PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO -CICLO A-
EVANGELIO
"Estad en vela para estar preparados."
Lectura del santo evangelio según san Mateo. (Mt. 24, 37-44)
En aquel
tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo del hombre.
Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé
entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a
todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos
mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el
ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis
viene el Hijo del hombre.
Palabra del Señor.
Mt 24,37-44. En este pasaje, el evangelista nos da una pincelada de la vida cotidiana; nos cuenta como la gente, en tiempo de Noe, se casaba, comía, bebía...Hacían una vida considerada ”normal”; como en nuestros días puede considerarse una vida de estas características, o sea, que desde los tiempos de Noe hasta los nuestros, lo que consideramos una vida “normal” no ha variado mucho, esto que parece una obviedad me da pie para pensar con un poco más de detenimiento en la recomendación que Jesús nos hace:”Estad alerta”.¡Que recomendación tan acertada en tan pocas palabras”.
Yo a veces me pregunto ante esta recomendación: Pero ¿Cómo? ¿Qué debo hacer para estar alerta? ¿Cómo puedo poner en práctica esta recomendación? ¿Es más fácil decirlo que hacerlo? No lo se. Lo que sí se es que es necesario estar alerta, pero no sólo en el ámbito religioso, en los temas relacionados más o menos directamente con el espíritu, sino en cualquier faceta de nuestra vida en el sentido integral. Si lo pensamos un poquito, este consejo que nos da Jesús es más fácil de lo que nos puede parecer con frecuencia, cuando nos hacemos esas preguntas que anteriormente veíamos “Estad alerta” “Espabilaos atontaos, que estáis como imbéciles ” (esto no lo dijo Xto.) Se os ha dado un regalo maravilloso como es la vida y no os dais cuenta del don tan extraordinario que eso supone y las posibilidades tan increíbles que eso conlleva.
Sentir la vida; saberse vivo, con un destino determinado y con unas posibilidades que,”estando alerta”, no podemos dejar escapar. Si Jesús nos habla bajito, sin asperezas, como Él sabe hacerlo, nos diría: ¿Necesitas que conteste a tus preguntas de hace un momento?.
Realmente no podemos engañarnos a nosotros mismos; nos es más cómodo “pasar”, dejar que la vida transcurra con su propio ritmo y aceptar todo con un: ¿Qué le vamos a hacer? Será lo que Dios quiera...
No nos engañemos, no le pasemos la “patata caliente” a Dios, estemos alerta y cojamos al toro por los cuernos porque realmente no sabemos el día ni la hora y luego no hay lugar para lamentaciones, para una segunda oportunidad, de ahí ese oportuno consejo de “Estad alerta” que Jesús nos da en el evangelio de hoy.
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DOMINGO II DE ADVIENTO
EVANGELIO
"Convertíos,
porque se acerca el reino de los cielos."
Lectura del santo evangelio según san Mateo. (Mt.3, 1-12)
Por aquel tiempo,
Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: -Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos. Éste es el que anunció el
profeta Isaías, diciendo: Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del
Señor, allanad sus senderos.
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de
cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a
él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus
pecados; y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los
bautizara, les dijo: - ¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar de la
ira inminente?
Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando:
«Abraham es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de
Abraham de estas piedras.
Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da
buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os
convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni
llevarle las sandalias.
El os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el
bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará
la paja en una hoguera que no se apaga.
Palabra del Señor.
Mat.3, 1-12 ¡El dichoso pasaje del evangelio de hoy se las trae! ¡Qué cantidad de sugerencias, de enseñanzas, en tan pocas líneas, Dios mío...!
Fijémonos en la figura del protagonista del pasaje, de Juan. El evangelista parece tener especial interés en hacer una auténtica descripción antropomórfica del personaje, desde su indumentaria hasta su nada complicada dieta; es decir, nos da una imagen auténtica y única del personaje.
Ahora trasladémonos a nuestra sociedad, a nuestra realidad personal y veremos cómo la mayoría de las veces presentamos, tanto la sociedad como nosotros, una doble imagen, una imagen social y una imagen real. La social es nuestro escaparate de cara a los demás, es nuestra foto de estudio con pose rebuscada; la real es la instantánea que nos pilla como somos, sin maquillaje, con nuestra verdadera fisonomía.
Esto en nosotros, gente de a pie, mequetrefes de tres al cuarto, no tiene mucha repercusión, aunque la tenga, pero ¿Qué me dicen de algunos empingorotados de todo tipo y posición? La imagen social que nos presentan es bien distinta de aquella otra real en la que afloran sus miserias. No es suficiente un hermoso e impresionante ropaje para encubrir una realidad mucho menos atractiva. Juan se presenta en su realidad, en su verdad, como es, sin adornos, sólo vestido con una sencilla piel de camello, por eso se siente libre y con autoridad para pedir a todos aquellos que se le presentan “el fruto de la conversión, los hechos concretos que demuestren que la acción del bautismo ha sido regeneradora y fructífera.
Trasladado a nuestro tiempo estoy seguro que nos pediría coherencia, sintonía entre lo que decimos sentir y lo que solemos hacer, tan distinto con demasiada frecuencia; en definitiva sinceridad para con nosotros mismo y con los demás, aunque ello implique el no ser tenidos como importantes, el que no se nos reserven ciertos asientos, incluso el que no se nos invite a ciertas celebraciones porque nuestra presencia incomoda, o al menos desazona, porque vayamos vestidos con el traje, para los demás un tanto incómodo, de la verdad.
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DOMINGO III DE ADVIENTO
EVANGELIO
¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a
otro?
Lectura del santo evangelio
según san Mateo. (Mt 11,2-11)
En
aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a
preguntar por medio de sus discípulos: -¿Eres tú el que ha de venir o tenemos
que esperar a otro?
Jesús les respondió: -Id a anunciar a Juan lo que estáis
viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan
limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia
la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
-¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O
qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan
en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?
Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito:
"Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el
camino ante ti."
Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan
el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que
él.
Palabra del Señor.
Mat. 11, 2-11 Precioso pasaje el de hoy. Juego sicolójico de dos inteligencias poco corrientes: Jesús y Juan.
A Juan, posiblemente, le tenían hasta el gorro sus seguidores con la preguntita del millón: ¿Eres tú el que ha de venir o hemos de seguir esperando a otro?.
Y aquí es donde comienza el juego entre los dos primos. Juan envía a los más pegajosos de sus discípulos a que le hagan la preguntita a Jesús y así mata dos pájaros de un tiro: por un lado se ve libre de ellos por un tiempo y , por otro, espera que, con una lección práctica y contundente, entre en sus duras molleras lo que seguramente estaba harto de repetirles.
Les manda, como hemos visto, a que le hagan la pregunta a Jesús y... me gusta imaginar la cara que pondría Jesús cuando los discípulos de Juan, todo circunspectos, le preguntasen: “¿Maestro, eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.
Estoy seguro que una sonrisa iluminó su rostro y debió imaginarse a su primo libre del acoso de esos seguidores durante unos días y pensaría: tunante, ¡qué bien lo sabes hacer, procuraré responderte de la misma forma, aunque espero que sepas leer entre líneas lo que estos te contarán!.
Jesús responde a los discípulos de Juan: “Id y decid a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡ Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí ¡
¡ Toma castaña, primo ! Y no creamos que hay ninguna incoherencia entre las maravillas que han de contarle al Bautista, aunque pensemos que debía decir: los pobres son enriquecidos, como los ciegos ven y los inválidos andan. Y ahí es donde está el mensaje directo para Juan y para nosotros. Jesús no quiere para los pobres cualquier riqueza, sino que quiere lo mejor, la más grande de las fortunas: ser evangelizados. Lo demás, se dará por añadidura, como simple propina que sirve para redondear la magnificencia del donativo principal.
Me imagino que cuando Juan recibiera el relato de sus discípulos se sentiría embargado por un sentimiento raro, mezcla de cariño, respeto y profundo temor de Dios (que no miedo). Posiblemente comprendería mejor la dimensión mesiánica de Jesús.
Otro comentario aparte merece el “curriculum” que Jesús nos presenta del Bautista, que ni vive en un palacio ni viste lujosamente y, sin embargo, no había hombre nacido de mujer que fuera más grande que él. Pero eso lo dejaremos para otro día. No queremos suscitar suspicacias.
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DOMINGO IV DE ADVIENTO
EVANGELIO
"Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de
David."
Lectura del santo Evangelio
según San Mateo. (Mt 1,18-24)
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
La madre de Jesús, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó
que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su
esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del
Señor que le dijo:
-José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la
criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le
pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el
profeta:
Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel
(que significa «Dios-con-nosotros»).
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se
llevó a casa a su mujer.
Palabra del Señor.
Pero Mateo, no se si de forma consciente o, más bien, guiado por el Espíritu Divino, nos da el motivo del nacimiento de Jesús, la causa de su vivencia como hombre: “porque él salvará a su pueblo de los pecados”.
Esta es la gran diferencia de Jesús con la larga lista de dioses solares. El objetivo de su misión, la causa de su venida, no tiene nada que ver con el poder político, social o económico. Su misión es de otro tipo, de otro plano más elevado y que con demasiada frecuencia, nos es difícil de asimilar, lo mismo que les sucedió a sus paisanos contemporáneos. Ellos esperaban a un Mesías triunfador, que pusiese en su sitio a los pretenciosos romanos y resucitara viejas glorias de los tiempos davídicos. ¿Y nosotros? ¿Qué esperamos frecuentemente?.
A veces nos repatea ese interés tan especial de Jesús por los pobres, los marginados, los “inválidos y leprosos” que hoy nuestra sociedad ignora y trata de ocultar su existencia encerrándolos en ghetos y “hogares de acogida”... El eufemismo es como una bofetada en una cara aterida por el frío: pero lo peor, es que nos estamos acostumbrando a tomar estas situaciones como normales y estas situaciones, no lo olvidemos, son los grandes pecados de nuestra sociedad consumista y deshumanizada y el motivo de la venida de Jesús fue " salvar a su pueblo de los pecados " , no lo olvidemos.
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24 DE DICIEMBRE. MISA DE MEDIA NOCHE. Lc 2, 1–14.
EVANGELIO
"Hoy os ha nacido un Salvador."
Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
En aquellos días
salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo
entero
Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos
iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió
desde la ciudad de Nazaret en: Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén,
para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban
allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió
en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al
aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los
envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo: -No temáis, os traigo la buena noticia, la
gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un
Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del
ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres
que Dios ama.
Palabra del Señor.
Qué curioso cómo nos presenta Lucas, posiblemente sin ser consciente de ello, el anuncio del nacimiento de Jesús.
El hombre más poderoso del mundo, el César de Roma, va a ser el causante de que se cumplan los designios de Dios tal como habían sido señalados por los profetas. Una vez más la voluntad divina se sirve de las circunstancias humanas, cuenta con ellas, para que la realidad resultante no sea violenta para el devenir normal de la vida, para que todo siga su camino como si no sucediera nada, aunque se hayan puesto los cimientos de la mayor revolución a la que ha asistido el género humano desde que como tal se constituye.
La narración, en su conmovedora sencillez, nos muestra un suceso maravilloso contado de una manera sencillamente natural, como lo haría alguien que está absolutamente convencido de que lo que cuenta sucedió tal como él intenta transmitirlo y, sabiendo que se trata de algo insólito y sumamente importante, trata de presentarlo en un marco adecuado, rodeado de ángeles, de un coro celestial que esta vez no portan espadas de fuego ni son portadores de terribles noticias, no, esta vez son distintos, esta vez se manifiestan cantando la gloria del Altísimo y dando a los hombres, representados en unos sencillos pastores, la maravillosa noticia de que Dios se ha convertido en uno de nosotros y ha plantado su tienda en medio de los hombres para vivir con y para los hombres, aunque estos no llegaron a entenderlo y, más aún, yo me atrevería a decir que siguen sin entenderlo plenamente, sólo algunos privilegiados consiguieron vislumbrar parte de esta maravillosa realidad y nosotros, la sociedad, nos empeñamos en que vivían fuera de esta realidad mientras nos empeñábamos en intentar sacarlos de su “locura” y, como no sabíamos cómo catalogarlos, terminamos por llamarlos Santos, o Bienaventurados o..., en fin gente un poco rara que se sale de la norma.
El relato, en su candorosa ingenuidad, resuelve las claves tanto de temporalidad como de precisión cronológica en las que algunos más quisquillosos han querido ver irregularidades que aunque hubieran conseguido encontrarlas, seguirían siendo irrelevantes ante la contundencia esperanzadora del “ Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.
25 DE DICIEMBRE . - MISA DEL DÍA - Jn 1, 1,18
EVANGELIO
"La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros."
Lectura del santo evangelio según san Juan.
En el principio ya
existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha
hecho.
En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos
vinieran a la fe.
No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el
mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en
su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de
Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su
gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: El que viene detrás de mí pasa
delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la
verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el
seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor.
Aquí me tenéis con un lío imponente, con un conflicto entre mi razón y mis sentimientos. Debo confesar que he intentado no hacer este comentario, o mejor, intentar hacerlo y darme cuenta de no saber cómo.
Ante el retrato que el evangelista hace de Jesús sólo cabe intentar comprenderlo y darle gracias a Dios por haberse dignado bajarse a nuestro nivel, por haber elevado a la condición humana a la dignidad de hijos de Dios.
Ya sabíamos de la misericordia de Dios cuando sirviéndose de Moisés entregó a los hombres la Ley. La Ley se dio por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
Creo que esto no necesita mucho comentario; de todas formas me reitero en lo que manifesté anteriormente, yo no sé cómo hacerlo, sólo se cómo sentirlo y desde lo más profundo de mis sentimientos sólo me sale un grito de ¡¡gracias!!.
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FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA (Mt.2, 13-15. 19-23)
EVANGELIO
"Coge al niño y a su madre y huye a Egipto."
Lectura del santo evangelio según san
Mateo. (Mt. 2,13-15.19-23)
Cuando se
marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
-Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo
te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche; se fue
a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes; así se cumplió lo que dijo el
Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto».
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo
en sueños a José en Egipto y le dijo: -Levántate, coge al niño y a su madre y
vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.
Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel.
Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre
Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños, se retiró a Galilea y se
estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los
profetas, que se llamaría Nazareno.
Palabra del Señor.
Una vez que todo vuelve a la normalidad, la familia hace su vida, humilde y tranquila, como tantas otras familias y, también como tantas otras, tiene sus momentos de apuros y conflictos.
José ha de tomar una decisión nada fácil, pero la seguridad y aún la vida de su familia están en juego y, ante esa perspectiva, no se lo piensa dos veces; toma al niño y a su madre, de noche y en su burrito se encaminó a Egipto.
Hasta aquí el relato que Mateo nos muestra y que con frecuencia lo miramos con simpatía, casi con ternura, pero como algo que ocurrió hace mucho tiempo y que por tanto las asperezas y la parte más dura y cruel queda como difuminada por la lejanía del suceso. Pero... Se me ocurre que esta historia no es de las que simplemente ocurrieron, sino que es de las que se siguen repitiendo con demasiada frecuencia.
Ahora el punto de destino tal vez no sea Egipto, ni el medio de transporte sea un humilde borriquillo. La tierra prometida ahora se llama Europa y los medios de transporte pueden ser diversos, desde los bajos de un camión, la bodega de algún desvencijado carguero o la temeraria locura de una patera.
La historia se repite una y otra vez y la sangrante realidad nos muestra que no siempre termina como la que nos presenta Mateo en su relato. Con demasiada frecuencia los sueños de libertad, de bienestar, de vida en definitiva, quedan ahogados en las oscuras aguas de la noche fatídica en que se llegaron a ver las luces de la costa prometida.
Jesús sigue huyendo hoy ¿hasta cuando? ¿tardará mucho, aún, en encontrar unos brazos abiertos que le acojan al otro lado de la orilla?. Esperemos que no. Que no sea necesario que ningún padre deba coger, de noche, a su familia para ponerla a salvo de la miseria, de la muerte. Que por fin Jesús, junto con todos los padres del mundo, puedan descansar y las noches no sean causa de temor sino tiempo del reparador descanso al final de una jornada de trabajo honrado y que esa otra multitud de padres que todos los días tratan de escamotear a sus hijos del Herodes de turno en forma de droga, de alcohol o, simplemente, de consumismo desenfrenado, puedan llegar, al fin, a esa tierra de salvación en la que no tengan cabida la droga, el odio, el racismo, la xenofobia y un largo etcétera que hoy hacen gala de su tiranía.
Nosotros solos posiblemente no tengamos fuerza ni capacidad suficiente para hacer frente a estas situaciones adversas, pero José, cuando se vio en esta tesitura, contó con la ayuda del ángel que le indicó lo que debía hacer. Se sirvió del sueño para comunicarse con él. Si sabemos escuchar posiblemente recibamos indicaciones oportunas de alguna manera, aunque sea en sueños.
Cristo sigue huyendo ¿le sabremos reconocer y recibirle cuando se acerque a nosotros?...
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SANTA MARÍA MADRE DE DIOS (Lc 2, 16-21)
EVANGELIO
"Encontraron a María y a José, y al niño. Al cumplirse los ocho días, le pusieron
por nombre Jesús."
Lectura del santo evangelio según san Lucas. (Lc 2,16-21)
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y
al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de
aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los
pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto
y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre
Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor.
1 ENERO. JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ. Lucas 2, 16 – 21
Los pastores, los más humildes de la sociedad a los que se anuncia en primicias la Buena Nueva, corren, encuentran al Niño y a su Madre y, como no podía ser de otra manera, cuentan, comentan lo que les habían dicho poco antes, confirmándolo con lo que están viendo. Todo esto es causa de admiración para los que los oyen, pero una vez que confirmaron que era cierto lo que les habían dicho, se volvieron, se marcharon cada uno a su destino y para muchos , tal vez para la mayoría, esto quedaría como un curioso hecho anecdótico que les sucedió una vez y que al calor de la lumbre en las largas noches de vigilia, tal vez comentarían entre ellos o refiriéndolo a alguno que no hubiera estado presente aquella noche tan especial y ese bonito y curioso recuerdo sería todo lo que les quedara; poca cosa en definitiva...
Sin embargo había alguien que no olvidaría esta noche jamás, que la rememoraría y la disfrutaría una y mil veces en el fondo de su corazón, en su intimidad más recóndita.
Lucas, tal vez sin pretenderlo, nos da un detalle precioso para poder entender esto cuando, refiriéndose a María, dice: “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.
Meditándolas... La sencilla muchacha del pueblo se encuentra, sin apenas saber cómo, convertida nada menos que en madre del Hijo único de Dios.
No es de extrañar que meditara sobre todo esto hasta ir asimilando un hecho de tal magnitud y con todo lo que lleva aparejado esta realidad.
¡Qué corazón tan enorme para dar cabida a tantas cosas y qué pronto para la aceptación, sin pararse a pensar en dificultades ni adversidades!
Nosotros que estamos prontos a juzgar y a condenar a todos y todo lo que no se ajusta a nuestros cánones, deberíamos aprender a meditar todas las cosas en nuestro corazón antes de juzgar y, por supuesto, de condenar.
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SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD (Jn. 1, 1-18)
EVANGELIO
"La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros."
Lectura del santo evangelio según san Juan.
(Jn.1,1-18)
En el principio ya existía la
Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en
el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin
ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida
era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la
recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él
la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a
todo hombre.
Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el
mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a
cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su
nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal,ni de amor humano, sino
de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado
su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
[Juan da testimonio de él y grita diciendo: -Éste es de quien dije: «El que
viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su
plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia: porque la ley se dio por
medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es
quien lo ha dado a conocer.]
Palabra del Señor.
Otra vez la Iglesia nos pone en consideración el comienzo del Evangelio de S. Juan, pasaje que se irá repitiendo con insistencia machacona a lo largo del año litúrgico, tal vez para que, de vez en cuando, volvamos a los orígenes y no perdamos el sentido de la orientación entre todo el bosque, con frecuencia muy espeso, de la riqueza litúrgica con que se desarrolla el ciclo anual.
Creo que ya comenté que este pasaje de S. Juan siempre me había producido un desasosiego especial. Tal vez porque al ser como una carta de presentación en la que se nos muestra una completa semblanza de Aquel y aquello que esperábamos y que nos desborda de tal manera que posiblemente sea la descripción más escueta, concisa y exacta que podría hacerse del concepto de Eternidad con posibilidad de ser asumido por un ser especial y necesariamente único como es el Hijo, materialización del Amor.
Juan nos habla de la palabra, de la luz, de la vida, de Dios en definitiva. Creo que los atributos mencionados tan escuetamente son tan precisos y tan ajustados en verdad que no necesitan de nada más. Por eso, posiblemente, a mí me desconcierta un poco este pasaje, porque no necesita de artificio alguno para su comprensión, se entiende perfectamente y su mensaje es directo, claro y contundente. Es como una fotografía sin sombras en la que todo está a la vista y no necesita ser comentado, sólo ser visto, comprendido y aceptado.
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EPIFANÍA DEL SEÑOR (Mt 2, 1-12)
EVANGELIO
"Venimos de Oriente para adorar al Rey."
Lectura del santo evangelio según san
Mateo. (Mt 2,1-12)
Jesús nació en
Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se
presentaron en Jerusalén preguntando: -¿Dónde está el Rey de los judíos que ha
nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén
con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó
dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: -En Belén de Judea,
porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni
mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que
será el pastor de mi pueblo Israel».
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le
precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén,
diciéndoles: -Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo
encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al
rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir
comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al
ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al
niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo
sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no
volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
El evangelista nos da unos datos precisos del nacimiento de Jesús. Nos dice dónde y cuándo nace y, más adelante, nos dirá porqué.
En este pasaje, si sabemos leer entre líneas, veremos cómo el eterno enfrentamiento entre la ciencia y el hecho religioso queda aquí perfectamente solucionado. Los Magos representan la ciencia oficial reconocida, más aún, proceden del lugar más prestigioso de la época, del Oxford o Cambridge actuales, proceden nada menos que de Oriente... Pero estos sabios no están engreídos de su propia ciencia, de hecho vienen a rendir pleitesía a un niño desconocido pero que, gracias a sus conocimientos científicos, ellos saben que es alguien fuera de lo normal y, tan grande, que la ciencia está dispuesta a aceptarlo como superior y, por lo tanto, digno de recibir los obsequios a un ser de unas características tan especiales.
Le ofrecen oro, digno de un gran rey; incienso, destinado a la divinidad y mirra, como el primero de entre los hombres.
Y eso sucede hace algo más de dos mil años. ¿Cómo se come esto? ¿No hay hoy científicos que aseguran que ellos no han encontrado a Dios? No me cabe duda de que tienen razón. No lo han encontrado. Y ¿por qué? ¿Qué le hace distintos de aquellos entrañables Magos? Algo muy simple y, sin embargo, muy grande y muy importante, algo que se conoce como fe. Sencillamente los Magos creyeron en su propia ciencia y en las señales que ésta les proporcionaba, sencillamente creyeron en la estrella, “su” estrella. Algunos científicos de hoy y otros muchos que nos consideramos poseedores de una mente lógica, no admitimos la existencia de algo tan obvio, no admitimos “nuestra” estrella, algo que desborde nuestro racionalismo constrictor y delimitante. ¡Qué pobres! Sí, perdonad que me sulfure un poco, pero es que no hay nada tan patético como la presunción humana revestida de ciencia. Lo siento pero es superior a mis fuerzas. ¿Tan difícil es conjugar el conocimiento humano –ciencia- con el conocimiento de algo que está en un plano superior, distinto. –fe- ?.
Cuando seamos capaces de compatibilizar estos dos conceptos comprenderemos plenamente el gozo que sintieron estos magos – sabios – al honrar a Jesús.
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BAUTISMO DEL SEÑOR (Mt 3, 13-17)
EVANGELIO
"Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él."
Lectura del santo evangelio según san
Mateo. (Mt 3,13-17)
En aquel tiempo,
fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: -Soy yo el que
necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?
Jesús le contestó: -Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así
todo lo que Dios quiere.
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió
del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma
y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: -Éste es mi Hijo, el
amado, mi predilecto.
Palabra del Señor.
El pueblo, cansado de tanto esperar y deseando poner fin a una expectación tan prolongada, está dispuesto a aceptar a Juan como el Mesías, al fin y al cabo no era un hombre normal o, al menos, no actuaba como un hombre normal.
El problema es que al ser preguntado él responde que no es el esperado pero que está preparado para darse a conocer el esperado, el que colmará todas la expectativas.
Como vemos, la situación no ha cambiado mucho. El pueblo, o gran parte de él, a pesar de todo lo sucedido, parece que sigue esperando y, como entonces, está dispuesto a aceptar como salvador a aquél o aquello que colme sus expectativas, bien sea bajo el aspecto de fama, tecnología, poder, dinero, prestancia social o también política o alguna otra de las mil maneras imaginables y apetecibles que nuestra sociedad nos presenta, bien sea en forma de drogas, alcohol, sexo... con la diferencia de que ninguno de estos pretendidos salvadores admite no serlo.
Jesús se pone en la fila para que Juan le bautice, como un pecador más. ¿Y nosotros? ¿Nos confundimos con aquellos “desgraciados” a los que pretendemos ayudar? o por el contrario nos preocupaos de dejar bien claro que nosotros somos “distintos” somos “otra cosa” y esto puede traernos a la memoria, si nos molestáramos en ejercitarla, aquello del fariseo y el publicano orando en el Templo. Las cosas no han cambiado tanto. Hasta que no aprendamos de Jesús a ponernos en la fila, a no reclamar prebendas ni privilegios por ser quienes somos, no habremos captado el mensaje que hoy nos muestra Jesús: Hacerse, una vez más, hombre entre los hombres, cargando sobre sí las culpas de todos, las que no le corresponden, hasta el punto que el Padre no puede por menos de exclamar: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.
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2º DOMINO ORDINARIO (Jn. 1, 29-34)
EVANGELIO
"Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo."
Lectura del santo evangelio según san Juan. (Jn. 1,29-34)
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: -Éste es el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije:
«Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que
yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea
manifestado a Israel.
Y Juan dio testimonio diciendo: -He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo
como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a
bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse
sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
Palabra del Señor.
Juan el Bautista da testimonio explícito de Jesús, con un testimonio que no deja lugar a la duda, utilizando palabras mitad propias y mitad de Isaías y aportando como prueba un hecho concreto que él ha presenciado: El Espíritu Santo se había posado sobre él cuando le bautizó con agua. Sigue afirmando el Bautista que él no le conocía y puede chocarnos quizá a nosotros que siendo primos no se conocieran, pero una vez más nos encontramos con las limitaciones del lenguaje escrito que nos priva del gesto y de la entonación. Hay que entender al Bautista: Yo no le conocía “esa faceta”, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
Así de contundente se muestra el Bautista. Se podrá decir más alto pero no más claro: Este es el Hijo de Dios. El Bautista era un hombre incómodo, tenía la costumbre poco práctica de llamar a las cosas por su nombre y esa “manía” le costó la vida, pero él la vivió de una manera plena, consecuente consigo mismo para lo que es necesario mucho valor y una voluntad de hierro. Un hombre del que realmente conocemos poco, sólo lo necesario para saber que le fue encomendada una misión y que la llevó a cabo por encima de todo, aunque para ello hubiera de entregar su propia vida ¿será cosa de familia?.
La verdad es que cuando contemplamos la figura de este hombre sobrio, íntegro y cabal, nos da la sensación de que debía ser un tanto seco y huraño, pero con su vida, al menos con lo poco que de ella se nos da a conocer, lo que nos muestra es a un hombre ponderado, fiel, serio y consecuente con lo que anuncia. Él se sabe un enviado, nunca pretende ocupar un puesto que no le corresponde; sabe que su misión es preparar el camino para otro que viene tras él aunque sea anterior a él y al que no conoce pero al que está seguro que reconocerá porque le ha sido dada una señal, una contraseña infalible y sabe que no le fallará, por eso cuando esta señal se produce no duda en proclamarlo; después, cumplida su misión, muere y es como si todo se diera por concluido de manera satisfactoria, como cuando se da por concluido un trabajo bien hecho.
No trato de minimizar nada, sólo procuro mirar de manera objetiva y la verdad es que la figura de Juan en su sencillez a mi me produce un enorme respeto y una profunda admiración.
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3º DOMINO ORDINARIO (Mt. 4, 12-23)
EVANGELIO
"Vino a Cafarnaúm para que se cumpliese lo que había dicho el profeta Isaías."
Lectura del santo evangelio según san Mateo. (Mt.
4,12-23 )
Al enterarse Jesús de que habían
arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en
Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió
lo que había dicho el profeta Isaías:
«País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: -Convertíos, porque está cerca el
reino de los cielos.
[Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman
Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran
pescadores.
Les dijo: -Venid y siguidme, y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a
Juan, que estaban en la barca repasando las redes. con Zebedeo, su padre. Jesús
los llamó también.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del
Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.
Palabra del Señor.
Jesús sufre en sus propias carnes las intrigas y acoso político. Juan es apresado porque resulta incómodo, su lengua es más cortante que una espada bien afilada y no se arredra ante nadie y eso hace que dé con sus huesos en la cárcel.
Jesús no quiere que su misión termine antes de comenzar y, para evitar enfrentamientos con la autoridad establecida, decide marchar fuera de su tierra, se marcha a la Galilea de los gentiles: Allí comienza prácticamente su vida pública, allí comienza a predicar y a anunciar el acercamiento del reino de Dios. Pero Jesús no quiere estar sólo, le gusta el trato directo con las personas y por eso se preocupa de rodearse de un grupo de amigos y un día cualquiera, mientras pasea por la orilla del mar de Galilea, en un plácido atardecer, cruza su mirada con dos hermanos: Simón y Andrés que estaban trajinando con sus aparejos; les llama, les sonríe y les ofrece una perspectiva nueva, un nuevo enfoque que dará un giro radical a sus vidas: "Os haré pescadores de hombres".
¿Cómo les hablaría Jesús? ¿Cómo les miraría?. No lo se, aunque me gusta imaginarlo siguiendo los datos del evangelista: Ellos entonces dejando al instante las redes, le siguieron.
Caminando los tres amigos ya juntos se encontraron con otros dos hermanos: Jacobo y Juan; estos estaban con su padre y se encontraban haciendo lo mismo que Simón y Andrés y reaccionaron de la misma manera. Dejaron al instante las redes y a su padre y le siguieron, y me vuelvo a hacer la misma pregunta ¿Cómo sería la mirada de Jesús cuando se dirigió a ellos? Cada cual que se la imagine como mejor crea.
Ya cuenta Jesús con un grupo de amigos y con ellos recorre toda Galilea, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Es curioso que Jesús espere a tener un grupo de amigos para lanzarse de lleno a predicar y a sanar. Parece como si necesitara del concurso de otros hombres para que su cometido se cumpla en plenitud, como si pretendiera enseñar de manera práctica a sus amigos que la acción en equipo, en común, era mucho más efectiva y práctica. ¿Será verdad esto?. Parece que choca con nuestras preferencias de sobresalir, de destacar, de ser protagonistas. ¡Qué cosas! . Este Jesús empieza a ser raro ya desde el principio, tanto que incluso sus amigos se sienten confundidos con frecuencia, hasta que se acostumbren y lleguen a entenderle ¿Cuándo será eso?.
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4º DOMINO ORDINARIO (Mt. 5, 1-12a)
EVANGELIO
"Dichosos los pobres de espíritu."
Lectura del santo evangelio según san Mateo. (Mt 5,1-12a)
En aquel tiempo, al ver Jesús al
gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se
puso a hablar, enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán
saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los hijos de
Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino
de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier
modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será
grande en el cielo.
Palabra del Señor.
Cuando se constituye una democracia, cuando se funda cualquier gobierno en cualquier país, lo primero que se instituye es una constitución, una serie de acuerdos y leyes de obligado cumplimiento para todos que faciliten y hagan posible la convivencia y el entendimiento entre todos los ciudadanos de ese país.
Eso es lo que hace Jesús en el pasaje que hoy nos muestra el evangelista, sólo que Él no impone nada, se limita a ir desgranando una por una las sendas por las que es posible llegar al reino de Dios. Caminos bien extraños a los que no llegamos a acostumbrarnos, por muy amablemente que nos los muestre el mismo Maestro.
A este pasaje se le ha llamado “La Carta Magna” del reino de Dios y, en verdad que lo es. Pone las bases y fundamentos para el perfecto desarrollo de los planes divinos respecto al hombre, por eso nos cuesta tanto entenderlos y admitirlos, porque no son nuestros planes, son los planes de Dios y aunque siempre cuente con el hombre, no siempre el hombre está dispuesto a prestar su colaboración. ¡Qué le vamos a hacer!
Es curioso que cuando alguna vez he reflexionado sobre este pasaje me he imaginado una suave colina en un día soleado de la primavera, una multitud de gente no demasiado grande y un hombre sentado en su parte superior que habla sosegada y amablemente a todos los que tienen su mirada vuelta y sus rostros atentos. Lo que les dice es un tanto extraño, parece ir envuelto en algo suave y agradable, pero en realidad es de una dureza nada corriente. Al ser tan suave aquello, todo el mundo lo entiende, pero al ser tan duro pocos son los capacitados para ponerlo en práctica, porque para ello hay que enfrentarse con uno mismo y eso no suele ser fácil ya que podemos encontrarnos con enormes sorpresas al constatar que no somos como nos creíamos, ni tan buenos, ni tan valientes, ni...
Pero bueno, eso sucede en esos momentos en que uno está sólo y depende del estado de ánimo en el que nos encontremos, porque otras veces me imagino la misma escena con una luz distinta , en un fugaz escorzo veo el rostro del hombre que está en lo alto y su voz suena como animando a todo el que le escucha a que ponga en práctica todo aquello que él está diciendo y que, cuando se presenten las dificultades -que las habrá- que contemos con su ayuda porque siempre estará a nuestro lado dispuesto a tendernos una mano. Y otras veces... en fin, no quiero ponerme pesado porque imagino que a todos nos ha ocurrido lo mismo alguna vez.
Lo que sí puedo decir es que procuro seguir las sendas marcadas y también debo confesar que me sigue costando y que en cuanto bajo la guardia, meto la pata y esto sucede muchas más veces de las que me gustaría, pero estoy seguro de que una mano amiga permanece tendida en todo momento.
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5º DOMINO ORDINARIO (Mt. 5, 13-16)
EVANGELIO
"Vosotros sois la luz del mundo."
Lectura del santo evangelio según san Mateo. (Mt 5,13-16)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus
discípulos: -Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa,
¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto
de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín,
sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den
gloria a vuestro Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.
El pasaje que hoy se nos presenta es corto pero lleno de significado. Desde que el hombre perdió su inocencia primigenia allá en el paraíso, perdió también la conciencia de su propia identidad, dejó de saber que era el amigo de Dios, el que paseaba con él al atardecer todos los días. Ya lo había olvidado. Llevaba siglos sin pasear junto a su amigo, vagando sólo por el mundo sin saber con certeza a donde dirigirse.
Dios no había abandonado a su criatura preferida, aunque la ofensa recibida por la desobediencia les hubiera distanciado de alguna manera. No obstante, por medio de los profetas y otros enviados, Dios Padre se había preocupado de poner como indicadores en la vida del hombre para marcarle el camino correcto, pero esto no había sido suficiente, ni siquiera para aquel pueblo con el que “desde antiguo” había sellado un pacto.
Jesús nos aclara las cosas. Nos dice quienes somos. Nos revela nuestra verdadera identidad y, con ello, nuestro cometido.
Somos la sal de la tierra, la luz del mundo. Eso somos. Somos el capricho de Dios. Pero es sólo una de las caras de la moneda. La otra es que eso, eso que somos es para algo, es para que tenga sentido pleno nuestra identidad y ser causa de complacencia para nosotros y para Dios..
Jesús nos da la clave de la finalidad de nuestra auténtica personalidad: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
Como queda claro tenemos un objetivo que llevar a cabo y ya sabemos quienes somos, de donde se deduce que ya no valen excusas ni pretextos para escurrir el bulto alegando ignorancia o desconocimiento. Tenemos un cometido concreto, llevémoslo a cabo. Sabemos que a veces nos fallan las fuerzas, que la tarea resulta demasiado dura para nosotros, pero también sabemos que siempre, siempre, contamos con un amigo inseparable dispuesto siempre a prestarnos su apoyo y ayuda.
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6º DOMINO ORDINARIO (Mt. 5, 17-37)
EVANGELIO
"Se dijo a los antiguos, pero yo os digo."
Lectura del santo evangelio según san Mateo. (Mat.
5, 17-37)
En aquel tiempo,
dijo Jesús a sus discípulos: [No creáis que he venido a abolir la Ley y los
profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes
pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde
de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo
enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos.]
Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el reino de los cielos.
Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en
el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será
procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será
procesado. [Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el
Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí
mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el
altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a
presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida,
mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al
alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que
hayas pagado el último cuarto.]
Habéis oído el mandamiento «No cometerás adulterio». Pues yo os digo: el que
mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.
[Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un
miembro que ser echado entero en el abismo. Si tu mano derecha te hace caer,
córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero
al abismo.
Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio». Pues
yo os digo: el que se divorcie de su mujer, -excepto en caso de prostitución- la
induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.]
Sabéis que se
mandó a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor».
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de
Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la
ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o
negro un solo pelo.] A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene
del Maligno.
Palabra del Señor
(Mt. 5, 17-37) Jesús quiere que quede bien claro su contenido, que nadie se llame a engaño. La Ley debe cumplirse y no sólo con la interpretación acomodaticia que hacían los fariseos sino q