Estampas Bíblicas

              Homilética 

 Oración del día

                    El autor: 

 Carta de presentación

    Querido cibernauta: Cuando uso el correo electrónico tengo la impresión de que, como un náufrago en alta mar, lanzo una botella al agua con un mensaje dentro. Ello se debe en gran parte a mi falta de confianza en el funcionamiento del sistema, no porque sea ineficaz en sí mismo, sino porque puede ocurrir que  el destinatario no abra su buzón a tiempo, o que un fallo personal (tengo tantos...) lo anule.

     Y esa impresión se acrecienta al iniciar una página “web”. Porque, además de lo dicho, se tiene también la impresión de sembrar en el viento, de tirar la semilla a voleo pero sin saber si cae en tierra, ni en qué tierra caerá. La palabra escrita es llevada entonces por los aires, como una de esas semillas aladas, o sumamente ligeras y envueltas en leve algodón, que vemos flotar en Primavera, transportadas hasta lugares inverosímiles. Así se explica que nazca una higuera en lo alto del muro de una iglesia, como ocurría hace tiempo en la parroquia de mi Almendralejo natal.

      Es como sembrar a fondo perdido, representar una y otra vez la parábola del sembrador que proclamó Jesús desde la barca de Pedro, en una de esas ensenadas semicirculares del lago de Tiberíades, que aún hoy se pueden contemplar en la ribera occidental, donde el ansia de especulación todavía no ha llegado. La barca se convertía entonces en humilde cátedra del más excelso Maestro. Escuchemos: “Salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y comenzó a dar fruto, una parte el ciento por uno, otra el sesenta y otra el treinta...”.

    Jesús conoce muy bien el corazón humano y sabe cómo muchas veces se cierra, o se abre a medias, o se entusiasma ahora y luego se cansa. Pero eso no obsta para realizar la siembra con generosidad y con esperanza. Así lo hizo él mientras estuvo en la tierra, aún sabiendo que su enseñanza no iba producir a corto plazo el fruto deseado, conociendo incluso que uno de sus discípulos más cercanos, Judas, su hombre de confianza, el que administraba lo poco que poseían, le iba a traicionar, entregándole en manos de sus enemigos. Y ocurriría, además, lo que resultaba inconcebible, que el elegido como cabeza del Colegio apostólico, Pedro, le negara por tres veces.

      La predicación de Jesús fue abundante y continua. Cuando Caifás le pregunta sobre su doctrina, pudo decir que preguntara a quien quisiese pues todos le conocían, ya que el había predicado con franqueza, abiertamente y en todo lugar, en el templo, en las plazas, en el valle, en el monte, en el mar, en la intimidad de la noche cuando le visitó Nicodemo, o en pleno mediodía cuando habló con la samaritana junto al pozo de Jacob.

      Y esa misma actividad suya la tendrían sus apóstoles, sus enviados, sin reparar en las dificultades que surgirían. También entonces se siembra la palabra a campo abierto. Lo que os digo al oído proclamadlo desde las terrazas... Hoy esas terrazas se han multiplicado y, sobre todo, han potenciado su capacidad de comunicación, en rapidez y en amplitud, con nuevas formas y colores, con símbolos e imágenes, a menudo más expresivas que mil palabras. La Iglesia asume el reto de las nuevas técnicas y emite el mensaje cristiano por la prensa, por la radio, por la televisión, por las ramificaciones múltiples de Internet.

       Soy consciente de que son muy numerosas las ofertas en Internet sobre temas religiosos, sobre cuestiones relacionadas con la vida interior. No obstante, la oferta es correspondida por la demanda, puesto que esas páginas son muy “visitadas”. Como señala Juan Pablo II, el hombre sigue necesitando a Dios. Jesucristo, también hoy, ejerce un fuerte atractivo. Sus palabras son actuales, atrayentes: Venid a mí los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré... Por mi parte, con el ánimo de suscitar y facilitar el encuentro con Cristo, me atrevo a iniciar esta tarea de asomarme cada semana a esta página, deseoso de transmitir ideas y vivencias que sirvan para todos, en especial para quienes tienen la misión de ser maestros en la fe.

      Comenzamos con unos comentarios breves que llamamos Estampas bíblicas, ofreciendo dos cada semana. Advertimos que, con el mismo título y similar contenido, se han retransmitido y retransmiten por la Cope en Badajoz, dentro del programa espejo de la Iglesia Diocesana. Aprovecho para pedir excusa de ofrecer cosas ya publicadas, como si me plagiara a mí mismo, cosa imposible ya que el plagio consiste en copiar de otro y no de uno mismo. Sin embargo, junto a textos publicados, aparecerán páginas inéditas.

      Otra sección (Homilética) de mi oferta está dedicada a preparar la Misa del Domingo, a través de breves comentarios a la Liturgia de la Palabra, incluyendo el salmo interleccional, que a menudo pasa desapercibido y que, sin embargo, tienen un alto valor espiritual, pues son oraciones que brotan del corazón de salmista, inspirado por el Espíritu Santo. Con frecuencia sus palabras nos llegan a lo más profundo por la fuerza y dramatismo de los sentimientos del salmista, reflejo muchas veces de los nuestros.

       En tercer lugar, inicio unos breves comentarios a una frase tomada de la primera lectura de la Misa de cada día. Lo titulo Oración del día. Reconozco que en ocasiones son líneas muy personales e íntimas, pero me parece que os pueden servir para despertar alguna idea o suscitar un pensamiento, encender de alguna forma vuestra fe y vuestra esperanza, vuestro amor a Jesucristo.

       De nuevo me flaquea la mano para lanzar a voleo la semilla de esta atrevida siembra, dudo y me planteo si vale la pena emprender semejante aventura. Pero de nuevo oigo en mi interior la exhortación del Señor que, por medio del Papa, nos dice: “Duc in altum¡”, “!Rema mar adentro¡”. Es cierto que, como le sucedió a Pedro, quizás podríamos responder que toda la noche hemos bregado con poco o ningún resultado. Pero también como Pedro repetimos: “!En tu nombre echaré la red¡”... Pienso que es una buena ocasión para vivir la fe en la acción divina, capaz de tocar en el corazón humano a través de las palabras dichas en su nombre, aunque esas palabras nos lleguen a través de la pantalla del ordenador. Una cosa es cierta: “ni el que planta es nada, ni el que riega, sino Dios que da el incremento” (1 Co 3, 7). En sus manos, llagadas de amor, abandono el puñado de mis torpes palabras, seguro de que Jesús es un experto sembrador.

         Mi anónimo amigo y hermano internauta, puedes estar seguro de que rezo por ti y le pido a Jesús que te ayude, que te mire y muestre su rostro, para que le conozcas mejor y le ames cada día más. Yo también cuento con tu oración. Un cordial saludo de tu afmo en Cristo

                                                                                                        Antonio García-Moreno