El padre Guido Echevarria Fuentes,
es un sacerdote peruano de una reputación inmejorable; su trabajo con jóvenes en
distintas parroquias de San Pedro de Caraballo incansable; es un hombre bueno,
sencillo y agradable.
A requerimiento nuestro ha accedido a comentarnos las lecturas del Domingo, a contarnos él y sus jóvenes las vivencias y trabajos de las distintas iglesias que atienden. En definitiva a comunicarnos esas "Cosas de Dios" que en Perú están a flor de piel y que en otros países como el nuestro casi estamos olvidando.
En nombre de nuestra gente de Extremadura y de todos los lugares que nos visitan, amigo Guido y Comunidad Parroquial, muchas gracias por ayudarnos a ser mejor compartiendo vuestras "cosas de Dios".









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Ciclo B
IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS.
ü Primera lectura ● Dt 18, 15-20 ● “Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca ”.
ü Salmo Responsorial ● 94 ● “ Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»”.
ü Segunda lectura ● 1 Cor 7, 32-35 ● “Os digo todo esto para vuestro bien ”.
ü Evangelio ● Mc 1, 21-28 ● “Enseñaba con autoridad”.
¡CÁLLATE Y SAL DE ESTE HOMBRE!
En la primera lectura vemos la preocupación de Dios de enviar profetas para su pueblo: para guiar, para amonestar, para ser luz en medio del pueblo.
Ser
profeta, portavoz de Dios, no es tarea fácil. Vemos así a Tomás Moro un ejemplo
de fidelidad, un ejemplo de valentía y entrega a Dios. Frente a las amenazas del
Rey Enrique VIII de Inglaterra, de disolver su matrimonio, Tomás fue fiel a los
preceptos de Dios, no le importó, perder el puesto, el trabajo, con tal de no
congeniar con el enemigo, el mal. Fue encarcelado en la torre y luego
martirizado.
Hermanos, el mal, existe, el mal tiene fuerza, el mal poco a poco se apodera de los corazones. Vivimos amenazados por el miedo. El crimen y los robos que hacen que nos atrincheremos detrás de puertas blindadas; el mundo de la droga que encadena a la gente; los embarazos adolescentes; la violencia doméstica, el terrorismo, el racismo... A pesar de los adelantos técnicos, la calidad de vida es deteriorada por los miedos.
No podemos cerrar los ojos ni escapar de esta realidad. El mal existe bajo mil ropajes y disfraces. Y la realidad es que no conseguimos derrotar el mal o los llamados demonios.
Pero el tema del evangelio de hoy pone el acento en la autoridad de Jesús cuando enseña y vence el mal. Queremos vivir libres, queremos tener un amor puro a los demás, queremos ser justos, honrados es hora de acercarnos a Dios, es hora de dejarnos mirar por Cristo. Él vence el mal, Él tiene poder para rescatarnos.
El evangelio nos pone a un hombre en la sinagoga y a Jesús en la sinagoga enseñando con autoridad y actuando con poder.
Había mucha gente en la iglesia aquella mañana. Nadie sabía que uno de ellos albergaba un espíritu malo. Pero Jesús que los conocía a todos, sabía que uno de ellos necesitaba sanación. Reprendió al espíritu malo y le dijo: "Cállate. Sal de él".
Todos se quedaron boquiabiertos y se preguntaban: ¿Qué es esto? La gente reunida en la iglesia no entendían ni palabra y seguían preguntándose: "Qué es esto?
Cuando Jesús es dueño de nuestra vida su presencia será cada vez más fuerte, Él trabaja con poder.
El mal que domina en la vida de tantas personas ey en las estructuras injustas y
corruptas de tantas sociedades. El mal, empuja a los hombres a matar, a robar,
a ultrajar a cometer toda clase de maldades. El mal, que hace triunfar al
injusto y sufrir al justo; que hace egoístas y duros de corazón a los que ya
tienen demasiado, y lleva a la desesperación a los que no logran salir de la
miseria… este mal que a todos nos maltrata no está detrás de los pueblos o
ciudades, la raíz está en cada corazón, es terriblemente real y actual,
cualquiera sea el disfraz psicológico o sociológico que le queramos poner. Con
esta realidad se enfrenta Jesús y cuando dice Satanás: “¿Qué quieres de
nosotros? ¿Has venido a perde
rnos?
Jesús ordena sin miramientos: “Cállate y sal de este hombre”.
Significa por tanto que hay un poder superior capaz de liberar al hombre, capaz de purificar al hombre capaz de cambiar el mismo corazón y las actitudes, capaz de traer nuevamente la paz a las familias y a los corazones. Jesús el poderoso no está lejos, está ahora con nosotros, vive con nosotros y a veces no le conocemos. Desde la Eucaristía fortalece a los vacilantes, llena de valor a los cobardes, consuela a los tristes por eso para el cristiano el mal es una realidad, pero no es un fatalismo irremediable porque es vencido por el poder de Jesús. Ojalá reflexionemos y pidamos a Jesús que nos libere de tantas ataduras que nos dejan mudos a las cosas de Dios y al servicio de los hermanos.
Jesús no solo anuncia la llegada del Reino de Dios, sus obras, sus milagros, sus signos ratifican y confirman la llegada del Reino. Sus milagros demuestran que Él es el Salvador.
A modo de Jesús podamos nosotros también hacer frente al mal sabiendo que vivimos fortalecidos con su poder y su presencia.
¿Me doy cuenta que vivo en una sociedad maltratada por el mal?
¿Qué hago para mejorar esta situación?
¿Verdaderamente soy valiente a la hora de dar testimonio de la verdad?
¿Ofrezco a Jesús los “espíritus malos” de mi corazón para que el los “calle” y los
“saque” con su poder?
· ¿En qué medida me animo a actuar con autoridad en mi vida cotidiana?
· ¿Realizo el bien y la verdad que creo y que anuncio?
· ¿Tiendo a quedarme solamente en palabras y buenas intenciones?
Ojalá tenga esa disposición de acercarme al Sacramento de la Reconciliación para que Jesús me saque “los espíritus malos” del pecado que puede anidar en mi corazón.
ORACIÓN
Señor Jesús me asombra tu entrega generosa.
Señor Jesús me asombra tu autoridad coherente.
Señor Jesús me asombra tu misericordia.
En
ocasiones somos ofendidos, perseguidos,
humillados, maltratados;
pero yo no quiero pagar mal por mal
ni tomar ninguna clase de venganza en mis manos,
por eso te pido Jesús, que, en el momento del conflicto
pueda poner mis causas en tus manos
confiando y esperando.
Ayúdame a recordar
que Tú tienes el poder para vencer el mal,
tienes poder para defender y fortalecer a tus hijos,
por eso Jesús te pido que pueda yo también
confiar mucho en ti, creer más en ti, esperar más en ti
y poder dar testimonio de la verdad, del amor verdadero.
Pon en mi corazón tal compasión
que pueda alimentar y saciar la sed de mis enemigos
si fuera necesario.
Enséñame a siempre bendecir
a los que me persiguen y
a vencer con el bien el mal y la amenaza. Amén. El mal. En el nombre de JESÚS, AMÉN
III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
ü Primera lectura Jon 3, 1-5.10 “ Los ninivitas se convirtieron de su mala vida”.
ü Salmo Responsorial 24 “Señor, enséñame tus caminos”.
ü Segunda lectura 1 Cor 7, 29-31 “La representación de este mundo se termina”
ü Evangelio Mc 1, 14-20 “Convertíos y creed en el Evangelio”.
SEGUIRLE AL SEÑOR CON NUESTRA VIDA
Estamos en este
tiempo ordinario, donde el Señor nos invita a una vida nueva, a una profunda
transformación interna que nos ayudará a mejorar nuestras actitudes. Para ello
hace falta darnos cuenta que no somos perfectos, ni santos, que muchas veces
hemos sido ingratos. En la primera lectura el profeta Jonás anuncia una
desgracia inminente si èstos no se convierten de sus acciones. El hombre es
capaz de corregirse, es capaz de mejorar sus actitudes. Pero debe ser una
conversión que no debe demorar, porque como decía san Pablo en la 2ª lectura: el
momento es apremiante.... la representación de este mundo se termina. El momento
actual, en lo económico, en lo social, en lo humano... es apremiante, resulta
insostenible, hace falta que hagamos “ajustes y recortes” en nuestra vida para
que Dios ocupe el lugar que le corresponde. La representación de este mundo se
termina porque el modo en que hemos estado viviendo desde hace años ha resultado
destructor para el propio ser humano y también para el resto de la Creación. Y
ese modo de vida debe terminar aunque sea a costa de “ajustes y recortes”,
porque sólo siguiendo con fidelidad al Señor podremos restituir al ser humano y
a la Creación entera en su dignidad.
Hoy todos parecen apurados, vive apurado y a veces enloquecido más por las cosas materiales, temporales, las cosas espirituales pueden esperar y a veces se deja para cuando haya tiempo. Las lecturas de hoy nos invitan a no dejar pasar lo que es más importante en la vida, saber distinguir y valorar el aspecto espiritual, tener ese tacto para sentir la presencia de Dios que se hace presente en lo cotidiano, en el necesitado, el pobre.
Se cuenta que había una vez una mujer muy devota y llena de amor a Dios. Solía ir a la iglesia todas las mañanas, y por el camino solían acosarla los niños y los mendigos, pero ella iba tan absorta en sus devociones que ni siquiera los veía.
Un buen día, tras haber recorrido el camino acostumbrado, llegó a la iglesia en el preciso momento en que iba a empezar el culto. Empujó la puerta pero ésta no se abrió. Volvió a empujar, esta vez con más fuerza, y comprobó que la puerta estaba cerrada con llave.
Afligida por no poder haber asistido al culto por primera vez en muchos años, y no sabiendo qué hacer, miró hacia arriba... y justamente allí, frente a sus ojos, vio una nota clavada en la puerta con una chincheta.
La nota decía:"Estoy ahí afuera". Por eso hace falta. El Señor nos recuerda la necesidad de una conversión interior muy sincera.
A veces pensamos que suerte han tenido los apóstoles al seguirle a Jesús y decimos, yo no he tenido esa oportunidad, si hubiera tenido hubiera sido otra persona. No!! hoy mismo el Señor sigue llamando a nuestras puertas, hoy mismo el Señor sigue pasando por nuestro delante, hoy mismo el Señor sigue invitándonos a una vida diferente, una vida más profunda y santa. Pero con tanta bulla, ¿Le hacemos caso? ¿Le prestamos atención?...
En la vida cristiana, muchas veces, tenemos esa misma sensación. Y pensamos en la suerte que tuvieron Andrés, Simón, Juan y Santiago. Sí les tocó el millón pero el millón que otros no quisieron.
Muchos son los llamados, pocos los que responden. Así fue en el tiempo de Jesús,
el evangelio nos cuenta la historia del joven rico que le dio la espalda. Y así
es en nuestro tiempo.
Muchos escuchan el mensaje.
Muchos admiran a Jesús.
Muchos leen los evangelios.
Muchos van a las iglesias.
Pocos responden a Jesús. Pocos se ponen al servicio de Jesús. Muy pocos darían la vida por Jesús.
Y no olvides que la respuesta nace en un corazón limpio y libre y se da con gozo.
Y no olvides que la respuesta se da cada día, en el trabajo, en la familia...
Y no olvides que la respuesta es servicio humilde a los hermanos.
¿Me siento llamado personalmente por el Señor a seguirle? ¿Le respondo con prontitud, o demoro mi respuesta? ¿Estoy dispuesto de verdad a convertirme, a hacer “ajustes y recortes” en mi vida? La representación de este mundo se termina, y debe terminar porque estamos destruyendo el mundo y sobre todo al ser humano. Pero gracias a Cristo podemos y debemos hacer posible otro mundo. Como decía el Papa, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno. Convirtámonos y creamos en el Evangelio y no tengamos miedo a hacer “ajustes y recortes”, y el Señor nos irá mostrando sus caminos, y con nuestro seguimiento, día a día, estaremos haciendo crecer el Reino de Dios y haciendo visible, “palpable” la Buena Noticia del Evangelio.
"Venid conmigo". Esta es la invitación que hay que atender. No hay que intentar convertirse sino procurar estar cada día un rato con Jesús. Ver lo que Jesús hace. Escuchar lo que Jesús dice y entablar con él una relación personal de amistad. Dejarse cautivar por Jesús. Poco a poco nos iremos dando cuenta -en la medida en que nos vamos contagiando de él- de que con Jesús es posible una nueva forma de ser y de vivir.
ORACIÓN
QUIERO SEGUIRTE SEÑOR
Quiero seguirte, Señor, en medio de este mundo;
quiero seguirte en medio de tantas dificultades,
en medio de una
sociedad que pasa cada vez más de ti;

en medio de tanta gente que, sin saberlo,
está hambrienta y necesitada
de algo que la llene de verdad.
Quiero seguirte, Señor,
porque sé que me necesitas para crear un mundo
en donde reine cada vez más la justicia, el amor y la paz;
un mundo donde todos
se puedan llamar algún día hermanos de verdad;
un mundo donde todos te reconozcan y se acerquen de nuevo a ti;
un mundo donde la única ley sea amarnos como tú nos amaste.
Hoy, Señor, quiero renovar mi opción por ti.
Quiero decirte que sigues siendo importante en mi vida,
que te necesito.
Quiero decirte que sin ti estaría perdido y desorientado
porque tú eres luz para mis ojos y calor para mi alma.
Sé, Señor, que tenerte en el centro de mi vida no es fácil,
que las dificultades afloraran sin yo buscarlas.
Algunas veces serán los que me rodean
que me invitarán a dejarte;
otras será mi pereza, mi comodidad, mi orgullo, mi «yo».
A pesar de todo, quiero lanzarme en el vacío,
quiero apostar por ti.
Porque sé que sólo quien apuesta en esta vida
es capaz de ganar algo;
porque sé que seguirte es hacer un ejercicio de confianza total
y yo estoy dispuesto a realizarlo,
porque tú no me vas a defraudar. Amén
II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Primera lectura 1 Sam 3,3-10.19 Habla Señor que tu siervo escucha.
Salmo Responsorial 39 “Aquì estoy Señor para hacer tu voluntad”.
Segunda lectura I Cor 6,13-15.17-20. Vuestros cuerpos son miembros de Cristo”
Evangelio Jn 1,35-42. “Vieron donde vivía y se quedaron con Él”
SEGUIR A JESÙS
Hermanos comenzamos este nuevo tiempo litúrgico, que nos ayudará a profundizar más nuestra fe cristiana.
Qué importante para nosotros conocer al hombre con el que nos relacionamos.
"¿Qué hay en un nombre?" pregunta Shakespeare. "Mucho", podríamos contestar. Los
nombres y títulos no sólo identifican a personas sino las describen también.
Ciertamente es el caso del doctor Martin Luther King. Por el nombre que le
pusieron, se sabe que sus padres deseaban que su hijo se hiciera predicador.
Además, el título "doctor" indica que era persona culta. Y al mencionar que era
"laureado Nobel", se le distingue como hombre reconocido a través del mundo. Se
aprovechará examinar los nombres y títulos usados para el guía de Martin Luther
King lo cual encontramos en evangelio hoy. Estamos tan acostumbrados a oír el
nombre "Jesús" que olvidemos su significado. En hebreo "Jesús" quiere decir
"Dios salva". "¿Nos salva de qué?" querremos preguntar. "Del pecado y sus
consecuencias" es la respuesta exacta. Pecamos por dejar nuestras pasiones
sofocar el juicio mayor.
Sólo es justo la preguntar: "¿Cómo nos salva Jesús?" El evangelio nos indica la
dinámica por los varios títulos dados a él. En primer lugar, es "rabí", eso es
el que enseña. En este Evangelio según san Juan, Jesús nos instruye a amar a los
demás como él nos ha amado. Un sabio distingue este modo de amar del amor para
el prójimo como amamos a nosotros mismos. Muchas veces amamos a nosotros mismos
en modos atroces. A lo mejor el joven borracho trataba de amar a sí mismo por
saturarse con alcohol. Asimismo la mujer que aborta a su hijo porque habría sido
inconveniente criar un niño también no ama a sí misma adecuadamente. Amamos al
otro como Jesús nos ha amado cuando vamos más allá que la justicia exija para
asegurar lo mejor para el otro. La mujer que telefonea a dos amigas para
reconciliarlas a una y otra después de que se discutieron está imitando el amor
de Jesús.
Estamos capaces de amar como Jesús no sólo porque él nos enseña sino también
porque nos libera del egoísmo. Juan el Bautista lo llama "Cordero de Dios"
porque se dará a sí mismo como rehén en cambio de nuestra libertad. Para
apreciar este título tenemos que recordar la historia de los hebreos en Egipto.
Cuando Faraón no les permitió irse al desierto, Dios mandó la décima plaga, la
muerte de todos los primogénitos. Pero los hijos hebreos fueron escatimados de
esta pena por la sangre del cordero rociada en las puertas de sus casas. La
sangre de Jesús derramada en la cruz tiene aún más poder para aquellos que se
arrepienten de sus pecados por las dos naturalezas que él tiene. Como hombre,
Jesús representa a nosotros delante de Dios Padre. Como Dios, su sacrificio no
tenga ninguna huella de egoísmo de modo que valga para derrotar las fuerzas
pecaminosas que nos han tenido cautivos.
En el evangelio Jesús no sólo es llamado por diferentes nombres sino le llama a Simón por otro nombre. De ahora en adelante será "Kefás” o “Pedro" porque como una piedra dará apoyo a los demás discípulos. De igual manera nosotros somos llamados por otro nombre. No somos distinguidos sólo por el nombre de la familia o del país de origen sino por lo que se ha hecho el segundo nombre para Jesús: eso es, “cristianos”. Este nombre nos identifica como ungidos para cumplir la misión de nuestro Salvador. Somos para detener los deseos excesivos para el placer y el poder. Somos para alcanzar más allá que la justicia. Somos para amar como Jesús nos ha amado.
Este gesto simbólico se ha comentado siempre como una de las condiciones de la evangelización: no basta dar palabras, sino hechos, no teorías, sino vivencias, no hablar de la buena noticia, sino mostrar cómo la vive uno mismo. O sea: la evangelización puede incluir una lección teórica, pero sobre todo tiene que ser un testimonio; el evangelizador no es un profesor que da una lección, sino un testigo que ofrece su propio testimonio personal. El impacto del testimonio de vida del maestro, conmueve, transforma, convence a los discípulos, que se convierten en testigos mensajeros.
Seguir a Jesús, caminar con él, no puede hacerse sino por haber tenido una experiencia de encuentro con él. Las teorías habladas –incluidas las teologías-, por sí solas, no sirven. Nuestro corazón –y el de los demás- sólo se conmueve ante las teorías vividas, por la vivencia y el testimonio personal. Ojalá sigamos a Jesús con todo nuestro corazón al igual que María santísima.
ORACIÓN
Te damos gracias, Dios Padre,
porque, como a los apóstoles,
Cristo nos ha llamado
por nuestro
nombre a su fiel seguimiento.
Por el bautismo
tú nos has hecho miembros del cuerpo de Cristo
Y templo vivo del Espíritu Santo
para alabanza de tu gloria.
Es vocación hermosa
nuestra vocación cristiana.
¡Gracias, Señor!
Pero es también vocación
totalizante: en cuerpo y alma.
Guíanos, Señor,
mediante el Espíritu de tu verdad,
Para que entendamos
qué es ser discípulo auténtico de Jesús.
Y haznos fuertes
para testimoniar los valores del espíritu
En el mundo que nos rodea,
ahíto de cuerpo y ayuno de alma.
Así demostraremos que te pertenecemos para siempre.
Amén.
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