El padre Guido Echevarria Fuentes, es un sacerdote peruano de una reputación inmejorable; su trabajo con jóvenes en distintas parroquias de San Pedro de Caraballo incansable; es un hombre bueno, sencillo y agradable.

        A requerimiento nuestro ha accedido a comentarnos las lecturas del Domingo, a contarnos él y sus jóvenes las vivencias y trabajos de las distintas iglesias que atienden. En definitiva a comunicarnos esas "Cosas de Dios" que en Perú están a flor de piel y que en otros países como el nuestro casi estamos olvidando.

        En nombre de nuestra gente de Extremadura y de todos los lugares que nos visitan, amigo Guido y Comunidad Parroquial, muchas gracias por ayudarnos a ser mejor compartiendo vuestras "cosas de Dios".

     

      

Comentarios de Domingos anteriores,  CICLO - C

 

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

NOS ENVIAS POR EL MUNDO

         Hoy cuarto domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos presenta a un Dios que no es ajeno a la vida de los hombres, es un Dios que habla al hombre a lo largo de la historia de la salvación. Con su hablar, Dios nos enseña el camino de la vida, de la felicidad, y va iluminando nuestra vida mientras caminamos por este mundo hacia la meta de la vida eterna.

        En ese diálogo, Dios escoge a hombres para que anuncien su mensaje a los demás, pero además les infunde valor para denunciar el, mal, la injusticia, la pobreza, las mentiras…             Para ello, Dios suscitó profetas que en el Antiguo Testamento hablaron y guiaron al pueblo de Israel y le fueron preparando para la llegada de Jesucristo. Hablan en nombre de Dios y deben ser escuchados y obedecidos. La primera lectura nos presenta a un hombre que se encuentra invadido por el temor, un hombre que sólo veía sus fuerzas humanas; Dios le ilumina para que se dé cuenta que el 99 % de fuerza y poder lo lleva él mismo, solo le pide a Jermías que dé su aceptación. Jeremías aceptará finalmente la grandeza de Dios y será testigo de sus maravillas. El texto bíblico describe detalladamente los dolores y las dificultades que Jeremías encontrará en el cumplimiento de su misión. Pero, al mismo tiempo, al profeta se le asegura la fuerza necesaria para cumplir la misión que se le ha confiado. El Señor lo conforta: «Yo estoy contigo para librarte » (Jr 1, 19). Dios apoya totalmente al profeta en su misión, y precisamente en esta promesa se funda la certeza de fe de que puede superar cualquier obstáculo.

         Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios se hace hombre en Jesucristo, y Él mismo nos enseña y nos muestra el camino de la vida. Jesucristo es la Palabra que se ha hecho carne y ha acampado entre nosotros. Por eso, Jesucristo desconcierta a los que le escuchan y suscita admiración: porque Jesucristo habla con autoridad.

        El evangelio que es continuación del domingo anterior, nos presenta a Jesús como profeta, que les pide humildad, fe, confianza y reconocimiento de su divinidad para llenarlo de muchos milagros, nos imaginamos a las personas que escuchaban con tanta admiración, pues Jesús había ganado mucho espacio en los pueblos que había visitado, ahora sus paisanos, esperaban que Jesús haría muchísimos milagros. Pero el Señor que mira los corazones, vio que tenían un corazón duro, un corazón que busca solo sobresalir por encima de todos, por eso no han sido capaces de disponerse para recibir el mensaje divino. Jesús no pudo hacer milagros que la gente esperaba, les hizo dar cuenta que es necesario sanar la incredulidad del corazón, más que hechos externos. No comprenden los de Nazaret la realidad mesiánica de Jesús ya que se quedan en la simple apariencia externa. Sus paisanos conservaban la imagen vieja del carpintero, y no comprendían sus palabras, ni la sabiduría que salía de su boca. Y desconfiaron de Él. Veían a Jesús como uno de ellos. Y la no aceptación de Jesús como Mesías impide que se realicen entre ellos los signos salvadores: los milagros presuponen la fe. 

 

          Hoy sigue hablándote Jesús, con autoridad, con firmeza, quiere llegar y sanar primero tu corazón y luego también verás los milagros, por eso pregúntate  ¿Cuál es la atención que le prestas a su Palabra? ¿Verdaderamente ya has descubierto que él te habla? Cristo te invita hoy a tener una actitud de acogida y obediencia ante su enseñanza. La Palabra de Dios no es para discutirla ni para negociarla ni para manipularla: es para acogerla y tratar de vivir guiados por su luz. Ojala digamos con el salmo mi boca proclamará tu salvación Señor. Es a eso lo nos invita el evangelio, nos da a entender que grande es el amor de Dios y que grande es también el corazón humano que vive verdaderamente la caridad para con Dios y los hermanos, san Pablo nos dice la excelencia de esta virtud cuando se lleva a la práctica ante un mundo que vive cada  vez sumida en la aflicción y crisis de valores morales y cristianas, San Agustín nos dice: “Ama y haz lo que quieres”, es que aquel que ama, siempre intentará hacer el bien al hermano, servir y acompañar al necesitado.

        Que podamos disponer y abrir nuestro corazón la mensaje divino, y que también nosotros a semejanza de los profetas anunciemos y denunciemos aquellas situaciones que no ayudan a la salvación de los hombres. No podemos anunciar sólo lo que nos resulta cómodo o lo que sea popular; la vida cristiana exige valor, sacrificio y hasta la entrega total por amor a Cristo Jesús.  Con la gracia de María y la luz del Espíritu Santo podemos hacer realidad todo el mensaje divino. Amén.

COMPROMISO: Intenta ser esta semana una luz para los que te rodean, para tus familiares y para aquellos que más necesiten.

 “Señor, ábreme los labios, y mi boca proclamará tu alabanza”

Ayúdame a decir Sí Señor,

Para responder a tus llamadas

que siempre me regala un desafío nuevo,

un crecimiento posible una huella que se abre.

Ayúdame a decir sí

que es decir No  a muchas cosas,

 para responder con la vida a alguien que me llama,

porque me ama y quiere lo mejor para mi vida

Ayúdame Señor a decirte Sí. Amén.

 

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

                                                                DESDE AHORA SERÁS PESCADOR DE HOMBRES

        Este domingo las lecturas bíblicas nos sitúan ante el tema de la vocación. En la Iglesia hay muchas vocaciones. Unos son llamados a una entrega más radical a Jesús, dejando proyectos personales para asumir enteramente el proyecto del Señor. Son los llamados al sacerdocio y la vida consagrada. Pero no son los únicos que han de trabajar en el proyecto divino de la salvación de los hombres. También los laicos, en virtud del bautismo, son llamados por el Señor para hacer presente el mensaje de la salvación en la vida social, política, familiar.

        La palabra de Dios nos sugiere hoy considerar que somos llamados por el Señor para trabajar en su obra, que es nuestra propia salvación y la de los demás seres humanos. Para quien tiene fe, para quien cree en el Señor como ´Salvador, la única respuesta válida a esta llamada es la de Isaías: “Aquí estoy, envíame” que en la vida de los primeros apóstoles se plasmó en lo que Lucas señala: “Dejándolo todo, lo siguieron”

        “Dejar todo”, se entiende más, en un sentido radical, para quien es llamado al sacerdocio y la vida consagrada. Pero el “dejar todo” también tiene un sentido para todo bautizado, quien, desde la vida laical cotidiana, es llamado a trabajar en la obra del Señor. “Dejarlo Todo” supone poner en segundo lugar, en muchos momentos de la vida, algunos intereses, actitudes, conductas, para seguir al Señor y cooperar en la obra de la salvación de uno mismo y de la humanidad, esforzándose por vivir según el evangelio  y por anunciar la alegría del seguimiento del Señor.

        Que todos nosotros sintamos en lo profundo de nuestro corazón la invitación del Señor a seguirle y sepamos responder con fe, generosidad y disponibilidad. Es el Señor quien nos invita a trabajar en su viña, nada es ajeno a su viña, todos estamos invitados. ojalá que la viña del Señor no esté llena de malezas y malas hierbas. Reflexiona: ¿Tienes presente siempre la invitación del Señor en tu trabajo diario? ¿Respondes satisfactoriamente  a la llamada del Señor en la vida que llevas?

        Jesús, sigue invitando a todos a ser pescadores, allí donde cada cual está realizando su vida o cumpliendo su trabajo. La experiencia de llamada no es necesariamente razonable, coherente y explicable; es misteriosa y humanamente inexplicable. La historia de los llamados está poblada de factores sorprendentes e injustificables desde la óptica de una lectura exclusivamente racional de la vida humana. La identidad personal del elegido está enraizada en la llamada. La vocación es una aventura singular de cada elegido con el Dios vivo, que marca hasta los huesos y la médula. No es el hombre quien elige, sino Dios el que mira a los ojos, y no tiene ninguna vinculación ni con las cualidades ni con el origen de los llamados. Sólo depende de la acción gratuita de Dios, que contradice todos los presupuestos humanos. A través de este obrar de Dios, hace él presente en la historia del mundo su acción soberana, su gracia y sus exigencias. Quien acepta que Dios lo elija inmerecida y sorprendentemente y misericordiosamente, reconoce su incondicionalidad y su unicidad, y asume sus exigencias con gratitud. No es él el que da. A él le han mirado con amor singular. La llamada de Isaías y de los discípulos demuestra que Dios llama a quien quiere y lo dispone para el servicio a que lo ha llamado. Generalmente Dios cuenta con aquellos que para la historia oficial no cuentan nada. Este es el gran misterio de todas las llamadas bíblicas. Sólo conociendo la dinámica de Dios, se puede asumir la invitación que él nos hace, pero la soberbia o las circunstancias o los climas de los mismos llamados desorientados que ya están en el tajo o que lo dirigen, puede terminar destruyendo la obra de Dios en nosotros o en nuestros dirigidos.

En este año sacerdotal pidamos por ellos de una manera especial hoy.

 

Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento,
que quisiste perpetuarte entre nosotros
por medio de tus Sacerdotes,
haz que sus palabras sean sólo las tuyas,
                        
que sus gestos sean los tuyos,
que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres

y hablen a los hombres de Dios.
Que no tengan miedo al servicio,
sirviendo a la Iglesia como Ella quiere ser servida.
Que sean hombres, testigos del eterno en nuestro tiempo,
caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso
y haciendo el bien a todos.
Que sean fieles a sus compromisos,
celosos de su vocación y de su entrega,
claros espejos de la propia identidad
y que vivan con la alegría del don recibido.
Te lo pido por tu Madre Santa María:
Ella que estuvo presente en tu vida
estará siempre presente en la vida de tus sacerdotes. Amen

 

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

“DICHOSO EL QUE CONFÍA EN EL SEÑOR”.

 

La Palabra de Dios de este domingo nos presenta dos caminos: el de la confianza en Dios, que conduce a la bienaventuranza, es decir, la felicidad; y , por otra parte, el camino de la excesiva confianza en uno mismo que conduce a la infelicidad.

Todos buscamos ser felices, dichosos y bienaventurados. Si preguntamos a alguien, ¿Quieres condenarte? La respuesta será “Nunca”, “Jamás”, porque todos aspiramos a una felicidad, a un descanso de todos nuestros esfuerzos y luchas, pero ¿Cuánto nos cuesta confiar en las palabras de Jesús que nos señalan el auténtico camino de la felicidad en las bienaventuranzas? Efectivamente, sabemos las bienaventuranzas, pero vivirlas es otra cosa. Hoy somos invitados a reconocer que seguir a Jesús es obtener la felicidad plena, pues en el seguimiento del Señor, el hombre realiza sus mejores posibilidades. Frente a la felicidad aparente y engañosa que ofrece el mundo, Jesús nos promete y hace realidad en nosotros el Reino de Dios, que nos hace saltar de gozo. Las bienaventuranzas proponen un ideal de vida, que como todo ideal, parece inalcanzable, pero del cual podemos ir logrando realizaciones parciales. Esto mismo nos lo han demostrado los santos que poco a poco amoldaron sus vidas según las bienaventuranzas y ya sabemos cuál ha sido el final: una felicidad, un gozo, ya desde esta vida.

El Evangelio de hoy nos hace ver que Jesús invierte el orden de valores de este mundo. Lo que el mundo considera vías de felicidad: dinero, honra, bienes, etc. En verdad no son vías hacia la felicidad y más bien podrían convertirse en vías de perdición. Lo que el mundo considera desdicha: pobreza, deshonra, persecución, puede convertirse en verdadera felicidad; porque el Reino de Dios no es oro, ni bienes y riquezas, sino un corazón limpio, una vida desprendida de bienes pasajeros y temporales.

Muchas veces se ha querido ocultar la exigencia radical del Evangelio. Pero las palabras del evangelio son claras. El que quiera seguir a Jesús tiene que estar dispuesto a vivir no “como todo el mundo” sino de otra manera. Le criticarán, será rechazado, ridiculizado. Pero el cristiano debe ser valiente y afrontar el riesgo que supone seguir a Jesús. El nos asegura que las pruebas nunca superarán nuestras fuerzas, será Él mismo quien nos inspire palabras y valor en la vida.

Muchos de nosotros tenemos ya programada nuestra vida, que sin lugar a dudas es el camino elegido hacia la felicidad posible en este mundo. Pero deberíamos revisar hoy día y preguntarnos ¿la programación de mi vida se adecúa al programa de las bienaventuranzas? ¿Vivo verdaderamente las bienaventuranzas? Cada uno tiene su felicidad en “algo” por el cual lucha, da su tiempo, amor… pero “alto” verdaderamente se adecúa al programa que Jesús nos presenta en las  bienaventuranzas? Hoy que estamos ya muy cercano a cuaresma, reflexionemos, y demos un giro a nuestra vida, orientando a lo que Jesús nos propone pues sola ahí encontrará nuestra alma la felicidad verdadera y la paz que tanto busca.

 

Pidamos la capacidad de hacer sentir la felicidad hacia los demás y también sentir nosotros mismos:

 

Cuadro de texto: Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro 
sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. 
Que mis ojos sonrían diariamente                                   
por el cuidado y compañerismo 
de mi familia y de mi comunidad. 
Que mi corazón sonría diariamente 
por las alegrías y dolores que compartimos. 
Que mi boca sonría diariamente 
con la alegría y regocijo de tus trabajos. 
Que mi rostro dé testimonio diariamente 
de la alegría que tú me brindas. 
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor. Amén

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA CICLO C

NO CAER EN EL ENGAÑO

        En este primer domingo de cuaresma leemos el relato de la tentación del Señor. Llama la atención la sutileza  en las propuestas que el diablo le hace a Jesús. No se trata de una propuesta de acciones directamente pecaminosas, sino de acciones que, en principio, pueden tener un efecto bueno: paliar el hambre, obtener el poder sobre los demás para ordenar el bien, demostrar su condición divina. La perversidad está en la posibilidad de conseguir efectos buenos dentro de un engaño generalizado.        No hacía falta tirarse desde lo alto del templo para probar su divinidad, ni tampoco era necesario para Jesús el dominio temporal de todos los reinos de la tierra para anunciar la Buena Nueva y, por supuesto, la solución al problema del apetito, tras el ayuno, no tenía que ser una suerte de acto mágico.

        Al presentarnos este texto evangélico en el inicio de la cuaresma, tiempo en el que buscamos intensificar nuestra vida cristiana, la Iglesia quiere recordarnos que la tentación va a estar muchas veces presente en nuestras vidas. Lo importante es no caer en el engaño. Se trata de no tropezar ante unas sugestiones que pueden parecer buenas, pero que en verdad no lo son. El hombre suele escoger el mal, creyendo que es bueno, de allí que lo importante es la capacidad de discernir adecuadamente entre el bien y el mal. Lo importante es saber detectar el engaño que lleva al tropiezo. Este tiempo de Cuaresma podríamos ejercitarnos en discernir sobre nuestra actuación y sobre las influencias externas en ella. Nuestra vida tiene mucho de soledad y tentación. Muchas veces no tenemos respuestas para el tentador. Jesús las tuvo y por eso es nuestro modelo a imitar. En la primera lectura vemos a un Dios, muy atento a los gritos de su pueblo , ve su opresión y comienza a liberar.

        Dios rompe el yugo de la esclavitud y le saca de Egipto. Y este pueblo es invitado a celebrar su liberación y a hacer su ofrenda a Dios. Hoy, este pueblo somos nosotros, que debemos implorar, invocar la liberación pues aunque no seamos esclavos físicamente, sin embargo cada vez que cometemos pecados, somos esclavos del demonio, somos esclavos del pecado.

        Cuaresma es tiempo de dejarse liberar por Dios de toda esclavitud. Tiempo de gritarle nuestra aflicción y caminar hacia la tierra prometida. Tomemos como guía la fe de la que nos habla la segunda lectura dominical, la confianza, la fe en el Señor, hará que  busquemos a nuestro liberador y sintamos esa liberación que nos hace el Señor. El ejercicio cuaresmal ha de ayudarnos a crecer en el discernimiento para comprender lo que es voluntad de Dios y descubrir, por otra parte, lo que es sugestión del Maligno, engaño y falsedad.

 ¡Oh Señor! Así  como liberaste a tu pueblo

De la esclavitud de Egipto,

 ven a liberar a tu pueblo,

ven a liberar los corazones,

llenos de oscuridad y tinieblas, por el pecado.

Ven a iluminar nuestras mentes y nuestra vida,

para que andemos en una vida nueva,

sintamos la belleza y el gozo de tu libertad. Amén. 

 

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA CICLO C 

NUESTRA META ESTÁ MÁS ALLÁ DE ESTA VIDA.

         El evangelio de este domingo nos invita a contemplar hoy a Cristo colocado en la cumbre del Tabor. Allí contemplamos al Señor lleno de gloria y esplendor y contemplándole así, podemos descubrir lo que Dios quiere para todos nosotros.

        Dios nos quiere arrancados del pecado de la muerte y del infierno, viviendo su vida eterna inmortal y gloriosa. Ése es nuestro destino: el cielo, la gloria. Y hablar de ese cielo no es alienación, es decir, no es motivo de olvidarnos de la tierra, sino una motivación para trabajar con mayor empeño por transformarnos nosotros en nuestro interior y transformar el mundo; así, al final, podemos ser transformados en Cristo.

        En la segunda lectura de hoy, san Pablo nos habla de esa vocación nuestra: ser transfigurados según la imagen de Cristo. A esta vocación se oponen quienes sólo buscan en su vida los beneficios terrenales,  quieres  sólo aspiran a cosas terrenas, aquéllos para quienes “su Dios es su vientre” su gloria son sus vergüenzas”.

        Por eso hoy somos invitados a no rechazar a Cristo buscando sólo las cosas de este mundo, sino a contemplarlo transfigurado, pocos días antes de sufrir el Calvario, y acoger cuanto él nos está diciendo acerca de cuál es la meta a la que nos invita, y del sufrimiento que muchas veces afronta para llegar a esa meta.

        El camino de la rendición pasa por la cruz y por el Calvario, pero la meta de los cristianos está más allá de lo terreno: la gloria, el cielo, la eternidad vivida en comunión con Dios. Hoy hay que escuchar a Cristo, como sugiere la voz del Padre en la escena de la transfiguración.

        Pidamos al Señor que nos dé un corazón sencillo, un corazón abierto para escuchar y aceptar todo lo que nos diga. Jesús en la transfiguración hizo ver a sus discípulos unos momentos de eternidad, pero debemos saber que como Cristo ahí se llega pasando por la cruz, por eso pidamos al Señor, que nos dé la valentía y la paciencia para saber llevar nuestra cruz de cada día sabiendo que al final se nos abrirá una vida divina, llena de Dios.

 ¡Oh Señor! Que sepa caminar por esta vida, aunque está llena de dificultades no pierda la mirada hacia ti.

 Jesús mí­o, que quisiste morir en la Cruz

para salvarme a mí ­ y a todos los hombres,

concédeme aceptar por tu amor

 la cruz del sufrimiento aquí­ en la tierra,

para  ayudar a mis hermanos a cargar la suya,

 de manera que podamos unirnos más í­ntimamente a Ti,

 desaparecer nosotros para que TÚ

 aparezcas, y gozar en el cielo los frutos de tu redención. Amén.

 

 

 

TERCER DOMINGO DE CUARESMA CICLO C 

                                                               DIOS ES UN PADRE LLENO DE MISERICORDIA.

"Puede ser que hablando más del Dios vivo y verdadero, algo cambie también en el modo de vivir y de pensar de nuestros contemporáneos. ¡Acepta el reto!"

Las lecturas de este domingo nos presentan los rasgos característicos de nuestro Dios, un Dios que está muy pendiente de sus hijos, de su pueblo, que sale al encuentro de los hombres como a Moisés en la primera lectura. Es un Dios lleno de compasión y misericordia para los hombres, siempre en cuando éstos puedan reconocer su invitación. Nosotros en nuestro corazón estrecho, muchas veces, nos apresuramos a juzgar, a condenar o pensar mal de nuestros hermanos que sufren adversidades. Me viene a la memoria, cuando nuestros hermanos de Haití, sufrieron el gran desastre. Un periodista preguntó al pastor protestante no sé de qué iglesia, en EE.UU. y la respuesta que recibió fue: "Han sido castigados por Dios, porque han estado lleno de pecados". Esto nos hace pensar mucho de qué personas somos; limitados, estrechos de corazón, que generalizamos muy fácilmente.

El evangelio nos presenta que algunos galileos, habían sido reprimidos por Pilato con el derramamiento de sangre; el otro: por el derrumbamiento de una torre en Jerusalén, que había causado dieciocho víctimas. Dos acontecimientos trágicos muy diferentes entre sí: el uno causado por el hombre; el otro accidental: Según la mentalidad de aquella época, la gente tendía a pensar que la desgracia había recaído sobre las víctimas a causa de su grave culpa. Jesús, por el contrario, dice: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?... O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?» (Lucas 13,2.4). En ambos casos, concluye diciendo: «Yo les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo» (13, 3.5).

Este es, por tanto, el punto al que Jesús quiere llevar a quienes le escuchaban: la necesidad de la conversión. No la presenta en términos moralistas, sino realistas, como única respuesta adecuada a sucesos que ponen en crisis las certezas humanas. Ante ciertas desgracias, no sirve de nada echar la culpa a las víctimas. Lo verdaderamente sabio consiste más bien en dejarse interpelar por la precariedad de la existencia y asumir una actitud de responsabilidad: hacer penitencia y mejorar nuestra vida.

Esta es la sabiduría, esta es la respuesta más eficaz al mal, a todos los niveles, interpersonal, social e internacional. Cristo invita a responder al mal ante todo con un serio examen de conciencia y con el compromiso de purificar la propia vida. De otro modo, pereceremos, dice, de la misma manera. De hecho, las personas y las sociedades que viven sin ponerse en discusión tienen como único destino final la ruina. La conversión, por el contrario, a pesar de que no preserva de los problemas y adversidades, permite afrontarlos de «manera» diferente.

Definitivamente: la conversión vence al mal en su raíz, que es el pecado, aunque no siempre pueda evitar sus consecuencias. Valoremos la vida santa y pura, valoremos el vivir según Dios. El nos invita a una auto reflexión y toma de decisiones. Que bueno, será que en este tiempo cuaresmal, podamos examinarnos, convertirnos y prepararnos adecuadamente para vivir una vida auténticamente cristiana, entonces mejorará uno mismo, la familia y la sociedad.

Pidamos a María santísima, que nos acompaña y apoya en el camino cuaresmal, que ayude a cada cristiano a redescubrir la grandeza, diría incluso la belleza de la conversión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto:          PARA CONVERTIRNOS 
 
Sé que algo me estás pidiendo, Señor Jesús.
tantas puertas abiertas de un solo golpe.
El panorama de mi vida ante mis ojos:
no como en un sueño.

Sé que algo esperas de mí, Señor,
y aquí estoy,
al pie de la muralla: todo está abierto
solo hay un camino libre, 
abierto al infinito, al absoluto.

Pero yo no he cambiado a pesar de todo.
Tendré que tomar contacto
contigo, Señor; buscaré tu compañía, 
aún por largo tiempo.
Señor, estoy cansado de no ser tuyo.
Hazme tuyo Señor.  Amén.
 

 

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA CICLO C

UN PADRE QUE ES BUENO Y MISERICORDIOSO

        La liturgia de este domingo se centra el la figura del Dios de la vida, que es un "Padre Misericordioso", lleno de ternura, que no lleva cuentas del mal, no es vengativo ni justiciero. Desde la primera lectura aparece un Dios que ha hecho llegar a su destino, después de una larga travesía y sigue acompañando a su pueblo después que ellos hayan entrado en la tierra prometida. El evangelio nos presenta un bello retrato del Padre Dios misericordioso. La parábola comienza contándonos cómo el hijo menor se encierra ante el amor del Padre, no aceptando estar ligado a él por el amor, sino que busca independencia y el dinero del Padre. El Padre le entrega el dinero, que es malgastado por el hijo irresponsable, quien cae así en una situación lamentable: hambriento pobre, humillado. Entonces se rinde pero más que por amor, por hambre. Prepara entonces el regreso a casa, más que por amor arrepentido, por conveniencia.

        El Padre que ha sido despreciado, ofendido, al ver al hijo que regresa, tiene una reacción que nos muestras cómo es el corazón de Dios. Corre al encuentro, abraza al hijo ingrato, lo besa, no oye explicaciones ni las pide. Manda que le vistan de fiesta, que en sus sucios pies pongan sandalias, y en su dedo un anillo.

        Así es el corazón paterno de Dios. Se alegra, regocija y goza ante el regreso del hijo que se extravía. Ese encuentro amoroso narrado por la parábola, se da cada vez que nos acercamos a la confesión. Hoy podemos decidir acercarnos al Padre con corazón humilde para alcanzar de él misericordia y recibir un abrazo gozoso que nos llene de paz.

        Por otra parte, aparece el hijo mayor. Egoísta, mezquino, no acepta que el Padre sea bueno y perdone al hijo extraviado, no goza con la alegría del Padre. También nos puede suceder ser como este hijo y sentir una cierta molestia porque Dios acoge a otros. Pidamos al Señor un corazón como el suyo para que podamos vibrar con el corazón del Padre.

        El amor se transforma en misericordia, cuando hay que superar la norma precisa y, a veces, demasiado estrecha, de la justicia". Aquel hijo, no solo había disipado la parte del patrimonio que le correspondía, sino que, además, había tocado en lo más vivo y había ofendido a su padre con su conducta. Y la respuesta del padre es abrirle los brazos y el corazón a ese hijo, a quien adora.

        Pidamos en este tiempo de reflexión para vernos mejor a nosotros mismos, pues muchos caminamos en medio de deshechos y superficialidades, a imagen del hijo menor de la parábola, ahora, es el momento de recapacitar, no podemos pasar la vida, lejos de la casa paterna, alimentándonos de migajas y de las sobras; es necesario volver, es necesario lavar y enjugar nuestros rostros y ver con más claridad la vida que llevamos.

        Será nuestra Santa Madre la que nos ayudará si así lo pedimos a poder retornar con humildad a la presencia del Padre Dios, y evitar también la postura del hijo mayor, que por el orgullo y la soberbia, no supo entender las equivocaciones y fallas de su hermano.

        Por más que sea perverso y sinvergüenza, ese hijo (o un hermano nuestro), nunca deja de ser hijo de su Padre Dios.

Cuadro de texto: ORACIÓN
Te alabo, Señor, por tu infinita misericordia, 
con todos los hijos pródigos 
que han vuelto desde el primer converso 
que sólo Tú conoces; a los célebres como David y Agustín.
Y el último que volverá. 
Te alabo yo, que he sido y soy el pródigo 
que no acaba nunca de volver a tu Casa, 
y lo que es peor, a veces  tomo la postura, del hijo mayor. 
Que entienda Señor, 
que sólo Tú puedes satisfacer
 mis ansias de libertad,
 por eso te pido, que salgas a mi encuentro
 y me abraces fuertemente.
Porque Tú eres mi amigo y Salvador. Amén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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