 8) El mundo es el rostro del amor de Dios, pero también es un lugar de conquista, de explotación. El mundo es nuestra casa y no nos pertenece, le pertenecemos nosotros y hemos de procurar enriquecer los motivos y eso se consigue entrando en los misterios del amor de Dios, hasta que en el mundo veamos personas, no recursos. Hemos de liberar el corazón, distanciarlo de lo que tiene y de toda su codicia. Sólo es libre en su corazón el que lo tiene ocupado por Dios.

             Las aparentemente duras palabras del Maestro deben hacer en nosotros el efecto de un potente revulsivo que sea capaz de despertarnos del dulce y letal sopor en que podemos vernos sumidos por nuestra cómoda autocomplacencia. Nosotros también hemos de pasar un bautismo terrible, hemos de cambiar nuestro tener por nuestro ser y sentir.

Evangelio    DOMINGO  XXI    T. ORDINARIO     Lc.: 13, 22-30

                El hombre, como ser racional, desde tiempos inmemoriales, se ha venido haciendo las eternas preguntas de: “¿quién soy?” “¿de dónde procedo?” “¿cuál es mi destino?”  Por eso no es de extrañar que uno de los discípulos le preguntara al Maestro por el número de los que se habrían de salvar: ¿serían muchos o pocos? ¿se salvaría él? ¿Qué condiciones serán necesarias para conseguir ser de los elegidos? Como venimos repitiendo una y otra vez, el hombre no ha cambiado esencialmente tanto en dos mil años. En el fondo nos sigue preocupando, aunque no lo digamos, si nos encontraremos entre el grupo de los afortunados que conseguirán atravesar esa estrecha puerta. Nos consuela la aseveración de que vendrán muchos de todas partes del mundo, de todos los puntos cardinales que se sentarán a la mesa del gran banquete. La discriminación que tanto éxito tiene entre nosotros, será una de las grandes desterradas. Frente a la organización y a la suficiencia, hemos de ser ocasión de paz. No hemos sido llamados para que los pobres desaparezcan, sino para que el mundo sea pobre, porque los pobres verán a Dios.

                   Hay demasiados redentores que reducen el horizonte de lo posible y así pueden presentarse como redentores con una pequeña ampliación del horizonte. Hay que comprometerse ampliando horizontes aunque eso implique estrechar puertas y aumentar incomodidades.

                   Las puertas estrechas ¿quién las quiere? Sin embargo es la que marca la diferencia entre lo positivo y lo negativo. Estrecho es el burladero que utiliza el torero para refugiarse del acoso del toro, sin embargo puede marcar con su estrechez la divisoria entre la gloria y la tragedia. Entre la vida y la muerte. Cuando emprendemos nuestro camino definitivo, en dirección a nuestra meta establecida, procuraremos ir ligeros de equipaje, sin cargar con afanes y deseos superfluos que nos dificulten el pasar por la estrecha puerta que da acceso a la eterna felicidad. 

Evangelio       DOMINGO XXII T. ORDINARIO    Lc.: 14, 1.7-14                

                   La lectura, hecha por placer de nuestro propio espíritu que gusta de nutrirse con las enseñanzas de los grandes maestros o para contrastar pareceres diversos sobre cuestiones concretas o por disfrutar simplemente del placer estético que dicho ejercicio pueda proporcionarnos, nos brinda hoy una ocasión estupenda con las lecturas que la liturgia pone en nuestra consideración. Liturgia que establece una relación vital entre la humildad y el amor; que aspira a que aprendamos a vivir con el corazón en el cielo y los pies bien asentados en el suelo.

                   La primera de las lecturas correspondiente al Eclesiástico leemos: “Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso…” El traductor de este libro al griego, nieto del autor y que se llamaba Jesús, como su abuelo, pide disculpas en la introducción que hace del texto por la pérdida de expresividad e incluso de intensidad que el texto original puede sufrir al ser vertido a otra lengua. Sabemos lo difícil que es mantener la fuerza expresiva de cualquier lengua al ser traducida. Pierden riqueza sus modismos, incluso algunos localismos pierden sentido y, aún así, hoy tenemos un ejemplo de la riqueza emocional profunda que puede transmitirse con la escritura.

                   En cuanto a la enseñanza que nos transmite el evangelio de hoy es más de lo mismo. No hay que ser vanidoso y buscar el reconocimiento de los demás, sino que este nos ha de venir como consecuencia natural y lógica producida por nuestro comportamiento. No vale que nosotros digamos que somos buenos; son los hechos y los demás los que han de decirlo.

                   Evidentemente las costumbres sociales cambian con el paso de los años, pero siempre hay un trasfondo que perdura o, al menos, nos hace recordar reminiscencias de tiempos ya pasados. Lo digo porque no hace mucho tiempo fui invitado a una boda y, lógicamente, no había un orden de prelación en la colocación de invitados pero sí se había procurado que las mesas estuviesen ocupadas por aquellos que tuvieran algún rasgo de afinidad y se habían numerado y relacionado los comensales que las ocupaban bien por parentesco, por amistad o por cualquier otro rasgo. No demasiado diferente del tiempo de Jesús y lo que sí está claro es que sigue teniendo vigencia aquello de: “Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” 

 

Evangelio DOMINGO XXIII  T. ORDINARIO   Lc.: 14,25-33

 

                   Con frecuencia se presentan ante nosotros situaciones o circunstancias que nos obligan a tomar una decisión sobre multitud de opciones, opciones que consideramos las más adecuadas, encaminadas a dar una solución correcta a esas circunstancias. Siempre procuramos que la opción tomada sea la correcta porque no nos gusta equivocarnos y mucho menos ser responsables de esa equivocación. Eso, más o menos, es lo que el evangelista trata de decirnos hay, poniendo en boca del Maestro esas palabras tajantes:”…El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”. Clarito ¿no?.

                   Con frecuencia se ha visto en este pasaje del evangelio una cierta dureza, un cierto extremismo, como si el Maestro se hubiera vuelto un tanto intransigente con sus propios seguidores. <no es así; podríamos decir que es todo lo contrario. Trata, simplemente, de evitar malos entendidos, que luego podrían dar lugar a situaciones embarazosas. Las cosa claras, que decimos por estas tierras nuestras. Que nadie se llame a engaño. No se propone un camino de rosas. Cada cual ha de tomar su propia cruz y seguir en pos del Guía y su cruz será para cada uno la que haya que soportar, independientemente de que sea mayor o menor, más ligera o más pesada que la del compañero de viaje. Cada cual la suya. Pero además ha de aceptarla y “abrazarla” y para eso debe reflexionar antes de emprender el camino si será capaz de realizarlo, no vaya a ser que tenga que dejarlo a medias porque no haya podido dejar atrás todo el lastre que le impida avanzar sin tropiezos. Aún así, aún dejándolo todo, despojándose de todo, no es nada fácil ni sencillo. Siempre queda algo, por ínfimo que sea, que se nos queda adherido, que nos cuesta dejar y que actúa como rémora en nuestro caminar. Lo más difícil no es dejar las cosas materiales, con serlo mucho; sobre todo si se tienen muchas. Lo más duro, a lo que más nos cuesta renunciar, es a nuestras propias ideas, a nuestras convicciones egoístas que tan buenos resultados nos habían dado siempre, sobre todo para nuestro propio beneficio. Para ser verdaderamente libres, para no depender de ninguna atadura, por débil que sea, hemos de saber renunciar a nosotros mismos. Eso es lo que el Maestro trata de enseñarnos, para que esa renuncia no se traumática, sino que nos reporte la dulzura y el placer que supone la auténtica libertad.

DOMINGO XXIV  T. ORDINARIO    Lc.: 15, 1-32

                “Se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle”… Así comienza el relato de hoy. Significativo ¿no os parece?. Los publicanos y los pecadores ¡Buena audiencia! Pues sí. A esa audiencia es a la que el Maestro va a tratar de explicar, con todo lujo de detalles, la capacidad del amor del Padre hacia su criatura predilecta: el hombre, independientemente de su calidad y condición. El evangelista nos aclara: Se acercaban los publicanos y pecadores. Es decir, la escoria de la sociedad en la que se movían, en la que se desarrollan los hechos. Y el evangelista nos sigue ilustrando: Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos” ¡¡El no va más!! ¡ come con ellos!. Se maravillaban de tanta osadía en un hombre que tenía una cierta fama de cumplidor de la legalidad. ¿Cómo es posible tanta desfachatez?. Pues nada, como vemos la situación no ha cambiado, como venimos repitiendo, en los últimos dos mil años. Seguimos escandalizándonos cuando vemos en acción a la auténtica Iglesia de los pobres, de los predilectos del Padre sobre los que es capaz de volcar de manera insospechada toda la fuerza de su amor. Nos seguimos maravillando de que coma con ellos.

                   La sociedad se ha ido desarrollando a lo largo de los siglos. La tecnología ha ido sustituyendo ventajosamente a los rudimentarios usos empleados en todos los sentidos para desarrollar el curso diario de la vida. Pero da la sensación de que no se ha desarrollado por igual en todos los sentidos. Es como si la misma sociedad hubiera ido haciendo una selección natural de todo aquello que la interesaba y dejando a un lado, a lo que la interesaba menos o en grado menor. La prioridad se lo llevaba todo lo material, lo relacionado con el bienestar que afecta directamente al cuerpo, a la parte más visible del hombre, dejando en un segundo o en un tercer plano todo aquello que afecta a la parte no material del hombre, a la parte espiritual –léase sentimientos, afectos, normas de conducta, manifestaciones espirituales en general, etc,etc-  Esta es la razón por la que aún nos maravillamos de que el Maestro coma con los pecadores.

                   El relato se desarrolla en el seno de una sociedad concreta, con unas normas concretas y una mentalidad concreta; en una sociedad con un claro giro machista. Jesús no trata de violentar las costumbres de la sociedad en que se está desarrollando, por eso, frente al clásico amor de una madre utilizado la mayoría de las veces como paradigma de amor puro y sin condiciones, en esta ocasión nos muestra la ternura del amor de un Padre: Tal vez un poco menos sensiblero, que no menos sensible. Nos muestra, de varias formas, la capacidad del Padre, en las circunstancias más adversas, y la enorme alegría que provoca en el Padre una respuesta positiva. Posiblemente uno de los pasajes más hermosos de todo el Nuevo Testamente: No olvidemos que Jesús nos habla desde su propia experiencia de lo que supone el amor del Padre.

DOMINGO 25 DEL T. O.           Lc.: 16, 1-13

                 El evangelio de hoy es de una vigencia aterradora. Ya nadie se sorprende de la infidelidad de la gestión y por lo tanto de los gestores, es una moneda de cambio demasiado frecuente en nuestra sociedad. Yo diría que ya se cuenta con ella cuando se proyectan los costos, los gastos de cualquier proyecto. Sobre todo si la financiación no corresponde a una sola persona, a un particular, aunque también en estos casos se producen las llamadas “derramas” o “fugas” con las que ya se cuenta antes de empezar y que, por supuesto, son convenientemente comercializadas y rentabilizadas, siguiendo de este modo la cadena corrupta que el evangelio pone hoy en nuestra consideración. De plena actualidad ¿no?. Yo diría que el Maestro tenía una ligera sonrisilla cuando estaba poniendo en consideración esta parábola a sus oyentes. ¿En qué estaría pensando? ¿En las inmobiliarias? ¿En las grandes obras públicas tal vez? ¿En el negocia de las pateras? ¿En…? Podremos añadir infinidad de motivos; eso es lo de menos. Lo que nos importa es el hecho en sí.

         No alaba el maestro la infidelidad en sí, sino la astucia usada por el empleado infiel para asegurarse su futuro inmediato. Astucia que frecuentemente es obviada por la excesiva confianza que tienen en sí mismos los hijos de la luz. No conviene olvidar la socarrona sabiduría del antiguo dicho popular: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

         El Maestro trata de decirnos, de una manera clara y gráfica, que no hemos de alabar el comportamiento de los infieles, pero que hemos de aprender de la agudeza de su ingenio para tratar de conseguir sus propósitos. Nosotros, por el hecho de sabernos encaminados por el camino recto, no estamos exentos de procurar por todos los medios a nuestro alcance todo lo que sea necesario para poner en juego todas nuestras luces y no dejarnos vencer por la astucia de los hijos de este mundo e iluminar a los demás.

DOMINGO XXVI T. O.      Lc.: 16, 19-31

 

                   La liturgia pone hoy en nuestra consideración otro pasaje de Lucas que sigue lleno de plena actualidad, que se adapta a nuestros tiempos como un guante. Sólo tenemos que cambiar los nombres de los protagonistas y será como si se hubiera escrito para que sirviera de llamada de atención en nuestros días.

 

                   El Maestro hace una contraposición perfecta entre la abundancia extrema que llega al despilfarro y la miseria más absoluta que sólo puede paliarse con la generosidad que cuando llega, si llega, a veces es tardía y por lo tanto sin efecto.

         El rico posiblemente no sabía de la existencia de un pobre instalado en su portal, a las puertas mismas de su casa - ¿Nos va sonando esto a algo conocido? – Sucedió que murió el pobre y los Ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Pero como la riqueza no es necesariamente un seguro de vida, también el rico murió y su alma pasó a ocupar el lugar que le correspondía en el infierno.

 

                   Nosotros podríamos, en nuestros días, reescribir este pasaje diciendo: En un mismo planeta había un primer mundo, que devoraba sin freno las riquezas y reservas del planeta y, separado por una línea invisible que era defendida ferozmente por este primer mundo, malvivían el resto de los habitantes de este hermoso planeta al que su Hacedor había dotado de todo lo necesario para que la vida se desarrollara armónicamente. Los habitantes que no pertenecían a ese primer mundo intentaban acceder a él para dar un giro positivo a sus miserables vidas, pero pocos lo conseguían; la mayoría dejaba su vida en el intento; era un sueño que cada vez se volvía más inalcanzable.

 

                   Desde el infierno suplicaba el alma del hombre rico a Abrahán para que avisase a sus hermanos del fin tan desastroso que le espera a aquel que hace oídos sordos no sólo a la caridad y a la misericordia, sino a la misma justicia social. La respuesta de Abrahán: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto. Es decir, si no hacemos caso a nuestra propia conciencia, a nada le haremos caso. El egoísmo, la ambición, el deseo avaricioso de poseer todo lo que produzca placer es como un velo tupido que, puesto ante nuestros ojos, nos impide ver las apremiantes necesidades que se están produciendo en nuestra misma puerta.

         Actualidad palpitante, vital, que no deja de tener vigencia porque no queramos enterarnos de ella. Lo más terrible será cuando se nos pida responsabilidades por la parte que nos correspondió paliar y no lo hicimos – porque no supimos, no pudimos, no quisimos, no nos dimos cuenta, etc. etc. etc. – Ya habrá pasado el tiempo de las excusas, habrá llegado el tiempo de responder.

 

DOMINGO XXVII  T.O.    Lc.: 17, 5 – 10

                Los apóstoles le piden al Maestro algo que también nosotros pedimos con frecuencia: “Señor, auméntanos la fe”. Es el grito desgarrado que viene resonando a lo largo de la historia y que posiblemente no dejaremos de oírlo hasta el final de los tiempos. Señor, auméntanos la fe! ¡Señor, haz que crea! Y así, por activa y por pasiva, clamamos por poseer un don, una facultad, una gracia que no acabamos de entender. Hablamos de la fe como si se tratara de algo material, tangible y, por lo tanto, susceptible de encontrarse o perderse; de aumentar o disminuir, incluso cambiar de temperatura. Todo esto hay que entenderlo en un lenguaje coloquial, para entendernos, pero todos sabemos que la fe no es algo tangible, palpable, aunque sus efectos lo sean muchas veces. Yo me atrevería a decir y pido perdón de antemano por si resulta una barbaridad lo que voy a decir, que la fe no es objeto de posesión, que no es cuestión de que la poseamos o no, sino de que ella nos posea a nosotros y eso sí, ahí es donde entra en juego nuestra voluntad, en el hecho de mantenerla, fomentarla y acrecentarla. Cultivarla como a una rara flor de belleza sublime y de suma fragilidad, pero de un aroma maravilloso.

         No se si he sido capaz de plasmar mi idea de la fe como algo que se nos concede de manera totalmente gratuita y que depende únicamente de nosotros el que se haga fuerte, grande y robusta o se quede enclenque y medrando a duras penas para no morir.

         Por eso Jesús dice a sus discípulos: si tuvierais fe como un granito de mostaza… Pero no les dice: No os preocupéis que yo os daré una fe grande y fuerte. No, eso corresponde a la responsabilidad personal de cada uno. Bien es verdad que hay ocasiones de una aridez especialmente dolorosa, donde todo se vuelve incomprensible y no vemos salida por ningún sitio –Noche oscura del alma, ¿nos suena?-, entonces es donde entra en juego esa confianza en algo que no vemos ni, incluso, sentimos; entra en juego la fe y , de nuevo, resuena ese grito desgarrado :”Señor, auméntanos la fe”.

 

DOMINGO  XXVIII  T. O.   Lc.: 17, 11-19

 

                Precioso pasaje el que la liturgia pone hoy en nuestra consideración. El Jesús de los indigentes, de los necesitados, de los pobres, se manifiesta en toda su plenitud y es que no podía negarse, le era imposible hacer oídos sordos cuando alguien realmente necesitado le pide auxilio; no podía ni quería negarse; su corazón desbordaba ternura por los más desvalidos, por los más desamparados, aunque algunas veces resultaran también los más egoístas, los más desagradecidos, los más olvidadizos de los bienes recibidos. Y Él es consciente de ello y lo manifiesta abiertamente: “¿No han quedado limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve?” No lo hace porque tenga el corazón dolorido por la falta de consideración de los beneficiados por la misericordia del Maestro, como algunas veces yo mismo he oído en una interpretación, para mi, raquítica de la actitud del Maestro sino para darnos, una vez más, ejemplo y enseñarnos que nadie, ni Él mismo, está libre de verse salpicado por el desagradecimiento, la descortesía y el egoísmo de los demás, aunque estos acaben de recibir el premio gordo de la lotería.

         Con esta simple pregunta el Maestro quiere hacernos saber que lo más importante es la concesión de la gracia en sí misma, no el agradecimiento que pueda conllevar aparejada esta concesión. “Haz bien y no mires a quién”  Lo importante no es el agradecimiento sino el bien realizado. Sin duda que el que recibe la acción directa del hecho beneficioso siente una gran satisfacción, siente como se colman sus deseos, sus apetencias por el bien recibido; pero os aseguro que el que proporciona el bien por el bien, sin importarle el reconocimiento, el gozo es de tal magnitud que sólo se puede disfrutar en la intimidad del silencio. Esa es lo que pretende enseñarnos Jesús en este pasaje. ¡Esto según mi punto de vista!

Evangelio      DOMINGO XXIX      Lc.: 18, 1-8

                   El hecho religioso de la oración, de la comunicación entre la criatura y su Hacedor, se manifiesta como un fenómeno atemporal, que no depende de la época en que viva el hombre que reconoce su dependencia de un ser superior con el que tiene necesidad de comunicarse, de manifestarle sus necesidades y logros y al que, en determinadas ocasiones, pide ayuda ante su impotencia para resolver las dificultades que se le presentan.

         Jesús conoce esto y trata de enseñar a sus discípulos cómo deben orar sin desanimarse, en todo momento, aunque parezca que no tenemos respuesta. De eso trata el evangelio de hoy.

                   En el mundo que nos ha tocado vivir, enormemente amoral, despreocupado de sus relaciones con Dios, el hecho religioso de la oración parece fuera de lugar por innecesario, por poco productivo. Total, ¡para lo que sirve…! Hemos perdido el sentido profundo de nuestra necesidad de comunicación con nuestro Dios. El materialismo que nos rodea ha ejercido una acción como de papel secante; ha absorbido todo aquello que no sirva para producir, anulándolo. Hoy, que en casi todos los hogares de nuestro entorno no escasea el alimento, es muy raro ver que se bendicen estos alimentos a la hora de comer, dándole así gracias a Dios por su concesión y rogándole, al mismo tiempo, que los conceda a aquellos que no disponen de ellos. Esto por poner sólo un ejemplo de los muchos que podríamos citar. Dios ha perdido importancia en nuestras vidas y, como consecuencia directa de ello, la necesidad de comunicarnos con Él como Padre. Cuando lo hacemos, en contadas ocasiones, es para pedir y pedir para cubrir necesidades materiales o pedir ayuda para solucionar problemas que nos apremian, pero también de orden material. Raras veces nos ponemos en contacto con Dios sólo para darle gracias por cualquier cosa, aunque sólo sea por el hecho de habernos concedido la vida. Raras veces tenemos una relación de hijos, uniendo nuestra oración con la del Hijo para que sea un tributo de amor al Padre. Eso es lo que Jesús trata de enseñar a sus discípulos en el pasaje de hoy. La oración, la relación fluida con el Padre, debe darse siempre, en todo lugar, no importa la hora, no importan las circunstancias; lo que sí importa es que la comunicación continuada no se rompa, que seamos capaces de mantenerla, a pesar de lo difícil que resulte en esta sociedad que nosotros mismos ayudamos a construir y mantener.

Evangelio DOMINGO XXX   Lc.: 18, 9-14

               El evangelio nos presenta en el día de hoy a dos hombres distintos ya dos posturas distintas ante la misma situación. Lo hace un tanto exagerado para que se le entienda, pero no falto de realidad, de hecho tangible y con frecuencia verificable. Dos hombres que representan dos extremos de una misma sociedad, de una misma realidad social y dos hombres que a su vez representan dos formas diferentes y casi opuestas de sentir y manifestar el hecho religioso. Uno se siente satisfecho de su proceder. Su autoestima está por las nubes y, para reafirmarla, repasa todos sus actos impecables, como recordándole a Dios todos sus méritos, por si casualmente alguno hubiera pasado desapercibido. Es un buen contable de sus merecimientos. El otro sólo sabe pedir perdón, sólo pide compasión porque se sabe y se siente totalmente a merced de la misericordia de Dios. Dos posturas bien distintas. Dos posturas que se siguen dando de manera habitual en nuestros días.

                   Las relaciones humanas son muy parecidas a estas que hoy nos muestra el evangelista y que, sin duda, el Maestro las tomó como base de su parábola para tratar de explicar a sus oyentes los matices a veces sutiles que hay entre posturas que no se pueden llamar correctas, pero sí tachar a alguna de ellas como inconvenientes.

         Me explico: En una sociedad en que prima el pragmatismo no suele haber mucho sitio para afectos o sentimientos que tengan como base el desinterés, el afecto gratuito y, mucho menos, el sacrificio, si fuere necesario, por la otra persona objeto de ese afecto. Permitidme poner un ejemplo: la tan traída y llevada amistad. Demasiadas veces observamos como, en nombre de una pretendida amistad, se emprenden acciones encaminadas al propio beneficio, sin tener en cuenta para nada al otro, al que nos brinda su amistad y de la cual abusamos miserablemente y lo hacemos porque en el fondo no conocemos la verdadera amistad. Permitidme recordar el concepto de amistad que pone de manifiesto un hombre que fue Cónsul de Roma, hace algo más de dos mil años, se llamaba Cicerón y decía: “La amistad en sí no es otra cosa que una consonancia absoluta de pareceres sobre todas las cosas divinas y humanas, unida a una benevolencia y amor recíprocos y no creo que, exceptuando la sabiduría, los dioses hayan hecho al hombre un dos más preciado”. Bien, pues de este don tan preciado que hemos recibido de Dios, junto con muchos otros, nosotros hacemos moneda de cambio para nuestro lucro exclusivo. Eso sí, a la hora de rezar o de hacer recuento de nuestros méritos procuramos no olvidarnos de ninguno ¡No faltaba más!

Evangelio DOMINGO XXXI  T.O.     Lc.: 19, 1-10

                 El desencanto tan acusado que casi se mastica en la sociedad en que vivimos, que causa tanta desolación, sobre todo entre la juventud que no encuentra un horizonte limpio al que mirar pero que necesita imperiosamente soltar el lastre que siente dentro porque este peso no le permita despegar de la miseria que se manifiesta a ras del suelo; que siente lo que los existencialistas llamaban “la angustia vital”, todo eso nos hace ser como Zaqueo: “cortos de estatura”, faltos de perspectiva que nos impide ver más allá de nuestras narices, más allá de nuestros propios problemas y nos obliga a vivir en un ambiente viciado que cambia radicalmente cuando algo de oxígeno puro penetra en él.

                   Zaqueo, nos dice el evangelista, era un hombre bajito, de corta estatura y por consiguiente arrastraba los inconvenientes de todo hombre bajito. Pero como él conocía sus limitaciones, también había procurado encontrar la forma de paliarlas y se servía de todos los medios a su alcance, en este caso de una oportuna higuera que había al borde del camino. Zaqueo es bajito, él se sabe bajito, lo asume y busca compensar de cualquier forma posible esta deficiencia. Esta actitud es la que empieza por presentarnos a una persona dispuesta a superar las dificultades, aunque estas sean impuestas por la misma naturaleza. Opción muy distinta de la que tomamos la mayoría de los mortales ante semejantes dificultades. Preferimos aceptar nuestras propias limitaciones a enfrentarnos a ellas y superarlas. Es más cómodo.

         Pero al Maestro no le pasa desapercibo el esfuerzo de aquel hombrecillo y le hace partícipe de su intención de comer en su casa aquel día. Él sabía el revuelo que esto iba a suscitar, pero también sabía el enorme beneficio que esta sencilla acción iba a reportar a aquel buen hombre; hasta el punto que le haría exclamar: “Hoy ha sido la salvación de esta casa”. Es muy posible que Jesús recordara en aquellos momentos aquellos renglones del libro de la Sabiduría en que se lee: “Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. ¡Hermosa aptitud de un Padre! Ya podemos adivinar de dónde le viene al Hijo.

Evangelio DOMINGO XXXII   T.O.   Lc.: 20,27-38

                   La trascendencia de la vida es un tema debatido desde antiguo con diversos resultados. Desde los pueblos que ni siquiera llegaron a planteárselo, hasta los que lo hicieron por variados motivos: unos filosóficos y otros religiosos. Algunos incluso llegaron a conclusiones distintas aunque estas fueran en detrimento de sus propias creencias. Ahí tenemos el caso de dos magníficos filósofos griegos, maestro y discípulo, que llegan a conclusiones distintas aunque los dos crean lo mismo. Platón preconiza la inmortalidad del alma puesto que en su composición no hay ningún principio de corrupción al ser de tipo espiritual y  Aristóteles, al considerar al hombre un compuesto de cuerpo y alma, ha de admitir la descomposición del alma, aunque él no lo cree personalmente, pero debe ser consecuente con su propio pensamiento filosófico. De otros muchos pueblos sabemos que daban y dan culto a los muertos en la creencia de que “de alguna manera” siguen viviendo e incluso interviniendo en la vida de los vivos. La primera lectura de hoy nos muestra el martirio de siete hermanos y su madre que prefieren la muerte entre terribles suplicios ante que quebrantar la Ley de sus padres, convencidos de que recibirán una vida mejor como premio a su perseverancia. Una vida que les será concedida por ese Dios que ellos no han querido traicionar.

                   En el pueblo judío había una facción que no creía en la resurrección: los saduceos y, como tantas otras veces, se acercan a Jesús con la “sana” intención de hacerle caer en contradicción utilizando la ley que también conocían y le exponen el famoso caso de los hermanos que van muriendo sin descendencia y han de casarse con la viuda y, con la lógica humana empleada, le preguntan : Maestro ¿de cuál de ellos será la mujer cuando resuciten?. No se dan cuenta que en su misma pregunta está su contradicción, sin embargo la respuesta del Maestro no tiene desperdicio, además de que estoy seguro que se la diría con una dulzura tal que se debió convertir en una catequesis magnífica: “…los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios porque participan en la resurrección”.

                   Nos es difícil imaginarnos siquiera la vida tras la resurrección. Sin tener en cuenta las coordenadas del espacio y del tiempo en las que ahora nos movemos. Cuando la materialidad del ser sea algo totalmente innecesario para ese mismo ser más completo y realizado. Cuando Dios sea todo en todos y no hemos de preocuparnos ni tener miedo. <por delante llevamos al Nazareno que nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida”. Nosotros, tranquilos.

CONTADORWAP