Cualquier duda, consulta, pregunta, pedir comentarios anteriores o de otros ciclos, etc. dirigirla a jcerrato@sicomoro-2.com y en el asunto (Pedro Gil); todas serán respondidas. Cordialmente: "Sicómoro-2"
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CICLO A
SEMANA SANTA
Sábado anterior al Domingo de Ramos. Soledad, soledad, soledad. Silencio, silencio, silencio. Sólo puede mostrarse Dios cuando todos los intereses egoístas se destruyan de nuestra vida. ¿Qué difícil es quedarse vacío, de todo y de todos, para poder encontrarnos con el que configura la verdadera vida del hombre, aunque éste lo desconozca. Todos nos emborrachamos con ese activismo que ratifica una existencia febril de vacíos, que se quieren justificar con actuaciones más o menos alienantes - pero alienantes en último término - aunque éstas se configuren en torno a unas manifestaciones litúrgicas. Tantos preparativos exteriores en nuestras catedrales, templos y capillas y que poca disposición interior para encontrarse con el misterio…
Mañana se cambia la hora… ¿Se cambiará la vida? El cristianismo no ilusiona, se dice, ¿ Acaso Jesús de Nazaret es un número más de la comedia representada por todos los entes llamados - expresivo término - racionales?
Las palabras del salmo treinta resuenan hoy más que nunca… ¡Quién las escuchará!
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
Me ven por la calle, y escapan de mi,
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Mañana comenzarán las procesiones por todas las calles de nuestra España, pero las verdaderas procesiones se están dando, sin anuncios en los rotativos, todos los días. Cristo es perseguido y cae con todos los que sufren en las guerras, en las injusticias de toda clase y huyen sin saber a dónde se dirigen…y vagan de aquí y allí sin que nadie contemple su tragedia…Son tantos…y tan…pobres. En nuestras procesiones se retiran los pasos para comenzar, de nuevo, la función…el año próximo. En las procesiones en donde va verdaderamente Cristo hay un término: la muerte y el abrazo del Padre. No hay costaleros que ayuden, ni tan siquiera Cirineos obligados…, van hacia el absurdo de un fin indigno, solos, como han vivido. Los Vía Crucis se celebran en muchas partes, en las que jamás oyeron hablar de un Crucificado…, pero viven con Él, y mueren con y como Él, con el grito silencioso del pobre. ¿ Por qué…el mal ?.
El problema del mal no tiene una respuesta seria y coherente; tampoco el Nazareno nos habló de ella. Cristo no explicó los absurdos de la vida, los vivió en su propia carne. Todos los gritos de Auschwitz, y existen tantos campos de concentración en nuestros días, se recopilan y se asumen en aquel grito de Cristo en la cruz que, contrariamente al de Job, no tuvo una respuesta. La Resurrección de Cristo, es decir, su exaltación, su glorificación son la Respuesta del Padre. Si todos los gritos de los que sufren absurdamente están asumidos en el grito de Jesús, la respuesta del Padre con respecto a Jesús es la respuesta a todos los hombres. Todos los que sufren son sacramento de Cristo, Iconos de Dios. El absurdo de todos los males, sin explicación humana, tiene el horizonte de la Exaltación y Glorificación del Crucificado.
AYER, COMO HOY, Y SIEMPRE CRISTO VIVE SU SEMANA SANTA EN TODOS LOS QUE SUFREN, EN TODOS LOS QUE MUEREN, MIENTRAS AYER, COMO HOY, EL MUNDO PASA INDIFERENTE POR LOS CAMINOS…
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DOMINGO DE RAMOS, CICLO-A |
BENDICIÓN Y PROCESIÓN DE RAMOS (Mt 21,1-11.)
¡Qué fácil, sencillo y gratificante es estar junto a los triunfadores!. ¡Qué dificultoso, delicado y arduo es permanecer fiel a estas mismas personas en situaciones embarazosas y, sobre todo, en el momento de su fracaso final!.
Cuando contemples la procesión de Palmas en esta mañana piensa que esos vítores y gritos de “aleluia” son la antesala de otra escena, con otros gritos más fuertes y maliciosos,: crucifícale, crucifícale...
Nuestra vida también es, en gran o pequeña medida, una semana santa: No te dejes llevar en tu vida por los aplausos y enhorabuenas, ni te hundas por las críticas maledicientes. El Nazareno es siempre tu compañero de camino, siempre en segundo plano en los momentos de euforia por los éxitos y en primer plano, solo junto a ti solo, en los días de infortunio y desengaños.
1ª Lectura (Mt 21,1-11.)
El cristiano ha de ser el hombre que, como el samaritano de la parábola, ha de tener la mirada clara y despierta para saber ver y escuchar a toda persona necesitada que encuentre en el camino de su vida. De la escucha nace la comprensión profunda y de ésta el amor sincero.
En tu travesía vital te encontrarás con personas que intentan manipular tu buena fe, otras que te devolverán mal por bien y muchas que se reirán de tus ingenuas(?) intenciones. ¡Sé siembra!. ¡No esperes impaciente el fruto!. Cree con el amor de Cristo, reflejado en el tercer canto del siervo de Jahvé de Isaías, en la bondad del hombre...
En el horizonte se vislumbra una cruz y una resurrección...
2ª Lectura (Flp 2,6-11.)
“El corazón de Pablo era, nos dice Agustín, el corazón de Cristo”. Pablo no fue fundamentalmente un seguidor del Nazareno, ni un imitador de sus virtudes, sino que intentó siempre vivir la misma vida de Cristo. “Vivo yo, que no yo, es Cristo que vive en mi” pudo decir, con toda verdad, el Apóstol de los gentiles.
Pablo, ciudadano romano de Tarso, se entregó, con el amor de Jesús, a sus hermanos. La salvación del hombre fue siempre su pasión continua. Rechazado por todas las iglesias de Asía, traicionado por tantos falsos hermanos, vivió siempre de la fe, esperanza y amor del Dios encarnado.
Las palabras de su Carta a los fieles de Filipo son su grito de desahogo, de estopa en la garganta, al contemplar su propia vida a través de la de Cristo, humillado hasta una muerte de cruz y ensalzado como Señor por el Padre.
Pasión de san mateo (Mt 26,14-27,66.)
Hoy no debe haber homilía... La proclamación pausada y rítmica de la Pasión según San Mateo ha de escucharse en el silencio del corazón. Habla Dios.
Son los últimos momentos de Cristo antes de morir, su testamento vital. En San Mateo encontramos las palabras más impresionantes sobre la muerte de Jesús, nacidas de su boca: Jesús empezó a entristecerse y angustiarse y dijo: “me muero de tristeza”. Todos los moribundos abandonados de todos y de todo pueden contemplar a Dios, tirado en tierra y muriendo, en su propia muerte, la de los más desgraciados del mundo. Ya nadie muere solo, tiene siempre la compañía de Jesús de Nazaret. Desde la Cruz de Cristo la muerte tiene un sentido y dignidad.
Al escuchar en estos días la Pasión de Cristo, pregúntate que personaje de esta Pasión encarnas en tu vida cotidiana: ¿Eres Pedro el pretencioso, que le negó con juramento por vergüenza? ¿Eres un discípulo que huyes en la hora de la verdad y del compromiso?- ¿Eres el Pilatos de turno, que limpias tus manos para condenar con buena conciencia la verdad?. ¿Eres el Cirineo, que acompaña al hermano que sufre? ¿Eres santa mujer que estás, con María, junto a la cruz?
Todos hemos sido muchos de esos personajes en distintos tiempos... ¡Ojalá, tú y yo, acojamos, como Pedro, la mirada de Perdón de Cristo en Galicanto!.
Epílogo:
Eran
tus ojos, como el cielo azul, azules,
las luces de tu cuerpo, que sencillos
y claros te lo hicieron luminoso,
y castos castigaron cuanto vieron;
y sus niñas, más negras que la noche
sin luna y sin estrellas, te brillaban
con el fulgor divino del abismo
de las tinieblas; y ahora el velo blanco
de los caídos párpados, las alas
de esas palomas que volaban siempre
hacia su nido celestial, con sello
de sangre sella tu mirar. Perdonas
sólo mirando. ¡A Pedro le miraste
del gallo al canto, y él lloró su culpa
al ver tus ojos hartos de perdón!.
(Miguel de Unamuno. El CRISTO DE VELÁZQUEZ (1920)
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JUEVES SANTO, (CICLO-A) |
1ª LECTURA (Ex 12,1-8.11-14.)
Esta tarde comienza el Triduo Pascual. En este Jueves Santo se agolpan en nuestra memoria los acontecimientos que hemos vivido desde niños: La Institución de la Eucaristía y del sacerdocio, y mandato de Jesús sobre el amor fraterno simbolizado en el lavatorio de los pies.
Lo Prescrito sobre la Cena Pascual en el Éxodo lo guardó escrupulosamente el judío Jesús de Nazaret, aquella cena fue también para el Él el verdadero paso, la verdadera Pascua en la que se despedía con un amor trágico de sus discípulos. Cristo cambió el sentido profundo y radical de las bendiciones sobre el pan y el vino refiriéndolas, en sentido real y verdadero, a su propio cuerpo y sangre.
2ª LECTURA (1 Cor 11,23-26.)
Jesús está en aquella noche en estado sacrificial... Dentro de unas horas se va a cumplir lo que un día anunciara a sus discípulos: “Si el grano de trigo no muere no da fruto, pero si muere da mucho fruto”. Y ante el estremecimiento de aquellos pobres iletrados, pero creyentes va a constituirlos a ellos, pecadores y futuros cobardes, sacerdotes cuya misión fundamental será perpetuar “aquella sagrada cena”.
En este Jueves santo del año 2002, miles de sacerdotes conmemoran y actualizan aquella cena, repitiendo las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, haced esto en memoria mía”. Los sacerdotes no conocemos nuestro futuro, pero sí nuestra responsabilidad y ésta, creedme, es de vértigo; vértigo, pues, teniendo unas manos sucias y una lengua impura, tenemos que pronunciar las palabras de Jesús y decir a los fieles unas palabras que sean palabras, es decir, trozos de verdad experimentados en nuestra vida y no sólo fonemas, palabras sin contenido, huecas como de funcionarios de lo religioso...
Señor, te pedimos, como Tú lo hacías hace dos mil años, por todos los sacerdotes, los santos y los pecadores... para que “sean santificados en la Verdad”.
EVANGELIO (Jn 13,1-15.)
No se trata de lavar los pies a los pobres, no, sino de lavarnos los pies los unos a los otros. Es relativamente fácil ejercer la caridad con los indigentes, pero mientras los cristianos no estemos dispuestos a abrir nuestros corazones para que los pobres puedan ayudarnos con su pobreza, el cristianismo no tendrá la vitalidad evangélica. Hoy los llamados pobres nos tienen que ayudar a:
- despojarnos de nuestras riquezas materiales, pues sólo los pobres nos pueden salvar de nuestros egoísmos.
- descubrir el Evangelio, en el que los pobres - y no los escribas, fariseos y letrados – reciben la buena nueva de
Jesús.
- vivir una nueva convivencia que transforme nuestra sociedad insolidaria y en la que todos los miembros compartamos alegrías, penas, triunfos y fracasos, bienes materiales, la vida y la muerte.
Epílogo:
El pan que veis, soberano,
un solo es grano,
en tierra virgen nacido,
que molido
sin fracción en el madero,
se da entero
adonde más dividido.
Cuando el altar hoy ofrece,
desde uno al otro polo,
pan divino, un grano es solo
lleguen tres o lleguen trece;
invisiblemente crece
su unidad, y de igual modo
se queda en el mismo todo
que se da a todo cristiano.
El pan que veis soberano,
un solo es grano,
en tierra virgen nacido,
que molido
sin fracción en el madero,
se da entero a donde más dividido.
(Luis de Góngora 1609)
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VIERNES SANTO, CICLO-A |
1ª LECTURA (Is 52,13-53,12.)
¡Qué visión tan certera la del segundo Isaías seis siglos antes de Cristo! Hoy cada uno de nosotros debe reflexionar, despacio y sin prisas, en la muerte de Cristo y en su propia muerte. “La verdad, decía Hegel, es la totalidad” y desde la Resurrección se debe contemplar el sentido profundo del Viernes Santo; sólo desde la Luz tiene sentido hablar de las tinieblas.
Desde aquel Viernes Santo siempre los justos morirán por los pecadores y Cristo, en aquella tarde, como varón de dolores está viviendo – descalabrado por el sufrimiento, herido y humillado por Dios – los fracasos de los pobres inocentes, las muertes absurdas e injustas de tantos niños a causa del hambre, la esclavitud de los seres más débiles y, al mismo tiempo, las culpabilidades de todos los “egoístas” que hacemos posible este mundo-caos de inhumanidad. El único pecado, no lo olvidemos, es el egoísmo respecto a Dios, a los hermanos y a nosotros mismos.
Cuando tú y yo manipulamos y objetivamos a una “persona”, estamos ofendiendo a Aquel que la creó libre y digna de respeto. Cuando rompemos el amor familiar, no pensemos sólo en el daño a nuestra familia sino la ofensa a Aquel que es esencialmente Amor. Todos, inocentes y culpables, estamos crucificados con Cristo... Esperamos los culpables que nuestra palabra y mirada a Cristo, en el día de hoy, le haga al crucificado repetir de nuevo, con rostro de acogida amorosa, las palabras: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso...”.
2ª LECTURA (Heb 4,14-16;5,7-9.)
Humildad y obediencia son las virtudes más necesarias en este mundo donde el hombre se ha erigido como creador de todos los valores. Estas virtudes son lo más opuesto a la pasividad, pues suponen una tensión en el alma y una entrega total a Cristo. Lo más duro para el hombre moderno no es prescindir del dinero, sino del poder y, sobre todo, del propio “yo” para poder vivir la libertad con el Nazareno.
El “yo” es nuestro ídolo que, consciente o inconscientemente, vamos declinando continuamente en la vida: “Yo”..., “de mí...”, “a mí...”, “para mí...”. “me...”. A este ídolo damos honor y reverencia...
De rodillas y sufrientes ante la Cruz pidamos comprender y vivir la experiencia del perdón y la salvación de Dios. El tiempo no cura nada...; sólo el perdón recibido con una obediencia sublime nos oxigena el alma, el cuerpo y el espíritu. “La única sabiduría que nos es posible adquirir, dice Elliot, es la sabiduría de la humildad: La humildad es infinita”.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan. (Jn 18,1-19.42.)
A las tres de la tarde muere Dios... Si Dios muere ¡qué será de nosotros!... Todo está cumplido fueron sus últimas palabras...
Tras el hablar, las palabras alcanzan el silencio. En Silencio..., en silencio amoroso y profundo, con infinita tristeza y paz, escucha la “PALABRA”.
Epílogo: No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
porque, aunque lo que espero nos esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. (Anónimo)
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TIEMPO PASCUAL, CICLO-A |
El tiempo pascual son los días, cincuenta, que van desde el domingo de Resurrección a Pentecostés. Es un tiempo de alegría del pueblo cristiano ante la victoria sobre el último enemigo: La muerte. La muerte ya no tiene la última palabra, sino es preámbulo de la verdadera vida, en la que se da el abrazo con el Padre, a través de Cristo, por la fuerza del Espíritu.
El cristiano ha de vivir en esta vida con una esperanza gozosa, al considerarla como “una mala noche en pésima posada” y su misión ha de consistir en ser testigo y testimonio de ese gozo pascual a toda persona con la que se encuentra en el caminar de su existencia. No es con las palabras, sino con la vida como debemos negar la frase del aquel obseso de Dios – en forma negativa – que se llamó Federico Nietzsche:" ¡Ay cristianos que poca cara de redimidos tenéis!”.
Nuestro mundo está falto de sana alegría; ni siquiera los niños pueden expresar con sus juegos y carantoñas esa vitalidad desbordante que llevan en su ser dinámico como vida recién estrenada. Hemos colocado un “maldito aparato” como centro de nuestro hogar, que recoge todas nuestras miradas, todas nuestras escuchas, todo nuestros sueños. Los padres a penas juegan con sus hijos pequeños..., los hijos no pueden dialogar con sus padres y viceversa, pues al no existir la escucha entre ambos difícilmente es posible un verdadero diálogo. El domingo ya no es el día de fiesta, en el que se reúnen tranquilamente alrededor de una mesa abuelos, padres e hijos y hasta los nietos viviendo en espíritu de amor familiar. Hoy todos tienen prisa para contemplar el programa, durante la comida, del Gran W..., posteriormente la película anunciada, y al caer de la tarde el partido del siglo: ¡cuántos siglos existen! y todo con el acompañamiento del transistor escuchando los gritos desaforados cantando los goles de los partidos de la jornada. No sé si se pierde la moral en sentido estricto, pero si lo más preciado que posee el hombre en su vivir: El tiempo.
Nos interesamos más por las vicisitudes azarosas de los adolescentes y jóvenes en esas series televisivas tan conocidas y de tanta audiencia, que por descubrir los verdaderos problemas de nuestros hijos y las necesidades del otro cónyuge. Esposos: vivir un amor profundo de un “nosotros” prometido el día de vuestro matrimonio y contemplar la evolución física y psíquica de vuestros hijos tan cercanos y, a menudo, tan alejados. No juguéis a ser amigos de vuestros hijos, sino verdaderos padres; amigos pueden tener muchos, pero no padres.
¿Volverá la vieja y maravillosa tradición de celebrar la familia, en completo, la Pascua – y todo domingo es Pascua – en la Parroquia..., y en esa Misa, sencilla y sincera, vivir unidos el perdón de Dios y la comunión entre todos a través de Jesús?
El cristianismo es esencialmente comunidad, que comienza en la pequeña comunidad familiar.
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PRIMER DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A |
1ª LECTURA (Hch 10,14a.37-43.)
Quedaron atrás las negaciones, con juramento, de Pedro... La mirada de Cristo en Galicanto le devolvió la dignidad perdida y el cobarde va a ser el “primero” en dar testimonio de la buena noticia del Nazareno.
Nuestra vida ha tenido y tiene entremezclados gracia y pecado... Hemos de confesar, en realidad de verdad, que no somos felices, pues no hemos tenido, quizás, la fuerza y el coraje – somos tan débiles – de no romper con esas ataduras que nos alejan de Dios. No temas..., hoy Domingo de Resurrección puedes recibir la gracia del resucitado; acércate al sacramento de la reconciliación antes de la Misa y podrás vivir, cantando el “aleluia”, tu resurrección con Cristo pues: “éste es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Cristo te espera..., no dejes pasar este domingo tan maravilloso...
¡Sé fuerte!. ¡Sé feliz!. ¡Sé libre!. ¡Sé tu mismo!.
Desde la actualización de la muerte y resurrección de Cristo, esto es la Eucaristía, medita el mensaje del Nazareno, que nos ha convocado para ser todos – santos y pecadores – Iglesia. Las palabras de Lucas en la primera lectura es el resumen más impresionante sobre la “Historia de un Viviente”. Cristo no vivió, Cristo vive.
Repite despacio, a modo de mantra, esta vocablo: Vive..., Vive..., Vive...
2ª lectura (Col. 3,1-4.)
Señor, somos también tierra y esta dimensión telúrica de nuestro propio ser nos tira hacia abajo, pero también siento en mi vida, Señor, que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia.
Quiero, Señor, con tu don buscar esos bienes que han sido y son, en muchos periodos de mi vida, mis ideales. Voy a intentar: ser bondadoso con toda persona que me rodea, dar paz a todo el que me encuentre en las diversas encrucijadas de mi existencia, sentirme cercano con todos lo que sufren y ser un “voluntario” más al servicio del necesitado.
Buscaré, Cristo resucitado, dignificar mi propia persona, dignificando en primer lugar a esos ancianos que son mis padres cuya vida comienza a declinar. Con la persona a la que me he unido en matrimonio viviré el ideal de ser “una sola carne” en Cristo. Respetaré el ser de la “otra persona” con la que proyecto formar una familia. Ante toda persona "andaré de puntillas y en silencio, pues es, Señor, otra persona en frase de P. Laín.
Deseo mirar arriba, pues allí contemplo a Cristo Resucitado, vivir y morir con mis hermanos en Cristo Jesús... El Reino de los Cielos, que no lo olvide Señor, se gana en “comunidad”.
EVANGELIO (Jn 20,1-9.)
¡Que importancia y protagonismo tan grande tiene en el Evangelio de Juan, al narrar la Resurrección de Jesús, la figura de María Magdalena!. Sólo los limpios de corazón, como el discípulo amado, pueden comprender el perdón recibido por almas en un tiempo perdidas y su correspondencia amorosa total: “amaron mucho, pues se les perdonó mucho”.
María, el primer día de noche, va al sepulcro. El amor nunca es prudente en la espera... ¡Qué le importa la guardia!. El recuerdo y el amor a Jesús llena su vida, aunque esté muerto...
Ella y los doce no habían comprendido que el anuncio de la resurrección – predicho por Jesús en varias ocasiones: “El hijo del hombre debe morir y resucitar al tercer día”, “El hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra”, “Destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días” – concernía, en primer lugar, a Jesús mismo. Su muerte les había roto todos sus esquemas...¡poco propicios estaban para recibir la noticia de su resurrección!. La experiencia pascual es progresiva y va desde el sepulcro vacío - signo, pero no concluyente – hasta las sucesivas apariciones. En esta experiencia hay, por parte de los discípulos, dudas, vacilaciones, confesiones firmes de fe, miedo, pero siempre la figura de Jesús tiene el carácter de una palpable realidad...
La dudas religiosas son integrantes de tu fe y de la mía, pero ha de admitirse, a fuer de sincero, que muchas dudas de fe no son sino producto de una ignorancia religiosa. Como programa para estos cincuenta días podíamos, tú y yo, reflexionar sobre las apoyaturas que hacen razonable la creencia en la Resurrección de Cristo...
La fe del carbonero es maravillosa, pero para el carbonero... La cultura religiosa ha de estar al mismo nivel de la formación humana en otras áreas del pensamiento.
Epílogo:
¡Alegría! ¡Alegría!
y festona la vía,
que ya llega, cercado
de un grupo fraternal de corazones,
Jesús resucitado.
Celebra el regocijo
de esta Pascua Florida.
Que suene la zampoña del cortijo,
suene el broce sonoro de la ermita gloriosa
que hace llover sobre al grama de oro.
Sacude tu conciencia dolorosa
cual se sacude, en el umbral abierto,
una vieja cortina polvorosa.
Y tiende una mirada
de candor hacia el mundo,
húmeda, azul, que no pregunte nada.
(Rafael Maya. Vida de sombra 1920-1925)
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SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A |
1ª Lectura (Hch 2,42-47.)
¡Qué diferencia siempre se encuentra entre el ideal de las doctrinas y la práctica en la vida cotidiana de aquellos que las profesan!. El cristianismo no es una excepción a esta regla general y nos preguntamos a menudo si nuestra vivencia cristiana no va perdiendo – sobre todo en este tiempo de secularismo – demasiados quilates de vida auténtica y verdadera.
A tenor de la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles – este libro se lee en todos los domingos de Pascua – nos queremos preguntar seriamente:
1º.- ¿Escuchamos la Palabra?.
2º.- La Biblia es el libro más vendido... ¿Es el más leído?.
3º.- Nuestra vida ¿es una pregunta para los que nos rodean o, quizás, un escándalo por la incoherencia entre doctrina y vida?.
4º.-¿Compartimos, entre los miembros de la comunidad, alegrías, penas, triunfos y fracasos y los bienes materiales de tal forma que a nadie le falte nada de lo imprescindible?.
5º.-¿Vivimos la Eucaristía como verdadera actualización de la muerte y resurrección de Cristo?.
6º.- ¿A nuestras comunidades se van agregando, por nuestra forma de vivir, personas alejadas de la doctrina o de la práctica religiosa?.
Las preguntas podrían ser más duras... Relee el texto. Partimos de que los ideales nunca se realizan en su total pureza...
Yo, me he hecho las preguntas y me he angustiado y ¿tú?.
2ª LECTURA (1 Pe 1,3-9)
“Hasta ahora mi vida tenía un sentido, ahora sólo una tumba...”. Simone de Beauvoir.
Gracias, Señor, porque a pesar de nuestros fallos e incoherencias, hemos mantenido el don de la fe en Dios, en Cristo y en su Iglesia. Nosotros no somos unos seres para la muerte, sino para la resurrección. La espera y esperanza en la resurrección da un sentido a toda nuestra vida, hasta el punto que aunque todos los proyectos concretos de nuestra existencia puedan terminar en un fiasco y fracaso, la vida conserva todo el sentido pues ella no se reduce a los proyectos como piensa el existencialismo al uso.
El mal – sin dejar de ser una realidad trágica e inhumana – ya no tiene la fuerza de absurdo total, pues la verdadera vida comienza en esa nueva creación, inaugurada por el Resucitado, en la que existirá la paz, alegría y amor pleno, rebosante de libertad.
Desde esta esperanza ya podemos vivir las primicias balbucientes de lo que “estamos llamados a ser”. Debemos ser voceros de esa buena noticia sobre todo en este mundo, en el que la ciencia y las ideologías han perdido el valor de absoluto.
En este domingo, sobre todo, el “canto” de Pedro ha de encarnarse en nuestra vida...
Evangelio (Jn 20,19-31.)
Los cristianos hemos pasado, en nuestra patria y en pocos años, de una iglesia que tenía todo a su disposición: Escuelas, Colegios, Universidades públicas, medios de comunicación social a una iglesia humilde y pobre, cuando no marginada y despreciada. Los templos se han ido vaciando de jóvenes y sólo las personas mayores son las practicantes habituales de los actos del culto.
Las misiones populares han dado paso a un anuncio, únicamente en el templo, de un evangelio, en apariencia, sin vigencia actual. A los practicantes de ayer se les plantea esta angustiosa pregunta: ¿a dónde vamos?... Los signos religiosos son, muchas veces, motivo de mofa y befa en programas televisivos y a los jóvenes religiosos les supone un gran fortaleza y coraje el confesar sus creencias religiosas en los ambientes de la Universidad y del trabajo. Los contenidos de la fe aparecen como viejos tabúes de tiempos pasados... Hay excepciones de determinados movimientos de todos conocidos, pero son eso, excepciones que provocan un rechazo cuasi total en grandes masas de la sociedad. Estamos viviendo un aparente Silencio de Dios
Nunca mejor que en estos tiempos – los mejores por ser los únicos que nos ha tocado vivir – podemos comprender el derrumbamiento que produjo un Viernes Santo y las puertas cerradas por el miedo en aquella sala el Domingo de Resurrección. En medio de aquel ambiente tenso y enrarecido se hace presente el Resucitado con su mensaje Pascual: “La Paz sea con vosotros... Lagrimas en medio de un silencio de Presencia...
Señor, los hombres de hoy te necesitamos, pues las dudas nos abruman... ¡Muéstrate Resucitado a los que andamos en las tinieblas de tantos interrogantes, como a los discípulos en aquel día de Pascua!.
Te pedimos, también por tantos “Tomás”, que han abandonado la práctica cuando no la creencia en tu doctrina y en tu persona. ¡Hazte el encontradizo con ellos!. ¡Oblígales a meter el dedo y el puño en tus llagas!. Tú, Señor, nos comprendes...
Epílogo:
Tu, que hieres
Arrebatadamente te persigo.
Arrebatadamente, desgarrando
mi soledad mortal. Ven, te digo
como un muerto furioso. Ven. Conmigo
has de morir. Contigo estoy creando
mi eternidad. ( De qué. De quién.) De cuando
arrebatadamente esté contigo.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo
a besos de ansiedad y de agonía.
No quieres. Tú, que vives. Tú, que hieres
arrebatadamente el ansía mía.
(Blas de Otero 1968 )
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TERCER DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A |
1ª Lectura (Hch 2,14.22-28. )
En los países occidentales no sólo la practica sino también la cultura religiosa es cada día más escasa entre los adolescentes y jóvenes. En nuestro país, otrora de piedad acendrada, los templos se han vaciado de las personas que constituyen el futuro de toda sociedad:” la juventud”. Los porcentajes de su asistencia dominical son altamente alarmantes y el desaliento es la tentación de padres, educadores y sacerdotes.
Como Pedro, en la primera lectura, ha de comenzarse por explicar, sin miedos ni complejos, la figura y vida de Jesús de Nazaret insistiendo en lo que da sentido a su vida y a la nuestra: su Resurrección. La visita de nuestras catedrales puede ser el comienzo de una “nueva forma de evangelizar”, y las diversas exposiciones de las “Edades del Hombre” han demostrado el interés por lo religioso, por lo menos en su dimensión cultural.
Internet y multimedia son formas de llegar al hombre de nuestro tiempo y los encuentros del hombre con Dios se dan en esas navegaciones en las que el espacio y tiempo se han reducido a la dimensión de cuasi presencia instantánea. ¡Ojalá nuestra sencilla página “web” sea una pequeña semilla lanzada a la red para recordar al hombre moderno la Historia del Viviente: Cristo!.
2ª Lectura (1 Pe 1,17-21.)
¡Qué difícil es justificar el sentido profundo de los ideales del hombre moderno “Igualdad”, “Libertad”, “Fraternidad”, sin hacer referencia a un origen y fin transcendentes!. Para muchos autores ya no se puede hablar propiamente de “derecho natural”, sino de derechos históricos. Y las formas de concebir los temas como la eutanasia, el aborto y las clonaciones no son sino muestras del paso del historicismo al relativismo...
Desde un Dios Padre se comprende no sólo la maravillosa unidad de la naturaleza humana, sino la vocación a vivir la misma vida de Dios por virtud del Espíritu del Resucitado. Creación, Encarnación, Resurrección no son únicamente creencias que nos hacen más religiosos, sino valores que nos permiten comprender y vivir con más autenticidad el profundo misterio del ser humano. “Acuérdate, hombre, que para conocer al hombre, quizás has de pasar por Dios”( Pascal).
Evangelio (Lc 24,13-35)
¿Nuestra enseñanza religiosa tuvo en cuenta el papel de la duda en toda creencia?. Para muchas personas la duda supone una cuasi implícita negación y no un poner entre paréntesis las creencias recibidas para poder realizarnos como seres pensantes, en los que la duda forma parte constitutiva para alcanzar maduramente la verdad.
¿Quién se siente representado en los discípulos de Emaús?:
Los que han abandonado la Iglesia y sienten en sus vidas la carencia de aquella paz y alegría recibida en la recepción de los sacramentos y añoran aquellas experiencias pasadas...
Los que creyendo en Dios y Cristo son incapaces, psicológicamente hablando, de romper con las ocasiones de egoísmo que les apartan del amor vital del Nazareno...
Los que han perdido la ilusión de predicar la buena noticia al contemplar la poca aceptación de sus enseñanzas y van descuidando, poco a poco, aquella entrega generosa a todo hombre por amor de Cristo...
Los que penan de una tristeza inmensa a causa de una constitución fisico-psíquica que les hace propensos a esas enfermedades de la personalidad, que fácilmente hemos etiquetado como depresiones, neurosis, psicosis...
En todo caminante en la difícil ruta de la vida siempre es posible que Jesús de Nazaret salga al encuentro como compañero de viaje... Con Él, no lo olvides, puedes compartir el pan y el vino.
Epílogo:
A media tarde con fracaso en el ánima
rasgan el camino hacia Emaús dos sombras
con corazón agotado y cuerpo entumecido;
amigo, han perdido la espera y esperanza...
Dos años largos de creer en lo imposible,
de ver sueños y ensueños de bondades divinas
les había convertido en aprendices de un futuro reino,
rayando en delirios de antiguos profetas.
El dolor y la rabia contenida ante tanta locura
les hacía parlotear, sin sentido ni juicio,
vómitos de fracasos pasados y espumas del espíritu.
La Palabra se hace compañía entre la media luz
de aquella tarde larga, como las horas que no pasan...;
comparten pan y vino con Él. ¡Resucitó susurran en silencio!.
(P. G. G. Encuentro)
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CUARTO DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A |
1ª Lectura (Hch 2,14a.36-41)
A lo largo de la historia siempre se ha considerado al niño como sujeto infatigable de preguntas: ¿Por qué...? ¿Qué hago mamá, papá?. Las respuestas de esas personas han dado amor, paz y calor a esos pequeños seres que se “admiran” de todo y de todos en esa edad en la que comienza el desarrollo de la personalidad.
Los jóvenes al formar su propio yo preguntan menos que intuyen, a través de las personalidades de sus maestros, en sentido amplio, lo que se debe admitir y rechazar para tener un juicio propio ante el trabajo, ante el amor, ante la sociedad, ante Dios...
Los ancianos no preguntan sino que se preguntan seriamente: ¿Qué he hecho a largo de mi vida?... Pocos les pueden contestar serenamente en esos años en que el aplauso ha dado paso a la espera consciente de su propio fin...
Hoy ni los niños ni los adultos preguntan, pues no existe un diálogo profundo entre las personas... Se tiene una cantidad de informaciones a través de los “multimedia”, que configuran los pensamientos sobre las cosas y personas... Son respuestas estereotipadas que impiden que la mayor parte de seres racionales podamos ejercer el sentido crítico, que siempre nos ha configurado como personas...
Volvamos a preguntar, en el orden religioso, para tener un sentido profundo y no mediatizado sobre los temas que son fundamentales para vivir y morir: Dios, Cristo, Iglesia y, en silencio, leamos las palabras de Pedro en la primera lectura, que son el resumen de una perfecta catequesis sobre la obra y persona de Jesús de Nazaret. Una pregunta fundamental surgirá en tu corazón: ¿Qué me pide Jesús?. No tengamos miedo a una respuesta generosa.
2ª Lectura (1 Pe 2,20b-25.)
Siempre, tarde o temprano, aparece en la vida del hombre el tema del sufrimiento físico o psíquico y, ante ese mal enraizado en la misma constitución del ser humano, surge la angustiosa pregunta, sobre todo después del Holocausto: ¿Qué sentido tiene el sufrir injustamente?.
Cristo no intentó darnos unas enseñanzas sobre el mal en sus diversas formas, sino que lo asumió, Él inocente, hasta morir una muerte de cruz.
Cuando nuestras fuerzas flaqueen, ante el sufrimiento personal o de nuestros hermanos, miremos la “cruz” y allí encontraremos la respuesta vital y existencial de Jesús de Nazaret. Amemos la cruz, pero no una cruz lisa de madera - hoy tan al uso - sino al crucificado en ella... y tendrás la experiencia suave y dolorosa, en tus propias carnes, de poder compartir tu sufrimiento y el de tus hermanos con el de Cristo... Experiencia de soledad, de Dios presente por su ausencia, y del amor redentor.
Evangelio (Jn 10,1-10.)
Cristo nos habla, en unas parábolas ingenuamente maravillosas, sobre la función del pastor, del aprisco, de las ovejas. A través del camino pascual – muerte y resurrección – Cristo ha superado la barrera de la muerte y puede conducirnos a la Vida eterna. Él es, y sólo Él, la única puerta para llegar al abrazo del Padre.
A la pregunta angustiante sobre el después de la muerte, nuestra respuesta no se basa en los argumentos esgrimidos en las maravillosas páginas sobre la inmortalidad del alma del sublime Platón en el Fedón. Nosotros no esperamos la inmortalidad del alma, sino la resurrección de los muertos... Jesús de Nazaret nos va repitiendo, ayer como hoy, a través de los escritos pascuales estas palabras del Evangelio:
Si sois mis ovejas conoceréis mi voz, que os llama por vuestro nombre, y entraréis por la única puerta, que es mi persona, a participar de mi muerte y mi resurrección.
Jesús no nos pide únicamente su imitación, ni tan siquiera su seguimiento, sino el vivir su misma vida... ¡Quién no experimentará vértigo ante la locura del amor encarnado de Dios!. “Nos amó hasta el extremo” dice S. Juan
Epílogo:
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!
Muerte y vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!
Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡aleluya, aleluya!
Cristo es nuestra esperanza,
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!
Vivamos la vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!
Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya! Amén.
(Del oficio de lectura)
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QUINTO DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A |
1ª Lectura (Hch 6,1-7.)
En la Iglesia, como en toda institución, se crean tensiones entre sus grupos. La labor de los consagrados por el sacramento del orden será siempre la predicación de la palabra y dirigir la oración comunitaria. Siempre existirá la tentación de la jerarquía de ocuparse, en exceso, de medios necesarios para el pleno desarrollo de la iglesia como son: la enseñanza y cultura profanas y el ejercicio de dirigir la beneficencia y la caridad.
La Iglesia, a imitación de los Apóstoles, debe siempre preguntarse si todos los medios de su inserción en el mundo giran sobre los dos grandes ejes de la vivencia cristiana: una catequesis sería, profunda y siempre renovada y unas celebraciones litúrgicas que ayuden a la comunidad cristiana a vivir el encuentro del hombre con Dios.
Recordemos – ayer como hoy – a los pastores que su misión es “estar en el mundo sin ser del mundo” y que el “activismo apostólico” acecha a una Iglesia divino-humana, santa y pecadora. El hombre de nuestro tiempo necesita vivenciar la presencia de una comunidad orante, a la escucha de la palabra.
2ª Lectura (1 Pe 2,4-9.)
El Concilio Vaticano II ha puesto de relieve el papel de los seglares en la Iglesia. Todos los cristianos estamos incorporados a Cristo mediante el bautismo y participamos de su función sacerdotal, profética y real: “Con vosotros soy cristiano, para vosotros soy obispo” (S. Agustín). Esta función la ejercen los seglares – ellas y ellos – en las actividades y profesiones de la sociedad contemporánea: impregnar del amor de Cristo la vida de trabajo diario en la fábrica, en la oficina, en la escuela, en la Universidad, en el hogar.
Los laicos han de ser un testimonio, en este mundo secularizado, para nuestros hermanos alejados de que la creencia y vivencia de Dios - lejos de alejarnos de nuestro compromiso de humanizar las estructuras muchas veces injustas – son un acicate para vivir la entrega total y amorosa a todos hombres, especialmente a los más marginados. La pasión por el hombre es la divisa del cristiano.
Evangelio (Jn 14,1-12.)
La vida para el cristiano es una andadura, por este mundo, hacia Dios a través de Cristo. Todo creyente tiene en el orden espiritual sus momentos álgidos – “en los que los sacrificios parecen gracias” – y sus momentos oscuros – “en los que las gracias parecen sacrificios”. La regla evangélica consiste en conservar la calma y dejar que el Espíritu del Resucitado obre en nuestro ser, a fin de sortear con paz de espíritu las circunstancias tan variables que configuran nuestra vida.
La santidad, a la que todos los cristianos somos llamados, tiene diversas vías para ser alcanzada aunque el único camino, verdad y vida sea Cristo. La petición de Merry del Val resuena en nuestros corazones: “Haz, Señor, que todos sean más santos que yo, a fin de que yo llegue a la santidad que corresponde a mis fuerzas”.
Hay muchas moradas en la casa del Padre y cada uno ha de intentar llegar a la suya, según la gracia otorgada por Dios y nuestra capacidad de respuesta. No queramos ser ni últimos ni primeros en el Reino, sino ocupar el “sitio” que Dios nos tiene reservado.
Epílogo:
Salmo
Alhajados estamos de tinieblas, y a veces
cuando el espanto sube hasta mi boca
como el agua hasta el náufrago, yo clamo
a Ti, de lo profundo del abismo.
¿No puedes Tú sanar, pastor secreto
de la abundancia áurea de tus días,
mi mendicante mano? Oh Tú clamas
también en mí, padeces en mi alma
el brocado de mi necesidad. Puedo pedirte
mas no porque Tú estés en tu alto reino,
puedo pedirte a Ti, pobre y desnudo,
porque tienes las manos impedidas,
porque Tú nada tienes, puedes darme,
y oír caer la púrpura pesante del otoño.
(Fina García Marruz. Las miradas perdidas)
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SEXTO DOMINGO DE PASCUA, CICLO-A |
1ª Lectura (Hch 8,5-8.14-17.)
La Iglesia es esencial y dinámicamente evangelizadora. La paredes de los templos no pueden ser únicamente el marco donde los cristianos confesamos y vivimos nuestra fe. La conocida sentencia de los antiguos: “El bien tiende , por sí mismo, a expandirse” caracteriza a la Iglesia como convocatoria de fe, esperanza y caridad realizada a todo hombre por Cristo a través del Espíritu. En el pasaje de la primera lectura se nos narra la predicación de Felipe a los samaritanos, hermanos de raza y religión, pero separados de la iglesia de Jerusalén y, en lenguaje moderno, caídos en herejía. A ejemplo de Felipe, Pedro y Juan los católicos hemos de mirar a nuestros hermanos cristianos separados – rezan con nosotros el Padre nuestro y participan de la dimensión sacramental – con el amor de Cristo manifestado en su oración “sacerdotal” en la última cena. Todos los cristianos estamos unidos a Cristo por medio del bautismo y hemos de manifestar sinceramente nuestra pasión por lograr la unidad plena...., hace tantos siglos perdida El Espíritu Santo está alentando el movimiento ecuménico, sentido por todos, a fin de vivir en el mundo la petición de Cristo al Padre: “Que todos sean uno, como Tú en Mi y Yo en Ti, para que el mundo conozca que Tú me has enviado”.
2ª Lectura (1 Pe 3,15-18.)
Amar a todos y no juzgar a nadie ha de ser el núcleo de toda nuestra vida cristiana. El diálogo siempre es fructífero cuando es verdadero y nunca la discusión..., en la que cada uno intenta refutar, cuando no confundir y ridiculizar al otro.
La misión del cristiano ha de ser: Dar razón de nuestra fe y esperanza, con sencillez y humildad de espíritu, a todo hombre que nos pregunte por nuestras creencias y vivencias. Siempre, sin embargo, hay que “dejar ser al otro” - en lenguaje heideggeriano – y respetar el movimiento interior de cada persona. Todos hemos de responder ante nuestra conciencia y ante Dios, que nos llama a unos a la primera hora..., a otros a la segunda, a otros a la..., y a no pocos al caer de la tarde.
El cristiano es apóstol con el ejemplo de su vida y espera siempre en el hombre..., pues cree que Dios obra, a través de su Espíritu, en toda persona por caminos, a menudo, inescrutables.
Esperemos todos, con paciencia y alegría contenida, la “hora de Dios”
Evangelio (Jn 14,15-21.)
Cristo no vivió sino que vive entre nosotros de un modo espiritual, pero no menos real que en los caminos de Galilea y Judea. La Iglesia es una comunidad, cuyos miembros nos hemos injertado, en palabras de Pablo, a Cristo su cabeza. El hombre, tierra y espíritu, necesita de la visibilidad de los sacramentos para su encuentro con Dios. El Espíritu dirige a la Iglesia, santa y pecadora, en continuo éxodo hacia el Padre.
En los momentos difíciles de la vida, cuando la oscuridad se apodera de nuestra alma acerquémonos más frecuentemente a los sacramentos de la “reconciliación” y “Eucaristía”. La experiencia de Dios y del Espíritu del Resucitado se harán presentes en nuestra mente y corazón..., sentiremos – el sentir es racional y humano las palabras del Evangelio – :
“Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor. que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.
Señor te pedimos que la Verdad nos haga siempre libres... en este mundo en el que la verdad y la libertad no son, a menudo, sino unos “slogans” más... para intereses inconfesables y bastardos
Te Busco:
Déjame que, tendido en esta noche avance
como un río entre la niebla,
hasta llegar a Ti, Dios de los hombres,
donde las almas de los muertos velan.
Los cuerpos de los tristes que cayeron,
helado y terribles, me rodean;
como muros, encauzan mis orillas,
pero tengo, desiertas mis riberas.
Yo no sé dónde estás pero te busco;
en la noche te busco y mi alma sueña.
Por los que ya no están, sé que Tú existes
y por ellos mis aguas te desean.
Y sé que, como un mar, a todos bañas:
que las almas de todos Tú reflejas,
y que a Ti llegaré cuando mis aguas
den al mar tus aguas verdaderas.
José Luis Hidalgo , "Los muertos" (1947)
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ASCENSIÓN DEL SEÑOR, Ciclo-A |
1ª Lectura (Hch 1,1-11)
El hombre del tercer milenio se pregunta, como el del primero y el del segundo, por el sentido de su vida y de su muerte. El sufrimiento y la angustia, sin embargo, no la vive sólo en sus propias carnes sino, merced a los media, las desgracias más humillantes y desgarradoras en lo físico y psíquico que padecen las personas en “esos mundos inhumanos” las puede contemplar en las pantallas de sus casas burguesas. Esas imágenes, sin embargo, pasan rápidamente entre otras de alegrías desbordantes y, sobre todo, entre esos anuncios tan sensuales como mendaces.
Para el cristiano todo sufrimiento puede ser vivido, en espera y esperanza, gracias al núcleo del misterio pascual: Resurrección de Cristo y su exaltación a la diestra del Padre. La Ascensión es la fiesta del retorno de Jesús a los cielos para vivir corporalmente otro modo de existencia plena por la fuerza del Espíritu.
En la espera, en esperanza, de con-vivir nuestra propia exaltación personal - por medio de nuestra resurrección de la carne - en el retorno definitivo del Nazareno, repitamos insistentemente las palabras finales del Apocalipsis: ¡Ven, Señor Jesús!
2ª Lectura (Ef 1,17-23)
¡Quién pude mantener todavía, aun en el plano de la hipótesis, que la esperanza cristiana en una vida plena junto al Padre sea una alienación para el hombre, que le distraiga del compromiso de humanizar el mundo concreto en que se mueve!. El hombre occidental va perdiendo la dimensión de transcendencia y se emborracha en una sociedad del bienestar y del consumismo, que le van minando, poco a poco, su sentido espiritual. La “muerte del hombre” ya no es una afirmación de un peligro futuro, sino una realidad palpable en nuestras calles y plazas del primer mundo.
Hoy, más que nunca, hemos de recordar en nuestros ambientes que la muerte está a la puerta y, con ella, el examen de amor del que nos habla Juan de La Cruz. Todos moriremos. ¿Resucitaremos todos...?. ¿Seremos todos exaltados...?.
La Ascensión es motivo de profunda alegría y esperanza... ¿Para todos...?
Evangelio (Mt 28, 16-20)
Veinte siglos han pasado desde que Jesús por vez postrera – a los cuarenta días de su resurrección – se despide visiblemente de sus discípulos. ¿Hemos seguido fielmente su mandato?. En realidad de verdad la evangelización de todos los pueblos es un ejemplo palpable de la presencia de Cristo en nuestra Iglesia. Los misioneros no “filosofan” sobre la pobreza y la miseria sino, a ejemplo del maestro, viven esas realidades por su encarnación real con los que no gozan de ningún derecho como personas. Permanecen, ellas y ellos, cuando hasta las asociaciones más humanitarias abandonan esos países en donde reina la guerra y las matanzas indiscriminadas... Vivieron dando dignidad a los hombres de esos territorios y quieren compartir su misma muerte.
Son testimonios maravillosos por su fe, esperanza y amor de la vigencia de Cristo, pero son tan escasos..., mientras en nuestras viejas, cuando no caducas cristiandades, abundan relativamente los sacerdotes, religiosos – ellas y ellos – y laicos comprometidos... La enseñanza de Cristo: “Cuando no os reciban en una ciudad ir a otra”, ¿no la hemos a menudo olvidado?. La cuasi total desaparición de las comunidades apostólicas en Asia Menor y en África, ¿no es un indicativo histórico de la consideración precedente?
Epílogo:
en la ascensión
¡Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto!
Y tú, rompiendo el puro
aire, ¿te vas al inmortal seguro?
Los antes bienhadados,
y los agora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de Ti desposeídos,
¿a do convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?
Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Estando tu encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?
¡Ay!, nube, envidïosa
aun de este breve gozo. ¿Qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!
(Fray Luis de León, hacia 1574, en la cárcel)
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PENTECOSTÉS, Ciclo-A |