CICLO - A

 

Tiempo de Adviento

1º Domingo de Adviento:

SABER ESPERAR AL SEÑOR

 

·         Isaías 2, 1-5. El Señor reúne a todas las naciones en la paz eterna del reino de Dios

·         Salmo  121, 1-2. 4-5- 6-7- 8-9.  Vamos alegres a la casa del Señor

·         Romanos 13, 11-14ª.  Nuestra salvación está cerca

·         Mateo 24, 37-44. Estad en vela para estar preparados

 

        Hay muchas maneras de esperar, y con  las situaciones que conlleva cada uno. La madre embarazada espera con valentía la llegada de un nuevo ser, a pesar de que esto conlleva muchas dificultades, el preso que todo el dìa  pasa caminando, espera con ansiedad la liberación. El tiempo litúrgico que hoy comenzamos, nos invita a una espera gozosa, nos invita a un encuentro con mismo Dios hecho Niño que nacerá y compartirá nuestra historia humana. La humildad y la sencillez serán las señales para reconocer al Mesìas que viene a nuestra vida.

        Todos los tiempos son tiempos de fe porque sin fe todo carece de base y fundamento. Todos los tiempos son tiempos de amor y caridad porque sin amor la vida carece de sentido. ¿Y dónde están los tiempos de la esperanza? Cada año comenzamos el Adviento como tiempo de esperanza, pero en realidad le damos poca importancia. Como decía Peguy la esperanza es la “hermana menor”, pero luego añade que es “la hermana preferida  por Dios”.

        Sin la fe carecemos de base y sin amor, carecemos de vida; pero sin esperanza carecemos de futuro. Sin esperanza no hay amanecer. Sin esperanza no hay ilusión y nos quedamos todos encerrados en el pasado que ya no existe. Sólo la esperanza es capaz de sacarnos del poco de nuestras desilusiones y fracasos y abrirnos al cambio y a lo nuevo. Sin esperanza la vida es como un camino que tropieza contra un muro sin saber lo que hay al otro lado. Dios es amor, pero también es esperanza. Vive de la esperanza de un nuevo futuro, un nuevo mundo, un hombre nuevo, por eso el libro del Eclesiástico nos dice: “ No preguntes: ¿Por qué los tiempos pasados fueron mejores que los presentes?­ Eso no lo pregunta el sabio”. (Ecl 7,10) Estar preparados nos lo pide el Señor siempre y muy especialmente en este Evangelio:  “Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor”.

        ¿En qué consiste esa preparación?  Las Lecturas de este Primer Domingo del Año Litúrgico nos lo indican: “Caminemos en la luz del Señor”, nos dice el Profeta Isaías. 

“Desechemos las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz ... Nada de borracheras, lujurias, desenfrenos; nada de pleitos y envidias.  Revístanse más bien de nuestro Señor Jesucristo”, nos dice San Pablo en su Carta a los Romanos (Rm. 13, 11-14)

        ¿Por qué estas indicaciones de conversión en este momento?  Porque el Adviento es un tiempo de preparación de nuestro corazón para recibir al Señor.   Estas indicaciones nos sugieren dejar el pecado y revestirnos de virtudes.  Sabemos que tenemos todas las gracias de parte de Dios para esta preparación de nuestro corazón a la venida de Cristo, “para que El nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas”.

        Nuestra colaboración es sencilla:  simplemente responder a la gracia para ser revestidos con las armas de la luz,  como son:  la fe, la esperanza, la caridad, la humildad, la templanza, el gozo, la paz, la paciencia, la comprensión de los demás, la bondad y la fidelidad; la mansedumbre, la sencillez, la pobreza espiritual, la niñez espiritual, etc.    

         Caminar en la luz. Para nosotros caminar en la luz significa vivir en gracia, despojarnos del pecado, iniciar un camino de conversión del corazón hacia el Padre de las misericordias. El adviento tiene también su cariz penitencial como camino de purificación para llegar al encuentro con el niño de Belén. Los puros de corazón verán a Dios. Acudamos pues al trono de la gracia en el sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía. Vivamos en la luz, armémonos de las armas de la luz. Pidamos al Señor al comienzo de este tiempo litúrgico que nos dè esa gracia para prepararnos adecuadamente en nuestra vida. Tanto para la primera como para la segunda venida del Señor.

 

Cuadro de texto: ORACIÓN
 
Te bendecimos, Dios de la esperanza indestructible,
porque en la venida de Jesús, tu Hijo y nuestro hermano,
realizas la utopía del profeta: la paz entre los pueblos.
Tu salvación despierta el alba en nuestro yermo horizonte;
así podemos emprender ya un camino de esperanza y dignidad.

Gracias, Señor, porque hoy nos das razones para vivir
y para amar, para llenar nuestro vacío existencial, ya crónico,
para vencer incansables la perenne mezquindad humana,
para iniciar hoy la apasionante tarea que nos confías:
el adviento inacabado de un hombre y un mundo nuevos.
Ayúdanos, Señor, con la fuerza de tu Espíritu.

Amén.

 

2º Domingo de Adviento:

 

3º Domingo de Adviento:

 

4º Domingo de Adviento:

 

 

 

II DOMINGO DE ADVIENTO

ü       Isaías 11: 1-10: Juzgará a los pobres con justicia

ü       Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17 (R.: cf. 7)  Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

ü       Romanos 15, 4-9: Cristo salva a todos los hombres

ü       Evangelio de  san Mateo 3, 1-12: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos

 

VOZ QUE GRITA EN EL DESIERTO

         Se suele escuchar a menudo a los padres, que se siente muy preocupados, porque sus hijos no cambian, a pesar que tantas veces recibieron consejos, amonestaciones, sùplicas, pero no ven los frutos de sus esfuerzos. “No me escuchan”, “no cambian” “en vano les aconsejo”, etc.

        Podemos decir que es como una voz en el desierto donde la gente escucha pero no optan por el cambio; san Juan Bautista que les amonesta, les invita a un cambio, pero qué difícil es cambiar, qué difícil es convertirse. Raza de víboras” –les dice- lo cual indica que hay demasiada preocupación por lo exterior, lo superficial que el corazón y la conducta misma.

        Este domingo nos presenta al profeta de la conversión: San Juan Bautista, que es una de las figuras claves de este tiempo de adviento, que junto a Isaías nos habla de la necesidad del cambio para llegar a  pertenecer al reino de Dios de la que nos habla la primera lectura, donde no hay lucha, ni ambiciones, ni pecado alguno. Allì hay paz, con Dios, consigo mismo, con los demás y con toda la creación. Se habrá entonces restablecido el equilibrio que hubo antes del primer pecado.

        Pero, ¿Cuál es el secreto para cambiar? En la novela “Los Miserables” , Víctor Hugo, se refiere a un excelente párroco de pueblo que vivió haciendo el bien toda su vida y que en su vejez, quedó ciego. Vivía con una hermana anciana que lo quería muchísimo. El escritor agrega: ¿Qué cosa puede ser más consoladora que la experiencia de sentirse en las manos de alguien que nos ama? Y por otra parte, el que nos ama es feliz cuando sabe que sin él no podría vivir la persona a la cual le ofrece su ayuda. Esto no es más que un débil reflejo de lo que el hombre vive en la soledad hasta que encuentra al Salvador. Por amor, vino a este mundo, nos amò tanto hasta morir en la cruz y a la vez quedarse en la Eucaristìa para nuestro alimento.

        Lamentablemente a todos nos acecha siempre el riesgo de la coartada farisaica: creemos seguros como élite de salvación, en razón de nuestros sentimientos religiosos, cumplimiento domini­cal, buenas obras, aportación económica para el sostenimiento del culto, para beneficencia y caridad. Y creer que por todo eso -que está muy bien y es necesario cumplir-, ya merecemos y se nos debe la salvación de Dios. Pero ésta es siempre gracia, don gratuito: el amor mismo que Dios nos tiene y por el que nos da el ser cristianos, el creer y el obrar como tales.

        La falsa seguridad de los clasismos no vale ante Dios. Si la fe y la conversión no pasan a influenciar nuestra conducta en casa y en el puesto de trabajo, o no modifican nuestra actitud ante el dinero, por ejemplo, o ante la pobreza material y espiri­tual de los demás o la necesidad concreta de aquel hermano que conocemos bien, no mostraremos los frutos de la conversión.

        La conversión, tarea de todos y de toda la vida. Aunque seamos cristianos de toda la vida, necesitamos la conversión con­tinua para abrir constantemente el camino al Señor en nuestra vida. Hoy es día especial de conversión para preparar en cristiano la navidad, sin alucinarnos con la alegría superficial del consu­mismo. La conversión a Dios es labor de toda la existencia, tarea callada de cada día. Nunca estaremos suficientemente con­vertidos porque el amor cristiano no tiene fin de etapa.

            Aplazar la conversión es un espejismo peligroso. El adviento nos apremia personalmente, pues la palabra de Dios nos juzga cada vez que la oímos. Ser cristiano, estar convertido al reino de Dios, es un reto exigente, es tensión perenne, es algo siempre inacabado porque no es un título de fin de carrera. Pero no nos desanimemos en este quehacer. Tenemos ya la fuerza del reino de Dios dentro de nosotros: el Señor camina a nuestro lado con su  amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu de Jesús. Es el amor la vitamina del crecimiento cristiano y la clave de la conversión que progresa hasta dar la talla requerida.

            Hemos de convertimos del pecado que anida en nuestro cora­zón con múltiples manifestaciones: egoísmo y soberbia, agresivi­dad y violencia, lujuria y mentira, desamor y clasismo, doblez, apatía y desesperanza ... para empezar a ser altruistas y generosos, humildes y pacíficos, castos y transparentes, acogedores y servi­ciales, sinceros y testigos de esperanza. Sin olvidar los pecados de omisión: ¡cuánto bien dejamos de hacer y cuánto testimonio evangélico hurtamos por cobardía, comodidad o pereza!

            Finalmente, hemos de convertimos al testimonio cristiano y, como el Bautista, ser luz y testigos de Cristo ante nuestros herma­nos los hombres. Así prepararemos el camino del Señor haciendo posible en nuestro bajo mundo la utopía mesiánica que entrevió Isaías (la lect.): Que haya paz, justicia y fraternidad donde impe­ran la violencia, la desigualdad injusta, la violación de las liber­tades y derechos humanos, la explotación del pobre, el clasismo segregador  y estúpido. Sólo así será verdad nuestra eucaristía dominical y podremos alabar unánimes a una sola voz al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (2a lect.).

 

 

Cuadro de texto: ORACIÓN
 
SEÑOR,  QUEREMOS CAMBIAR
 
Señor Jesús,
En este segundo domingo de adviento
San Juan Bautista nos habla también a nosotros:
“Raza de víboras,.. conviértanse”
Reflexionando nos reconocemos pobres, 
miserables y pecadores ante ti
 y ante los hermanos. 
Nos creemos los mejores, 
nos vemos superiores a los demás,
 contabilizamos nuestros méritos,
 vivimos auto satisfechos 
y decimos estar ya convertidos del todo.
 ¡Cuánta mentira! 
 Ábrenos los ojos, Señor, 
para que nos veamos como somos: 
egoístas, cobardes, rebosantes de complejos y apatía, 
repelentes de soberbia y envidia, insolidarios, falsos, 
injustos, agresivos, perezosos; materialistas y sensuales. 
!! Conviértenos, Señor, de tanta hipocresía estúpida 
una sensatez humilde, para dar frutos de conversión. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III DOMINGO DE ADVIENTO

 

ü     Is 35,1-6a.10: Dios vendrá y nos salvará.

ü     Salmo: 145.  Ven Señor, ven a salvarnos.

ü     Sant 5,7-10: Manténganse firmes; el Señor está cerca.

ü     Mt 11,2-11: ¿Eres tú el que ha de venir?

¿TENEMOS QUE ESPERAR A OTRO?

         Nos cuenta Flavio Josefo, la situación de Palestina en tiempos de Jesucristo, que  eran muchos los aventureros que se presentaban como Mesías y que la gente creía que realmente lo eran. Efectivamente, el tiempo estaba maduro para que viniese el libertador definitivo de Israel. No sorprende por lo tanto que le hayan preguntado a Juan Bautista y a Cristo  si eran verdaderamente “Aquel que debe venir”. A esta pregunta explícita, Juan responde directamente: “El que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no soy digno de desatarle las sandalia” (Mt 3,11).

        Podemos decir entonces, que al hombre no se le mide por lo que habla, sino por lo que hace. Hay quienes hablan mucho y no hacen nada. Hay quienes hacen mucho  y hablan poco. Vale más un corazón sin palabras que las palabras sin corazón.

        Cuentan que un hombre, ya mayor, casado, se convirtió y se bautizó. Por lo visto, todavía no estaba bautizado. Un compañero de trabajo, también sin bautizar, un día le preguntó, en tono de burla: «Si te hiciste cristiano, dime quién es Cristo, dónde nació, dónde vivió, dónde murió».

        El pobre convertido era analfabeto y no podía responder a tantas preguntas, pero le contestó: «Mira, yo no tengo cabeza para aprender tantas cosas como tú me preguntas. Pero te puedo decir que, antes de bautizarme, yo era un borracho, maltrataba a mi mujer, los hijos me tenían mucho miedo; cuando llegaba a casa borracho, los hijos se echaban a llorar y se escondían. Desde que me convertí, no me he vuelto a emborrachar, no he vuelto a maltratar ni a insultar a mi mujer, y los hijos ya no me tienen miedo, sino que me quieren mucho».

         Las lecturas de este tercer domingo nos invitan a seguir esperando al Mesías al cual reconoceremos por sus obras, por su entrega y sacrificio. En la primera lectura Isaías presenta a Dios que salva a su pueblo en especial de la esclavitud del mal, del pecado. La segunda lectura nos invita a vivir este tiempo con una paciente espera sabiendo que el anuncio de Dios es veraz.

Juan El Bautista se encuentra preso en la fortaleza de Maqueronte -ribera oriental del Mar Muerto-, donde morirá decapitado por orden del tetrarca Herodes Antipas. Juan, que había oído desde la cárcel las obras de Cristo, quiere esclarecer una duda; y le envía dos de sus discípulos con esta pregunta: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús responde con la misma Palabra de Dios. El profeta Isaías pone la respuesta en sus labios. “Se despejarán los ojos del ciego, los oídos des sordo se abrirán,  saltará como un ciervo el cojo, y volverán los rescatados del Señor. Vendrán con cantos y alegría perpetua.” Si los ciegos ven, ¿cómo no son capaces de ver ustedes  el dedo de Dios señalando al nuevo Mesías? Si hay liberación y alegría, ¿cómo no sentís la presencia operante del que tenía que venir?

Ya la espera terminó. Los signos nuevos hacen presente al Salvador.

Los signos nuevos eliminan la religión del ayer: el templo, la ley, los sacrificios, la vieja Jerusalén… todo esto queda abolido. Ahora comienza el tiempo nuevo. Tiempo de la alegría, de la transformación de las personas y de los hechos salvadores. Jesús no vino con un programa electoral bien elaborado y unas promesas imposibles, vino  a responder con los hechos de la compasión, del perdón, de la sanación y del amor a todos sin distinción. Vino a sentarse con nosotros para que nuestro culto a Dios sea más verdadero y no nos sintamos tan solos. Vino a ser la Palabra poderosa del principio de la creación, la que dice hágase y se hace.

Nosotros, los católicos de Adviento y de siempre, queremos también una Iglesia nueva. Ya no valen ampararnos en excusas de ser católicos o buenos, debemos demostrar con nuestras buenas obras, nuestro amor sincero a Dios y a nuestros hermanos.  La Iglesia, como Jesús, tiene que hacer gestos y hechos de compasión que la hagan creíble ante los hombres y detecten la presencia misericordiosa de Dios, no la tiranía de la autoridad competente, de la ley.

El cambio de mentalidad y conducta que urge el adviento es conversión personal y social, es conversión a Dios, a los hermanaos y a la construcción de un mundo mejor. El creyente  sabe que las máxima alienación del hombre y de las relaciones sociales no es Dios ni las estructuras deficientes de los sistemas políticos sino la realidad del pecado en el mundo: la idolatría del poder y del dinero, el egoísmo, las ambiciones, éstos cierran los corazones y el amor y provocan injusticias, fraudes, engaños, muerte y alejamiento de Dios.

Pidamos al Señor, reconocer su presencia por sus maravillas, y al mismo tiempo alimentar nuestra espera gozosa con nuestro arrepentimiento y buenas obras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: ORACIÓN
Crecer en la esperanza
Señor Jesús:
Ya hemos recorrido  un tramo, 
de este tiempo de Adviento,
Y a veces nos saltan dudas como a Juan Bautista, 
nos cuesta reconocerte en tus obras, 
pero Tú ya nos dejas claro 
donde podemos encontrarte;
 nos falta mucha humildad. 
Por eso Señor, Filtra en nuestras pupilas la fe
que necesitamos, 
queremos glorificarte Cristo Redentor, 
porque Tú eres nuestra única esperanza 
y salvación en este mundo. 
¿A quién iremos? 
Sólo Tú tienes palabras de vida eterna. 
Somos dichosos porque
 no nos sentimos defraudados por ti.
Haznos, Señor, 
creyentes invulnerables al desencanto: 
de fe robusta, esperanza alegre y caridad ardiente, 
para iluminar como una lámpara inagotable
 al servicio de la vida, del amor, 
de los derechos humanos y de los pobres.
Que busquemos Señor, 
en este tiempo una conversión sincera
 que nos lleve a un cambio total. Amén. 

 

 

 

 

IV DOMINGO DE ADVIENTO

 

Isaías: 7,10-14, La Virgen concebirá

Salmo 23,1-6. Va a entrar el Señor

Romanos 1,1-7.  Jesucristo, de la estirpe de David Hijo de Dios.

Mateo 1,18-24. Jesús nacerá de María, desposada con José hijo de David.

 

LE PONDRÀN POR NOMBRE EMMANUEL

         El presidente de Indonesia se llamaba Sukarno. A nosotros no nos dice nada, pero los que conocen la lengua de ese país sonríen. Los nombres que comienzan con “Su” indican un muchacho pequeño. En Indonesia había la costumbre de cambiar el propio nombre según la profesión que se iba a ejercer. Se trata de una costumbre antiquísima de que el nombre está íntimamente unido a la persona, a la misión que va a realizar.

        Emmanuel, significa “Dios con nosotros”, que grandeza de misión la de Jesús, aquel que ha traído la Buena Nueva, la salvación para todos los hombres.  Con este maravilloso hecho se concluye el Antiguo Testamento. Dios, que descendía progresivamente en medio de su pueblo, se hace Emmanuel, viviente en medio de nosotros.

        Cuenta santa Teresita, en la “La historia de un alma” cómo experimentaba la presencia divina diariamente, cada día sentía más fuerte la presencia divina. Así, decidió abandonar todo y vivir conscientemente en la presencia de Dios, entrando en un monasterio carmelita. Vivir cotidianamente esa experiencia divina, será para nosotros, la medida de nuestro amor al Creador y la capacidad de servicio a nuestros hermanos.

         Figura de modo trascendente san José en este domingo. Se pone a reflexionar humanamente, se queda perplejo, asombrado, y con muchas dudas, porque la mujer a la que ama, está esperando un hijo, no hay vueltas que dar, es necesario abandonar o bien denunciar ante las autoridades, hacerlo traerà como consecuencia, la lapidación de la mujer. Su perplejidad consiste más bien en que no entiende el misterio que encierra la acción de Dios, que María ha confiado. No quiere interferirse en los planes de Dios y opta por retirarse y decide abandonarla de noche e irse muy lejos. No ha  pegado bien ni siquiera los párpados, cuando un ángel de Señor le aclara que las cosas de Dios no siempre se ajustan a las capacidades humanas, los planes de Dios no siempre son comprendidos por la razón humana.

        En el anuncio del ángel a José hay una cita textual de la profecía mesiánica de Isaías, en su segundo encuen­tro con Acaz, rey de Judá (s. VIII a.C.), que se veía tentado a hacer alianza con el rey pagano de Asiria para librarse de la amenaza de los reyes de Damasco en Aram (Siria) y de Efraím en Samaría (Israel). El profeta Isaías anuncia una señal de Dios para alentar; la fidelidad del rey  Acaz, y como una garantía de la permanencia: dinástica prometida por Dios a David: el nacimiento de un niño de una mujer doncella (1ra.  lect.).

         Pues bien, está cumpliéndose ya esta señal de Dios: el niño llamado Enmanuel (Dios con nosotros). Por María entra en nuestra historia humana Jesús, cuyo nombre significa "Dios salva",: porque él salvará al pueblo de sus pecados. Queda así expresado' en síntesis el mensaje de salvación de todo el nuevo testamento., Hemos pasado de las promesas y profecías a la realidad cumplida del Dios-can-nosotros, Dios en carne real, Dios en nuestra raza, Dios con auténtica naturaleza y condición humana.

        José, el justo, supera la prueba que se le ha presentado a su fe en el Dios de Israel, y se adentra en la oscuridad luminosa del  misterio de Dios, se fía de su palabra. Traspasando el umbral oscuro de la fe, asume su misión con responsabilidad adulta y se incorpora al plan salvador de Dios con plena disponibilidad renunciando a todo protagonismo de relumbrón. La fe para aceptar los planes de Dios sobre nosotros, con los heroísmos pequeños o tal vez grandes, de la existencia vivida en cristiano, al estilo de Jesús. La fe, es respuesta a Dios que por Cristo llama a vivir y actuar como amigos fieles que estiman su amistad y gozan de sus gracia y su favor. Por eso creer es vivir en actitud de conversión continua y progresiva.

        Ya podemos irnos preparando. Dios va a hacerse de nuestra familia, como uno de nosotros, presente entre nosotros: ¿Sabremos reconocerle? ¿Vamos madurando en nuestra fe como san Josè para afrontar cualquier prueba? Una tarea que  hemos de llevar a cabo ahora mismo, como comunidad, buscando el amor, la unidad, entre nosotros, celebrando la Eucaristía, aceptando a nuestros hermanos.

 

ORACIÓN

 Señor Jesús.

En el umbral de tu inminente venida,

 el gozo, el asombro y la alabanza

 inundan hoy nuestro corazón,

 como el de san José,

la figura silenciosa de este domingo.

Tu salvación, Señor,

está ya cerca de tus fieles

y tu gloria habitará

en nuestros árido planeta Tierra.

Tu misericordia y tu fidelidad

se encuentran la justicia y la paz se besan,

mientras tu bendición brotan

 pujante en nuestro suelo

, nutrido por la lluvia de lo alto.

Gracias Señor,

por tanta bonanza de tu amor.

Mantén alerta nuestra fe

 en la radiante oscuridad de tu noche

 porque ya està a la vista

el Dios-con-nosotros. Aleluya.

 

24 DE DICIEMBRE.

NOCHE BUENA

 

LLEGÓ DIOS – HOMBRE, ESPERADO POR LOS SIGLOS.

 

Lecturas:

%       Isaías 9,1-3.5-6. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”

%       Salmo 95. “Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”

%       Tito 2,11-14. “Llevemos desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa.

%       Lucas 2,1-14. “Hoy en la ciudad de David les ha nacido un Salvador: El Mesías”.

 

        Se suman de alegría y júbilo, los ángeles del cielo y los hombres, porque es un acontecimiento maravilloso, ¡Felicidades, Jesús! ¡Felicidades, hermanos! Esta es la noche de las felicitaciones, porque es la noche de la felicidad, de la dicha más grande jamás anunciada: Dios se acordó de nosotros, Dios está entre nosotros, Dios nos quiere, nos ama y nos salva.  El salmo nos dice: hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías el  Señor. Nos dice el Papa Benedicto XVI ¡"Nuestro Salvador ha nacido en el mundo"! Esta noche, una vez más, hemos escuchado en nuestras Iglesias este anuncio que, a través de los siglos, conserva inalterado su frescor. Es un anuncio celestial que invita a no tener miedo porque ha brotado una "gran alegría para todo el pueblo" (Lc 2,10). Es un anuncio de esperanza porque da a conocer que, en aquella noche de hace más de dos mil años, "en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor" (Lc 2,11). Entonces, a los pastores acampados en la colina de Belén; hoy, a nosotros, habitantes de este mundo nuestro, el Ángel de la Navidad repite: "Ha nacido el Salvador; ha nacido para vosotros. ¡Venid, venid a adorarlo!". Y se pregunta: ¿Todavía es necesario un Mesías para el hombre del Tercer Milenio? ¿Es necesario un Salvador para que hombre que  visitó hasta la luna, que descifró el genoma humano? ¿necesita un Salvador el hombre que ha conquistado el mundo de las comunicaciones en su máxima expansión? Y continúa, Sí es necesario un Salvador, porque el hombre sigue siendo explotado, maltratado en su dignidad, siguen muriendo de pobreza y hambre, sigue destruyéndose por el pecado.

        Que todos meditemos y pensemos, a pesar de las grandezas y glorias humanas, sigue aumentando el poder del pecado, se ha incrementado las violencias y la maldad en los corazones. Cuantas veces hemos sido testigos de todo esto en nuestro mundo. No podemos prescindir del Mesías, no podemos creernos autosuficientes, somos tan frágiles, tan inclinados al mal sin el Salvador,  seguiremos en las redes del pecado, en las rencillas del día…

 

        ¡Felicidades, Jesús! Gracias por venir a nuestro mundo, pero que grande que Jesús entre a tu corazón y puedas sentir aquella paz, aquel amor, aquel gozo, aquella salvación que vino a traernos.  Camina al encuentro de este gran acontecimiento.  Felicidades, José! No te apenes por no haber podi­do contar siquiera con la cuna de madera que, a buen seguro, estabas preparando en Nazaret con tantísimo cariño. ¿Ves? El pesebre que con tu buena maña has convertido en un moisés improvisado, es el mejor trono real para este príncipe de la paz. ¡Quédate satisfecho José! Dios ha encontrado en ti, el hombre justo para ser el padre de quien trae la justicia; el creyente fiel que ha merecido cumplir las Escrituras y ponerle el nombre al salvador, Jesús; el esposo virginal que cuida en amor del amor virginal de María y del fruto virginal de su vientre.

        En  Jesús, María y José, nos felicitamos todos. Porque -lo decía san Pablo- "ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la vida sin fe y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y santa" (Tit 2,11-12). Este que­remos que sea nuestro regalo: vivir con fe, sabiéndote descubrir en la carne más débil y necesitada de nuestros hermanos los hombres; vivir con sobriedad, aprendien­do tu lección de pobreza para compartir con ellos cuan­to somos y tenemos, como tú; vivir con honradez nuestra religiosidad para demostrarte que te amamos amando a los demás.

        Aquí, en la eucaristía, que es el nuevo Belén, tenemos la señal: es el Mesías, el Señor, renovando su nacimiento y con él el misterio todo de nuestra redención. Aquí y en él, en Cristo, Dios nos sale al encuentro con su salvación realizada ya y que culminará cuando este príncipe de la paz reúna todo principado en el cielo y la tierra y lo presente a Dios en la plenitud de los tiempos. Entonces nuestro canto será como el de esta noche, aunque con una palabra añadida: "Gloria a Dios en el cielo, y en la nueva tierra paz a los hombres que ama el Señor".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: ORACIÓN
Señor Jesús:
Todos nos llenamos de alegría por tu nacimiento,
“El pueblo que andaba en tinieblas vio una luz” 
Qué consuelo para nosotros
 saber que compartes nuestras vidas,
 nuestros sufrimientos y miserias. 
Pero a veces, Señor,
 solamente nos quedamos en lo superficial, 
no hacemos vida tu palabra,
 no vivimos una vida sobria, 
religiosa y entregada como nos habla san Pablo.
 Jesús nos cuesta tanto, 
recibirte y seguirte como Tú nos pides.  
Permítenos restregar los ojos Señor, 
 para creer lo que está sucediendo. 
Permítenos escuchar una vez más 
"la buena noticia, la gran alegría
 para todo el pueblo: hoy, 
en la ciudad de David, 
les ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor. 
Que en la eucaristía, 
que es el nuevo Belén, 
podamos encontrarte y renovar tu nacimiento
 y todo el misterio de nuestra redención..
 Entonces podremos cantar con un corazón
 nuevo y renacido tus grandezas. Amén.

 

 

 

25 DE DICIEMBRE

NAVIDAD: LUZ Y SALVACIÓN.

 

Lecturas:

%       Isaías 52,7-10. “Toda la tierra contemplará la victoria de nuestro Dios”

%       Salmo 97. “Los confines de la tierra han contemplado al victoria de nuestro Dios”.

%       Hebreos 1,1-6. “Ahora, en esta etapa final,  nos ha hablado por medio de su Hijo”.

%       Juan 1,1-18.  “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”

 

        Con cuanta, inquietud, esperamos un acontecimiento familiar, social o personal y cuando llega el momento desbordamos de gozo y la alegría, y quisiéramos que se prolongue. Con cuanta más razón tenemos motivos para alegrarnos porque en las tinieblas de nuestra historia, brilló una gran luz, es el Mesías que ha venido, no sólo a visitarnos, sino a quedarse con nosotros, a compartir nuestra vida.

        El hombre a pesar de haber progresado en todo aspecto, sigue necesitando un Salvador. El hombre en medio de la vida placentera y desesperada, sigue pidiendo un salvador. Hoy, está Cristo con nosotros y a quienes  lo acogen les da "poder para ser hijos de Dios"; es decir, les ofrece la oportunidad de ver la gloria divina y de compartir la alegría del Amor, que en Belén se ha hecho carne por nosotros. Hoy, también  "nuestro Salvador ha nacido en el mundo", porque sabe que lo necesitamos. A pesar de tantas formas de progreso, el ser humano es el mismo de siempre: una libertad tensa entre bien y mal, entre vida y muerte. Es precisamente en su intimidad, en lo que la Biblia llama el "corazón", donde siempre necesita ser salvado. Y en la época actual postmoderna necesita quizás aún más un Salvador, porque la sociedad en la que vive se ha vuelto más compleja y se han hecho más insidiosas las amenazas para su integridad personal y moral. ¿Quién puede defenderlo sino Aquél que lo ama hasta sacrificar en la cruz a su Hijo unigénito como Salvador del mundo?

        Cristo se hace presente  de modo gratuito y sin complicaciones. Celebrar en Cristo la Navidad es abrir el corazón al gozo de Dios y de los hermanos. Gozo y dicha sobre todo para los humildes del pueblo. Aquellos que son sencillos y pobres de corazón serán quienes mejor capten las señales de Dios ya quienes más ama el Señor. Por eso los primeros destinatarios de esa gran noticia no son los jefes religiosos del pueblo, ni los especialistas de la ley mosaica, ni los exper­tos ni las tradiciones judías, ni los sacerdotes del templo de Jerusa­lén, sino unos humildes pastores. La Navidad no es alborozo de poderosos, sabios,  intelectuales y científicos autosatisfechos que no saben hacerse niños, sino alegría popular según el mensaje  de los ángeles a los pastores.

         Dios es gratuito y sin complicaciones; por eso lo captan mejor los sencillos, los que son capaces de amar al hermano, los que tienen mayor disponibilidad para recibir y compartir el don de Dios. Necesitamos alma de pobre para que, vacíos de nosotros mismos, podamos ser llenados por Dios. Así sabremos agradecer, disfrutar y compartir con los demás el mejor premio de este acontecimiento de la navideña, que es la paz y el amor del Señor.

Pidamos al Señor, sencillez de vida, pureza y compromiso pues, animados por Jesús Niño, podremos comenzar una nueva vida, con nuevos aires y con nuevas fuerzas.

        Celebraremos en cristiano la Navidad si construimos la paz en nuestro ambiente de familia, vecinos, amigos y compañeros de trabajo; si repartimos amor a los demás sin esperar nada a cambio; si acogemos al pobre como a Cristo; si los ancianos y los niños, los enfermos, los que están solos y cuantos sufren por  cualquier motivo, sienten una mano amiga en el hombro, una sonrisa afectuosa y calor humano en nuestra mirada. Porque el amor es el clima cristiano; si estamos dentro de esa atmósfera ambiental, por fuerza amaremos; sentiremos la fuerza y el amor  de Dios en nuestra vida.

         En esta navidad fortalezcamos la fe de quienes han puesto su esperanza en nosotros .Cumplamos nuestros deberes ,seamos responsables de nuestras acciones No  defraudemos a quienes aun creen en nosotros ,y  no solo digamos  repetidamente feliz navidad, a estas bonitas  frases  tiene que acompañarla  un verdadero compromiso de fraternidad y de  solidaridad  entre  familiares ,amigos y todos quienes están en tu entorno  que te parece!   Que esta y todas las navidades  sirvan para que abras tu corazón para que pueda entrar la paz el amor  y el perdón  y que nuestro amado creador derrame sobre ti muchas bendiciones , que guíe tus pasos y te proteja de todos los peligros. ¡Feliz Navidad!

 

 

 

Cuadro de texto: ORACIÓN
Señor Padre Santo,
Te bendecimos, 
porque la vigilante espera del adviento
Ha llegado ahora a su término
 anunciando la llegada del Salvador.
Gracias a Cristo somos
 una nueva creación,
 hemos pasado de las tinieblas del pecado
 a la luz de la vida.
Señor Jesús, nos dice la Palabra, 
“vino a los suyos, y los suyos no le recibieron”
 estas palabras nos duelen y nos  hacen reflexionar,
 porque muchas veces, también 
 no te recibimos en nuestros corazones, 
simplemente nos contentamos de amarte superficialmente.
 Por eso Jesús, te pedimos,
Nos des gracias infinitas,
 para amarte de verdad, 
para asumir nuestro compromiso cristiano,
 sabiendo que hemos sido liberados
 del poder de las tinieblas
 y trasladados al reino de Dios en Cristo Jesús. Amén. 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SAGRADA FAMILIA

Lecturas.

·         Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14 El que teme al Señor honra a sus padres

·         Sal 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1) . R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

·         Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21. La vida de familia vivida en el Señor

·         Evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23. Coge al niño y a su madre y huye a Egipto

 

¿ES FACIL VIVIR EN FAMILIA?

 

 

        Nos imaginamos, una familia de nuestro tiempo donde las situaciones sociales, económicas no son nada alentadoras, sigue habiendo familias de una condición social muy preocupante.  Es preocupante la pobreza familiar. A parte de eso hay desintegración familiar….

Ahora, vera María y José, salir de prisa por la persecución es para entender que la Sagrada Familia no anduvo por esta tierra, lleno de felicidades o éxitos, tuvieron que hacer frente a tantas dificultades de la vida de entonces. Todo para hacernos entender que vivir en familia, cuesta, comprenderse cuesta, superar dificultades cuesta, pero debemos confiar en el Señor, El Niño Dios que vino a este mundo será para nosotros aliento y fortaleza en nuestras familias.

La fiesta de la Sagrada Familia, es para todos nosotros ennoblecedor, ejemplo de amor, de unidad, de sencillez y pobreza. Saber que familia unida será mucho mejor si cuenta con la ayuda de Dios.

        Esta fiesta de la Sagrada Familia nos recuerda a todos que la familia cristiana es también un lugar donde Dios se hace presente y real. Y ahí, en familia, tenemos que encontrar, servir y vivir la presencia de Dios.

La Iglesia llama a la familia "la iglesia doméstica". Y nos dice que es más importante lo que hacemos en familia que lo que hacemos en la iglesia.

Esto, nuestra eucaristía, nuestra parroquia, es sólo el reflejo de lo que sucede en nuestras casas.

En muchas familias pasa como en el cuento: "Entra y toma todo lo que desees pero no olvides de lo principal": tu hijo, tu Dios.

Nos dejamos cegar por lo material. Nos dejamos deslumbrar por el brillo de lo pasajero y los valores cristianos y Dios nuestro Padre quedan en el último lugar.

Los niños ya no asisten a las clases de religión, ya no se bautizan, ya no acuden a la catequesis… Muchas veces los padres los dejan en la puerta de la iglesia y ellos desaparecen.

        No hace falta describir las enfermedades de la familia porque todos llevamos las cicatrices de una familia mediocre.

No vamos a acusar a nuestros padres porque nosotros no somos mejores. Y no vamos a maldecir porque los hijos de Dios sólo bendicen.

En el mundo de hoy, en el que se difunden concepciones equívocas sobre el hombre, sobre la libertad, sobre el amor humano, no tenemos que cansarnos de volver a presentar la verdad sobre la familia, tal y como ha sido querida por Dios desde la creación. Por desgracia, está creciendo el número de separaciones y divorcios, que rompen la unidad familiar y crean muchos problemas a los hijos, víctimas inocentes de estas situaciones. La estabilidad de la familia está hoy particularmente en peligro; para salvaguardarla es necesario ir con frecuencia contra la corriente de la cultura dominante, y esto exige paciencia, esfuerzo, sacrificio y búsqueda incesante de la comprensión mutua. Pero también hoy les es posible a los cónyuges superar las dificultades y mantenerse fieles a su vocación, recurriendo al apoyo de Dios con la oración y participando asiduamente en los sacramentos, en particular, la Eucaristía. La unidad y la firmeza de las familias ayudan a la sociedad a respirar los auténticos valores humanos y a abrirse al Evangelio.

La Sagrada Familia es el modelo de la familia. En ella vivió Jesús la mayor parte de su vida. Toda familia es sagrada, porque algo de Dios hay en ella.  En toda familia está la huella de Dios. Si Dios es familia, la familia es imagen de Dios.

Cuadro de texto: ORACIÓN
 
Oh Dios,
 de quien procede toda paternidad
 en el cielo y en la tierra, 
Padre, que eres Amor y Vida, 
haz que en cada familia humana 
sobre la tierra se convierta, 
por medio de tu Hijo, Jesucristo, 
"nacido de Mujer", y del Espíritu Santo, 
fuente de caridad divina,
 en verdadero santuario
 de la vida y del amor 
para las generaciones porque siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe a los pensamientos 
y las obras de los esposos hacia el bien
 de sus familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones
 encuentren en la familia un fuerte 
apoyo para su humanidad y su crecimiento 
en la verdad y en el amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia
 del sacramento del matrimonio,
 se demuestre más fuerte que cualquier
 debilidad y cualquier crisis,
 por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por
 intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret,
 que la Iglesia en todas las naciones
 de la tierra pueda cumplir fructíferamente 
su misión en la familia y por medio de la familia. 
Tú, que eres la Vida, la Verdad y El Amor,
 en la unidad del Hijo y del Espíritu santo.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28 DE DICIEMBRE

DIA DE LOS SANTOS INOCENTES.

 

v      1 Jn 1,5-2,2. La sangre de Jesús nos limpia los pecados.

v      Sal 123. Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador

v      Mt 2, 13-18. Herodes mandó matar todos los niños en Belén.

 

        Ni bien nace el Niño, comienza los sufrimientos; por un lado tienen que huir del pueblo, y por otro lado vemos la actitud de este rey malvado, que no tiene reparos en quitar la vida a tantos niños, con tal de  alejar todo peligro en contra de su trono.

        El historiador Josefo dice de Herodes que “era un hombre de gran crueldad hacia los demás” y relata varios de sus crímenes; tan espantosos y repugnantes que la matanza de unos cuantos niños judíos parece poca cosa. Y Josefo ni la menciona.

        Lo que sí menciona es que en sus últimos años mandó matar a tres de sus propios hijos. Y antes de su muerte decretó eliminar a los principales nobles de su reino lo que ya no pudo realizarse, porque el tirano murió antes. Sólo un hombre tan cruel y violento como Herodes pudo ordenar una matanza tan bárbara como la que cuenta el evangelista.

        Lo que el ángel le dijo sobre Herodes era desgraciadamente demasiado verosímil. Y José sabía que los soldados del rey recorrerían en poco tiempo los ocho kilómetros que separaban la capital de la aldea. Despertó a María, se vistieron precipitadamente aún medio dormidos, recogieron lo más imprescindible y se pusieron en camino.

        Así huyeron, sin pararse a pensar, sin estudiar el camino que habrían de seguir, ni dónde podrían refugiarse. Sabían únicamente que tenían que alejarse de la ciudad, poner distancia entre su hijo y Herodes. Y debían hacerlo sin dejar huellas, sin despedirse de nadie.

        Huir era dormir durante el día y caminar la noche entera. Suponía volver la cabeza cuando se escuchaba cualquier paso por el camino y ver en cada sombra a los soldados de Herodes. No les habrá resultado fácil, andar de noche por aquellas soledades, sin conocer el camino. Y tuvieron que cruzar el desierto con sus peligros de la arena; la sed y el sol. Y así partieron, sin sospechar que la gran tragedia quedaba a sus espaldas.

        Estos niños, aún no hablaban y ya confesaron a Cristo. Dieron testimonio de Él; no con sus palabras, sino con su sangre. Fueron los primeros cristianos, los primeros santos de la Iglesia. Por eso tienen asegurados; desde hace muchos siglos, su lugar privilegiado en el calendario de los Santos. Y, por eso, tenemos hoy la alegría de celebrar su fiesta.

        Los que padecen con Cristo tendrán como premio el consuelo de Dios en esta vida y, después, el gran gozo de la vida eterna. Muy bien, siervo bueno y fiel..., ven a participar de la alegría de tu Señor (11) nos dirá Jesús al final de nuestra vida, si hemos sabido vivir las alegrías y las penas junto a Él.

        A los bienaventurados, Dios enjugará las lágrimas de sus ojos y la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni llantos, ni fatigas, porque todo habrá pasado ya (12). La esperanza del Cielo es una fuente inagotable de paciencia y de energía para el momento del sufrimiento fuerte. De igual modo, el saber por la fe que nuestros dolores y penas son de enorme utilidad a otros hermanos nuestros, nos ayudará a sobrellevar con garbo esos sufrimientos y fatigas.

        En relación a lo que Dios nos tiene preparado, nos debe parecer ligero el peso de nuestras aflicciones (13). Además, quienes ofrecen su dolor son corredentores con Cristo, y Dios Padre derrama siempre sobre ellos un gran consuelo, que les llena de paz en medio de sus sufrimientos. Porque, así como abundan en nosotros los padecimientos de Cristo, así abunda también nuestra consolación por medio de Cristo (14). San Pablo se siente consolado por la misericordia divina, y esto le permite consolar y sostener a los demás. Nuestro Padre Dios está siempre muy cerca de sus hijos, los hombres, pero especialmente cuando sufren.

        Hoy también vemos, a hombres que a semejanza de Herodes, atentan contra el bienestar y la vida de los demás. Cuántas veces vemos y escuchamos aquellos atentados a la vida  de los no nacidos; si para gozar de felicidad y placer, los niños son un impedimento, hay que quitarles la vida, para que no nos incomode la vida que se lleva. Como muestra sociedad cada vez va encaminándose por los caminos de la muerte, la venganza y el pecado. En esta celebración podamos  reflexionar  y pedir por todos aquellos que padecen persecución o maltrato a causa de los demás que piensan que son poderosos.

        Pero nos sucede en ocasiones que ante una situación dolorosa no sabemos cómo acertar. Quizá si nos recogemos un instante en oración y nos preguntamos qué haría el Señor en esas mismas circunstancias tengamos abundante luz. A veces bastará hacer un rato de compañía a esa persona que sufre, conversar con ella en tono positivo, animarla a que ofrezca su dolor por intenciones concretas, ayudarle a rezar alguna oración, escucharla, etcétera.

        Que nuestra Madre la Virgen María nos enseñe a amarnos unos a otros.

 

01 DE ENERO

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

 

LECTURAS.

Números 6, 22-27; Gálatas 4, 4-7; Lucas 2, 16-21

 

        ¡Feliz Año Nuevo, amigos! Es el saludo que hoy corre de boca en boca. Un saludo que incluye deseos y propósitos de paz.  Un saludo  que al estar  lleno de dudas e interrogantes, por la dificultad de verlo cumplido, nos hace miara al cielo suplicando: “¡Échanos  una mano Señor! Tú, en cuya venida, los ángeles cantaron la paz”.

        La solemnidad de Santa María, Madre de Dios, la primera fiesta a María que se celebró  en la comunidad cristiana, nos invita a cada uno de nosotros, a contemplar la realidad de las promesas de Dios, la presencia de María en la obra salvadora de Dios.

Hoy, oramos también por la paz al Príncipe de la Paz recién llegado a nuestra tierra ensangrentada.   "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz". Números 6, 22-27

María es la hija de Israel, la hija de Sión, la heredera de las bendiciones del Dios de Israel. Sí, El "ha mirado la humillación de su esclava".

La Navidad anuncia la paz a los hombres de buena voluntad.  "María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón ".

No la cabeza sino el corazón es el lugar secreto donde Dios se cita con los hombres. Y María por la fe concibió a Jesús en su corazón antes que en su cuerpo.

La humanidad se siente amenazada , no por la presencia de Jesús nacido en Belén, sino por la maldad albergada en tantos corazones aún no sanados ni abiertos al Príncipe de la Paz.

        "El que es bueno, de la bondad que almacena en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón lo habla la boca". Lucas 6, 45   La paz no es un meteorito caído del cielo. LA PAZ que trae Jesús es un fruto que sólo crece en el corazón de los que lo acogen..

        En su mensaje el Papa sobre la libertad religiosa, exalta la libertad religiosa como camino para la paz. La religión prepara al hombre para el encuentro con Dios y al mismo tiempo fomenta la paz entre los hermanos. “Si la libertad religiosa es camino para la paz, la educación religiosa es una vía privilegiada que capacita a las nuevas generaciones para reconocer en el otro a su propio hermano o hermana, con quienes camina y colabora para que todos se sientan miembros vivos de la misma familia humana, de la que ninguno debe ser excluido”

        No hay paz si hay hambre en el mundo, si hay pobreza, si hay injusticia, si hay desprecio al diferente o al de raza diferente o con distintas cualidades que consideras inferiores, cuando hay personas que duermen y viven en las calles o que no pueden mantener a sus familias

La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios.

        Hoy es un día para celebra el misterio, dentro de la navidad. María y Jesús, unidos en el mismo misterio salvador de Dios. La madre que da a luz y el Hijo que nace para salvarnos. Dios que nace de María a la vida humana y nosotros que nacemos en Cristo a al vida de Dios. María punto de encuentro entre Dios y los hombres. San pablo nos decía: “Cuando se cumplió el tiempo envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

        Nuestra fe no debe se vana y vacía. Nos ha de hacer concebir a Dios, llenarnos de Dios y de sus planes de salvación y alumbrarlos en amor de fraternidad, de convivencia, de respeto, de justicia, de progreso compartido, de paz, de paz para todos los hombres. No hay una escena más grata para una madre ver a sus hijos vivir en paz. Es lo que Jesús mismo espera de cada uno de nosotros. Pidámosle en este comienzo del año que unidos a María queremos luchar por un mundo de paz, amor, fraternidad.

Santa María, madre de Dios, haz que consigamos la paz anunciada al mundo en aquella primera navidad.

Cuadro de texto:  ORACIÓN
Señor, 
al terminar este año
 quiero darte gracias
 por todo aquello que recibí de ti. 
Gracias por la vida y el amor, 
por la alegría y el dolor
por lo que fue posible 
y por lo que no pudo ser. 
Te ofrezco cuanto hice en este año:
el trabajo que pude realizar
y las cosas que pasaron por mis manos
 y lo que con ellas pude construir. 
Pero también, Señor, 
Al comienzo de este nuevo año 2011,
Quiero pedirte Señor
con toda humildad, me concedas 
aquello que necesito para glorificarte 
a lo largo del año. 
Quisiera que me concedas 
voluntad, sabiduría y prudencia
 en todos mis actos y palabras. 
Concédeme la gracia de buscar 
y fomentar la paz en todo momento. Amén.
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EPIFANIA DEL SEÑOR

 

Isaías    60, 1-6. Dios resplendence

Éfesios 3, 2-6; coherederos del misterio de Dios

Mateo. 2, 1-12  “Venimos de Oriente para adorar al Rey”.

 

VIENEN DE LEJOS A ADORAR AL SEÑOR

 

        Hoy la Iglesia celebra la Epifanía para recordar la Manifestación del Señor a todos los hombres con el relato de los Magos de Oriente que nos narra el Evangelio (Mt 2, 1-12). Aquellos hombres que buscaban ansiosamente simbolizan la sed que tienen los pueblos que todavía no conocen a Jesús.

La primera lectura nos dice:  “Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti…Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora”. Esta profecía nos hace entender que desde siempre Dios Padre estaba preparando su revelación, en los primeros tiempos se había manifestado al pueblo y ahora su deseo es revelarse o mostrarse y lo hizo en Jesucristo, al parecer Dios se quitó el velo que lo cubría y dejando ver su rostro amoroso, se le desnudó a la humanidad en la imagen de un tierno niño, el Salvador del Mundo. Por eso es que Isaías en el texto antes mencionado, le dice a Jerusalén es decir al pueblo y hoy a nosotros, LEVANTATE Y RESPLANDECE, PORQUE HA LLEGADO TU LUZ, esa luz es Jesucristo.

Por tano la epifanía del Padre es la luz que nos ha llegado: Jesucristo, y la estrella del evangelio de hoy según San Mateo es la Palabra de Dios, que ilumina nuestra conciencia para reorientar nuestros pasos por el camino que nos conduce a Jesucristo: no estrella fugaz; sino Sol de eternos rayos


        La Epifanía, en este sentido, además de ser un recuerdo, es sobre todo un misterio actual, que viene a sacudir la conciencia de los cristianos dormidos.
Para la Iglesia la Epifanía constituye un reto misional: o trabaja generosa e inteligentemente para manifestar a Cristo al mundo, o traiciona su misión. La tarea esencial e ineludible de la Iglesia es trabajar para llevar a Cristo a todos aquellos que no lo conocen.

La llegada de los magos, que no pertenecen al pueblo elegido, nos revela la vocación universal de la fe. Todos los pueblos son llamados a reconocer al Señor para vivir conforme a su mensaje y alcanzar la salvación.
La descripción que hace el Evangelio de la llegada de los magos a Jerusalén y luego a Belén, la reacción de Herodes y la actuación de los doctores de la ley, encierra una carga impresionante de enseñanza.

 

        *Unos hombres extranjeros que siguen el camino indicado por la estrella, para adorar al recién nacido Rey de los judíos. Los magos símbolo de la inquietud, del hombre en búsqueda del que no se siente ni sabedor de todo, ni seguro de todo. Del hombre que escudriña los signos de los tiempos, que procura contrastar y enriquecer su saber con el de los demás, que sale de su vida instada en la comodidad en busca de horizontes más amplios y trascendentes. El que todo lo sabe y todo lo tiene, se encierra en el castillo de su suficiencia, incapaz de preguntarse, de escudriñar estrellas más altas, de ir en busca de metas más lejanas. El que todo lo sabe y todo lo tiene no  puede encontrar a Dios, porque no lo necesita, porque se cree en todo caso que Dios es posesión suya en exclusiva.

        *Los conocedores de las Escrituras en Jerusalén que quedan indiferentes ante aquella luz del cielo, que anuncia el acontecimiento esperado por siglos. Los letrados no podían descubrir a Dios que se presentaba fuera de sus esquemas. Estaban demasiado seguros de poseer a Dios, como para tener que salir en su busca.

        *Llenado de  envidia y miedo el rey Herodes no podrá conocer a Dios hecho niño pues siente temor de que surja un rey "mayor" que él, decide acabar con la vida de los niños inocentes. Cuando la envidia llena el corazón humano, el hombre es capaz de cometer cualquier maldad.

 

Ante este relato tan cargado de significado, nos queda reflexionar seriamente:

·                     ¿Somos como aquella Jerusalén, "conocedora de las Escrituras", pero incapaz de reconocer y menos de seguir el camino de la Luz de Cristo?

·                     O ¿somos como los magos de oriente, en búsqueda siempre de la verdad y dispuestos a ponerse en camino hacia Jesús, Rey y Señor de la historia?

Hoy es la gran lección. Dios se manifiesta a todos los hombres en Jesús, nacido en Belén  su salvación es universal; se le descubre y encuentra por la fe.

Después, durante el año, continuaremos que Dios sigue manifestándose en Jesús de Nazaret y en su vida: en su amor, en su perdón, en su  misericordia. Y que a su vez Jesús de Nazareth muerto y resucitado sigue manifestándose en los niños en los hombres en los hermanos, en los necesitados y en nuestro amor, en nuestro perdón en nuestra misericordia.

NO nos olvidemos de Cristo muerto y resucitado que se manifiesta en nuestras Eucaristías y se nos da como alimento para nuestra alma y llegar así a la vida eterna.

 

Cuadro de texto:    ORACIÓN
 
Señor Dios:
Te damos gracias, 
porque tu amor salvador 
no tiene fronteras de raza ni lengua.
Hoy alcanza a todos los pueblos 
tu salvación por Cristo.
Él ha dejado su obra y evangelio 
en nuestras manos,
como ascuas encendidas 
para prender fuego a la tierra.
Pero nosotros a veces, somos luz 
que se esconde y sal desvirtuada.
Señor Jesús: 
que a imitación de los Magos de Oriente
vayamos también nosotros 
frecuentemente a adorarte en tu Casa 
Templo y no vayamos jamás
 con las manos vacías.
Que te llevemos el oro
 de nuestras ofrendas, 
el incienso de nuestra oración fervorosa, 
y la mirra de los sacrificios 
que hacemos para permanecer fieles a Ti, 
y que te encontremos siempre 
junto a tu Madre Santísima María, 
a quien queremos honrar y venerar siempre 
como Madre Tuya y Madre nuestra. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BAUTISMO DEL SEÑOR 

ü        Isaías 42,1-4.6-7.  Mirad a mi siervo, a quien prefiero.

ü        Salmo 28. El señor bendice a su pueblo con la paz.

ü        Hechos de los Apóstoles. 10,34-38. Ungido por Dios, con la fuerza del Espíritu Santo

ü        Mateo 3,13-17. Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre Él.

 

¡SOMOS HIJOS DE DIOS!

 

        Hoy fiesta del bautismo del Señor, nos invita a contemplar la figura de Cristo Jesús, que es el mismo Dios que comienza a manifestarse abiertamente que es el Mesías esperado, el Salvador. Dios nos parecería oculto por siempre, pero no, es ahora la hora que se da a conocer después de treinta años de vida oculta. En nuestra vida diaria, vemos a muchos presentarse, manifestarse con grandes pretensiones así los políticos se lanzan a la campaña electoral en busca de votos, dándoselas de personas estupendas; y para eso besan a los niños, estrechan la mano de los ancianos y hacen otras cosas parecidas. Jesús, en cambio, se lanza a la predicación del Evangelio, presentándose humilde y desconocido, formando cola como uno más en las largas filas de los que esperaban el bautismo de Juan. Se presentaba como pecador, siendo la santidad misma, se hizo solidario con nosotros; El es la santidad misma.

        Muchos políticos hacen promesas que luego no cumplen; las promesas de Jesús son promesas de un Dios, que no puede faltar a su palabra. Muchos políticos buscan el triunfo de su partido; Jesús buscaba el bien del hombre. Su programa es la santidad según las bienaventuranzas, según los consejos evangélicos, y aquellos que siguen nunca han quedados defraudados ni engañados.

        Los políticos en su campaña electoral presentan un programa. El Evangelio es el programa de Jesús, y en este programa está la hermandad entre los hombres, están el perdón y la salvación de los pecadores. Por esto, en el río Jordán, Jesús se pone en las filas de los pecadores y más tarde se sentará con ellos a la mesa. En este programa está la esperanza para este mundo tan alejado de Dios. Con Jesús todos los que sufren tienen motivos para seguir llevando la cruz de la vida. El programa de Jesús no es el de la metralleta que mata, no es el de la violencia, no es el de los puños, es el de la mano tendida; no es el de los gritos, de los insultos o de la fuerza. Él nos habla al corazón, llama a todos sin forzar a nadie, Invita sin empujar. Jesús es el que da sentido a la vida.

        Las lecturas de hoy, nos invitan a detenernos en la figura de Cristo Jesús, desde la primera lectura, nos habla de un Siervo elegido del Señor, manso, paciente, fiel y tenaz de la obra de la justicia, El es luz de las naciones, en la segunda lectura, Pedro, testimonia a Jesús como el Ungido de Dios: “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Pero es el evangelio donde maravillosamente vemos a Cristo Jesús ensalzado por Juan el Bautista, le reconoce personalmente que es el Mesías, con humildad reconoce su poquedad. Jesús se bautiza y se hace presente la Santísima Trinidad. El Señor se llena del Espíritu Santo y comienza su vida pública.

        Eso es el bautismo, un gran regalo de Dios, que nos transforma, nos renueva, nos da un nacimiento según el fuego del Espíritu Santo, el pecado original que nos había manchado. Habíamos sido creados a imagen de Dios,  pero esta imagen ha sido ofuscada por el pecado, como si un velo negro nos hubiera cubierto o una fea máscara, el bautismo lava nuestro rostro espiritual que así resplandece en su gloria original.

        Por el bautismo, se nos da una nueva vida, para que crezca un nuevo pueblo de Dios, somos transformados, inundados por las gracias divinas. ¿Cuántos de nosotros somos conscientes de esto?  Es una ocasión para valorar este gran sacramento y efectos que conlleva ser un cristiano. Ya no son del mundo nos dice el apóstol, sino criaturas nuevas, llamadas a vivir con Cristo en una vida nueva, rechazando todo pecado y maldad asumiendo la tarea de la santidad cristiana diariamente.

        Por eso la fiesta del bautismo del Señor anuncia y verifica el bautismo en agua y Espíritu Santo que todos nosotros hemos recibido, y es una oportunidad de gracia para revisar nuestro esquema personal de creyentes y su proyección práctica a la vida diaria, tanto a nivel individual como comunitario. Pues por el sacramento del bautismo cristiano que hemos recibido, participamos en el miste­rio pascual de Cristo, es decir, en su muerte y resurrección, que Jesús repetidas veces llamó bautismo de fuego.

        Hoy es alarmante el número de bautizados que ignoran por qué y para qué lo son, y otros que ven su bautismo como una carga indeseable de la que no fueron ni se hacen responsables. Pues bien, partiendo del bautismo del Señor, que es la identifica­ción de Jesús, busquemos hoy nuestra propia identidad cristiana en el bautismo y en .la subsiguiente filiación adoptiva por Dios mediante la fe en Cristo dentro de la comunidad de la Iglesia.

        En el bautismo nuestros padres nos han posibilitado la vida en Cristo, todo esto es regalo divino y no una carga impuesto, agradezcamos a Dios, y renovemos nuestro compromiso bautismal por una vida de santidad y entrega generosa a Dios.

 

 

 

Cuadro de texto: JESUCRISTO
 
«Este es mi Hijo, el amado,   mi predilecto» (Mt 3, 17)
 
Señor Jesús:
«Vino una voz del cielo que decía:
Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.» 
En esta celebración de tu Bautismo te proclamamos 
y te reconocemos, uniéndonos al Credo de Pablo VI:
«Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo, 
Tú eres el revelador de Dios invisible, 
el primogénito de toda criatura, el fundamento de todo. 
Tú eres el maestro de la humanidad. 
Tú eres el Redentor.
Tú naciste, moriste, resucitaste por nosotros. 
Tú eres el centro de la historia y del mundo. 
Tú eres el que nos conoce y nos ama. 
Tú eres el compañero y el amigo de nuestra vida. 
Tú eres el hombre del dolor y de la esperanza.
 Tú eres el que ha de venir y ha de ser un día 
nuestro juez  y esperamos nuestra felicidad. 
Yo nunca acabaría de hablar de ti:
Tú eres la luz, la verdad, es decir, 
Tú eres el CAMINO, la VERDAD y la VIDA. 
Tú eres el pan, la fuente del agua viva 
para nuestra hambre y nuestra sed. 
Tú eres el pastor, nuestro guía, 
nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. 
¡Jesucristo...: yo te anuncio!» 
Contigo queremos iniciar este tiempo ordinario, 
para conocerte más y poder seguirte mejor. 
AMEN                Mt  3, 13-17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempo Ordinario

2º Domingo del tiempo Ordinario:

 

ü       Isaías 49, 3.5-6. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

ü       Salmo 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

ü       I Corintios 1,1-3. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesús sean con ustedes.

ü       Juan 1,29-34.  Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

 

ESTE ES EL CORDERO DE DIOS

 

        Estamos en los comienzos del Tiempo Ordinario,  donde el Señor nos invita a meditar y vivir según su palabra. Nos habla de la figura de Cristo como Cordero manso llevado al matadero, que no pronuncia queja alguna hasta dar su vida por amor al hombre.

        Viendo nuestra realidad, más que corderos en nuestro sociedad, vemos lobos rapaces, que quieren hacer daño a sus hermanos, lobos injustos, que hacen sufrir a los débiles, lobos llenos de rapiña que infunden temor y miedo a su alrededor, cuántas personas son lobos para sus hermanos. No hay esa inocencia, ese sacrificio y entrega del Cordero de la que nos habla el evangelio de hoy no se vive.

         La figura del cordero es ya antiquísimo, nos habla desde la liberación de la esclavitud del pueblo elegido, “rociaron sus puertas con las sangre del cordero y el ángel del Señor no hizo ningún estrago en ellos”.

        Los judíos sacrificaban corderos en el templo de Jerusalén a las tres de la tarde para conseguir de Dios el perdón de los pecados. En una ceremonia intentaban traspasar sus pecados a los corderos y al destruir los corderos, creían que también quedaban destruidos esos pecados; es decir, creían que quedaban perdonados.

         Más adelante, Jeremías perseguido por sus enemigos se compara con el cordero llevado al matadero. Isaías nos habla del siervo sufriente cual cordero sin pronunciar queja alguna da su vida. Juan el Bautista reconoce a aquel Cordero por excelencia y dice “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” este Cordero es el mismo Cristo que da vida al alma, salva al hombre y entrega su vida en la cruz, es el cordero degollado que abre el libro de la vida en el Apocalipsis.

        San Pablo nos dice: “Cristo nuestro cordero pascual, ha sido inmolado” lo cual indica que el amor de Dios ha sido infinito, hasta dar su vida.

        En el banquete eucarístico los cristianos nos sentimos perdonados, y comemos el manso Cordero celebrando nuestra amistad con Dios y con los hermanos y festejamos la resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos. Los judíos para participar de la cena pascual se preparaban asiduamente, nosotros nos preguntamos ¿Verdaderamente nos preparamos cuidadosamente para gustar el Cordero Pascual? ¿Sabemos que estamos recibiendo al mismo Dios que viene a morar e nuestros corazones? Ojalá podamos dar el valor correspondiente al Cordero Dios que se nos ofrece en la Santa misa.

        Hoy también hay corderos, que se esfuerzan, se sacrifican, se entregan por el bien de sus hermanos, es el misionero lejos de su patria que sirve a sus hermanos, es el padre de familia que trabaja conscientemente y a veces con muchas privaciones para sacar adelante a su familia, es el profesional que actúa de manera honrada en su oficio. Somos todos nosotros que tenemos que sacar adelante el pueblo de Dios.

        En la primera lectura Isaías nos habla de Jesús como la luz de las naciones. La luz que tan importante es en nuestra vida. Andaban perdidos en medio del desierto hasta la luna salió y con su luz pudieron encontrar el camino, los reyes magos estaban atemorizados, porque la estrella desaparecía por momentos, pero cuando veían la estrella se sentían gozosos. Los marineros saben muy bien lo mucho que puede significar para llegar al puerto, la luz de un faro. La luz es consuelo, buena compañía, guía. Jesús es la luz que nos orienta hacia el bien, es la luz que nos ilumina. Necesitamos esa luz de Dios para reconocer al otro como nuestro hermano, y poder vivir una vida cristiana auténticamente. Jesús nos hace ver que es posible vivir como hermanos, porque somos hijos de un  mismo padre, al que rezamos en el Padrenuestro. Nos hace ver que la muerte no tiene la última palabra. Jesús con su palabra y su ejemplo, nos alumbra el camino que debemos seguir en la vida.

        Preguntaba un maestro al monje, cómo sabía que si había amanecido ya y en qué momento, el monje decía, amanece cuando yo puedo distinguir a un animal si es vaca o caballo. Cuando yo pueda distinguir una planta si es manzana o durazno. El maestro decía, hijo, será día, será luz, cuando sepas distinguir que el otro es tu hermano, sino seguirás en las tinieblas y en la oscuridad. Ojalá nosotros también no caminemos en las tinieblas del olvido y desconfianza con los demás. Que seamos hermanos y confiemos en Dios y con razón podremos llamar a Dios nuestro Padre que nos ve y nos ama.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: CORDERO DE DIOS
 
“Yo he visto, y he dado testimonio
de que éste es el Hijo de Dios” (Jn 1,43).
 
Señor Jesús:
«Tu eres el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo...
y el que ha de bautizar con Espíritu Santo»,
así te proclama y te anuncia Juan Bautista.
Así te reconocemos también nosotros,
porque eres al mismo tiempo:
Pastor y Cordero,
vida de gracia y redentor del pecado,
Hijo de Dios e Hijo del Hombre...
Tú eres aquél al que también define Isaías:
«Te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra». 
Esa luz que ilumina y conduce,
que salva y compromete, porque cuentas con nosotros,
para que, como Juan Bautista,
seamos tus «precursores» en medio del mundo.
Tu manera de alumbrar 
se manifiesta haciéndote «siervo»,
esto es, mediante la entrega y la disponibilidad.
Señor Jesús:
«Derrama sobre nosotros tu espíritu de caridad,
 para que permanezcamos unidos en el mismo amor». 
Ese amor que alumbra y atrae, que transforma y vivifica. 
Ayúdanos a reconocerte como el «Cordero de Dios»,
 y a proclamarte como único Salvador. 
AMEN.        Jn 1,29-34

 

 

 

3º Domingo del tiempo Ordinario:

                                                                                                                                                                                                    

Is 8, 23b-9, 3 “En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande”

Salmo ● 26 ● “El Señor es mi luz y mi salvación

1Co 1, 10-13. 17 “Poneos de acuerdo y no andéis divididos”

Mt 4, 12-23 ● “Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías”

 

UNA LUZ BRILLÓ  SOBRE SUS VIDAS

        El ya fallecido y famoso doctor Vallejo-Nágera hablaba un día por televisión del bien que le había hecho en su vida el testimonio de dos jesuitas que conoció en Filipinas. Estos jesuitas, después de varios años de trabajo, no habían conseguido ninguna conversión. El doctor les preguntó si, estando los dos solos no se sentían fracasados. Uno de ellos le contestó: “No somos dos, somos tres, porque Jesucristo está entre nosotros.

        A la verdad,  ¿Cómo podían sentirse fracasados si atendían a los enfermos, a los niños huérfanos y a los ancianos desamparados? Es que lo más importante no es convertir a alguien. Lo más importante es que nos convirtamos nosotros mismos.

        En el evangelio de hoy el Señor nos habla de la necesidad que hay de convertirse, de cambiar nuestra vida, nuestra forma de mirar la historia. Es una conversión que no se centra en conglomerar grandes masas de gente, la conversión es un acto personal, es escuchar a Dios y volver a Él, que es el amor olvidado y traicionado. Dios nos habla por medio de nuestra conciencia, pero a fuerza de no escucharle, puede ser  que la conciencia ya no nos diga nada, y esto es muy grave. Es muy grave que de alguien se diga: es una persona sin conciencia. La conversión es difícil y cuesta. Tal vez tengamos que renunciar a cosas, tal vez tengamos que renunciar a ciertas personas. Y la renuncia es dolorosa; pero vale la pena; será más lo que ganamos que lo que perdemos.

        La vida de cada ser humano tiene numerosos momentos de oscuridades. Incluso los grandes místicos han pasado por noches oscuras que, aunque purificadoras, siempre tienen una gran carga de dolor. Quien da cabida a Jesús es capaz de ver con profunda claridad su vida y toda su existencia, aunque ese seguimiento requiera un esfuerzo y sacrificio.

        La palabra de Dios nos habla de una luz grande que ilumina la vida de los hombres, es el mismo Jesús esa luz que ilumina nuestras vidas. Ojalá no andemos como los ciegos en las oscuridades del pecado y de la maldad, ojalá abramos nuestros corazones a esa luz infinita y transformadora. Entonces podremos convertirnos, entonces podremos ver lo desagradable de la vida del pecado.

        San Pablo nos hace ver que las divisiones, las rencillas, el egoísmo que se presenta incluso en nuestros grupos parroquiales no es solo de ahora, ya en tiempos del apóstol los creyentes sentías las consecuencias del pecado que les inclinaba a ciertas divisiones. De esto también somos testigos, pues andamos muchas veces buscando prevalecer nuestro punto de vista o imponiendo las formas de vida que uno tiene. Estos días que estamos meditando sobre la unidad de los cristianos, es un momento para pensar que también necesitamos crecer en la unidad, en la comprensión y en el amor a los demás incluso hacia nuestros hermanos que no comparten la misma fe, es necesario cultivar la armonía. Hoy en día la Iglesia fomenta el ecumenismo, promueve detalles que lleven hacia la unidad màs que las divisiones. El Señor, oraba al Padre: “Que todos sean uno, así como Tú y yo somos”.

        El principal obstáculo para la conversión, dice Scott Hahn son los mismos católicos... El principal apostolado que hemos de realizar en el mundo es contribuir a que dentro de la Iglesia se respire el clima de la auténtica caridad

        Pidamos al Señor, la gracia de la conversión y el fomento de la unidad con nuestros hermanos.

        ¿Cómo vivo la conversión en mi vida?, en mi familia?

        ¿Me doy cuenta de las actitudes que debo cambiar?

 

4º Domingo del tiempo Ordinario:

 

ü       1ª Lectura (Sof 2, 3: 3, 12-13. Busquen la justicia, busquen la humildad

ü       Salmo 145.  Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

ü       2da. Lectura. 1Corintios 1,26-31. Eligió a lo dèbil de mundo para  confundir a los sabios

ü       Evangelio. Mateo 5,1-12ª. Felices los que sufren, pues recibiran el consuelo

 

UN CAMINO DIFERENTE

 

        “La felicidad no depende de las cosas en sí, sino de la persona misma; de algo mucho más profundo que un conjunto de situaciones más o menos placenteras. Así, no soy feliz por tener cosas, ni por triunfar socialmente, ni por disfrutar de tantas cosas que entran por los sentidos y que la publicidad me presenta como fuentes indispensables de placer. Me siento feliz por algo que está dentro de mí, que procuro cultivar día a día: es la presencia de Dios en mi camino lo que me hace feliz”, decía una madre de familia dedicada plenamente a su hogar y a su trabajo.

        Todos tenemos una escala de valores, ya que cada uno de noso­tros le pone un valor diferente a las acciones que realizamos o a los bienes que deseamos.

* El alcohólico, por ejemplo, en su escala de valores lo que más le importa es el vino,   la cerveza. El amor a sus hijos y el traba­jo están en un segundo plano.

* Para el perezoso el primer valor es la cama, el no hacer nada.

   El trabajo, la responsabilidad y el deber no le interesan.

* Para el avaro el primer valor es el dinero. Prefiere pasar ham­bre o andar mal vestido       que gastar su dinero.

* Para el lujurioso el primer valor es el sexo, el placer; para el drogadicto lo que más le interesa es la droga...

        Hoy el Señor nos presenta esa escala de valores que necesitamos para ordenar nuestra vida, y encontrar el sentido y la felicidad correspondiente, pero esto lleva una gran exigencia, esfuerzo y penitencia. Esos son las bienaventuranzas.

Nos dice el evangelio de Mateo que Jesús subió al monte, no como Moisés para entregarnos la Ley del NO, sino para entregarnos su Carta Magna que no señala los límites que no hay que franquear sino que nos muestra nuevos horizontes y nos habla de la felicidad del hoy y de la esperanza del mañana.

Los diez mandamientos son claros y fáciles de guardar. Para muchos cristianos son la única Ley a cumplir. Se pueden cumplir sin amar como cualquier otra ley humana. Son la expresión del puritanismo total.

        Las bienaventuranzas de Jesús que hemos proclamado son actitudes del corazón. Son evangelio y el evangelio sólo se puede vivir desde el amor a Dios y a los hermanos. Las Bienaventuranzas no dicen nada sobre el culto, las oraciones o ayunos, sólo insisten en lo humano, lo verdaderamente humano.

Hoy, ustedes y yo vivimos en un mundo desacralizado, paganizado.

La Religión es un estorbo para muchos hombres, un pelo en la sopa que nos avergüenza y nos hace tirar el pelo y la sopa.

La Religión dice Ted Turner es para los perdedores.

Cortado el cordón umbilical que nos une a lo eterno hemos optado por vivir bajo el imperio de lo efímero: adoramos el dinero y despreciamos a los pobres, la corrupción, palabra archirepetida en todas las sociedades, es una lacra, el sexo bajo todas sus formas está omnipresente en todos los medios de comunicación…y la Religión pierde cada día más clientes.

        Y Jesús nos habla de felicidad, de su felicidad, porque sabe que los humanos no podemos vivir sin ella.

        Bienaventurados, dichosos, felices…los pobres, los mansos, los limpios de corazón, los constructores de la paz…

¿Cómo les suena esta letanía de la felicidad?

A muchos les suena a maldición, a escándalo, a opio.

        Estas supuestas bienaventuranzas contradicen nuestra manera de pensar y de vivir.

Para que las Bienaventuranzas sean reales tenemos que prestar atención a la segunda parte, a las promesas que encierran: heredarán la tierra, serán consolados, son hijos de Dios…. Los cristianos vemos el mundo desde Dios. Estas ocho felicidades de Jesús tendrían que ser meditadas a lo largo de la semana. Una cada día.

Y a estas felicidades tendríamos que añadir una más. La felicidad de ser cristiano.

        Son muchos los que hoy se avergüenzan de manifestar públicamente su identidad cristiana como si ser cristiano fuera sinónimo de persona infeliz, de perdedor, de oprimido por el yugo de la Religión. El cristiano es un ser feliz y tiene que ser signo de felicidad para los demás. La felicidad y la alegría son la mejor tarjeta de visita para la evangelización.

        En esta sociedad que “ha perdido los puntos de referencia” nosotros, felices de ser cristianos, elegimos ser solidarios con los hermanos que viven en la pobreza, en el dolor, en la persecución, en las lágrimas, situaciones humanas que entristecen a Jesús y que El vino a sanar.

Jesús, el hombre para los demás, vivió la felicidad de las Bienaventuranzas.

En la primera lectura de la misa del hoy, el profeta Sofonías, profetiza en el siglo VII antes de Cristo, en un momento donde se habían dado grandes diferencias entre ricos y pobres en Israel. La pobreza se había incrementado notablemente, y el profeta, denuncia esta situación y anuncia la protección de Dios sobre los pobres y humildes

        Y en el Evangelio de hoy se nos presentan las Bienaventuranzas. ¿Cuántas veces hemos escuchado a mucha gente, y tal vez nosotros mismos decir que lo importante ¨es tener salud?

        Sin embargo, existe mucha gente sana que se siente tremendamente desdichada y por otro lado, hay muchos enfermos y a veces gravemente enfermos, que se sienten felices.

Un ciego decía, que desde que estaba ciego, veía las cosas mucho mejor.

Muchas veces, los que tenemos buena vista, somos ciegos en muchas cosas.

En el Evangelio, encontramos la visión de Dios sobre el hombre y sobre el mundo. Y esta mirada de Dios, en muchos casos, no coincide con la nuestra. En este Evangelio, Jesús parece poner todo patas arriba: llama a los que lloran y a los que son perseguidos e insultados: felices

¿Será que somos nosotros los que estamos ciegos y pusimos todo patas arriba, o será Jesús el que lo hizo?

El Señor hoy, nos quiere abrir los ojos, y nos enseña el verdadero camino de la felicidad.

El Sermón de la Montaña, es una especie de catecismo elemental de vida cristiana, y empieza justamente con un preámbulo, que son las Bienaventuranzas.

Así como Moisés al formar el pueblo de Dios subió a una montaña, lugar tradicional de la manifestación de Dios, así mismo lo hizo Jesús. Sentado, en actitud de enseñar, así como Moisés, Jesús proclama solemnemente la Ley, pero en una nueva formulación.

Jesús es el nuevo y el verdadero Moisés, que exige una ¨Justicia superior a la de la Antigua Alianza para entrar en el Reino de los Cielos. La Voluntad de Dios que se manifiesta en este célebre Sermón, vale para todos.

Las Bienaventuranzas, son a la vez promesa y exigencia.

        Jesús declara dichosos a los que normalmente son considerados desgraciados

Optar por las bienaventuranzas y por el Reino de Dios supone poner toda nuestra confianza en Dios. Pero también a sabiendas de que vamos a caminar contra-corriente. Optar por las bienaventuranzas supone reconocer a un Dios que está a favor de los empobrecidos, de los más desgraciados de la vida. Optar por las bienaventuranzas es optar por un camino de felicidad que pasa por ayudarnos unos a otros a ser felices, sin necesidad de llenar nuestra vida de cosas y más cosas que nos proporcionan una felicidad pasajera y trivial. Y aunque sea contra-corriente, merece la pena, porque estamos confiados en que el Señor nos lleva a su plenitud. Dios nos trae nos trae su presencia salvadora, su Reino. Pero una presencia que exigirá de nuestra autonomía, de nuestra capacidad, para que optando por ella, trabajemos en contra de todo lo que se opone a la dignidad y a la verdad, es decir, a la vida plena.

 

Cuadro de texto: ORACIÓN
 
CAMINO DE FELICIDAD
 
"Estad alegres y contentos...» (Mt 5, 12)
 
 Señor Jesús:
«Concédenos amarte con todo el corazón
 y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres.»
¿Cómo amarte y hacer partícipes de ese amor a los demás?
Tú mismo nos marcas la pauta de comportamiento
para conseguirlo: practicar las Bienaventuranzas.
En ellas nos diseñas el programa de tu vida,
porque quien lo hace así
consigue ya la felicidad en esta vida,
ya que las ambiciones humanas no satisfacen
ni dignifican en sí a la persona.
Tú nos propones valores, esto es:
«Seremos felices y dichosos», si:
* actuamos con HUMILDAD y SENCILLEZ,
* sabemos tener PACIENCIA y AGUANTE,
* afrontamos el dolor con VALENTÍA y CONSTANCIA,
* luchamos por la IGUALDAD y FRATERNIDAD,
* convivimos en el RESPETO y COMPRENSIÓN,
* tenemos SINCERIDAD y TRANSPARENCIA,
* nos esforzamos por ser artífices de la UNIÓN y RECONCILIACIÓN,
* procuramos el PERDÓN y OPTIMISMO...
Queremos, Señor Jesús, asumir las Bienaventuranzas
como manera de vivir y relacionarnos con los demás.
Sabemos que es difícil, pero contamos con tu ejemplo,
y, también, con tu ayuda, para conseguir este camino de la felicidad.
AMEN.                                     Mt 5,l-12
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5º Domingo del tiempo Ordinario:

 

ü      Primera lectura ● Is 58, 7-10 ● “Romperá tu luz como la aurora”

ü      Salmo ● 111 ● “El justo brilla en las tinieblas como una luz”

ü      Segunda lectura ● 1Co 2, 1-5 ● “Les he anunciado el misterio de Cristo crucificado”

ü      Evangelio ● Mt 5, 13-16 ● “Ustedes son la luz del mundo”

 

SER SAL Y LUZ EN MEDIO DEL MUNDO

 

        El evangelio va directamente a nuestra vida diaria y  hace recordar cómo la gente valora la sal en sus actividades diarias, para que la carne, no se deteriore, està la sal, para que dè gusto a los alimentos està la sal.  . Los alimentos sin sal son tristemente insípidos y hasta desagradables

En el mundo antiguo, la sal era el más corriente de todos los conservantes. Se usaba para evitar que las cosas se corrompieran, y para contener la putrefacción. Plutarco tiene una manera curiosa de decirlo. Dice que la carne es un cuerpo muerto y parte de un cuerpo muerto, y, si se deja a sí misma, se descompondrá; pero la sal la conserva y mantiene fresca, y es por tanto como si se le hubiera insertado un alma nueva a un cuerpo muerto. Así que la sal preserva de la corrupción. Si el cristiano ha de ser la sal de la tierra, debe tener una cierta influencia antiséptica en la vida.

        Ustedes son la sal de la tierra dice el Señor. Esto nos lleva a reflexionar y plantearnos en qué medida somos luz y sal para nuestros hermanos.

La respuesta más fácil es que la sal se queda para nosotros, para nuestras reuniones y celebraciones, para nuestras catequesis y nuestros libros. La guardamos en los saleros de nuestras iglesias y sacristías, en nuestras casas y recintos privados. ¿No tendremos que revisar nuestros compromisos cristianos, compromisos que han de llegar a la familia, la cultura, la política, la sociedad? Nos quejamos de lo mal que van las cosas en la sociedad, pero nos limitamos a eso, a lamentarnos y, si acaso, a rezar. Los cristianos no son del mundo, pero han de estar en el mundo.

        Naturalmente que una entrega en esta sociedad exige valentía, sacrificio, preparación. Sabemos que para que la sal surta efecto, tiene que irradiar su energía hasta deshacerse, hasta dejar de ser. Tiene que morir para que lo otro viva. No es nada fácil. Tenemos que hacer frente sin miedos ni cobardías, el cristianismo se demuestra en la vida diaria, en la familia, en el trabajo, en el lugar donde estemos. De lo contrario seremos como la sal insípida, que solo sirve para tirarlos, o seremos, faroles apagados que no dan claridad ni luz para los demás.

        Cuentan que había una viga de hierro muy dura y que era necesario romper.

"Yo haré el trabajo", dijo el hacha. Y comenzó a golpear con fuerza el hierro y a cada golpe que daba su filo se iba dañando hasta que dejó de dar golpes.

"Déjame a mi", dijo la sierra. Y comenzó a trabajar la superficie del hierro hasta que sus dientes se gastaron y se rompieron. Y se dio por vencida.

Ah, dijo el martillo, ya sabía yo que no lo iban a conseguir. Mírenme a mí. Y después del primer golpe, el martillo voló por el aire y la viga de hierro seguía igual.

"¿Me dejan intentarlo?", preguntó tímidamente la llama de fuego.

"Ni lo intentes", le contestaron el martillo, la sierra y el hacha. "¿Qué puedes hacer tú?"

Pero la llama rodeó el hierro, lo abrazó, calentó y no la dejó hasta que se fundió bajo su influencia poderosa.

La persistencia de la pequeña llama rompió la viga de hierro.

        El Señor nos dice, hoy, que sus discípulos tienen que ser persistentes, eficaces y que tenemos que hacer la diferencia, que tenemos que estar presentes si queremos impactar nuestro entorno. Cuantos de nosotros al ver, que no hay frutos inmediatos en nuestros apostolados, nos desanimamos, nos echamos hacia atrás, ya no queremos intentarlo de nuevo.

        Una de las anécdotas favoritas es la del ciego y el farol:. Estaba anocheciendo. Una caravana de mercaderes se dirigía a Atenas para poder vender sus productos. Según iba oscureciendo, los mercaderes y sus criados iban encendiendo faroles y antorchas para poder iluminar el camino. Al poco rato era noche cerrada y oscura. Fue en una de estas noches en que avistaron a lo lejos a un anciano que se aproximaba por el camino con un farol en la mano. Cuando el caminante estuvo más cerca, uno de los mercaderes lo reconoció.

-¡Oh! ¡Mira! Es mi vecino, el ciego. ¿Para qué querrá mi vecino llevar un farol si no puede ver?

Todos los mercaderes empezaron a reírse del anciano y a burlarse inmisericordemente. ¡El viejo está loco! ¡Es ciego y lleva un farol!

Uno de los mercaderes con ganas de reírse del anciano caminante se le acercó y le increpó: -¡Ea, buen hombre! ¿Por qué llevas un farol en la mano si no puedes ver el camino porque eres ciego? El anciano no se inmutó y contestó con voz suave y firme: -No llevo el farol para ver el camino, sino para que los demás caminantes me vean a mí.

Una luz es un guía. En cualquier día podemos ver una serie de luces que marcan el camino que deben seguir los barcos para su seguridad. Sabemos lo difícil que resulta transitar por las calles de la ciudad cuando hay un apagón. Una luz es algo que facilita el camino.

        Así que un cristiano debe indicarle el camino a los demás. Es decir: el cristiano está obligado a ser un ejemplo. Una de las cosas que más necesita este mundo son personas que estén preparadas a ser focos de bondad. Supongamos que hay un grupo de gente, y que alguien propone que se haga algo dudoso. A menos que alguien se oponga abiertamente, aquello se hará. Pero si alguien se pone en pie y dice: «No contéis conmigo para eso,» otro, y otro, y otro se levantarán y dirán: «Ni conmigo tampoco.» Pero si no se les hubiera dado ejemplo, se habrían callado. Hay muchas personas en este mundo que no tienen la fuerza moral ni el coraje para mantenerse firmes en solitario; pero si otro se adelanta, le seguirán; si cuentan con alguien suficientemente fuerte o seguro en quien apoyarse, harán lo que deben.

        Es el deber del cristiano adoptar la posición que luego secundará el hermano más débil, iniciar la marcha que otros con menos coraje seguirán después. El mundo necesita luces guiadoras; hay personas esperando y anhelando la dirección para hacer lo que no se atreverían a emprender solas. El cristiano debe ser una de estas luces que se pueden ver, que advierten y que guían. Pero también el  cristiano no piensa nunca en lo que él ha hecho, sino en lo que Dios le ha capacitado para hacer. Nunca trata de atraer las miradas de la gente, sino siempre en dirigirlas a Dios. Mientras las personas estén pensando en las alabanzas, las gracias y el prestigio que obtendrán por lo que han hecho, no han empezado todavía a recorrer el camino cristiano de veras.

 

Cuadro de texto:  
ORACIÓN
 
ALUMBRAR
«Para que vean vuestras
buenas obras...» (Mt 5, 16)
Señor Jesús:
«Vela con amor continuo sobre tu familia;
Protégela y defiéndela siempre, 
ya que sólo en Ti ha puesto su esperanza».
Reconocemos que necesitamos de tu auxilio, 
pero también de nuestro esfuerzo y entrega, 
para asumir nuestra responsabilidad cristiana:
“ Vosotros sois sal de la tierra. 
Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con que la salarán? 
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente”.
 La sal actúa desde dentro y da sentido a todo el alimento. 
El cristiano tiene esa fuerza interior, 
que le permite dar sabor a lo que es y a lo que hace. 
También nos dices además: «Vosotros sois la luz del mundo... 
ponedla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa».
La luz se pone «en lo alto» y sirve para que los demás se vean, 
aunque ella misma se consuma en ese servicio. 
Exige la dimensión extrema de manifestar lo que se cree, 
y, por eso, añades:
«Alumbre así vuestra luz a los hombres,
para que se vean vuestras buenas obras
y den gloria a vuestro Padre, que está en el cielo».
No se trata de hacer para que se vea,
sino de vivir, pensar y comportarse con naturalidad,
pero como Tú lo hiciste.
Ayúdanos, Señor Jesús, a ser auténticos
y a contagiar «tu esperanza» a todos.
AMÉN.                                                                                                                Mt 5, 13-16

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6º Domingo del tiempo Ordinario:

 

ü       Sab 15,16-21. Dios no mandó pecara al hombre

ü       I Cor 2,6-10. Una sabiduría que no es de este mundo

ü       Mt 5,17-37. Se dijo a los antiguos… pero yo les digo.

SEGUIR EL CAMINO MEJOR

        Este domingo Jesús sigue invitándonos a superar la mediocridad, a conformarnos en cumplir lo dicho o establecido. Nos invita no solo a ser “buenos”, sino a ser “mejores”.

        Los amigos de Jesús no podemos quedarnos en “cumplir las leyes”, sin  más... tenemos que ir un poco “más allá”. No solo tenemos que “no hacer el mal”... sino que debemos “hacer el bien”. No podemos quedarnos en “lo bueno”... tenemos que hacer “lo mejor”. Porque Jesús nos dijo que amaramos a los demás como a nosotros mismos.

        Dios nos amò y no solo envió a su Hijo, sino ofreció en el ara de la cruz por rescatarnos del pecado y abrirnos las puertas del cielo.

Un día un muchacho muy pobre, quien era vendedor de puerta a puerta para pagar sus estudios, se encontró con solo diez centavos en su bolsillo y tenía mucha hambre. Entonces decidió que en la próxima casa iba a pedir comida. No obstante, perdió su coraje cuando una linda y joven muchacha abrió la puerta.

En lugar de pedir comida pidió un vaso con agua. Ella pensó que el se veía hambriento y le trajo un gran vaso con leche. El se lo tomó lentamente y luego le preguntó, "Cuánto le debo?" "No me debe nada," ella respondió. "Mi mamá nos enseñó a nunca aceptar pago por bondad." El dijo..."Entonces le agradezco de corazón." Cuando Howard Kelly se fue de esa casa, no solo se sintió más fuerte en sus fuerzas sino también en su fe en Dios y en la humanidad. El ya estaba listo para rendirse y renunciar.

Años más tarde esa joven muchacha se enfermó gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad donde llamaron a especialistas para que estudiaran su rara enfermedad. Uno de esos especialistas era el Dr. Howard Kelly.

Cuando él se dio cuenta del nombre del pueblo de donde ella venía, una extraña luz brilló en sus ojos.

Inmediatamente él se levanto y fue al cuarto donde ella estaba. Vestido en sus ropas de doctor fue a verla y la reconoció inmediatamente. Luego volvió a su oficina determinado a hacer lo posible para salvar su vida.

Desde ese día le dio atención especial al caso. Después de una larga lucha, la batalla fue ganada. El Dr. Kelly pidió a la oficina de cobros que le pasaran la cuenta final para darle su aprobación. La miró y luego escribió algo en la esquina y la cuenta fue enviada al cuarto de la muchacha. Ella sintió temor de abrirla porque estaba segura de que pasaría el resto de su vida tratando de pagar esa cuenta. Finalmente ella miró, y algo llamó su atención en la esquina de la factura. Ella leyó las siguientes palabras...."Pagado por completo con un vaso de leche."

 

        En la primera lectura, el autor, Ben Sirach, nos dice que Dios nos ha dado un poder fascinante: el poder de elegir.

"Si quieres puedes guardar los mandamientos; actuar con fidelidad es cuestión de tu propia elección".

No podemos culpar a Dios de nuestras malas decisiones, de los pecados que cometemos. "Ante ti pongo la vida y la muerte, lo que elijas te será dado".

"Elije la vida" no significa elige 80, 90 o 100 años; no significa elije el lujo, la pereza, el no hacer nada, el dinero, la irresponsabilidad…"Elige la vida" significa: amar a Dios, obedecer a Dios, caminar con Dios, elegir a Dios.

Elegir la muerte no significa un ataque de corazón, un accidente o una bala perdida.

Elegir la muerte significa elegir la idolatría en sus mil formas, adorar las criaturas.

Si eliges la vida, Dios te la dará, Dios te dará la conversión del corazón para que puedas vivir la ley del amor

         Para enseñarnos Jesús usa el método pedagógico de contraste que usaban ya los rabinos de la época: “Han oído que se dijo a los antiguos”,…”pero yo les digo”

        Jesús una vez declarado el espíritu de la ley nueva, desciende a algunos puntos significativos. Son las antítesis que se refieren a temas concretos y contraponen actos externos a actitudes interiores. Así excluye el Señor la actitud hipócrita de los fariseos, que se daban por satisfechos por cumplir la  ley. Invita Jesús a cumplir con amor la ley y toda observancia, porque aquel que ama con todo su ser no se contenta con lo mínimo, va más allá, es capaz hasta dar su vida por el bien de sus hermanos.

    -Homicidio. Afirmación de la vida humana y del derecho a la misma. Jesús condena no sólo la privación de la vida física, sino incluso toda acción y sentimiento de alqu8erencia, porque ése es el sentido pleno de la ley.

    -Adulterio. Afirmación de la plena fidelidad conyugal en el amor. Es inmoral no sólo el hecho consumado, sino también el deseo, el adulterio de corazón

    -Divorcio. Afirmación de la indisolubilidad del vínculo matrimonial. Jesús restablece la ordenación original del Creador. Anu8lando la tolerancia de la ley mosaica sobre la que fundamentaban su interpretación laxista las escuelas rabínicas.

Perjurio. Afirmación de la verdad, sinceridad, honradez y lealtad, con exclusión del juramento. Porque contra la mentira no hay más salvaguarda que vivir en la verdad y sinceridad de hermanos que se saben hijos de Dios.

         Las leyes están para cumplirlas. Si además, se trata de la ley de Dios ¿quién podrá escabullirse? El cumplimiento estricto nos permitiría decir: “yo no mato, ni robo…”. Pero de este modo no iríamos más allá de lo que hacían los fariseos. Ahora bien, ¿cómo ser mejores que los sabios escribas, los piadosos y cumplidores fariseos? No parece cosa que esté al alcance de cualquiera. Y, sin embargo, Jesús lo propone como algo que está al alcance, precisamente, de todos. Y advierte que otra cosa sería incompatible con el Reino de Dios e impediría la felicidad recién proclamada en las bienaventuranzas.

 

 

 

Cuadro de texto: ORACIÓN DESPUÉS DELA COMUNIÓN 
 
¡Señor Jesús:
se nos cae la cara de vergüenza al dirigirnos a Ti!
Nosotros no sabemos lo que es sentir hambre. 
Nosotros nos permitimos el lujo de protestar, 
cuando la comida no está a nuestro gusto, 
y de estropear los alimentos y el pan, 
el pan que es nuestro, pero también de los hambriento.
¡Señor, se nos cae la cara de vergüenza al dirigirnos a Ti!
Tú, como a los apóstoles, nos dices “dadles vosotros de comer”. 
Y nosotros, que tenemos mucho ruido en el alma
 y estamos entretenidos en nuestras cosas, 
seguimos en nuestras cosas y no te oímos, 
o te hacemos poco caso.
Señor, Tú nos pides que no debemos contentarnos,
Por cumplir la ley, es necesario, ir más allá
Es necesario buscar la perfección y la santidad
¡Señor, se nos cae la cara de vergüenza al dirigirnos a Ti!
Danos un corazón sensible ante los gritos 
de los hambrientos de pan material, 
de ese pan nuestro de cada día. Danos el “pan”
 que cambie este corazón egoísta 
y de piedra por un corazón compasivo, 
generoso y arriesgado. Cuando tengamos este corazón, 
Señor, ya no se nos caerá la cara de vergüenza al dirigirnos a Ti. Amén. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7º Domingo del tiempo Ordinario:

 

Lecturas:

v      Lev 19,1-2.17-18. Amarás a tu prójimo como a ti mismo

v      Salmo 102. El Señor es compasivo y misericordioso.

v      1 Cor 3,16-23. Todo es de ustedes y ustedes de Cristo, Cristo de Dios.

v      Mt 5,38-48.  Amen a sus enemigos.

 

LA LEY DEL TALIÓN

Qué difícil parece aceptar al enemigo, hace poco veíamos la tortura de un ladrón sorprendido en flagrante por los vecinos.

        Nosotros también, muchas veces practicamos la ley del Talión. Es lo que sucede cuando un  niño vuelve del colegio y dice que un compañero le ha pegado, le ha roto la carpeta o quitado un bolígrafo. ¿Qué se le dice en casa? “Defiéndete tonto, pégale tú también, no seas tonto”. Eso es la ley del Talión.

        Nos resulta fácil amar a los nuestros aunque a veces haya problemas de convivencia, sea por el carácter o temperamento, sea por otros motivos. Pero a la hora de la verdad, cuando nos sentimos enfermos, son ellos los que están a nuestro lado. Sabemos que podemos contar con ellos y ellos saben que pueden contar con nosotros. Amar a los nuestros, amar a los que nos hacen el bien lo hace cualquiera. Para eso ni siquiera sería necesario creer en Jesús.

        En cambio para amar a nuestros enemigos hay que creer en Jesús, hay que ser cristianos de verdad. Está claro que un enemigo nos resulta antipático y desagradable, pero no podemos desearle mal, al contrario, hay que hacerle, todo el bien que podamos. Claro que esto es algo divino; es dios el que envía la lluvia para buenos y palos malos, y hace salir el sol para todos. Dios nos ama, no porque nosotros seamos buenos, sino porque Él es bueno. Y este es el amor que hemos de imitar; de este modo yo amará a los demás, no porque sean buenos, sino porque yo soy bueno y deseo serlo cada vez más. Jesús nos dice, sed perfectos  como vuestro Padre celestial es perfecto.

        Hoy las lecturas nos llevan a reflexionar acerca de esta ley: el amor al prójimo y el odio “legítimo” al enemigo. La dureza de corazón era tan grande que llegó a legitimarse el odio al enemigo. Jesús va a presentar su propuesta más original, la que, de algún modo, hace la moral cristiana superior a todo otro sistema o código ético. Jesús trata del amor incluso al enemigo.

          La enseñanza de Jesús propone un salto de cualidad importante. Se trata de superar la ley de la justicia para entrar en la lógica del amor auténtico, del perdón de la no-violencia camuflada en la ley del talión, y también es invitado a superar el solo equilibrio proveniente de la justica para adentrarse en la lógica vital de un amor como el de Jesús: capaz, de amar incluso al enemigo, al que hace daño, al que maltrata.

        Conscientemente excluye Jesús toda violencia y malquerer pero no una resistencia pacífica, aunque activa por el amor. Él mismo la practicó en el proceso de su pasión, pidiendo una explicación de la bofetada injusta ante el tribunal de Anás. No se aprueba cualquier silencia ante la sinrazón o la injusticia. Esta actitud cobarde ahorraría muchos mártires, cierto, pero también frenaría el proceso de humanización y en muchas casos, silenciaría la voz de los pobres sin voz. Hoy como ayer hacen falta testigos, rebosantes de amor al “enemigo”, defensores valientes de los derechos humanos aunque en ello les vaya la vida.

        Pidamos al Señor, valentía, pidámosle ser de buen corazón con los demás amemos al hermano no porque sea bueno sino porque nosotros queremos ser bueno con todos a imitación de Jesús.

 

 

Cuadro de texto: HERMANOS
«Así seréis hijos 
de vuestro Padre...» (Mt 5, 45)
Señor Jesús:
«Concede a tu pueblo
que la meditación asidua de tu doctrina 
le enseñe a cumplir, de palabra y de obra, 
lo que a ti le complace». 
Esta postura de complacerte es muy exigente y comprometida, 
ya que nos pones la meta muy alta:
«Sed perfectos, como lo es vuestro Padre celestial». 
Sin embargo, es imposible conseguirlo, si:
* sabemos perdonar: «presenta la otra mejilla»;
* somos generosos: «dale también la capa»;
* compartimos con los demás: «al que te pide... no lo rehuyas»;
* amamos a todos: «haced el bien a los que os aborrecen»;
* intercedemos por los otros: «rezad por los que os persiguen...» 
Es un reto difícil y un desafío constante, 
pero tenemos el ejemplo del «Padre... 
que hace salir su sol sobre malos y buenos
y manda la lluvia a justos e injustos».
Para conseguirlo necesitamos de la oración,
porque como nos dice M. Iceta:
«Es posible que, a partir de la oración,
aprendamos a vivir empeñados en agradar a los otros,
en hacerles felices,
en  estar atentos a su verdad».
Ayúdanos, Señor Jesús, a amar sin fronteras,
siempre, y a lodos, como Tú lo haces y nos enseñas.
AMÉN                                                    Mt 5,38-48      
    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8º Domingo del tiempo Ordinario:

 

 Lecturas:

v      Isaías 49,14-15. Yo no te olvidaré.

v      Salmo 61. Descansa solo en Dios alma mía

v      1 Cor 4,1-5. El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón

v      Mt 6,24-34. No se agobien por el mañana.

 NO SE INQUIETEN

         Cuesta compaginar el mensaje de Jesús de este domingo con la vida diaria, la gente está muy pendiente, efectivamente que le depara mañana, busca asegurar la salud, el trabajo, tenemos seguros para todo: seguros de automóvil, seguros del hogar, seguros de enfermedad, seguros de vida, seguros de decesos...  El adjetivo “seguro” significa “libre y exento de todo peligro, daño o riesgo”, y necesitamos sentirnos lo más “seguros” que podamos para desarrollar con normalidad nuestra vida. Pero cuando a pesar de tener tantos seguros surge alguna circunstancia que no cubren o no pueden cubrir, nos sentimos agobiados y desamparados, o como decimos coloquialmente: “Dejados de la mano de Dios”.

            Vemos muchas de nuestras calles protegidos con rejas para evitar que entren personas ajenas, colocamos alarmas, para evitar robos…. Todo gira alrededor de lo se llama “seguro” estamos en una época de búsqueda de seguridad. Pero también somos testigos que no todo está asegurado, que no hay 100% de seguridad, siguen los robos, sigues los fallecidos, siguen los marginados….etc.

Ante esto el evangelio es muy aleccionador. Pensar colocar las cosas de Dios en su lugar.

 

            El Dios que Jesús nos ha revelado como Padre es el “seguro” que necesitamos para sentirnos verdaderamente “seguros” y desarrollar nuestra vida cotidiana, los momentos buenos y los momentos difíciles, sin sentirnos nunca “dejados de la mano de Dios”. Dios es el “seguro” que nos hace sentir “seguros para todo”, no porque seamos invulnerables o tengamos una protección especial ante cualquier tipo de peligro, daño o riesgo, sino porque teniendo ese “seguro”, ya podemos hacer lo que Jesús nos pedía: «Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia».

            Jesús nos propone la opción a seguir: servir al Señor, abandonándose a su providencia la naturaleza. Si los pájaros y los lirios  del campo son objeto del cuidado de Dios que provee gratuitamente  su subsistencia; el Señor nos enseña que ante todo es necesario buscar al reino de Dios y su justicia; lo demás se nos dará por añadidura.

            El culto al poderoso caballero que es don dinero  ha venido a constituirse en el sucedáneo de la auténtica religión. Hoy más que nunca el hombre anda buscando el dinero, por ella se sacrifican y hasta se abstienen de muchas cosas, pero vemos que esto no es la solución. El dinero sólo es un medio para nuestra subsistencia digan y humana no es garantía de una vida sin fin. En nuestra sociedad contemporánea tendemos a construir una escala de valores basad en el “tener”, en poseer bienes materiales, experiencias placenteras, seguridad financiera. Muchas opciones se toman pensando sólo en esa escala valorativa: tener y consumir.

            El verdadero católico no sucumbe ante la tentación de dar valor a su vida sólo desde el tener y por tanto no vive preocupado ni angustiado. El que cree en Jesús sabe que ”tener” mucho no es garantía de felicidad, pues se puede ser ocio-económicamente rico, pero muy pobre en sentido humano, vacío espiritualmte, y por tanto, inútil para el Reino de dios. La clave de la verdadera felicidad no está en tener o no sino en ser cada vez más y mejor

             Para sentirnos “seguros para todo” en la vida, necesitamos “renovar nuestra póliza” con Dios. Y esto lo hacemos en la oración, en la formación, en la Eucaristía, en la Reconciliación... Son los medios por los que aprendemos a confiar en Dios, y desde esa confianza buscar su Reino, con la certeza de que, venga lo que venga en la vida, nuestro Padre nunca se va a olvidar de nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto:  CONFIANZA EN EL PADRE
«Ya sabe vuestro Padre del cielo que 
tenéis necesidad de todo eso» (Mt 6, 32)
Señor Jesús, nos dices en el Evangelio:
«Nadie puede estar al servicio de dos amos. 
Porque despreciará a uno y querrá al otro;
o, al contrario, se dedicará al primero
y no hará caso al segundo.
No podéis servir a Dios y al dinero».
Palabras claras, pero tan exigentes, 
que nos asustan y nos dan miedo,
ya que como nos conocemos, sabemos que actuamos a medias,
porque sabiendo que «a cada día le bastan sus disgustos»,
nos gusta ser precavidos y buscamos seguridades,
pensando en un futuro, que creemos así mejor:
*trabajo garantizado,
*cartilla de banco llena,
*posesiones y bienes «por si acaso»...
Es verdad, que tenemos fe y nos gustaría ser desprendidos,
pero «estamos agobiados por la vida»
y no terminamos de fiarnos del Padre,
y no solo «los paganos se afanan por esas cosas»,
sino nosotros mismos estamos «agobiados por el mañana».
Señor Jesús, decimos en el salmo:
«Descansa sólo en Dios, alma mía», 
pero no lo hacemos así... sin embargo, 
queremos cambiar... ¡ayúdanos! 
Que calen hondo en nosotros las palabras de Isaías:
«¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, 
no conmoverse por el hijo de sus entrañas?. 
Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré».
 Palabras esperanzadoras...
¡Necesitamos vivirlas y no hacer componendas! ¡Ayúdanos! 
AMÉN.                                                                     Mt 6, 24 - 34
 

 

 

 

9º Domingo del tiempo Ordinario:

Lecturas:

v      Dt 11,18.26-28: Mirad les pongo delante la maldición y la bendición

v       Salmo 30. Sé la roca de mi refugio Señor.

v      Rom 3,21-25.28. El hombre es justificado por la fe.

v      Mt 7,21-27. La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena.

 

EDIFICAR SOBRE ROCA.

 

        Hoy se concluye el discurso evangélico del monte que hemos venido leyendo como evangelio desde hace cinco domingos. Nos decía el Señor el domingo anterior que es muy necesario buscar el Reino de Dios, ahora el Señor nos habla de llegar al Reino siempre en cuando cumplamos la voluntad del Padre, sino no será posible estar con Él, aunque obremos maravillas en el mundo.

        No es suficiente confesar a Jesús solo de palabra, como Hijo de Dios y Señor, debemos vivir lo que escuchamos. El cumplimiento de la voluntad del Señor es vida y bendición porque bendición o maldición es el resultado de la obediencia desobediencia a los preceptos del Señor. Así lo afirma la primera lectura, que recoge un fragmento del segundo discurso de Moisés sobre la ley que Dios dio a su pueblo como alianza.

        El evangelio nos pide actitud de servicio, actitud humanitaria pero lleno de Dios. Cuenta la leyenda. que un ermitaño, en oración, oyó claramente la voz de Dios: le invitaba a acudir a un encuentro especial con ÉL La cita era para el atardecer del día siguiente en lo más alto de una montaña lejana.

        Temprano se puso en camino; necesitaba todo el día para llegar al monte y subirlo; ante todo,  quería llegar puntual a la importante entrevista.

        Atravesando un valle se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano y que amenazaba las cosechas y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. El ermitaño sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía llegar tarde a la cita y, menos aún, faltar a ella. Así que con una oración para que el Señor los socorriera apresuró el paso, ya que había de dar un rodeo a causa del fuego.

        Tras difícil subida, llegó a lo alto de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba a ponerse; llegaba puntual, por lo que dio gracias al cielo en su corazón.

        Miró en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió visible sobre una roca

        Algo escrito. Leyó: “Dispénsame; estoy ocupado ayudando a los que apagan el incendio”. Entonces el pobre ermitaño comprendió dónde debía encontrarse con Dios.

        A Dios lo encontramos en el prójimo. Y ante el prójimo podemos adoptar cuatro actitudes: la de ver en él a un enemigo, la de ver en él sólo un objeto en el que puedo encontrar placer u otras ventajas materiales; la de verlo con cierta indiferencia, ni para bien ni para mal. Y finalmente la actitud de servicio; lo cual ha de ser el distintivo de todo aquel que sigue al Señor. Son los que tienen actitud de servicio al prójimo y no los que dicen “Señor, Señor” los que entrarán en el reino de los cielos, porque ellos cumplen la voluntad de Dios.

        También Jesús presenta una estupenda parábola con la que enseña la responsabilidad y libre decisión de cada persona sobre su propia vida. La vida del verdadero creyente es como una casa sólida, firme e indestructible, pues, se construye sobre la autenticidad de la fe. Cabe entonces preguntarse: ¿Cuándo es auténtica la fe? La fe es auténtica cuando se convierte en compromiso vital con la Palabra de Dios, en acogida amorosa de la Palabra de Dios que lleva a vivir, observan­do las enseñanzas divinas. La fe no es sólo entusiasmo emotivo como el de quienes dicen: «Señ or, Señor». Tampoco es un simple cumplimiento de algunas fun­ciones importantes: profetizar en nombre del Señor; ni es triunfal exte­rioridad como la de arrojar demonios. Se puede invocar a Jesús, decir que se habla en su nombre y hasta hacer algunas obras llamati­vas, y sin embargo, estar lejos del Señor. Sólo el cumplimiento de los preceptos divinos une a Jesús.

        Cristo nos invita hoya una fe sólida, firme, activa, cuyo criterio decisivo e indicador inequívo­co es el cumplimiento de las palabras del Señor, las buenas obras. Toca a cada uno escoger con responsabilidad cómo quiere edificar su vida, . con solidez o fragilidad; escoger un camino de bendición o maldición. iNo nos engañemos! Verifi­quemos día a día la lealtad de nuestra conducta en relación con el Señor. Ninguna práctica o esfuerzo hecho supuestamente por Dios tiene sentido si no va acompañado de una voluntad decidida.

 Cuadro de texto: CONSTRUIR SOBRE JESÚS
 
«El que escucha estas palabras mías y 
las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente, 
que edificó su casa sobre roca» (Mt 7, 24)
Señor Jesús:
Hoy nos recuerdas claramente en el Evangelio:
«No todo el que me dice
"Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos,
sino el que cumple la voluntad de "mi Padre, que está en el cielo».
No quieres creyentes de palabras y de teorías,
sino que esperas creyentes de hechos y de obras.
Todo esto desde una apertura a «la voluntad del Padre».
Además nos explicas con mucha sencillez,
el sentido de tu mensaje concreto:
debemos construir nuestra vida como «hombres prudentes», 
que edifican «su casa sobre roca», esto es:'
— el Evangelio como programa de actuación,
— el amor como estilo de relación,
— el apostolado como compromiso de fe,
— la esperanza como actitud ante el futuro,
— la constancia como superación de las dificultades... 
*También nos invitas a no ser «hombres vacíos», 
 que edifican «su casa sobre arena», es decir:
— la comodidad como criterio de conducta,'
— el egoísmo como manera de convivir,
— la mediocridad como postura creyente,
— el desencanto como situación actual,
— el oportunismo como excusa ante el ambiente...
Queremos construir sobre Ti, Señor Jesús, para que,
siguiendo tu ejemplo, cumplamos siempre la «voluntad del Padre».
AMÉN.                                                                          Mt 7,21-27
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Tiempo de Cuaresma  

 

I  DOMINGO DE  CUARESMA

Lecturas:

 

● Primera lectura ● Gn 2, 7-9; 3, 1-7 ● “Creación y pecado de los primeros padres”
● Salmo ● 50 ● “Misericordia, Señor, hemos pecado”
● Segunda lectura ● Rm 5, 12-19 ● “Si creció el pecado, más abundante fue la gracia”
● Evangelio ● Mt 4, 1-11 ● “Jesús ayuna cuarenta días y es tentado”                               

 

EL DESIERTO PUEDE FLORECER.

 

        Hermanos, hemos entrado al tiempo litúrgico de cuaresma, cuarenta días de penitencia, de sacrificio, limosna y oración para purificar nuestro ser y poder participar de la pasión muerte y resurrección de Cristo.

         El camino cuaresmal dominical se abre con la escena de las tentaciones que Jesús experimenta y vence mostrando su total fide­lidad al plan del Padre. No es difícil encontrar personas (y podemos ser nosotros) que transan con el mal. Se oye decir algunas veces: «su­cedió lo que tenía que suceder»; se justifica el mal diciendo: «no soy Dios, sólo él es perfecto»; o también se escucha: «cometo los pecados normales». Como si el pe­cado fuera normal, como si el mal no pudiera evitarse, como si el hombre no fuese capaz del bien.

         El demonio propone a Jesús seguir cami­nos diversos de los que Dios ha señalado. Le propone priorizar su hambre y usar su poder para convertir las piedras en pan, usando para sí el poder que tiene para los otros. Le propone también llamar a los hombres a una fe de poco esfuerzo. También le propone escoger el cami­no del poder y el bienestar obteniendo así, me­diante la adoración del demonio, el poder y la riqueza para imponerse por la fuerza y río por el amor que se entrega.

        Hoy en día como en el caso de Cristo Jesús, de Adán y del antiguo Israel, siguen las tentaciones más aún con muchas apariencias y formas, el demonio no descansa, cuanto más quiere uno servir a Dios, más trabas le pone el maligno, es sabido aquella anécdota del monje que dialoga con un demonio al ver que asediaban el monasterio decenas de demonios para tentar  a los monjes. Preguntaba extrañado el monje, ¿Por qué a ellos tentaba y no a toda la gente del mercado, donde los demonios no solo jugaban y dormían sino que ya descansaban. El demonio respondió, es aquí donde nosotros tenemos que hacer fuerza por cada monje, porque no se dejan tentar,  en cambio los del mercado ya son nuestros, ya hemos ganado, y ya nos pertenece.

        Está la tentación del consumismo, llenarse de ambiciones insaciables en todo aspecto, pero sabemos que cuando lo logramos aquel aparato o ropa no nos llena el corazón plenamente, nuevamente vienen nuevas tentaciones, se crean nuevas necesidades. Se busca más el tener que el ser.

        La tentación de querer manipular hasta al mismo Dios, querer acomodar a nuestra forma de pensar, mediante prácticas mágicas, supersticiosas, exhibicionismos, etc. Querer hasta poner la religión y a Dios a nuestro servicio. Pero Jesús nos dice: No tentarás al Señor tu Dios.

      Otra manera son los ídolos actuales, sucedáneos del auténtico Dios revelado por Jesucristo. El hombre y el mundo actuales están marcados por el signo de la increencia, a veces incluso del ateísmo militante y casi siempre del agnosticismo indiferente. El grito “Dios ha muerto, paso libre al superhombre” que venía pregonando, la bajar de la montaña, el Zaratustra de Federico Nietzsche.

         Como dice Jesús en el Evangelio, no sólo de pan vive el hombre. Está claro que necesitamos tener cosas; pero eso NO basta. Podemos tener el estómago satisfecho y llena la cartera, y tener el corazón hambriento y vacío. Los deseos de nuestro corazón no se satisfacen con propiedades y libretas en el banco. Para sentirnos satisfechos necesitamos amar y ser amados, ser tratados como personas; necesitamos vivir los valores cristianos, necesitamos fe y esperanza, necesitamos de todo eso de que nos habla la palabra de Dios, que debemos escuchar y cumplir. iQué distinto sería el mundo si la escucháramos y la cumpliéramos!

        La palabra de Dios busca nuestro bien, no sólo para el otro mundo sino también para este. En este mundo ni sufriríamos tanto ni haríamos sufrir tanto a los demás, si la escucháramos y cumpliéramos.

        Como Jesús estuvo en el desierto, así a nosotros también el Espíritu Santo nos hace transitar por caminos donde vamos a encontrarnos con las tentaciones, no como un castigo, sino para hacernos fuertes y para darnos ocasión del amor que sentimos por Dios al rechazarlas.

         El camino cuaresmal dominical se abre con la escena de las tentaciones que Jesús experimenta y vence mostrando su total fide­lidad al plan del Padre. No es difícil encontrar personas (y podemos ser nosotros) que transan con el mal. Se oye decir algunas veces: «su­cedió lo que tenía que suceder»; se justifica el mal diciendo: «no soy Dios, sólo él es perfecto»; o también se escucha: «cometo los pecados normales». Como si el pe­cado fuera normal, como si el mal no pudiera evitarse, como si el hombre no fuese capaz del bien.

         El demonio propone a Jesús seguir cami­nos diversos de los que Dios ha señalado. Le propone priorizar su hambre y usar su poder para convertir las piedras en pan, usando para sí el poder que tiene para los otros. Le propone también llamar a los hombres a una fe de poco esfuerzo. También le propone escoger el cami­no del poder y el bienestar obteniendo así, me­diante la adoración del demonio, el poder y la riqueza para imponerse por la fuerza y río por el amor que se entrega.

         El demonio, en definitiva, propone a Jesús conquistar a los hom­bres pero no desde la lógica del amor, propia de Dios, sino desde una lógica humana, baja, de poco esfuerzo. El papa Benedicto XVI, en su obra Jesús de Nazaret, enseña que en estas tentaciones se refleja la lucha interior de Jesús por cumplir su misión y el núcleo de toda ten­tación: poner a Dios en un lugar secundario o considerarlo incluso algo superfluo y molesto frente a lo que parece más urgente en la vida. A Jesús se le pedía dejarse llevar por lo que parecía urgente: saciar su hambre, lograr que los hombres creyesen fá­cilmente en él, imponer su doctrina y estilo de vida con poder humano, dejando en segundo lugar los designios de Dios.

         Venciendo las tentaciones Jesús muestra que divinizar lo material, el bienestar, el poder es algo fraudulento. Sólo Dios es Dios y su po­der en este mundo, aunque silencioso y escon­dido, es real y verdadero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: CONVERSIÓN Y CAMBIO DE VIDA
 
«No anden cabizbajos, como los farsantes que  
desfiguran su cara para hacer ver a la gente...» (Mt 6, 16)
 
Señor Jesús:
Estamos iniciando  “nuestro  itinerario hacia la luz pascual».
Es una nueva oportunidad que nos ofreces
y «no debemos echar en saco roto la gracia»
que podemos recibir, si realmente estamos decididos
a vivir como programa en este tiempo
lo que nos dice uno de los Prefacios cuaresmales:
«Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo
a través del desierto cuaresmal, para que,
llegados a la montaña santa,
con el corazón, contrito y humillado,
reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza,
convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra
y experimentar con gozo tus maravillas».
Estas son las perspectivas de la Cuaresma:
* CAMINO y peregrinación,
* DESIERTO y silencio interior, 
* EXPERIENCIA y presencia tuya,
* CONVERSIÓN y cambio de vida,
* RENOVACIÓN y sentido comunitario,
* EXIGENCIA y renuncia de lo superfluo,
* ESPERANZA y apertura a la Pascua…
Señor Jesús, ayúdanos y 
«ten misericordia, porque hemos pecado contra ti»;
pero queremos recuperar «la alegría de tu salvación». 
AMEN.                         
                                             Mt  6, 1-6.16-18
 
 

 

 

II  DOMINGO DE  CUARESMA

 

Lecturas:

 

Primera lectura ● Gn 12, 1-4a ● “Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios”

Salmo ● 32 ● “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”

Segunda lectura ● 2Tm 1, 8b-10 ● “Dios nos llama y nos ilumina”

Evangelio ● Mt 17, 1-9 ● “Su rostro resplandecía como el sol”  

                                                                                                                 

GOZAR LA GLORIA DEL SEÑOR.

 

        Qué importante es hermanos, a veces, saborear los efectos del esfuerzo, aunque no hayamos llegado todavía a lograrlo definitivamente. En la vida, tenemos recuerdos muy gratos junto a personas que son especiales para nosotros, esos encuentros aunque no hayan sido, duraderos, nos hacen revivir momentos especiales y nos llenan de felicidad.

        Hoy domingo de la transfiguración nos abre nuestros ojos para contemplar las maravillas y el gozo inmenso de estar con Dios. Durante este tiempo de Cuaresma estamos llamados a tener unos “encuentros en la 3ª fase” con Jesús, no un encuentro “de vista”, o superficial, sino un encuentro personal y profundo con Él por la fe. Un encuentro que nos tiene que dejar huella, como hemos escuchado que dejó huella en Pedro, Santiago y Juan. Jesús se transfigura delante de sus amigos, les hace gustar la misma gloria del cielo, con qué ganas le dice Pedro, “Que bien se está acá..” y quiere quedarse por siempre; pero el Señor les hace entender que no todo queda ahí, hay mucho que hacer todavía, no debemos simplemente quedarnos en las contemplaciones, tenemos a nuestro alrededor, hermanos que necesitan de nosotros, tenemos a semejanza de Jesús descender del monte Tabor y continuar el camino hacia la gloria del cielo.

        Jesús nos habla de que carguemos con nuestra cruz porque el que ama de verdad tiene que sufrir, por eso sufrimos tanto nosotros cuando se nos muere un ser querido. Es que lo amábamos de verdad.

        Jesús mostrando su gloria en el Tabor, quiso dar ánimos a los tres apóstoles: Pedro, Santiago y Juan que le iban a ver sudar sangre en Getsemaní, y darnos ánimos también a nosotros mostrándonos la gloria que vamos a encontrar al otro lado, mostrándonos que hay un Padre que nos ama y que hay una vida después de la muerte.

        La invitación que nos hace el Señor hoy es la renovación, el Señor nos dice como a Abrahán en la 1ª lectura: «Sal de tu tierra... hacia la tierra que te mostraré»; sal de lo cómodo, rutinario, mediocre... porque te ofrezco infinitamente más. Y nos dice también, como Pablo a Timoteo en la 2ª lectura: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé»; Abraham, es para nosotros ejemplo de vida cristiana, dejó su patria y sus bienes y siguió los caminos de Dios, el camino del desierto.  La respuesta agradecida a la llamada de Dios requiere de nosotros fe, confianza, desinstalamiento y fidelidad a toda prueba en el desierto de la vida, como nómadas de Dios a ejemplo de Abraham y a ejemplo de Cristo, nuestro maestro de la vida. Si Cristo no hubiera recorrido antes el camino, nos parecería una utopía irrealizable en un mundo con frecuencia duro y hostil, triste y decepcionante. Pero él nos dio la razón de nuestro optimismo como cristianos, la esperanza firme. Jesús es nuestro compañero de la vida con él somos capaces de superar la prueba de la fe y experimentar la liberación gratificante de la autorenuncia y de la cruz en la cuaresma de nuestra vida, en el camino hacia la pascua de Cristo.

        En este tiempo de cuaresma no nos acostumbremos a lo cotidiano, solo ver lo exterior o el maquillaje, la verdad interior la belleza interior es lo más valioso que hay. Cristo hizo ver a los apóstoles tan acostumbrados a lo exterior la maravilla de la verdad y la felicidad del cielo. Aprovechemos esta cuaresma de volvernos a nosotros mismos descubrir la grandeza que es el vivir en la gracia de Dios y en su amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto:  
 
NO QUEDARSE PARADOS.
                                                                   
      “Levantaos…” (Mt 17,7)
Señor Jesús:
En la Transfiguración te manifiestas como el Hijo de Dios,
al que hay que seguir por el camino de la cruz, 
si queremos llegar a la gloria de la resurrección.
Tenemos la tentación de Pedro:
“Maestro, ¡qué bien se está aquí!
Vamos a hacer tres chozas…” 
cuando las cosas nos van bien; 
sin embargo, en esos momentos fuertes, de oración, 
Tú nos dices, como Santa Teresa:
“Para esto es la oración; para que de ella nazcan
 siempre obras, ¡OBRAS!”
Necesitamos esas experiencias intensas, 
para descubrir como nuestra Doctora:
“Dios toma lo que le damos…; 
aunque para ello tengamos que “contradecir en toda 
nuestra voluntad”.
Lo importante es aprender la lección 
y seguir los consejos de la Santa de Ávila:
“No os quedéis en el camino, sino pelead como fuertes
hasta morir en la demanda”.
Ayúdanos, Señor Jesús, a descubrirte cerca, 
para “hacer cada día las cosas que a ti te gustan, 
siendo así luz en el mundo 
y ejemplo de bondad ante todos nuestros hermanos”.
AMÉN                                                                                                          Mt 17, 1-9.
 

 

 

III  DOMINGO DE  CUARESMA

Lecturas:

Primera lectura ● Ex 17,3-7 ● “Danos agua de beber

Salmo ● 94 Ojalá escuchen hoy la voz del Señor, no endurezcan sus corazones.

Segunda lectura ● Romanos 5, 1-2.5-8 El amor ha sido derramado en nostros con el Espíritu que se nos ha dado.

Evangelio ● Juan 4,5-42. Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

 

NUESTRA SED SERÁ SACIADA

 

        Hoy, nos invita a poner toda nuestra atención en el encuentro de Jesús con la samaritana, encuentro sorprendente e inusual.

        En los tiempos modernos hay muchos adelantos en medicina, en libertades políticas y en tantas cosas. El nivel de vida ha mejorado

Sin embargo, no somos felices a pesar de tanto adelanto, a pesar del consumismo y a pesar de que, al parecer, roda nos está permitido. La felicidad es el agua viva de la que nos habla el Evangelio de hoy.

        La verdad es que todos los seres vivientes tenemos sed de felicidad. Sed de felicidad la tiene el león cuando ruge en la selva, la tiene la paloma cuando arrulla dulcemente, la tiene el ternerito cuando llama a su madre.

y en los ojos de todo ser humano hay sed de felicidad.

        La hay en las pupilas de los hombres de todas las razas, en las miradas de los niños y de los ancianos, de las madres y de la mujer enamorada. La hay en cualquier persona.

        Por la felicidad se cometen todos los crímenes, se pelea en todas las guerras y se aman y se odian los hombres. Todo lo que hacemos, aunque sea pecando, es en busca de la felicidad. Lo que sucede es que, cuando pecamos, la buscamos donde no está.

        El pozo del corazón humano es muy profundo y no podemos llenarlo con las pequeñas felicidades que encontramos en la vida. Si tenemos una bicicleta deseamos tener una moto; y si tenemos una moto deseamos tener un coche. Después de la televisión en blanco y negro, deseamos el televisor en color. Después de alcanzar esto deseamos alcanzar aquello, y así siempre. La samaritana, de que habla el Evangelio, había tenido cinco maridos. Y fueron cinco sueños o, mejor dicho, cinco fracasos. El que ahora tenía no era su marido. Sin embargo, ella, una y otra intentaba ser feliz.

        La gran pregunta que inquieta a la mujer samaritana es: “Si conocieras el don de Dios...” La acusa de no aceptar a Dios. Ni la acusa de tener en su corazón tantos dioses. Simplemente le hace sentir que aún no ha descubierto a Dios como don, como regalo.

Es el problema de cada uno de nosotros. Hoy, con suma facilidad, excluimos a Dios de nuestras vidas. Preferimos vivir sin Él o al margen de Él. Como que no lo necesitamos o, incluso, como si Dios fuese un estorbo en nuestras vidas.

        ¿Será porque somos malos? Yo no lo creo. Más bien me atrevo a decir que nuestro problema es que no conocemos a Dios como “don”, como el gran “regalo de nuestras vidas”.

        Para muchos, Dios resulta algo intrascendente. Se puede vivir tranquilamente sin Él.
        Para otros, Dios suele ser un estorbo que nos impide vivir y siempre nos está poniendo cortapisas.
        Para otros, Dios termina siendo un fastidio porque nos impide disfrutar de aquello que a nosotros nos interesa y nos gusta.

        No. Yo no creo que haya mala voluntad en nuestros corazones. Sencillamente que no hemos descubierto a Dios como el gran bien de nuestras vidas, como el único que puede apagar nuestra sed y el único que puede llenarnos y dar sentido a nuestras vidas. Tal vez la culpa no esté en la gente, sino en quienes hemos presentado un Dios, por una parte complicado y fastidioso y, por otra, un Dios inútil sin el cual se puede vivir tranquilamente y sin mayores conflictos y problemas.

No hemos descubierto a Dios como nuestro gran “don”, como el gran regalo que se nos hace. Ese era el problema de la samaritana que llena su vida de maridos y no lograba apagar su sed. Llenaba su vida de hombres y su corazón seguía vacío. Cada día tenía que cargar con su cubo y venir al pozo a buscar agua porque la que tenía en casa se agotaba cada día.

        Descubrir a Dios como “don” es reconocerlo como un regalo, como el que es capaz de darnos sentido, de hacernos felices, de apagar nuestra sed de felicidad, de apagar nuestras ansias y anhelos de las cosas. En realidad, nuestras vidas podrán tener momentos de alegría y de placer y hasta pasar los días inútilmente, aunque sólo Él es capaz de llenarnos y darnos plenitud. Esto no se logra con simples ideas, sino sólo cuando le abrimos nuestro corazón y dejamos que Él lo llene. Conocer a Dios como don no es cuestión de ideas, es problema de experiencias, de experimentarlo y vivirlo. Hay que hacer la prueba.

        Vamos a pedir a Dios, ese don maravilloso del agua de la vida, que pueda saciar nuestro falta de cariño, nuestra falta de amor en d efinitiva que nos llene de felicidad, solo en Dios encontraremos la paz que buscamos, solo en Dios encontraremos, el perdón, la nostalgia de cariño y aprecio que tantas veces buscamos. Danos Señor esa agua viva.

Cuadro de texto: SALVADOR DEL MUNDO
 
«Sabemos que él es de verdad, 
el Salvador del mundo» (Jn 4, 5-42)
 
Señor Jesús:
«Mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia 
a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas».
Así oramos en la Liturgia de hoy. 
También te encuentras con nosotros ahora:
en la fábrica, en la oficina... en las dificultades, en la oración, 
y nos dices: «Dame de beber».
Quedamos desconcertados, como le ocurrió 
a la mujer samaritana, 
pero «estás sediento de nuestra fe, 
para encender en nosotros el fuego del amor divino.» 
En el bautismo «nos has infundido la gracia de la fe» 
y quieres reavivarla y sacarnos del «peso» de las fallas. 
Entablas un diálogo personalizado con cada uno, 
y hablando de lo humano nos llevas a lo divino, 
y comunicando lo divino iluminas lo humano. 
Eres paciente con nuestras dudas 
y vas sembrando claridades y esperan­zas, 
pero esperas que nos abandonemos en Tí, 
para decirte: «Señor, dame esa agua...» 
y que te descubramos como Señor «que habla con nosotros». 
Este encuentro es transformador, cuando es auténtico, 
y cuando aceptamos, con humildad, la realidad personal y comunitaria, 
con pecados de todo tipo, porque nos sentimos queridos y perdonados. 
La prueba de esta experiencia religiosa 
es convertirnos en tus testigos ante los demás. 
Esa vivencia suscitas en la Cuaresma. 
Ayúdanos, Señor Jesús, a reconocerte y proclamarte 
como «el Salvador del mundo». 
AMEN.      Jn 4,5-42

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV  DOMINGO DE  CUARESMA

Lecturas:

 Primera lectura ● 1 Sam 16,1b.6-7.10-13ª: Samuel unge a David como rey.

Salmo ● 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Segunda lectura  Ef 5,8-14 Caminen como hijos de la luz.

Evangelio ● Juan 9,1-41. Fue, se lavó y volvió con vista.

TENER LA LUZ DE DIOS.

 

        Queridos, hermanos, llegamos al cuarto domingo de cuaresma conocido también domingo de la luz y de la claridad. En el marco de las lecturas nos presentan a Jesús que se compadece del hombre hasta llevarlo a la luz verdadera que es su destino definitivo.

Nosotros mismos sabemos y somos testigos de cuán necesaria es la luz, caminar en la oscuridad, es andar a tientas, es andar con miedos e inseguros.

         Qué importante es la luz! Gracias a la luz cada mañana la despertar podemos ver las plantas, las flores y todo lo que hay a nuestro alrededor. La luz atrae, la luz anima, por eso el poeta alemán a sus 80 años pedía que abrieran la ventana para que entrara más luz en la habitación “luz, quiero más luz” gritaba una y otra vez.

        La luz hace que podamos distinguir cada vez mejor las cosas, Dios mismo en la primera lectura afirma que las apariencias son engañosas, es necesario ver la luz que hay en el corazón del hombre.

        La liturgia nos recuerda los encuentros de Jesús y sus conversaciones. La palabra de Dios nos quiere recordar a todos nuestro nacimiento a la vida cristiana, nuestro bautismo. "Antes eran oscuridad, ahora son luz en el Señor", nos ha recordado Pablo. Antes eran ciegos. Ahora ven.

 Abre nuestros ojos Señor.

        El Evangelio de hoy nos habla de un ciego de nacimiento que gracias a Jesús pudo ver el color, la maravilla del paisaje y la presencia de cosas de las que antes no tenía ni idea. i Qué alegría tan grande la suya! Y por dos motivos: en primer lugar, porque Jesús le hizo salir de la oscuridad, en la que ni siquiera tenía un color que recordar; y en segundo lugar, porque le abrió los ojos de su corazón a la verdad de Dios.

         Cuando se habla de ciegos nos imaginamos al ciego del bastón y de las gafas oscuras, pero hay muchas clases de cie­gos. Sobre ellos nos llama la atención la palabra de Dios.  Son ciegos los que se dejan llevar por las apariencias.

    Las apariencias engañan. Es en el corazón donde se fabri­can las buenas o malas acciones. Lo importante no son las apariencias, las máscaras. Dios se fija en el corazón, porque el corazón es lo que importa. Y uno puede tener un cuerpo muy hermoso, pero esa hermosura se va mar­chitando con el paso de los años. En cambio, un corazón hermoso, con el paso del tiempo, se puede hacer cada vez más hermoso.

         Son ciegos los que no se fían de la palabra de Dios; eso que la palabra de Dios sólo busca el bien del hombre. Y es bien del ser humano no querer para otro lo que uno no quiere para sí.

         Son ciegos los que se creen superiores a los demás. No pueden aceptar la verdad que viene de los labios de quien desprecian. Les ciega el orgullo y el egoísmo.

        Son ciegos los que buscan la oscuridad para hacer el mal Dice san Pablo: «Da vergüenza nombrar las cosas que ellos hacen a escondidas» (Ef 5,12) .

        Son ciegos los que no quieren ver. Dicen que no hay peor ciego  que el que no quiere ver. Cuando ante una injusticia cobardemente me callo, soy ciego, cuando ante una necesidad cierro mis entrañas sigo siendo ciego, cuando vivo de espaldas a Dios y al prójimo sigo siendo ciego.

Necesitamos, que el Señor nos cure nuestra ceguera, que nos dé la luz veradera y entonces le conoceremos con mucha claridad, cambiará nuestra forma de pensar, sentir y vivir y, no bastará  decir, “ese es un profeta” ese es un “enviado de Dios” o decir, "si este hombre no viniera de Dios no podría hacer nada"

Diremos entonces con toda la fuerza “Yo creo, Señor, tú eres la luz de mis ojos. Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Sólo en ti está la salvación. Sólo tú eres Señor.

Y para llegar hasta aquí hay que orar mucho, adorar mucho y juntarse con los que viven en el Señor.

Y ojalá todos podamos decir: Yo sólo sé una cosa, que antes era ciego y ahora veo; que antes era oscuridad y ahora soy luz; que antes no conocía a Jesucristo y ahora lo conozco y lo amo.

Pidamos al Señor, digámosle, “Señor que vea”, “que te vea a ti y las necesidades de mis hermanos. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: LUZ DE LOS HOMBRES
«Soy luz del mundo» (Jn 9, 5)
Señor Jesús:
«Te has hecho hombre
para conducir el género humano,
peregrino en tinieblas,
al esplendor de la fe;
y a los que nacieron esclavos del pecado
los hiciste renacer por el bautismo,
transformándolos en tus hijos adoptivos.»
He aquí el resumen y el sentido vital,
porque nos compromete a salir de las tinieblas
y a ser «hijos de la luz»:
* creer en Tí como Dios y Salvador,
* tener el Evangelio como programa de vida,
* sentirse Iglesia como pueblo de Dios en marcha,
* escuchar la Palabra como camino de esperanza,
* participar en los Sacramentos como canales de gracia,
* amar a los demás como hermanos,
* trabajar como contribución al bien común,
* responsabilizarnos en la cuestión social...
Señor Jesús,
haznos comprender y vivir tus palabras:
«Yo soy la luz del mundo»
y que sean realidad lo que decimos en el Salmo:
«Que vea; que tu Palabra sea lámpara para mis pasos
y luz en mi sendero.»
Ayúdanos a caminar hacia la gran luz de la Pascua.
Abre nuestros ojos cegados por las tinieblas del pecado
Y llénanos de tu luz y tu claridad, para seguirte siempre en el camino del bien
AMÉN.
Jn 9, 1-41

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V  DOMINGO DE  CUARESMA

Lecturas:

 

'                     Primera lectura Ezequiel 37, 12-14. Les infundiré mi espíritu y vivirán

'                     Salmo 129. Del Señor viene la misericordia la redención copiosa.

'                     Segunda lectura  Romanos 8,8-11 Tenemos el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús.

'                    Evangelio  Juan 11,1-45. Resurrección de Lázaro.

 

RESURRECCIÓN Y VIDA PARA EL QUE CREE.

 

        Llegamos al quinto domingo de cuaresma, estamos ya muy próximos a los grandes acontecimientos de la pasión del Señor.

        Es difícil entender la realidad de la muerte en nuestra vida. Cuantas veces al asistir a un velorio se nos cortan las palabras. Separarnos de nuestros seres queridos no es fácil, son años de compartir y cercanía. Qué difícil afrontar. Un hombre fue a ver al párroco para hablarle del funeral de su padre y le dijo: “Mi padre quería que le despidiéramos en la iglesia. Nosotros, sus hijos, somos agnósticos. Le pido, por favor, que nos ahorre todas sus piadosidades”.

        El párroco eligió como evangelio el de la resurrección de Lázaro. Lo escucharon con emoción contenida.

        Al terminar la misa, el hijo se acercó al cura con lágrimas en los ojos y le dijo simplemente: “Gracias”.

        El relato de este evangelio nos introduce en el umbral del misterio y todos podemos abrirnos si queremos a esta misteriosa realidad.

        Ante los sufrimientos que hay en el mundo podemos pre­guntamos por qué sufrimos.

        Y cómo nos solidarizamos con e l que sufre, sigue vigente aquel hecho de San Maximiliano Kolbe en 1941, cuando un preso se ha fugado y el comandante escoge a diez para la ejecución y uno que desesperado suplica que no lo maten. Un gran silencio. Luego dirigiéndose valientemente al comandante san Maximiliano se ofrece a reemplazar el sentenciado.

        San Maximiliano, que no se encontraba entre los diez prisioneros escogidos, se ofrece a morir en su lugar. El comandante del campo acepta el cambio, y San Maximiliano es condenado a morir de hambre junto con los otros nueve prisioneros. Diez días después de su condena y al encontrarlo todavía vivo, los nazis le administran una inyección letal el 14 de agosto de 1941.

        Terminada la guerra con profundo agradecimiento volvía a su casa el que era sentenciado.

        Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a todos a tener un reencuentro personal con Él. No solo saber que al final serán así las cosas como lo decía Martha: “ya sé que al final resucitará”. Ahora mismo está Cristo presente, Él quiere resucitarnos, Él quiere que vivamos, además Él se solidariza con nuestro dolor. Llora con nosotros así como lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Hay crisis en Betania. Lázaro ha muerto. Sus hermanas lloran su muerte y Jesús llora con ellas.

        Hay crisis en nuestra vida cotidiana porque todos nosotros somos enfermos terminales y morimos y Jesús llora con nosotros.

        Hay crisis en las familias, hijos enfermos, hijos alejados de la Iglesia, hijos que se niegan a creer y otros que creen. Y Jesús llora y nos visita.

        Hay crisis en el mundo: desastres naturales, revoluciones, guerras, injusticias, hambre…egoísmos y avaricias que intoxican las relaciones humanas y Jesús llora por el mundo.

        Ante los recientes desastres ocurridos en Japón, ante la muerte de miles de hombres,  Cristo mismo ha llorado con ellos, Cristo mismo se ha acercado a tantos que sufren las consecuencias de la muerte de sus seres queridos.

        Hay crisis en la vida de Jesús. Su muerte en la cruz conmueve los cimientos de la tierra.

        Jesús nos abre los ojos al misterio de la vida nueva, al poder de Dios, asumiendo nuestra condición humana en su totalidad, y llora porque ama, nos ama como a su amigo Lázaro.

        Cristo Jesús, vencedor de la muerte, es la única respuesta válida al enigma de la muerte del hombre. La comunión con Cristo por la fe del bautismo y por los sacramentos de la vida cristiana alcanza al hombre entero, cuerpo y espíritu. Por eso el cristiano ya no entiende la vida ni la muerte como los hombres sin fe; para el creyente tienen sentido lo nuevo. La muerte no será sino el paso a la plenitud de una vida iniciada ya ahora. El que cree en Cristo, vida y resurrección nuestra, se siente salvado, liberado del pecado y de su consecuencia, la muerte. Esta liberación no es de la muerte biológica, pues también Cristo murió, sino de la esclavitud opresora de la muerte, del miedo a la misma, del sinsentido y del absurdo de una vida entendida como pasión inútil que acaba en la nada. Gracias a la resurrección y a la vida, la última palabra no la tiene la muerte sino la vida.

 

Cuadro de texto: RESURRECCIÓN Y VIDA              
 
                                                                  «Yo soy la resurrección y la vida»  (Jn 11, 25)
 
Señor Jesús:
«Tú eres hombre mortal como nosotros que lloraste a tu amigo Lázaro,
pero que como Dios y Señor de la vida lo levantaste del sepulcro,
y hoy extiendes tu compasión a todos los hombres
y por medio de tus sacramentos los restauras a una vida nueva.»
Estamos siguiendo una catequesis progresiva
en estos domingos de Cuaresma:
Tú eres agua, luz y vida.
Sin embargo descubrimos en nuestro mundo
muchos síntomas y «signos negativos», que nos hablan de muerte:
* SOLEDAD por falta de interés en uno mismo y en los demás, que provoca: desesperación, impaciencia, aburrimiento, ...
* DEPRESIÓN que se manifiesta en distintos aspectos:
 tristeza, desgana, sufrimiento, hastío, angustia...
* INCOMUNICACIÓN que se extiende a muchos ámbitos:
el urbanismo, el trabajo, la familia...
Podemos «estar muertos en vida»
y necesitamos redescubrir, según A. Escarrá:
* el aprecio de la escucha,
* la satisfacción por la comprensión,
* el gozo del diálogo,
* el valor de la comunicación...
Esto es manifestación de la «compasión»
y nos ayuda a entender que eres «vida y resurrección»,
es decir, superación de estos síntomas de muerte, ahora,
y, esperanza abierta, a un futuro junto a Tí.
Ayúdanos, Señor, a ser siempre portadores de «vida».
AMÉN.                                        Jn 11,1-45
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO DE  RAMOS

Lecturas:

Primera lectura Isaías 50, 4-7 No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré    avergonzado.

Salmo 21 Dios mio, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?.

Segunda lectura  Filipenses. Se rebajó a si mismo, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Evangelio  Mateo 26, 14-27,66 Se entregó por cada uno de nosotros.

 

SI EL GRANO DE TRIGO MUERE DA MUCHO FRUTO.

 

 

        La Semana Santa que hoy comenzamos actualiza en la comunidad cristiana aquellos misterios esenciales de nuestra fe: la pasión muerte y resurrección de Cristo Jesús.

        Es cada año lo que celebramos, y cada año debe ser para nosotros también un encuentro más profundo con el Señor.

        El Mesías debe tomar  posesión de su reino  en la ciudad santa. En los íconos vemos a Jesús sobre un burrito delante de la puerta de la Ciudad Santa, símbolo del reino de los cielos hacia la cual se dirige el pollino. Pero en la puerta lo detienen los fariseos. Ellos mismos no entran e impiden a los demás entrar. Sobre los árboles se ven niños que cortan las ramas de los árboles para ponerlos por tierra en el camino del Señor. Hosanna al Hijo de David, bendito es el que viene en nombre del Señor. Repiten constantemente. Esa alegría, ese gozo, de recibir a Jesús se convertirá en negación y entrega hacia la muerte el Viernes Santo. Una contradicción a los ojos humanos, pero para el plan de Dios es una misma moneda con doble cara. El Mesías toma posesión de su reino de una manera particular: con el camino de la cruz. La gloria y la cruz va unida en la misión redentora del Salvador del mundo. Esto fue vivido por tantos que siguen a Cristo Jesús, san Pablo en su carta presenta la cruz como el único medio para establecer el reino de Dios.

        Ese Él es Jesús, el Señor, el Salvador.

        Ese Él es el que nos ha reunido aquí, el que sigue haciendo camino con nosotros, el que nos abre los ojos y nos enseña a vivir como hijos del Padre y como hermanos.

        Ese ÉL es conocido por muchos y seguido por pocos. Muchos lo admiran, pocos lo imitan.

        Ese ÉL es el que fue crucificado por Poncio Pilato, el que no liberó a los judíos de la opresión del imperio romano y fue crucificado por Caifás y por todos los desilusionados porque no había redimido a Israel. No quiso deshacer nuestras decisiones, no vino a eclipsarnos, vino a enseñarnos a ser libres como ÉL lo fue y en libertad aceptarlo o negarlo.

        Religión y violencia han convivido siempre. Matrimonio que aún persiste en nuestros días en muchos países.

        Dios no tenía ningún plan. Nada estaba escrito. Dios no necesita la sangre de Jesús para salvarnos.

        La sangre era la bebida que los dioses homéricos tenían que beber para ser inmortales.

        A nosotros no nos salva la muerte cruenta de Jesús, nos salva su amor llevado hasta el límite.

        En este domingo de Ramos, de gloria y aparente triunfo, hemos proclamado el relato de la Pasión, pasión-amor y Pasión-cruz para recordarnos que “El Reino de Dios significa la eliminación de toda forma de violencia entre los individuos y las naciones”. 

        Cuanto nos falta a nuestra sociedad para vivir la vida como Cristo nos ha enseñado. Pidámosle que El nos enseñe el sendero y nos guíe a la patria celestial.

Cuadro de texto: MORIR PARA TRIUNFAR              
 
Señor Jesús,
Hoy celebramos
 con gozo, este gran acontecimiento
Del comienzo de tu pasión
Remontas, Rey y Señor, hacia  Jerusalén,
porque si no lo haces, tampoco, nosotros,
podremos ascender a la gloria que nos prometes.
Déjate aclamar, aunque suenen a hueco 
y flameen estériles
muchos de nuestros ramos y palmas
Entra en mi corazón
 de la manera que entraste a Jerusalén,
 manso y humilde. Con palmas de gozo
 te recibo y te alabo. 
Enséñame a ser un verdadero creyente, 
no de los que te siguen por complacer a la gente, 
como los judíos que después de recibirte, 
al cabo de unos días decidieron crucificarte. 
En esta Semana Mayor, 
enséñame a amarte Señor, 
y vivir con auténtica piedad 
Cuando sabemos, que al final,
después de las espinas y del dolor
del vértigo y de la muerte
gritaremos lo que Tú, tantas veces nos repetiste:
hay que morir para dar abundante fruto.
Y, si algo tienes Tú, Señor, es mucho para darte
y otro tanto para exigirte.
 
el sufrimiento de tu humanidad. Amén.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 JUEVES SANTO

Lecturas:

 

'            Ex 12, 1-8.11-14. Prescripciones sobre la cena pascual

'         Salmo 115. El cáliz que bendecimos es la comunión con la sangre de Cristo.

'         1 Cor 11,23-26. La cena del Señor

'         Juan 13,1-15. Los amó hasta el extremo.

 

LA MESA DE LA EUCARISTÍA Y LA MESA DEL SERVICIO

        Jueves de la Cena del Señor, un momento bastante acogedor lleno de simbolismos. Sabemos que en la mesa  es donde se lleva una conversación amena, familiar, donde uno manifiestas alegrías y también inquietudes y sufrimientos. Jesús también quiso compartir con sus discípulos la última cena entregándose así mismo como alimento para nuestras almas en la Eucaristía, al mismo tiempo enseñándonos con el lavatorio de los pies la necesidad de servir al hermano, sin importarnos el estado o la situación de nuestros hermanos.

        El sentido de la escena hay que deducirlo de dos fuentes: una, la interpretación que Jesús hace de la misma una vez concluida; y otra, el contexto "sacramental", o de signo, del cuarto evangelio en su conjunto. Es decir, el lavatorio de los pies no es un gesto anecdótico u ocasional, sino signo de amor y servicio incondicionales y un ejemplo a imitar por nosotros en la actitud que revela. Ése es el mandato de Jesús: Haced vosotros lo mismo.

        Como signo, el lavatorio resume toda la vida de Cristo, centrada en el amor al Padre y al hombre. Se trata de un gesto extraño si se quiere, pero sincero porque responde a un estilo de vida y explica toda una existencia. Desde los gestos finales de la vida de Jesús queda iluminada toda su existencia, como sucede con frecuencia con las personas: desde su muerte se entiende su vida. Gesto que va de acuerdo con su doctrina y su actuación de siempre: amigo y servidor de todos, especialmente de los humildes y marginados, de los pobres y enfermos. Muy en la línea de la humillación y abajamiento de Cristo (Flp 2,6s).

        Sabemos que entre políticos y famosos, detrás de gestos como visitar zonas deprimidas, compartir unos minutos el ambiente de los humildes, comer el pan y beber el vino de los pobres del pueblo, etc., en la mayoría de los casos no hay nada más que interés personal de promoción hacia el poder o la notoriedad. Todo es hueco y falso; son detalles para la fotografía y las urnas del voto. Por suerte Jesús no era un político ni un famoso.

        Hagan ustedes lo mismo.  Para ambos gestos, lavatorio y Eucaristía pide Jesús continuidad a sus discípulos. Continuar las acciones de Cristo no es repetir ritos sino actitudes: amor, y servicio entrega y renuncia, obediencia y auto abajamiento. Amor y servicio suenan más positivamente que sacrificio y renuncia, pero estas últimas indican con realismo el camino a recorrer  para las primeras. El amor sincero y el servicio alegre, al estilo de Jesús ha de ser el modo de presencia del cristiano y de  la Iglesia en nuestro mundo y sociedad.

        El sacerdocio, instituido por Jesús tal día como hoy, junto con la eucaristía, hay que vedo también como servicio a la comunidad. Gracias al ministerio de los sacerdotes se hace realidad el deseo y mandato de Cristo de repetir su memorial: el sacrificio eucarístico, que es la fuente y cumbre de toda la vida cristiana. Pues a la liturgia, cuya cima es la eucaristía, se orienta toda la actividad apostólica de la Iglesia, y en el culto litúrgico está la fuente de donde mana su vida y su fuerza.

         Los libros del nuevo testamento muestran a la comunidad cristiana cumpliendo el mandato de Cristo y celebrando la Cena del Señor en torno a los apóstoles. Así, la segunda lectura de hoy que aporta el testimonio de san Pablo. E igualmente el libro de los Hechos: los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones (2,42).

        Ojalá hagamos estos dos servicios con mucho amor, viendo en el hermano al mismo Cristo que camina junto a nosotros en nuestra vida diaria y alimentándonos con el Pan de vida que es el mismo Señor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: SERVICIO
 
“Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros,
 vosotros también lo hagáis” (Jn 13,15).
 
Señor Jesús:
En este día contemplando la Eucaristía,
vienen a nuestra reflexión los versos de San Juan de la Cruz:
«¡Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche!» 
Aquella eterna fuente está escondida, que bien sé yo 
donde tiene su manida, aunque es de noche. 
Su origen no lo sé, pues no lo tiene, 
mas sé que todo origen de ella viene, aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella y que cielos y tierra beben de ella,
aunque es de noche. 
Aquella eterna fuente está escondida
en este vivo pan para darnos vida». 
También «es de noche» en nuestra existencia, 
pero nos regalas tu presencia real en la Eucaristía, 
que es «este vivo pan para darnos vida».
La comunión es la «eterna fuente que mana y corre»,
que nos identifica contigo y nos compromete en el servicio 
a los hermanos.
Tu amor nos lleva a la entrega y al sacrificio,
para crear fraternidad en nuestro mundo.
Tu sacerdocio nos salva y santifica
y tiende puentes entre lo divino y lo humano.
Permítenos, Señor Jesús, velar contigo,
porque «aunque es de noche»,
con la vitalidad de «la fuente que mana y corre»,
podemos entrar en la dinámica de tu Misterio Pascual,
ya que nada «puede ser cosa tan bella»,
como encontrarte «en este vivo pan para darnos vida».
AMEN.                             Jn 13, 1-15
 

 

 

 

 

 VIERNES SANTO

Lecturas

Ø       Isaías 52,13-53,12. Fue traspasado por nuestras rebeliones

Ø       Salmo 30,2.6.12-17.25 Padre en tus manos encomiendo mi espíritu.

Ø       Hebreos 4,14-16;5,7-9. A pesar de ser Hijo, aprendió sufriendo a obedecer.

 

Muerte que nos salva

 

        Nos dice Isaías, que Él fue traspasado por nuestras rebeliones; refiriéndose a Cristo, esto mismo nos demuestra Juan cuando nos invita a reflexionar la pasión del Señor. Todos sentimos cierto dolor, pesar por todo aquello que haya pasado a Jesús. Otros cuando vieron la película de la Pasión de Gibson, salían llorando, acongojados por terribles escenas que han presenciado. Escuchamos a veces la misma inquietud de los fariseos: “si nosotros hubiéramos vivido en ese entonces, todo hubiera sido distinto”. No hermanos, no olvidemos lo que Cristo nos recordó en la parábola, “Si no creen a los profetas aunque resucite un muerto no lo creerán”. Hoy en día Cristo sigue padeciendo su pasión, sigue sufriendo en los pobres, los marginados, los enfermos los que no tiene trabajo. Esto nos invita a todos nosotros a ser conscientes con nuestros hermanos más necesitados.

        ¿Qué es la cruz sino persecución y sufrimiento? Es uno de los principales temas de los salmos. El Salmo 22 muestra esta situación, drásticamente; «Mas yo soy un gusano, que no un hombre, vergüenza de los hombres, escarnio de la plebe; todos los  que me ven hacen burla de mí» (vv. 7-8) Y el autor confirma esta situación con una metáfora: «Toros innumerables  me acorralan, me acosan los toros de Basan  ávidos abren contra mí sus fauces, cual leones que rugen y desgarran» (vv. 13  14). Es necesario, Por  tanto, ser realista y constatar la situación en la que vivimos: estamos en un mundo en el que cada uno está amenazado par algún sufrimiento que no podrá evitar.  Pero sabemos que Cristo que ha muerto por nosotros en el suplicio de la cruz es el mismo quien carga con nosotros la cruz.

        Cuando el hombre descubre que Dios lo ayuda en toda desgracia, al final está dispuesto a reconocer que las pruebas que sostuvo han sido válidas y útiles para algo: “Y soy un desgraciado y un enfermo ayúdame, Dios mío sálvame. Alabaré el nombre de Dios con cánticos, lo ensalzaré con acciones de gracias, esto le agradará a dios más que un toro, más que un novillo con cuernos y pezuñas.

        Debemos reconocer que los sufrimientos son el salario del pecado. Tal es el comienzo de la fe, pero la fe progresa de tal modo que el hombre es capaz de  ver en el sufrimiento la acción de la providencia un acto de amor de Dios. Para quien vive el sufrimiento con presencia divina, pierde su fuerza y también se supera en el espíritu.

        Cristo murió en la cruz por nosotros, lo cual nos invita a cada uno morir con él al pecado, al egoísmo, la indiferencia, morir al hombre viejo con todas sus tendencias como nos recuerda san Pablo y resucitar con Cristo Jesús a una vida nueva, a una vida en Cristo, a vestirnos del hombre nuevo (Cristo) y perseverar en la fe cristiana.

        Señor Jesús el relato de la pasión me conmoverá hasta lo más honde de mi corazón si no lo supiera casi de memoria. Verte con la cruz a cuestas y crucificado es tan habitual que apenas me sorprende lo que hoy celebramos. ¡Todo un Dios que se hace hombre, se entrega libremente a muerte en cruz por el delito de pasar   por este mundo haciendo el bien al hombre que lo asesina! Y desde la Cruz pides al Padre que me perdone, porque no sé lo que hago cuando peco y me das a tu Madre para que me enseñe a seguirte con mi cruz. ¡Adoro tu Cruz y acepto la mía, detrás de ti!

 

Hoy es Viernes Santo. Y la liturgia de la cruz nos recuerda a los cristianos que nuestro destino y nuestro sueño está unido al de Dios.

Hoy es Viernes Santo. Y el camino hacia el Calvario nos enseña a todos a vivir y a querer también la cara oculta de nuestro sueño: el sufrimiento, la debilidad y la muerte.

Hoy es Viernes Santo. El sueño de Jesucristo se realiza plenamente. El sueño de Jesucristo era dar vida, perdón, amor y salvación a todos.

El sueño de Jesús no era sólo para sí. Jesús soñaba contigo para abrirte las puertas de su reino, compartir tu fracaso, llevar tu cruz, morir, no por cualquier causa sino por amor, para dar sentido a todas las cruces, a todas las muertes y a la tuya también.

El sueño de Jesús acaba en la muerte, puerta hacia la resurrección y la vida.

El sueño de ser Dios nos lo enseña Jesús pero a la manera de Dios, no a la manera de los hombres.

La última palabra del Señor en su trono de madera, en la cruz del escándalo, en el árbol levantado al cielo es: "Todo está terminado".

Jesús, obediente al Padre, ha cumplido con creces la misión recibida, ha completado con su vida la misión recibida, se ha vaciado por completo.

Todo está terminado. La sangre ha sellado el pacto, ha regado la tierra y ha fecundado la semilla del nuevo amor.

Todo está terminado. La deuda pagada, Satanás vencido, el nuevo templo inaugurado.

Todo está terminado pero Jesús sigue actuando, salvando y perdonando a través de su iglesia, de sus hijos y de todos sus seguidores.

Todo está terminado. Sí, en una cruz, pero una cruz que tiene su cara gloriosa: la gloria del Padre, el sueño de Dios.

        Todo está terminado pero el sueño hermoso de Jesús continúa vivo. Los grandes sueños no mueren nunca. Y nosotros alimentamos día a día, en la eucaristía, en la palabra, en los hermanos y en la oración, el sueño de Jesús. No queremos que muera este sueño. Estamos empeñados en hacerlo verdad cada día, cargando con nuestras cruces, ayudando a los hermanos a llevar la cruz y aliviando el Viernes Santo de nuestro mundo.

        Tú y yo, terminada esta celebración del Viernes Santo volvemos a nuestras cosas y a nuestras casas. Y somos invitados a mirar al que crucificaron y a llevar nuestra cruz y a salvarnos en ella y con ella y a compartir la agonía de Cristo que sufre hasta el final de los tiempos.

        Por eso decimos: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven; Señor Jesús.

        Jesús te dice: Ánimo. Yo he vencido la muerte. Ten paz. Yo voy contigo. Te ofrezco lo que tengo: mi perdón y mi amor. Y mi sueño es que los multipliques en tu mundo.

 

Cuadro de texto: MUERTE QUE DA VIDA
 
“Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: Está cumplido.
 E,  inclinando la cabeza  entregó el espíritu”(Jn 19, 30)
 
Señor Jesús:
Cumpliste la misión redentora que el Padre te había encomendado,
 y, allí, precisamente clavado en la Cruz, 
nos dices siete palabras, que son tu testamento 
y la síntesis de tu vida y mensaje. 
La primera es de perdón y comprensión
hacia los mismos que te hacen sufrir:
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». 
La segunda es de esperanza y seguridad
hacia el Buen Ladrón, que confía en Tí:
«Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso». 
La tercera es de entrega de los hombres a María 
y de la Madre a Juan, para que lo sea de todos nosotros:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu Madre».
La cuarta es de oración y sufrimiento, de soledad 
e impotencia:
«Dios mío ¿por qué me has abandonado?».
La quinta es expresión de tu necesidad de agua, 
pero que busca nuestro amor y salvación:
«Tengo sed». 
La sexta explica tu Fidelidad hasta el final, 
porque el pecado ha sido vencido:
 «Todo está cumplido».
Y la séptima es de abandono en el Padre:
«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». 
Queremos, Señor Jesús, mirarte en la Cruz 
y   amarte con toda la fuerza y agradecimiento, 
que merece una muerte que nos da vida, 
para saber también nosotros dar vida a todo 
lo que nos produce la muerte
y nos aparta de tu camino y ejemplo. 
AMEN.      Jn 18, 1-19.42
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I DOMINGO DE  PASCUA

Lecturas:

 

Primera lectura Hech 10,34.37-43 Nosotros somos testigos.

Salmo 117. Este es el día en que actúo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Segunda lectura Colosenses 3,1-4. Buscad los bienes de allá arriba donde está Cristo.

Evangelio Juan 20,1-9. Cristo había de resucitar de entre los muertos.

 

LA ALEGRÍA PASCUAL.

 

        Después de un partido de fútbol, los triunfadores se abrazan, cantan y celebran jubilosos la victoria. La alegría se nota por todos lados.

        Igualmente después de una delicada situación, cuando los resultados son positivos uno está muy feliz.

        Cristo ha resucitado. Cristo vive. Aleluya. Esta es la gran noticia. Esta gran noticia no estará en la portada de los periódicos de nuestra sociedad ni con grandes títulos en nuestros televisores, pero estará grabado en cada corazón, en todos aquellos que son creyentes en el Señor en el mundo entero. Alegría de resurrección, que devuelve las esperanzas de todos los corazones.

        Pascua es el triunfo del amor. Pascua es tiempo de alegría y esperanza. Pascua proclama que Dios existe y que está del lado de la vida y la bondad. Al devolver a Jesús a la vida, Dios revela su activa preocupación por nosotros y su compromiso con nuestra historia.

        Pascua significa para nosotros un nuevo nacimiento. No se llamen a engaño. Si Cristo no ha vuelto a la vida, olvídense de todo. Vayan a casa, enciendan la televisión y diviértanse con lo que más les haga cosquillas, sea lo que sea. No pierdan su tiempo aquí hablando de un Jesús que es mero recuerdo, pobre cuadro colgado de la pared.

        No, nuestro Cristo está vivo. Más vivo que cualquiera de nosotros. Vivo para nosotros, para usted y para mi, vivo para lo que Pablo llama "renacer".

        Y nacer de nuevo significa que tenemos una nueva vida, vida que no tiene fin a pesar de todo.

        ¿Cuándo experimentamos esta nueva vida, este nuevo ser? En cada momento de nuestra existencia. Son nuestras palabras, nuestras acciones los que reflejaran esta gran realidad.

        ¿Adivinan quiénes fueron los primeros en vivir esta experiencia?

        No, no fueron los apóstoles. No habían movido la piedra de sus tumbas, eran cobardes, miedosos, unos cenizos. “Nosotros esperábamos que Jesús fuera el liberador de Israel”. Unos se largaron en busca de otros líderes y otros se escondieron.

        Los hombres siempre pendientes de los negocios, del poder, de las tareas cotidianas viven cerrados a la trascendencia.

        Las mujeres fueron las primeras en experimentar la Resurrección, las primeras en enterarse de que Jesús estaba vivo. “Muy de mañana, cuando aún era oscuro fueron al sepulcro”.

        Sólo el amor de las mujeres experimentó su presencia y se movieron y fueron en su búsqueda. Por eso y por otras muchas razones las mujeres, las primeras, las que aman a Jesús, deberían tener mayor protagonismo en La Iglesia de Jesús.

        Queridos hermanos, que importante es buscar a Jesús qué importante es el amor, moverá la piedra de nuestros pecados, y nos llenará de Dios, moverá la piedra de nuestras soberbias, orgullos, y vanidades y entonces Dios brillará en cada alma cristiana.

        Nuestra sociedad consumista requiere ese toque de amor. No podemos dejar a Cristo oculto entre las piedras de nuestros pecados, es necesario mover para encontrarnos con Cristo.

        Nos invita a una conversión total: de mentalidad y de corazón y conducta como principio de una nueva vida. El cristiano resucitado con Cristo ha de buscar y aspirar a los bienes de allá arriba donde está Cristo y barrer  de su vida el pecado que es la vieja levadura de corrupción y de maldad. Solamente así seremos la masa nueva del pan ácimo pascual.

        Al mismo tiempo Jesús nos invita al banquete de su mesa, la Eucaristía es pues el gran sacramento de la fiesta, el signo pascual de la vida y del amor que partiendo de Dios, se derraman y se comparten entre los miembros de la comunidad de la fe hasta rebosar hacia los demás hombres, que son nuestros hermanos en la mesa del Padre común.

 

 

 

                 

 

 

Cuadro de texto: RESURRECCIÓN Y VIDA              
 
                                                                                                           «Yo soy la resurrección y la vida»  (Jn 11, 25)
 
Señor Jesús:
«Tú has resucitado al tercer día
Y nos invitas a una vida nueva
y nos restauras por medio de tus sacramentos.»
te pedimos que verdaderamente 
podamos despertar de nuestros sueños aletargados
 por las preocupaciones del mundo 
y comencemos a vivir una vida llena de tu luz, verdad y sabiduría.
Tú eres agua, luz y vida.
Sin embargo descubrimos en nuestro mundo
muchos síntomas y «signos negativos», que nos hablan de muerte:
* SOLEDAD por falta de interés en uno mismo y en los demás, 
que provoca: desesperación, impaciencia, aburrimiento, ...
* DEPRESIÓN que se manifiesta en distintos aspectos:
 tristeza, desgana, sufrimiento, hastío, angustia...
* INCOMUNICACIÓN que se extiende a muchos ámbitos:
el urbanismo, el trabajo, la familia...
Podemos «estar muertos en vida»
y necesitamos redescubrir, * el aprecio de la escucha,
* la satisfacción por la comprensión,
* el gozo del diálogo,
* el valor de la comunicación...
Señor Jesús ayúdanos a vivir según tu voluntad y ser luz para nuestros hermanos.
AMÉN.                                        Jn 11,1-45
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II DOMINGO DE  PASCUA

Lecturas:

 

'       Primera lectura ● Hch 2, 42-47 ● “Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común”

'       Salmo ● 117 ● “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia

'       Segunda lectura ● 1P 1, 3-9 ● “Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva”

'       Evangelio ● Jn 20, 19-31 ● “A los ocho días, llegó Jesús

 

DICHOSOS LOS QUE CREAN SIN HABER VISTO.

 

        Querido hermanos, hoy es el domingo de las apariciones del Resucitado. Ahora Jesús posee un cuerpo glorioso, victorioso sobre todas las fuerzas del mal. Cristo que puede ingresar aun estando cerradas las ventanas y las puertas.

        Los apóstoles estaban en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos, y estaban angustiados porque su gran amigo Jesús, por quien lo habían dejado todo, había te rminado en total fracaso en el Calvario. Imaginaos, pues, la gran alegría que tendrían al presentárseles resucitado: «Se llenaron de alegría al ver al Señor», nos dice el Evangelio de hoy.

        Las primeras palabras de Jesús fueron estas: «Paz a ustedes. iQue importante es la paz! Pero la paz de Cristo no es solo la ausencia de guerra. Es también la paz de la conciencia tranquila, la paz de los que hacen la voluntad de Dios. Dicen que no hay mejor almohada para dormir que una buena conciencia.

        Cuentan que un hombre cometió un horrendo crimen . los investigadores sospechaban del hombre entonces, de noche vigilaron su cas a y vieron que alas cuatro de la manana se levantaba y andaba, de una parte para otra, muy nervioso y fumando. Se detuvo al sospechoso y éste  reconoció su crimen. Al menos a este hombre lee remordía la conciencia. No podía dormir. Pero muchas veces la conciencia, a fuerza de no hacerle caso, ya no remuerde. Y esto es muy grave. iPara que va a funcionar la voz de alarma si nadie le hace caso? iPara qué va a funcionar la voz de la conciencia si no se la escucha?

        También en el Evangelio de hoy Jesús nos dice: «Dichosos los que crean sin haberme visto» Jn 20,29).

        Estas palabras son dirigidas también a nosotros, no lo vemos al resucitado pero creemos en el, no lo hemos tocado sus llagas pero sentimos su cercanía en nuestras vidas. Somos sus testigos. Yo sé que usted tiene dudas.

        Yo sé que usted aún no está preparado para gritar: Jesús es el Señor. Jesús es mi todo. Yo sé que usted quiere establecer sus propias condiciones antes de aceptar la fe. Creer es también dudar. Creer es un don de Dios y tenemos que confiar en él. Fe y confianza van juntas.

        Pues bien,  los  apóstoles son testigos de la resurrección de Jesús y merecen nuestra confianza. Es que los apóstoles  eran también personas con muchas dudas, pero gracias a la resurrección de Jesus, los apóstoles se convirtieron en personas santas, que sufrieron persecuciones por predicar esta verdad, y estaban tan seguros de ella luego  a pesar de ser tan cobardes en los momentos de dolor  de su divino Maestro, dieron su vida antes que callarse.

        Jesús resucitó! Esta verdad es  desde hace casi dos mil años, se nos viene transmitiendo de padres a hijos. Esta verda  para los primeros cristianos, estaba muy fresca. Por eso tenían tanto entusiasmo. Estaban muy unidos y se ayudaban para que nadie pasase necesidad.

        Los cristianos fueron aumentando en número y se extendieron por el mundo entero. Pero a medida que fueron pasando los años la fe en Jesús se fue debilitando, hasta tal punto que hoy muchos de los que nos llamamos cristianos practicamente no nos distinguimos de los paganos.

        Cuando hay verdadera fe, se reconoce en el prójimo indigente al mismo Cristo necesitado y hacemos lo posible para ayudarle.

        Nuestra fe debe traducirse en un estilo de vida, como hemos escuchado en la 1ª lectura: «eran constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones... vivían todos unidos y lo tenían todo en común... alabando a Dios con alegría y de todo corazón». Ese estilo de vida les hacía tener “una cara de pascua” que llamaba la atención: «Todo el mundo estaba impresionado... eran bien vistos de todo el pueblo...». Y eso provocaba que otros quisiesen unírseles para estar también “más contentos que unas pascuas”: «día tras día, el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando», los que iban acogiendo la Buena Noticia que ellos 

        

 

 

 

Cuadro de texto: VALENTÍA Y DECISIÓN
«No tengáis miedo...» (Mt 10, 32)
Señor Jesús:
Señor, Jesús, aunque no te vemos con estos ojos de carne,
nuestra ardiente profesión de es hoy la del apóstol Tomás,
primeramente incrédulo y después creyente ejemplar:
¡Creemos en ti, Señor nuestro y Dios nuestro!
 Vamos buscando razones, pruebas y seguridad absoluta
para creer y aceptar a Dios en nuestra vida personal y social.
Pero tú nos dices: ¡Dichosos los que crean si haber visto!
Tú eres, Señor, la razón de nuestra fe, esperanza y amor.
 Ábrenos, Señor Jesús, a los demás, a sus penas y alegrías,
porque cuando amamos y compartimos, estamos testimoniando
tu resurrección en un mundo nuevo de amor y fraternidad.
Nos pides valentía en la profesión de fe. 
Nos pides la decisión de «decir en pleno día» 
todo el mensaje evangélico que nos has enseñado. 
Sin embargo, tenemos miedo a muchas cosas, como:
*la ACREENCIA, que impide el diálogo,
 y tener el lenguaje común de apertura a lo trascendente;
*la INDIFERENCIA RELIGIOSA, que suprime la dimensión espiritual, 
 y valorar la presencia de lo sobrenatural en los hombres;
*el AGNOSTICISMO, que crea personas pragmáticas, 
 y al margen del sentido moral de la conducta;
*el HUMANISMO, que nos convierte en pura antropología, 
 y nos insensibiliza en abrirnos a la salvación;
*la DESESPERACIÓN, que nos hace estar nerviosos,
 y nos lleva a la angustia y al desencanto;
*el NARCISMO, que nos encierra en nosotros mismos,
 y no descubrir a los demás como iguales...
Estos y otros miedos similares nos paralizan,
y nos llevan a «negarte ante los hombres».
Por eso, te pedimos, ayúdanos a «ponernos de tu parte ante los hombres»,
para ser testigos valientes y decididos de:
* la FE, que da sentido a nuestra vida;
*el COMPROMISO, que nos hace apóstoles;
* el EJEMPLO, que hace realidad el amor y la caridad;
* la GRACIA, que nos transforma y convierte;
* la ESPERANZA, que nos empuja a ser constantes;
* la GENEROSIDAD, que nos permite darnos a los demás...
Queremos hacerlo así y contamos con tu ayuda.
AMÉN.                                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III DOMINGO DE  PASCUA

Lecturas:

'       Primera lectura ● Hch 2, 14. 22-33 ● “No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio”

'       Salmo ● 15 ● “Señor, me enseñarás el sendero de la vida”

'       Segunda lectura ● 1P 1, 17-21 ● “Os rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto”

'        Evangelio ● Lc 24, 13-35 ● “Lo reconocieron al partir el pan”

'        

RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN

 

        La madre Teresa de Calcuta, aquella santa en vida que junto con otras hermanas de la caridad se dedicaban al cuidado de los inválidos, de los moribundos, de los hambrientos, de los leprosos, de los alcohólicos y de todos los que sufrían mil calamidades, nos contaba lo siguiente:

        «En Calcuta atravesábamos un período de escasez de azúcar. Un niño pequeño, un niño hindú de cuatro años de edad, vino con sus padres. Trajeron un pequeño tarro de azúcar. Al entregármelo, el pequeño dijo: "Por tres días no tomaré azúcar. Díselo a tus niños". Unas semanas antes de mi viaje a Estados Unidos -continúa diciendo- alguien vino a nuestra casa una noche y nos dijo: "Hay una familia hindú con ocho hijos que llevan varios días sin comer".

        Cogí entonces un poco de arroz y acudí en su ayuda. Pude ver sus caritas, pude ver sus ojos relucientes por el hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo partió en partes iguales y salió inmediatamente. Al volver le pregunté: "¿Adónde has ido? ¿Qué has hecho?". Me contestó: "También ellos tienen hambre". Es que al lado había una familia árabe con el mismo número de hijos. Ella sabía que llevaban días sin comer. Que maravilla de compartir nos enseña este domingo, así como Jesús comparte su Cuerpo y Sangre, nosotros debemos de compartir con nuestros hermanos, en especial los más necesitados.

        Hoy, tercer domingo de pascua, vemos que el Señor es cada vez más cercano, se acerca y camina con nosotros, nos alienta en medio de nuestros desalientos, nos une en una comunidad para fortalecer nuestra fe. ¿Qué haremos para lograr un encuentro con el Señor? ¿Qué haremos para sentir más cercana a nuestra vida? Según las lecturas hay tres momentos esenciales para ello: primero es lo concerniente a la Escritura, centrada en las profecías del Antiguo Testamento y que en Cristo se vio su cumplimiento, segundo lugar está la Eucaristía, compartir el Pan eucarístico que es la presencia misma del Señor, Jesús mismo comparte con nosotros su Cuerpo y su Sangre; finalmente está lo eclesial o comunitario, que se caracteriza por la unidad en la experiencia de la fe con los hermanos; podemos buscar la unión de muchas maneras, unos se sienten unidos para algún deporte, otros para cumplir una misión o encargo, otros, por parentesco, etc. Pero lo que resulta maravilloso es centrar la unidad no solo fundado en algunos eventos, sino en la liturgia eucarística, en torno al Cuerpo y a la Sangre de Nuestro Señor. Esa unidad es querida por el mismo Señor, es la nueva familia de los hijos de Dios. Esto es el más grande milagro eucarístico, hombres de distintas naciones, pueblos, con distintos idiomas, posiciones sociales culturales, en torno a la Eucaristía forman la familia de Dios. Dice por eso san Pablo, puesto que hay un solo pan todos formamos un solo Cuerpo, pues participamos de un mismo pan que compartimos Jesús es el extraño que siempre sale a nuestro encuentro, pero el domingo se nos acerca de una manera especial. Nos habla, nos enseña, camina con nosotros, nos ofrece la palabra, nos abre los ojos, nos parte el pan y lo cotidiano se transforma en sagrado y nos envía con el corazón alegre a compartir con los hermanos.

        Gente ordinaria, como ustedes y yo y como los dos discípulos decepcionados podemos ser fortalecidos por Dios para hacer cosas extraordinarias.

        Jesús quiere ser nuestro compañero de camino. Tiene gente que bendecir, vidas que transformar, corazones que animar. Y nos llama para ser discípulos listos para seguirle y deseosos de guiar a otros hacia una relación más plena con Dios.

        Tenemos que inventar "la semana de animación a la lectura", pero no cualquier lectura. Los cristianos tenemos que calentar el corazón y transformarlo y gozar con la Palabra, la Escritura que da testimonio del Resucitado. La comunidad se hace más comunidad si todos estamos en la misma página de la Escritura. La comunidad se hace más cristiana si nos exhortamos desde la Palabra, si la meditamos y la frecuentamos como a una novia muy querida. La comunidad necesita menos novenas, menos santitos y más entusiasmo por el poder de la única Palabra, la de Dios.

 

 

        

 

 

 

Cuadro de texto: QUEREMOS SENTIR TU PRESENCIA
«Reconocieron al partir el pan..» Lc 24, 13
Señor Jesús,
Hoy nos hablas de la importancia 
de reconocerte en medio de nuestra vida cotidiana,
queremos Jesús
 creer firmemente en tu presencia 
porque somos tardos para entender
tu palabra, reacios para creer en ti,
te pedimos por eso paciencia 
con nosotros  porque, muchas veces 
nos dejamos llevar por la desesperanza 
y el derrotismo en el camino de Emaús.
Te creíamos muerto para siempre, 
pero tú vives hoy como ayer.
¿Cómo te reconocemos, Señor,
 como el Dios de la vida,
Si tu palabra y tu pan no caldean
 nuestros fríos corazones?
Abre los ojos de nuestro espíritu 
para que te encontremos allí
Donde tú estás vivo en el clamor del pobre 
y del que sufre.
Gracias, Señor, 
porque podemos reconocerte en tu Palabra,
En la Eucaristía y en la comunidad 
de los hermanos en la fe.
Camina a nuestro lado 
y quédate con nosotros para siempre. Amén.                                                                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV DOMINGO DE  PASCUA

Lecturas:

'       Primera lectura ● Hch 2, 14a. 36-41 ● “Dios lo ha constituido Señor y Mesías”

'       ● Salmo ● 22 ● “El Señor es mi pastor, nada me falta”

'       ● Segunda lectura ● 1P 2, 20b-25 ● “Han vuelto al pastor de sus vidas”

'      ● Evangelio ● Jn 10, 1-10 ● “Yo soy la puerta de las ovejas” Evangelio ● Lc 24, 13-35 ● 

 

ÉL ES LA PUERTA DE ENTRADA.

 

        Hermanos, hoy es llamado también también el domingo del Buen Pastor, quién más sino Cristo nuestro Buen Pastor. Aquel hombre curado por Jesús de la ceguera, ahora es expulsado por los pastores de ese tiempo, sin embargo se consoló acogiendo a Jesús, el verdadero Pastor que no se aprovecha, no se sirve de sus ovejas al contrario vino a servir hasta dar su vida por sus ovejas.

        La oveja es un animal que forma parte de un rebaño, y cuando se descarría se exponen a tantos peligros incluso  la muerte. Quiso Jesús explicarnos que lejos de Él no seremos felices, no habrá pastos abundantes donde saciar nuestra hambre y sed. Él es el dueño de las ovejas y las conoces a cada uno por su nombre.

        Hoy en día muchos se autodefinen como pastor bueno, pero llegado el momento todo lo invierten, buscan su propio provecho, decía al respecto un revolucionario que ellos eran los indicados de traer la salvación para el pueblo pues, éste tiene que mandar de ahora en adelante. Pero llegados al poder se olvidaron de todo y el pueblo sigue oprimido, con muchos sufrimientos, quejas. Dice Jesús que el Buen Pastor, acompaña a sus ovejas, cura sus heridas, busca a las perdidas, no descansa hasta encontrarle. Supo bien esto el santo Obispo, Anselmo Polanco encarcelado en un país comunista. Algunos mandos que le apreciaban personalmente le dicen un día: “Està usted libre, señor Obispo: puede irse cuando lo desee”. Él respondió: “Aquí en prisión, se encuentran muchos de mis fieles, detenidos, por ser católicos. Si salgo junto con ellos, acepto y agradezco sinceramente la libertad. De lo contrario, prefiero correr la suerte que van a correr ellos”. Y este obispo junto con muchos de sus fieles, fue asesinado. Este Obispo, había comprendido lo que significa ser buen pastor.

        En el evangelio Cristo se presenta como el buen pastor que no se aprovechó de sus ovejas sino que dio su vida por ellos, vino a buscar a las descarriadas, es decir a los pecadores, no predicó un mensaje de violencias, sino de amor y sacrificio. Cristo aparece como el buen pastor, soñado tantas veces por el pueblo, este pueblo sencillo, que pone sus ilusiones en ser gobernado por buenos gobernantes y que tantas veces se queda una vez  más desilusionados.

        Para Él yo nunca seré uno más, un número más sin importancia, sino una persona con  mis problemas concretos, mis alegrías y mis penas, una persona a la que El como Dios, ama desde toda la eternidad. Porque nos ha amado, nos ha elegido para que naciéramos, pudo haber hecho en vez de cada uno de nosotros nacieran otros muchos, pero aquí estamos y todos distintos y únicos para Él.

        El buen pastor nos conoce.

        El buen pastor  nos conoce personalmente por nuestro nombre y nos abre la puerta de la vida es el Cristo resucitado de nuestra fe, el mismo Jesús histórico de Nazaret. Así alentados por Él buscaremos los bienes de allá arriba donde está El, sin desentendernos del mundo en que vivimos, donde Dios nos quiere por el momento caminando como testigos de la resurrección de Jesús y de nuestra esperanza en El.

        Todos y cada uno somos necesarios para aportar un granito de arena en bien del mundo, lo mismo que cada uno de los músicos de una banda es necesario para que resulte un concierto.

        Solamente después de la resurrección del Señor comprendieron los apóstoles en todo su alcance la parábola del buen pastor, cuya segunda parte apunta abiertamente a la muerte de Jesús, para dar la vida a sus ovejas. El Apóstol Pedro pregona esto que Jesús ha sido constituido Señor y Mesías por Dios. Reconocer a Cristo Jesús muerto y resucitado como Señor y Mesías lleva a la conversión de fe en Él y al bautismo en su nombre para la salvación de todo creyente.

        El nunca nos abandona, al ascender al cielo nos envió al Espíritu Santo que nos guía y fortalece a su Iglesia, Él sigue acompañándonos mediantes sus colaboradores obispos y sacerdotes también mediante signos y gestos a lo largo de los siglos, Él mismo se ha quedado en medio de nosotros en el Santísimo sacramento de la Eucaristía.

        Todos somos seguidores de Jesús pero seguirle como sacerdote o religiosa  es también una hermosa vocación, no es una vocación gloriosa y apreciada a los ojos de los hombres pero es un gran servicio que podemos ofrecer a la Iglesia de Jesús. Hoy también es ocasión especial para orar por el aumento de las vocaciones al servicio del Señor y que a imagen de Cristo nos guíen hasta llegar al cielo.

        ¿Se imaginan a Jesús contando ovejas cada noche cuando intenta dormir?

        Sí, eso es lo que hace. Jesús cuenta ovejas cada noche. Y si falta una, siente una gran decepción. Y no duerme hasta que la encuentra.

        El buen pastor te conoce. ¿Tú le conoces a Él? El buen pastor te ama. ¿Tú le amas a Él?

Cuadro de texto: JESÚS MI BUEN PASTOR.
Gracias, Padre, 
porque nos has regalado a Jesús
Nuestro Buen Pastor
Gracias por su Resurrección, 
porque vive para siempre. 
Gracias porque está siempre con nosotros
 y nos cuida, como un Buen Pastor. 
por eso podemos decir, 
el Señor es mi pastor, nada me falta;
 en verdes praderas me hace recostar, 
me conduce hacia fuentes tranquilas 
y repara mis fuerzas.
Gracias Jesús, 
porque Tú me buscas cuando me pierdo 
en las cañadas oscuras de la sociedad 
y del pecado, cuando no soy capaz 
de servir a mis hermanos, 
tu me recuerdas, 
el buen pastor sirve y da su vida por sus ovejas,
como perderte de vista o buscarte Jesús, si tu mismo
me esperas con los pies clavados en la cruz.
Ayúdanos Jesús 
a ser buenos pastores a imagen tuya 
para nuestros hermanos, 
y ayudar a ellos para que lleguen a ti. 
Y formemos contigo un solo rebaño con un solo pastor.
 Amén. 
                       

 

        

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V DOMINGO DE  PASCUA

Lecturas:

Primera lectura ● Hch 6, 1-7 ● “Escogieron a siete hombres llenos de espíritu”

Salmo ● 32 ● “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”

Segunda lectura ● 1P 2, 4-9 ● “Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real”

Evangelio ● Jn 14, 1-12 ● “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”

 

EN LA CASA DE MI PADRE HAY MUCHAS MORADAS.

 

        Llegamos a la quinta semana de Pascua. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”, le dice el Señor a Tomás.

Este versículo del Evangelio de Juan es, tal vez, el más conocido y el más citado por los predicadores cristianos.

Ronda una poderosa tentación de sentirnos superiores porque conocemos como cristianos el camino que conduce a las moradas eternas. El Señor, nos invita a hacer un alto y examinarnos si verdaderamente  avanzamos por el camino de Dios, o por el contrario estamos trazando nuestros propios caminos, llenos de intereses y búsquedas de nuestro propio provecho.

        Antes de que se acuñara el nombre de cristiano en Antioquía, los seguidores de Jesús se definían simplemente como los que seguían el camino.

Que importante reconocer a Cristo como camino que nos conduce al cielo, lo cual supone conocer y aceptar las exigencias de seguir a Cristo.

El amor de Jesús es hasta el final, ya no dice me voy para siempre, dice, donde esté también estarán ustedes, Jesús ya no quiere estar solito, quiere estar con los hombres a quienes amó  hasta dar su vida quiere nuestra compañía hasta la eternidad.

        Yo soy el camino. Toda una teología, Dios desde siempre no està quieto, inerte, es todo un camino, llama a  Abraham a comenzar una ruta desconocida pero guiada por el mismo Dios. Moisés guía por el camino del desierto al pueblo elegido. Por tanto la fe es un camino. El amor, la esperanza, un camino. Camino es la vida, un ir haciéndonos el hombre. Todo camino se -­ritmo de una esperanza, la esperanza de llegar a destino. Cristo es el camino, que abre el espacio de una esperanza firme. Cristo es la verdad (la auténtica revelación de Dios) que abre brecha  hacia la vida. Cristo es el camino viviente en el que hay que entrar conviviendo con él recorriendo su itinerario, asimilándose a su vida y a su muerte.

        Jesús es la verdad, término que en Juan significa la revelación auténtica del Padre: "el que me ve a mí, ve al Padre – YO estoy en el Padre y el Padre está en mí". La verdad revela el ­misterio de la unidad del Padre y del Hijo.

        El símbolo camino se opone a la idea de estabilidad de aposentarse en lo ya adquirido como si fuese inmutable. Entraña la idea de peregrinación, provisoriedad, conveniente reforma, readaptación. De este modo la Iglesia no es aún el Reino sino la que lo anuncia; es semilla y germen de ese reino que en la liturgia de hoy es conocido como la “Casa del Padre”.

        La primera lectura es eso lo que nos transmite, la primera comunidad en camino de amor, servicio, santificación. La oración y el servicio van juntos y cuanto más se dedican a la oración y al servicio, nombrando a los siete diáconos para el ejercicio de la caridad.

        Este camino, debemos de recorrer todos, hasta llegar a la casa del Padre, hay muchos caminos dicen, pero la meta única. Puede ser válido esto, pero es todavía mejor, si uno conoce el camino correcto y recorre con más seguridad.

        Aquí y ahora, la casa es la Iglesia, casa grande y acogedora, hermosa, a pesar de sus muchas arrugas y manchas, a pesar de su vanidad y sus aires de grandeza, pero mañana, la casa de los hijos de Dios, la tierra nueva y los cielos nuevos, eclipsarán y harán enmudecer la cacofonía de este hoy con futuro.

        Por su parte san Pedro nos recuerda que a pesar de nuestra frágil condición de criaturas, somos llamados como la: raza elegida, nación santa, pueblo sacerdotal, pueblo elegido con todas sus prerogativas, cobra sentido todo esto porque, a pesar de nuestra humanidad, con sus miserias y escándalos, somos también divinos.

        Es Dios quien nos ha traído a su Iglesia, nos ha elegido, nos da poder para ofrecer este sacrificio y nos congregará a todos en la casa de la alegría, en el cielo, donde hay muchas estancias y donde estaremos todos alabando y celebrando la victoria de la fe, la esperanza y el amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: JESÚS MI BUEN PASTOR.
Señor Jesús:
Hoy se nos muestras como 
el camino, la verdad y la vida, 
 Tú nos has amada tanto Señor, 
que ahora quieres compartir
 con nosotros tu divinidad,  
gracias porque nos llamas a vivir contigo.
Gracias Señor porque nos has hecho miembros vivos 
de tu pueblo, la Iglesia.
Ésta no es una masa amorfa y acéfala, 
sino un pueblo organizado
en el servicio de la palabra, 
de los sacramentos y de la caridad.
Gracias, Señor, 
porque cuentas con nuestra pequeñez
y quieres necesitar nuestra inteligencia 
y nuestro corazón, nuestras manos, 
nuestros labios, nuestros pies y nuestro tiempo,
al servicio de tu buena nueva de salvación
 y de amor al ser humano.
No permitas, Señor, 
que nos cerremos en la comodidad,
en la apatía, en el egoísmo, en la falta de fe,
 en definitiva:
llénanos de la fuerza del Espíritu, 
y cuenta con nosotros.
Amén.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI DOMINGO DE  PASCUA

Lecturas:

 

Primera lectura ● Hch 8, 5-8. 14-17 ● “Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”

Salmo ● 65 ● “Aclamad al Señor, tierra entera”

Segunda lectura ● 1P 3, 15-18 ● “Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida”

Evangelio ● Jn 14, 15-21 ● “Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor”

 

LES ENVIARÉ UN DEFENSOR.

 

        Cuando vemos en nuestra sociedad, desgracias, calamidades, o el mismo desastre de estos últimos días. La gente se pregunta, hasta a veces llega a dudar de su fe.  ¿Dios se ha olvidado de nosotros? ¿Ya no quiere hablarnos?? ¿Nos ha abandonado?

        Jesús nos habla nos habla: No les dejaré huérfanos, vendrá el consolador, son palabras cargadas de esperanza que llegan al corazón temeroso de los apóstoles, pero también ahora Jesús nos dice enviaré al abogado que te acompañará en tu vida.

        En todos los casos  habla Jesús del Espíritu como de una persona distinta de él y del Padre, y lo llama Paráclito, que significa abogado, defensor, testigo que actúa en defensa de Jesús, portavoz que habla en su nombre cuando es juzgado por sus enemigos, maestro que ocupa entre ellos el lugar de Jesús. En conjunto, Juan presenta al espíritu Santo en un cometido muy concreto: ser la presencia personal de Cristo junto a los cristianos mientras el mismo Jesús permanece junto al Padre.

        Por su lado el apóstol pablo nos dice: que debemos estar dispuestos a darnos y a dar razón de nuestra esperanza, pero «con mansedumbre y respeto y en buena conciencia».

        Pero hay algo esencial para que nuestro testimonio se vea como algo razonable; lo hemos escuchado en la 1ª lectura: «El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo». Felipe confirmaba con sus obras lo que predicaba de palabra, la gente podía ver que lo que habían oído se cumplía, que lo que realizaba era coherente con lo que decía. Y por eso resultaba creíble predicando a Cristo Resucitado. 

        Esa coherencia entre vida-fe-celebración la vamos alcanzando si nos tomamos en serio el seguimiento de Jesús: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos». Y su mandamiento fue «que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15, 12). Nuestra vida guiada por el amor es el primer paso para dar razón de nuestra esperanza. Pero el testimonio no resulta creíble sólo por el esfuerzo humano, sino por “transparentar” que Dios está realmente presente en nuestra vida: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a Él». 

        Creer en Cristo nos es una alucinación que nos lleva a imaginaciones utópicas o creernos libres momentáneamente.  Es claro que la fe pascual y7 la esperanza cristiana no son alucinaciones, que suprima la dureza de la vida ni la limitación de la muerte, ni las huellas de ésta se manifiestan en el pena y el sufrir de los humanos. Pero también es cierto que el que cree y espera mantiene un talante distinto frente a estas realidades negativas de la existencia; porque la resurrección de Cristo fundamenta la esperanza de la nuestra. Si Cristo no hubiera resucitado, diríamos de él que fue un hombre bueno, un gran profeta, un sublime maestro de espíritu, pero nada más que un hombre y además fracasado. Pero no fue así, el mismo vive y el espíritu que lo resucitó habita en nosotros alentando nuestra esperanza. Él nos ayuda a entender en cristiano el mensaje positivo que paradójicamente se encierra en términos como cruz y muerte, y nos enseña abiertamente que la última palabra no la tiene el mal sino el bien no la muerte sino  al vida. Por eso con confianza podemos decir con el salmista: “No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor”. Si nuestra vida está unida a Cristo en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya; y estaremos prontos para dar razón de nuestra fe, y esperanza a todo el que nos la pida.

        Los apóstoles, a partir del pentecostés, son hombres nuevos, poseídos por el Espíritu de Jesús. Llenaron la ciudad de la alegría de la Pascua porque donde está el Espíritu, hay alegría y paz.

        Hoy, veinte siglos más tarde, los seguidores de Jesús tenemos otros miedos.

        Miedo a dar razón de nuestra fe, la fe es un producto raro en los supermercados del mundo, y la soledad es grande ya que la mayoría de nuestras relaciones familiares y de trabajo viajan por otros caminos y el rebaño de Jesús es cada día más pequeño. Nosotros necesitamos que el Padre nos envíe a su Consejero y Defensor para no sentirnos tan huérfanos y experimentar que “Yo, Jesús, sigo viviendo”

        La Iglesia, esa organización humana, demasiado humana, se distingue de tantas organizaciones sólo humanas porque en ella anida la presencia del Espíritu de la Verdad. Cuando el espíritu humano, el del mundo, “que no lo ve y no lo conoce”, oculta la presencia del Espíritu, la Iglesia se convierte en menos Iglesia, en más organización humana.

        El Espíritu Santo, nuestro Consejero, está siempre a nuestro lado, esa es su misión, no para tomar decisiones por nosotros, sino para ser nuestra fortaleza, nuestra luz y nuestro guía y, en nuestra libertad, optar por lo mejor.

        El Espíritu Santo, nuestro Consejero, no tiene horas de oficina, actúa siempre y nos enseña que el amor de Dios no es como el amor humano porque no se basa en motivos, es totalmente gratuito y desinteresado

        Pidamos a nuestra Madre del cielo que vivía con toda su vida el acontecimiento pascual, que daba razón de su fe con su vida y sus palabra, ella que ha sido siempre fiel, nos ayude a cada uno de nosotros a crecer en la fe, el amor y la esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: ENVÍANOS TU ESPÍRITU.
Señor Jesús:
En un mundo cada vez más secularizado,
 necesitamos tu luz, 
porque en nuestra ceguera tu luz brillará constantemente, 
en nuestra sordera a tu Palabra, 
tú continúas hablándonos insistentemente, 
si oramos tú estás ahí 
sino oramos tú estás también ahí, 
y cuando nos alejamos de ti por el pecado
tú vienes a buscarnos, 
en nuestros dolores tú estás con nosotros, 
siempre estás ahí. 
Por eso Señor, 
para dar razón de nuestra fe, 
necesitamos tu Espíritu: 
Envíanos el Espíritu de fortaleza, 
a fin de combatir, en nosotros 
y en torno de nosotros, valerosamente el mal.
Envíanos el Espíritu de intrepidez, 
con el que los apóstoles comparecieron 
ante reyes y gobernantes y te confesaron.
Envíanos el Espíritu de paciencia, 
a fin de que en todas nuestras pruebas 
nos mostremos como fieles siervos tuyos.
Envíanos el Espíritu de alegría, 
a fin de sentirnos dichosos 
de ser hijos del Padre del cielo.
Envíanos el Espíritu Santo 
a fin de no desfallecer en este mundo,
 sino que nos alegremos de tu divina cercanía.
Amén.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI

Lecturas:

● Primera lectura  Dt 8, 2-3. 14b-16a  “Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres”

● Salmo ● 147 ● “Glorifica al Señor, Jerusalén”

● Segunda lectura ● 1Co 10, 16-17 ● “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo”

● Evangelio ● Jn 6, 51-58 ● “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”

 

 

CON NOSOTROS ESTÁ

 

        Una madre, ante el cadáver de su único hijo atropella~ do por un tranvía, gritaba desesperada: «¿Dónde está Dios?». También nosotros podemos preguntarnos : ¿ Dónde está Dios? . pero hermanos Dios está en la emoción de una mujer que acaba de ser madre, Dios está en la inocencia de un niño,  Dios está en las lágrimas del pobre. Está en lo que sucede en lo más profundo de una padre q   ue en el pasillo de una clínica espera saber si ha nacido ya su hijo, ha nacido ya su hijo. Está en la voz de la conciencia, a la que no consiguen hacer callar ni el sueño ni el ruido ni la bebida ni otros placeres. Está en toda belleza y en cada mano que se abra al bien. Está en los recuerdos dulces del anciano, en su esperanza de que no todo termina con la muerte, en la alega de sus nietos que cantan y juegan. Está en la compañera que, a lo largo de la vida, alivia tus trabajos. Está en el perdón. Está en el trabajo con que alimentas a tus hijos que esperan pan.

        Dios estaba en el corazón de aquella joven obrera que, durante un programa de radio, decía ante los micrófonos: «He salido de casa muy temprano y vengo a traer mi jornal de una semana para que compren una manta para alguien más pobre que yo. Sé muy bien lo que es el frío, porque durante años enteros dormí cubriéndome con trozos de periódicos, esperando que amaneciera para sentarme al sol y dejar de tirita.

 

        Dios está dando sentido al sufrimiento y a la muerte, porque Dios se hizo hombre y cargó con el sufrimiento y con la muerte. Dios está en la resurrección y alega definitivas.

        Dios está, de un modo especial, en el pan que el sacerdote en la misa, por medio de la consagración convierte en el cuerpo de Cristo, ese cuerpo de Cristo que quiso quedarse con nosotros en forma de pan para damos a entender que lo que es el pan para la vida de nuestros cuerpos eso es Él para la vida de nuestras almas. Por eso hoy nuestra mirada se concentra en la Eucaristía, donde Cristo renueva su entrega de de amor y se ofrece  totalmente a nosotros: su cuerpo y sangre, su alma y divinidad. Por esto hoy lo proclamamos como el más santo, el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo que se ofrece y nos ama.

          Tomen, esto es mi Cuerpo. Esta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Con estas palabras del Evangelio de San Marcos, que recién escuchamos, recordamos el momento en que Jesús mismo nos dejó el don de la Eucaristía. La verdadera comida que nos alimenta y nos libera del mal.

         Como en cada Misa, también recordamos y revivimos el primer sentimiento expresado por Jesús en el momento de partir el pan; el de dar gracias al Padre. De allí, que la acción de gracias, está en el centro mismo de cada celebración.

        Y cuando recibimos el Cuerpo de Jesús,  decimos también Amen, de lo profundo del corazón, afirmando con nuestra fe y con nuestra palabra, que efectivamente recibimos al Señor vivo, en medio nuestro.

 

Eucaristía y unidad                         

    Jesús es el Cordero de Dios; su sangre , como leímos en la segunda lectura, se derrama por cada uno de nosotros, para  unirnos como hijos a Dios, y fraternalmente entre nosotros.

El Cuerpo y la Sangre de Jesús, que hoy adoramos nos unen en el único Pueblo de Dios. Por medio de la Eucaristía somos uno, y se hace realidad la comunión de un solo pan, de un solo cuerpo, de un solo amor.  “Todos nosotros formamos un solo cuerpo, porque participamos de ese único pan”. Debemos sentirnos unidos en el amor, unidos en la fe, unidos en la Eucaristía. Para eso se entregó Jesús.

 Es verdad que Jesús está presente en la Iglesia de muchas maneras. Pero en la Eucaristía está presente de una manera viva, real  y verdadera; está con nosotros, entero e íntegro, verdadero Dios y verdadero hombre

     Solo con la humildad del centurión del Evangelio, reconciliados con Dios, podemos acercarnos a recibirla, repitiendo con piedad sus palabras: “Señor no soy digno que entres en mi casa” (Mateo 8,8); sin olvidar  que El es Dios, y que el banquete es también un sacrificio de amor (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia De Eucharistia, nº48).

 

 Eucaristía y  solidaridad

    Las enseñanzas de los Apóstoles encontraron eco desde los primeros siglos de la Iglesia, y por ello también la Eucaristía es un llamado  a vivir una exigente cultura del compartir.

   San Juan Crisóstomo ya hace siglos nos decía: si deseas honrar el cuerpo de Cristo, no lo desprecies cuando lo encuentres desnudo en los pobres, ni lo honres solo aquí en el templo, si al salir lo abandonas en el frío y en la desnudez. Porque el mismo Señor, que dijo “Esto es mi cuerpo”, afirmó también “Tuve hambre y no me disteis de comer” y “siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeños, a mi en persona me lo dejasteis de hacer”(cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de Mateo 50, 3-4:PG 58,508.509).

  Estas palabras nos recuerdan, el deber de hacer de la Eucaristía la ocasión donde la fraternidad se convierta también en solidaridad, donde los últimos sean los primeros por el aprecio y el afecto, y se pueda continuar así de alguna manera el milagro de la multiplicación de los panes. Si tenemos más, ayudemos y compartamos más; Si Dios nos ha dado más talentos y dones, compartámoslos con nuestros hermanos, poniendo en juego toda la creatividad de la vida.

   Reflexionemos, si la Eucaristía tiene este gran sentido de unidad y de solidaridad, veamos cómo es nuestra reunión, cómo practicamos la solidaridad con los pobres y necesitados, visitamos a nuestros hermanos enfermos con más frecuencia? ¿compartimos lo poco que tenemos con los pobres? Pidamos al Señor en la Eucaristía que verdaderamente nos enseñe ser cristianos de palabra y de obra.

También la Eucaristía nos invita a la evangelización, queremos renovar nuestra manera de llevar el mensaje de Jesús y eso lo haremos alimentados con el mismo Señor.                  

 Por esto produce en nosotros una profunda transformación; nos invita  a salir, a visitar las casas, a misionar, y a anunciar a Cristo vivo, esperanza de la gloria.

    Atraigamos hacia Jesús a otros hermanos nuestros. A la luz de la Eucaristía, aprendamos a vivir en la unidad y a valorar toda chispa del Evangelio que brilla entre nosotros. No esperemos tanto que sea una llama perfecta, sino que se pueda avivar e impulsar,  renovando y encauzando lo que tenemos, y sobre todo sirviendo; para unir y vivir  personalmente y en nuestras comunidades los carismas y los dones que vienen del Señor.

 Virgen Santísima del Rosario, que nos acompañas en cada Eucaristía, por ser la Madre del Señor y de  la Iglesia, enséñanos a adorar a tu Divino Hijo,  a quien siempre podemos recurrir confiados, porque está vivo en medio de nosotros.     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: ALIMENTO PARA EL CAMINO
Señor Jesús:
Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que es para nosotros:
— CELEBRACIÓN: memorial, que actualiza la Ultima Cena y el Misterio Pascual:
— COMUNIÓN: participación de tu Cuerpo y Sangre, que nos hace recibirte sacramentalmente;
— PRESENCIA: cercanía permanente y real, que te acerca a todos los hombres.
Sin embargo, también como a los discípulos de Emaús,
aparece en nuestras vidas la tristeza y desesperanza,
y necesitamos reconocerte en la fracción del pan,
que nos alimenta en nuestro camino
y nos empuja a dar también vida a los hombres.
La «mesa de la Palabra» nos ilumina
y nos orienta en nuestro actuar.
Y la «mesa de la Eucaristía» nos fortalece,
para sentirle cercano y Resucitado.
Gracias de nuevo, Señor Jesús,
por este «memorial de nuestra salvación», que es:
«SACRAMENTO DE AMOR»: 
presencia visible de tu amor infinito y dinámico... 
«SIGNO DE UNIDAD»: crea comunidad y nos hace sentirnos miembros de tu Iglesia... 
«VÍNCULO DE CARIDAD»: nos hace hermanos y nos compromete en la solidaridad con los hermanos. 
Gracias por «reunimos en torno a la mesa de este sacramento admirable». 
AMÉN.                                                                                                            Lc  24, 13-35 
 
                   

 

 

 

 

 

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

 

v      Primera lectura ● Za 9, 9-10 ● “Mira a tu rey que viene a ti modesto”

v      ● Salmo ● 144 ● “Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey”

v      ● Segunda lectura ● Rm 8, 9. 11-13 ● “Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis”

v      ● Evangelio ● Mt 11, 25-30 ● 

 

MI YUGO ES LLEVADERO Y MI CARGA LIGERA.

 

        Retomamos hermanos con el tiempo ordinario, las lecturas nos invitan a contemplar a nuestro Rey no lleno de ambiciones, no buscando títulos, es un Rey que se caracteriza por la forma de vida que lleva, es un Rey a veces incomprensible a los ojos humanos, es un Rey acogedor y donde uno puede encontrar descanso, consuelo y amor.

        Vivimos hermanos en un mundo lleno de prisas, un mundo donde aumentan cada vez mas las màquinas para llegar rápido a nuestros destinos, hasta el hombre ya viaja a la luna, y a muchos lugares lejanos. Me refiero no a la prisa que a veces es necesario. Me refiero a la prisa con que se puede acabar mal de los nervios por querer acapararlo todo. Me refiero a la que no deja ver el paisaje ni los pequeños detalles de la vida diaria como pu ede ser la sonrisa de un bebé a la que no deja saborear el instante presente porque uno está siempre pensando en lo que va venir después, y deja de ser feliz en el momento en que está viviendo. Me refiero, sobre todo, a la que no permite las debidas atenciones que uno tiene que tener siempre con los suyos.

        Mamá, ¿Para qué papá tiene tantos libros? Preguntó el pequeño a la vista de los libros de su papá. Por los libros mi amor, papá sabe muchas cosas –explicó la madre. Y tú, ¿Sabes poco? Siguió preguntando el niño- Poco, mi hijo. Yo sólo tengo dos libros en mi mesita de noche, le contestó.

        ¡Yo quisiera que papá supiera poco como tú! ¿Por qué dices eso cariño? Preguntó la madre.  Y el niño respondió: Porque a papá no le puedo hacer preguntas, no sabe conversar conmigo ni jugar ni rezar. Nunca viene con nosotros al parque y ni siquiera mira una flor. ¡Tú sí! Él anda siempre de prisa, nunca tiene un momento para nosotros.

         Hermanos hay muchos e incluso los entendidos que son incapaces de mirar una flor, incapaces de ponerse en contacto con las cosas que les rodean, incluso de tener una relación como Dios manda con las personas más queridas, porque lo que intentan es vivir aprisa para hacer el mayor número de cosas posibles. Jesús nos dice, yo soy manso y humilde de corazón, lo cual indica un dominio profundo de nosotros mismos, una manera de vivir y fomentar la paz, más que violencias.

        Jesús prosigue diciendo: "Venid a mí todos los que estáis can­sados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y apren­ded de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". ¿Quiénes son los cansados y agobiados que Jesús llama a sí? ¿Qué significa la Imagen del yugo, dos veces repetida? Parece lo más acertado responder que este mensaje de liberación y descanso es la alternativa de Jesús al yugo insoportable del formulismo estre­cho con que letrados y fariseos explicaban y aplicaban la ley a base de legalismo atomizado y casuística de rompecabezas.

         Pero se debe ampliar el alcance de tal invitación. Cansados y agobiados son también todos los que sufren en la vida por una razón u otra, son los pobres de Dios a quienes Jesús dirige su alegre noticia, y entre los cuales él es modelo de quien aprender porque  es manso y humilde de corazón. Términos que recuerdan las bienaventuranzas, así como la profecía de Zacarías (1ra lect.) que se plasmó en la escena de la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén.

 

Encontramos a Dios en la sencillez

         Dios se revela a los sencillos. Jesús avisa que, para com­prender el misterio de Dios, la gente sencilla tiene ventaja sobre los entendidos, incluso sobre los mismos teólogos, SI éstos son tan sólo sabios auto suficientes , poseídos de orgullo doctrinal. Los cre­yentes del pueblo llano son capaces. de entender a Dios, porque también ellos son la Iglesia, depositaria de la elección y revelación divinas. Más todavía, estos pobres en el espíritu que, vacios de sí mismos, se abren a Cristo y a los hermanos,. son los prefe­ridos del Dios sorprendente y paradójico de la historia bíblica, que invierte nuestras categorías humanas.

         "Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo? se lo quiera revelar"; y él prefiere hacerlo,. según!- la constante bíblica, a los humildes y sencillos, sean Sabios o Ignorantes. Por eso, de por sí y automáticamente, no cree más el que es más sabio  el que más sabe de teología y biblia?  

         Ésa es la razón de que, a veces, encontremos gente sencilla, sin apenas estudios o de muy cortos alcances intelectuales, pero de una gran fe, que comprende vivencialmente las cosas de Dios e intuye la voluntad del Señor más certeramente que algunos investigadores sistemáticos  y profundos de la biblia. Santa Teresa de Ávila reconocía no tener  estudios teológicos de Salamanca y sin embargo, alcanzó de DIOS tal sabiduría espiritual  que es doctora de la Iglesia universal. Por supuesto, si se unen  ambas cosas: fe y ciencia, sabiduría y humildad de espítu, estaremos en la situación ideal.

        ¿Qué cansancios y agobios siento? ¿Cómo los afronto? ¿Siento que me abruman, que me aplastan? ¿Qué pienso que me falta para ser más feliz? ¿Cómo evalúo mi mansedumbre y humildad de corazón? ¿Experimento que con Jesús el yugo es llevadero y la carga ligera? Cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía, Jesús nos dice: «Venid a mí todos los que estáis cansado y agobiados y yo os aliviaré». Quizá nos falta vivir la Eucaristía como encuentro con Jesús Resucitado, como el momento privilegiado en el que encontramos nuestro descanso. Y de la celebración debemos salir aliviados, fortalecidos, porque Jesús nos enseña a ser como Él, mansos y humildes de corazón, y porque su Espíritu, que habita en nosotros, nos da fuerza para cargar con su yugo y así poder ser felices, porque hemos encontrado lo que nos faltaba: la mansedumbre y humildad al estilo de Jesús, que nos harán experimentar su presencia y su ayuda aun en medio de los cansancios y agobios que nos 

 

Cuadro de texto: SER HUMILDES
 
Señor Jesús:
Hoy nuestra oración se une a  ti 
para decirte que necesitamos ser sencillos
 y humildes en nuestra vida interior,
 en nuestras vida diaria 
porque mediante la humildad y la sabiduría 
de la fe y del amor nos revelas
 los designios del Padre Dios, 
y nos concedes la luz para nuestra vida diaria, 
mientras ciegas en sus pensamientos 
a los que se creen sabios y entendidos.
Gloria a ti Jesús, 
porque hoy nos invitas  diciéndonos:
Venid a mí todos los cansados y agobiados
 y encontraran su descanso, 
porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera.
 Haz, Señor Jesús que entendamos y vivamos tu ley 
en la libertad de los hijos de Dios, 
prefiriendo humildad en vez de la soberbia, 
prefiriendo la sencillez 
en vez de vanaglorias, 
porque sólo así podremos encontrarte
en cada acontecimiento de nuestra vida diaria.
 Danos Señor la sencillez de los niños 
para poder responder fielmente a tu amor. Amén.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

v      Is 55, 10-11. La Palabra de Dios es eficaz  como la lluvia y la nieve.

v      Sal 64 La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

v      Rom 8,18-23. La creación expectante, aguarda su liberación

v      Mt 13,1-23. Salió el sembrador a sembrar.

 

PARÁBOLA DEL REINO

 

        Hermanos, estamos viviendo en un mundo lleno de distracciones, que cada vez, hacen más difícil la concentración. Los fines de semana, la bulla de las fiestas es algo continúo. Hoy más que nunca los avances tecnológicos nos distraen, el celular cada vez sofisticado a la vez que nos sirven para comunicarnos, sin embargo cuando no se usa bien, nos llena de distracciones. Decía san Juan Crisóstomo, tengo los pies en la Iglesia, los labios recitan los salmos pero mis pensamientos pasean por la plaza. Esto es lo que pasan con nuestros jóvenes constantemente: los pies están en la escuela y la cabeza en el campo de deportes.

        Hoy nuestro Señor nos presenta la parábola de sembrador, donde nuestro corazón es el campo, las semillas que caen ahí son los pensamientos y son numerosísimos y diversos; Dios nos habla por medio de inspiraciones interiores de pensamientos bellos y puros. Ellos son como la música agradable en  medio de los ruidos. Es necesario dar respuesta a esta voz de Dios. Es verdad cada quien se interesa por aquello que más le gusta: a un periodista, le interesa saber las noticias hasta con los mínimos detalles  a un agricultor las situaciones de la vida del campo. Pero el atender a Dios, y dar frutos según ella es de todos. Debería ocupar el centro de nuestra vida diaria. En la parábola, el mismo Jesús viene a hablarnos.

 

        En este mundo lleno de palabras y anuncios comerciales, todos quieren vendernos algo.

        Tenemos que alegrarnos porque Jesús, el sembrador, no viene a vendernos nada, no viene a hacer anuncios de coches o a ofrecernos unas fantásticas vacaciones. Viene a plantar la semilla del amor en el corazón. Y nos alegramos porque esta semilla ha dado y sigue dando frutos de salvación.

        La Palabra de Jesús no es una palabra como la suya o la mía, es una palabra eficaz, de amor, una palabra que se hace silencio en la cruz y nos riega con sangre. Y desde entonces no todo es malo en el mundo, no hay dominio absoluto de los ídolos.

        Decía el domingo pasado que la casa del evangelio, de la palabra, el terreno para acoger la semilla no es la cabeza, es el corazón.

        Aquí estamos nosotros, los cristianos del Pilar. Hemos venido, no a escuchar una palabra, hemos venido a acoger la Palabra, a darle hospedaje en nuestros corazones, hemos venido a regar la tierra seca y dura de nuestra vida.

        Yo sé que hay hermanos que van al pueblo a ver cómo están los campos sembrados o cómo va la casa que están construyendo.

        La palabra se reparte pero cae en desigual terreno. Es la misma palabra pero cada persona se tiene que convertir en tierra para que germine. Pienso que la pedagogía de Dios es la pedagogía de las semillas. Dios siembra semillas en nuestros corazones. Algún día brotarán. Dios siembra semillas de verdad en nuestras mentes. Algún día brotarán. Dios siembra semillas de gracia en nuestras almas. Algún día brotarán. Dios siembra semillas de santidad en nuestras vidas. Algún día brotarán.

        Dar fruto es poner en práctica la palabra. Hay distintos niveles de frutos, todos no tenemos que dar el mismo ni con la misma intensidad.

        Pidamos al Señor, para que demos fruto abundante, no nos limitemos solo a hablar o escuchar, es necesario vivir lo que escuchamos, es necesario ser tierra buena y daremos frutos abundantes, es necesario ser cristianos con testimonio de vida.

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: Ser tierra buena
 
Señor Jesús
tu parábola del sembrador, nos enseña a cada uno de nosotros,
los caminos de nuestra vida, 
la dureza del vivir cotidiano, las dificultades 
y los momentos de docilidad 
y que constituye nuestro paisaje interior.
Todos somos, muchas veces: caminos, 
pedregales y espinas. Pero también tierra fértil, buena. 
Líbranos de la tentación de las potencias negativas 
que intentan anular la fuerza de tu palabra.
 Fortifica nuestra voluntad cuando las emociones fugitivas,
 inconstancias hacen menos eficaz la seducción de tu Palabra. 
Ayúdanos a conservar el gozo que el encuentro que  tu Palabra
 sabe engendrar en nuestro corazón. 
Haz fuerte nuestro corazón 
para que en la tribulación no nos sintamos indefensos
 y expuestos al desánimo. 
Danos la fuerza de resistir a los obstáculos 
que ponemos a tu Palabra 
cuando sobrevienen las preocupaciones 
del mundo o estamos engañados por el brillo del dinero, 
seducidos por el placer, por las vanidades de aparentar. 
Conviértenos en terreno bueno, 
personas acogedoras, 
para ser capaces de ofrecer 
nuestro servicio a tu Palabra. Amén
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

Sab 12,13.16-19. En el pecado, das lugar al arrepentimiento

Sal 85. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Roma 8,26-27. El Espíritu intercede con gemidos inefables.

Mt 13, 24-43. Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

 

DIOS SABE ESPERAR.

 

    Continuamos con los domingos del Tiempo Ordinario, estos días estamos meditando sobre los regalos de Dios, los dones que Dios nos diò pero forma de semilla.

    Què importante recordar para nosotros, la grandeza de una semilla que muriendo darà fruto abundante.

    Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una nueva tienda. El rótulo decía: REGALOS DE DIOS.

    Un ángel atendía a los clientes.

    ¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor? le pregunté.

    Vendo todos los dones de Dios.

    ¿Cobras muy caro?

    No, los dones de Dios son todos gratis.

    Miré las estanterías, estaban llenas de ánforas de amor, frascos de fe, cajas de salvación y muchas cosas más.

    Yo tenía gran necesidad de todas esas cosas.

    Cobré valor y le dije al ángel: Dame, por favor, bastante amor de Dios, dame perdón de Dios, una bolsa de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación.

    Todo lo que había pedido me fue servido en una cajita diminuta.

    Sorprendido, le pregunté: ¿Está todo ahí?

    El ángel me explicó: Ahí está todo. Dios no da nunca frutos maduros. Él sólo da pequeñas semillas que cada cual tiene la obligación de cultivar.

    Dios siembra su semilla y es buena. Dios hace una parte de cada uno de nosotros. Y es buena.

    El misterio de crecer es nuestra tarea, nuestra responsabilidad y nuestra libertad.

    Tarea, no de un día, no de una misa de domingo, no de consumo rápido. Tarea para toda la vida.

    A esto nos invitan las lecturas, la necesidad de ser perseverante, constantes muriendo a todo aquello que nos dificulta seguir el camino de Dios y finalmente dar frutos abundantes de paciencia, comprensión, amor, perdón, servicio, etc.

    Cuántas veces somos testigos situaciones violentas, discusiones que a uno hacen pensar que sería necesario eliminar de raíz a todo aquello que lo provoca. También somos testigos de la aplicación de la pena de muerte en varios países con el objetivo de terminar con la delincuencia, pero sigue la situación. El Señor hoy en su Palabra nos repite: déjenlos crecer juntos. Pero nos invita a ser hombres activos, cristianos que dan frutos buenos, como las semillas buenas y así sobreponernos al mal.

    No debemos dejar tentarnos por la tendencia de que la fuerza transformadora del reino de los cielos tiene que manifestarse de modo fastuoso, majestuoso y rimbombante. Pero no es así. Las tres parábolas marcan un contraste: la semilla de mostaza es la más pequeña de todas las semillas, pero el arbusto que de ella brota es más grande que todas las hortalizas; la levadura en una cantidad insignificante en proporción con la masa, la hace crecer, la espiga de trigo, a pesar de ser más débil, puede convivir con la cizaña. Así es el reino de los cielos, se actúa a través de lo pequeño, de lo aparentemente insignificante. El proyecto divino de salvación se ha actuado en la historia en un lugar de poca relevancia socio-política y a través de un estilo de mansedumbre y humildad, el estilo de Jesús que pasa por la humillación de la cruz pero que culmina en la resurrección.

     Por eso dice: Déjenlos crecer juntos hasta la siega. Estas palabras de Jesús no significan  que haya que transigir o contemporizar con el mal y quienes lo provocan. Hay que esforzarse por eliminar el mal pero no de manera violenta, queriendo arrancarlo de raíz, sino haciendo crecer el bien, como dijo san Pablo en la carta a los Romanos (12, 21): «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal a fuerza de bien». Si nos dejamos llevar por la violencia, el mal también habrá vencido en nosotros; para evitarlo, debemos esforzarnos en el bien. Puesto que la cizaña va a aparecer sin que sepamos cómo, y crece por sí sola, nuestro esfuerzo debe ir encaminado a cuidar el trigo, el Reino, para que éste crezca y se desarrolle, aunque alrededor siga habiendo mal. 

    Que cada uno podamos preguntarnos ¿Qué cizañas hay en nuestra sociedad? ¿He podido identificar qué son las cizañas? ¿Qué cizañas hay en mi corazón? Y ¿Qué hago para ser semilla buena, crecer y dar frutos abundantes. ¿Creo en la Palabra como la semilla que debe cambiar la realidad del mundo en que vivimos?

• ¿Soy parte de los seguidores de Jesús que han decidido salir a sembrar la semilla y a depositar la levadura de la buena nueva en los corazones de la humanidad?

• ¿Estoy limpiando la cizaña de mi corazón? ¿En mi comunidad soy parte del trigo que da frutos buenos o soy parte de los que están llenos de cizaña?. Que nuestra Madre la Virgen María nos acompañe y nos ayude a ser tierra buena donde la semilla que la voluntad de Dios da mucho fruto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: Dar frutos 
 
Señor Jesús
Gracias porque siendo tan soberano y poderoso, 
juzgas con moderación y nos gobiernas con sabiduría. 
Obrando así nos enseñas a tener paciencia
 con nuestros hermanos y  no apresurarnos a juzgar
Tú eres Señor, el sembrador y dueño de la tierra, 
 En ti Señor encuentro la semilla 
que debe germinar en mi corazón, 
para poder ser fuerte con un árbol 
donde puedan anidar los pájaros. 
 Arranca de mi corazón la cizaña 
que en el descuido he dejado crecer en mi espíritu, 
 Dame fuerza Señor, 
para infundir tu palabra en todos los lugares donde me envíes, 
 Señor gracias por explicarnos las escrituras,  
gracias por revelarnos los secretos
 para poder llegar a ti y no ser quemados como la cizaña, 
 Danos un espíritu fuerte como el tuyo Señor
 para poder estar alertas a las invitaciones del maligno
Danos el espíritu de vigilancia sobre nosotros mismos.
Danos el valor de seguir sembrando 
y cuidar lo sembrado en nuestra conciencia. 
Y que no seamos intransigentes con los demás. 
Que sepamos respetar el ritmo de cada cuál. 
Concédenos un corazón que, como el tuyo, 
sea paciente, comprensivo y sepa amar
 y ayudar al que desfallece y cae. 
Que seamos fortaleza para el débil y seguridad para el vacilante.
 Que sepamos ser fermento con nuestro testimonio de vida.
Haz, Señor que sepamos asumir nuestras propias limitaciones
Y las de nuestros hermanos, como tú nos aceptas a todos.
Y, puesto que tu reino nos necesita como servidores invulnerables
Al desaliento, ayúdanos con la fuerza de tu Espíritu. Amén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

 

v      SabPrimera lectura ● 1R 3, 5. 7-12 ● “Pediste discernimiento”

v  Salmo ● 118 ● “¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!”

v  Segunda lectura ● Rm 8, 28-30 ● “Nos predestinó a ser imagen de su Hijo”

v  Evangelio ● Mt 13, 44-52 ● “Vende todo lo que tiene y compra el campo

 

DIOS SABE ESPERAR.

 

        Hermanos, concluimos con las parábolas sobre el reino contadas por Jesús. Hemos visto que el Reino, es lo más valioso para todos nosotros, además es el sentido de nuestras vidas. Aquel tesoro que nos saciara todos nuestros deseos, nuestras ansías de felicidad. Pero ese reino necesita ser descubierto por un corazón desprendido y sencillo. La enseñanza en parábolas hace partir a las personas de su experiencia de las cosas comunes de la vida para poder entender el Reino: semilla, sal, luz, oveja, flor, mujer, niños, padre, red, pez tesoro, perla etc.

         La primera lectura es muy aleccionadora, contemplamos a Salomón, hombre lleno de confianza se dirige a Dios y prefiere la sabiduría más que las riquezas, prefiere la prudencia en el gobierno.  Dios le concedió este don, y nos cuentan que no hubo otro rey que superara a Salomón en todo el reino.

        Pero si a nosotros nos presentara la posibilidad de pedir a Dios, otras cosas serían las peticiones, estamos en un mundo donde queremos llenar todos nuestros deseos de manera inmediata.

“Pídame lo que quiera y yo te lo concederé”.

¿Ya se ha puesto a soñar?

¿Ya sabe lo que pediría?

Yo pediría la luna, yo la tarjeta Visa Oro, yo una casita junto al mar, yo un gran amor, yo no tener que usar ninguna pastilla ni azul ni rosa…

No sabemos lo que pasó por la cabeza de Salomón en aquella visión cuando estaba en el templo de Gibeón ofreciendo su sacrificio a Dios.

Sí sabemos, lo dice la Palabra, lo que pidió.

“Da a tu siervo un corazón que sepa escuchar para juzgar a las personas y distinguir el bien del mal”.

Salomón no cayó en la trampa de peticiones egoístas: salud, dinero y amor.

Pidió un corazón que sepa escuchar, una mente atenta a la mente de Dios, saber tomar decisiones que agraden a Dios, sabiduría para distinguir lo bueno de lo malo. Eligió vivir en armonía con la voluntad de Dios.

Dios le concedió la sabiduría y un corazón atento y todo lo demás.

Pidió lo que Dios puede y quiere dar a sus hijos.

Para todas esas cosas que usted pediría está el trabajo, la ambición, la suerte, el robo, el engaño y los negocios sucios del mundo.

La Palabra de Dios nos avisa hoy: “cuidado con sus deseos, cuidado con lo que piden”.

        Cuentan  de un rey muy bueno que se llamaba Midas. Sólo que tenía un defecto: que quería tener para él todo el oro del mundo. Un día el rey midas le hizo un favor a un dios. El dios le dijo: -Lo que me pidas te concederé. -Quiero que se convierta en oro todo lo que toque - dijo Midas. -¡Qué deseo más tanto, Midas! Eso puede traerte problemas, Piénsalo, Midas, piénsalo. -Eso es lo único que quiero. -Así sea, pues - dijo el dios. Y fueron convirtiéndose en oro los vestidos que llevaba Midas, una rama que tocó, las puertas de su casa. Hasta el perro que salió a saludarlo se convirtió en una estatua de oro. Y Midas comenzó a preocuparse. Lo más grave fue que cuando quiso comer, todos los alimentos se volvieron de oro.

Entonces Midas no aguantó más. Salió corriendo espantado en busca de dios.

-Te lo dije, Midas - dijo el dios-, te lo dije, Pero ahora no puedo librarte del don que te di. Ve al río y métete al agua. Si al salir del río no eres libre, ya no tendrás remedio.

Midas corrió hasta el río y se hundió en sus aguas. Así estuvo un buen rato. Luego salió con bastante miedo. Las ramas del árbol que tocó adrede, siguieron verdes y frescas. ¡Midas era libre! Desde entonces el rey vivió en una choza que él mismo construyó en el bosque. Y ahí murió tranquilo como el campesino más humilde.

        Cuantos de nosotros nos entrampamos en nuestros deseos, en nuestros egoísmos. Dios nos invita a buscar y valorar el verdadero tesoro, como nos dice en el Evangelio.

Dios ya nos dio sus dones, sus regalos y los tenemos, ayudados con su gracia debemos producir a favor de nuestros hermanos.

Què importante recordar para nosotros, la grandeza de una semilla que muriendo darà fruto abundante.

Para pedir bien necesitamos un sistema de valores sano y cristiano y tener claras nuestras prioridades. Sólo desde la sabiduría de Dios nuestras prioridades serán justas. Salomón pidió bien porque pidió lo que Dios puede dar.

El evangelio nos habla de un tesoro escondido y de una perla que hay que buscar y hay que darlo todo para hacerse con ella. El Reino de Dios, Jesucristo.

Buscar no en los catálogos, en las iglesias…

Apreciar, convencerse de su valor.

Darlo todo para quedarse con lo esencial.

Sólo un corazón que escucha puede encontrar lo esencial.

Usted es el único hombre célebre. No olvide que Jesús es su mayor fan.

¿Estoy limpiando la cizaña de mi corazón? ¿En mi comunidad soy parte del trigo que da frutos buenos o soy parte de los que están llenos de cizaña?.

        La Eucaristía es el “tesoro y la perla” por la que merece “vender todo lo que uno tiene”, dejar cosas de lado e incluso renunciar a lo que nos estorbe para poder participar de ella y recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor. Otros pueden pasar por la puerta y no ver nada especial, pero para nosotros es de gran valor, porque es el Señor mismo quien se hace presente. Él nos alimenta para que aprendamos a vivir con los ojos cristianamente abiertos y así descubramos más “tesoros escondidos”, más signos del Reino hasta en lo más rutinario, para que veamos que todo nos sirve para el bien y cada día, con nuestro actuar discerniendo el bien del mal, nos sirvamos de los bienes pasajeros para irnos adhiriendo a los bienes eternos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas:

 

v      Primera lectura. Is 55,1-3. Dios alimenta gratuitamente a su pueblo.

v      Salmo 144 R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.

v      Segunda lectura ● Rm 8, 35.37-39. Nada podrá apartarnos del amor de Dios.

v      Evangelio. Mt 14,13-21. Multiplicación de los panes y de los peces.

v       

DIOS SABE ESPERAR.

 

        Cuenta un misionero: “Llegué a Togo en África. No es fácil al principio acostumbrarse a los cuarenta grados y a u una humedad peligrosa. No tienes ganas de moverte ni de hablar.

Conseguí que otros misionero, el P. Manuel que trabajaba en una sala del hospital me acompañara a lo largo del camino. Decenas de niños chapoteaban en una gran charca. Apenas nos vieron vinieron a secarse, frotándose contra nuestros hábitos blancos.

Manuel me dijo: “Mira esta agua estancada sirve para bañarse para lavar la ropa, los cacharros y también la mano. La mayor parte de las enfermedades infecciosas lo contraen aquí. Si sometiésemos a estos críos a un examen de laboratorio, en el más sano de ellos encontraríamos decenas de enfermedades”.

Prácticamente no tenemos horarios para atender y en las negras horas de la noche parece oírse que la batalla ya está perdido. Nuestros esfuerzos no podrán solucionar tanta miseria y enfermedad. Esto nos recuerda la multiplicación de los panes. Querer saciar el hambre de tanta gente. Dios lo puede, pero quiere nuestra colaboración. Hubiera sido suficiente la palabra de Dios para saciar el hambre de las personas pero quiso pedir algo a sus discípulos. Me acuerdo aquel cuento donde un hombre se quejaba de la enfermedad que sufrìa su hermano, de la soledad de la vida, y del hambre. Le decía a Dios: “Señor, porquè permites todo esto,  no puedes dar ya una solución? Y escuchó una voz que le decía: “Para eso te hice a ti”.

 

        La eucaristía que nosotros estamos celebrando aquí y ahora es la multiplicación del pan de la vida que Jesús hace para nosotros sus hijos hambrientos de felicidad y de vida eterna.

Jesús y sus promesas pesan más que todas nuestras posesiones. Y este trocito de pan consagrado tiene más vitaminas que un solomillo para que el lo come con fe y con el corazón limpio.

Este milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces hay que verlo con los ojos de la fe y los ojos de la carne.

Visto con los ojos de la fe es un acontecimiento eucarístico. Levantar los ojos al cielo. Bendecir el pan y repartirlo a la gente. Es el gesto de la consagración que realizamos en cada misa. Es hacer esto en memoria mía. Es revivir la última cena del Señor. Es convertir el pan y el vino en la presencia salvadora de Jesús para la comunidad.

Es el peso grande y liberador de la misa.

Es lo que nosotros venimos a hacer aquí no por una persona sino por el mundo entero.

Queremos poner en la balanza muestro mensaje: “una misa por el mundo, por los que sufren, por los que viven sin esperanza, por los que están en guerra”…

Cada domingo venimos aquí, a nuestra casa, a levantar los ojos al cielo e implorar de Dios Padre su amor y su perdón, sólo de lo alto nos viene la verdadera salvación; venimos a ser bendecidos y rotos  como el pan de Jesús; venimos a ser repartidos por la comunidad para que todos puedan saciarse con el pan de vida.

Visto con los ojos de la carne, este relato de la multiplicación de los panes nos lleva por otros caminos conocidos.

Jesús dijo a sus apóstoles: “Denles ustedes de comer”. Y ellos se quejaron: no tenemos nada, sólo cinco panes y dos peces y hay muchísima gente”.

Jesús bendijo ese poco y se multiplicó.

Milagro de Jesús, sí pero con la colaboración de los hombres. Jesús sigue haciendo milagros todos los días con la colaboración de los hombres.

Jesús nos dice: tráiganme esos panes y esos peces”.

Tráiganme sus debilidades, yo las transformaré en fortaleza.

Tráiganme sus miedos, yo les daré la valentía.

Tráiganme sus pecados, yo les daré mi perdón.

Tráiganme ese poco, yo lo multiplicaré.

Para Jesús nada es poco. Nuestro poco ofrecido y bendecido por Jesús se convierte en fuente de salvación.

Cinco actitudes cristinas ante la realidad de la vida.

Sean agradecidos.

Compartan sus cosas y su tiempo.

Hablen, denuncien la injusticia.

Conozcan la realidad.

Oren mucho.

La comida se puede comprar. ¿Y la fe y la redención?

El dinero se puede ganar y robar. ¿Y la amistad de Jesús?

Cada vez que nos encontramos cara a cara con las sagradas escrituras, estas van

leyendo nuestras vidas. Sí dejamos que estas queden inscritas en nuestro corazón como una ley, entonces nuestra vida tendrá un encuentro verdadero con Jesús. Contemplemos la palabra de Dios repitiendo varias veces en nuestro corazón:

 Aquí tienes Señor mis panes y mis pescados,

 Aquí tienes Señor mis tristezas y mis alegrías,

 Aquí tienes Señor, lo que tengo y lo que soy,

 Multiplica mis esperanzas Señor,

 Multiplica mi fe y mi fortaleza.

 Multiplica nuestra confianza hacia ti Señor

Busca personas que tenga necesidad de ser alimentadas y ayúdales a saciar su hambre corporal.  Date a la tarea de buscar personas que tengan hambre espiritual y ayúdales a saciar su hambre llevándoles la Palabra de Dios.

Cuadro de texto:  EL ES NUESTRO ALIMENTO
 
Señor Jesús:
Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que es para nosotros:
— CELEBRACIÓN: memorial, que actualiza la Ultima Cena y el Misterio Pascual:
— COMUNIÓN: participación de tu Cuerpo y Sangre, que nos hace recibirte  
sacramentalmente;
— PRESENCIA: cercanía permanente y real,
que te acerca a todos los hombres.
Sin embargo, No nos damos cuenta 
de quieres nuestro compromiso cristiano 
como colaborador de tu reino. 
Muchas veces nos quejamos de nuestra pobreza 
y no somos capaces de abrir
nuestros brazos y nuestro corazón 
para el bien de nuestros hermanos. 
Necesitamos reconocerte en la fracción del pan,
que nos alimenta en nuestro camino
y nos empuja a dar también vida a los hombres.
La «mesa de la Palabra» nos ilumina
y nos orienta en nuestro actuar.
Y la «mesa de la Eucaristía» nos fortalece,
para sentirle cercano y Resucitado.
Gracias de nuevo, Señor Jesús,
por este «memorial de nuestra salvación», que es:
«SACRAMENTO DE AMOR»: 
presencia visible de tu amor infinito y dinámico... 
«SIGNO DE UNIDAD»: crea comunidad y nos hace sentirnos miembros de tu Iglesia... 
«VÍNCULO DE CARIDAD»: nos hace hermanos y nos compromete en la solidaridad con los hermanos.  Gracias por «reunimos en torno a la mesa de este sacramento admirable». Amèn  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

 Primera lectura. 1 Re 19,9ª.11-13ª. Elías se encuentra con Dios en el monte Horeb. Salmo 84. Muèstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación.

v   Segunda lectura ● Rm 9,1-5. Quisiera ser proscrito por el bien de mis hermanos.

v   Evangelio. Mt 14,22-33. Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

 

DIOS ES NUESTRA FORTALEZA

 

        Jesús había multiplicado los panes y luego instò a sus apóstoles embarcarse al otro lado del lago; mientras El despedía a la gente. Cuando estaban en medio del mar, vieron caminar hacia ellos una figura, que al principio decían que era un fantasma, pero fue el mismo Jesús que venía a su encuentro. Caminar sobre las aguas nos parece algo extrañó, insólito, fuera de lo normal.

        Cuentan que algunas personas estaban en la orilla de un lago. Estaban cansados y tenían sed. Sin embargo ¿Qué vieron? En medio del lago una pequeña barca con cerveza. Le dicen a un hombre: “Si tienes fe, camina sobre el agua y tráenos la cerveza para beber”. Fue y lo trajo. Después le tocó al segundo. También él fue y trajo la cerveza. Después mandaron al tercero, per se hundió en el agua. Los dos que habían ido antes se miraron con extrañeza y se reprocharon: “¡Teníamos que haberle dicho dónde estaban las piedras sobre las que poner los pies”!

        Cuanta gente busca sentirse seguro de todo, seguro de vida, seguro en la salud, seguro en los viajes, etc. ¿Quién de nosotros no quisiera tener la tierra firme debajo de sus pies cuando emprende una obra importante, cuando construye una casa o proyecta la vida?  Buscamos seguro por todos lados, muchas veces fiado solo en nuestras fuerzas. No hay un seguro màs estable y definitivo que estar con Jesús. La vida es como andar sobre las aguas, con la confianza puesto en alguien, confiando en la gracia de Dios y también con la confianza en nuestras fuerzas que el mismo Dios nos lo dio.

        Pues ¿Quién te asegura cuando viajas que llegarás sano y salvo a tu destino?, quien asegura a los novios que se casan que siempre serán fieles? Quién asegura a los hombres que nunca se enfermaran? Hace falta confiar, pero confiar mucho más en Dios, hace falta contar con su ayuda, él se dirige a nosotros también y nos levanta y nos dice ¿Por qué has dudado? Confía.

        Que gran confianza el del salmista que dice, “no temo a mis enemigos, me acuesto y me levanto tranquilo. No temo” es tener puesta toda la confianza en Jesús. Así hicieron los santos. San Juan Bosco comenzó su Iglesia con solo unos centavos, la Madre Teresa de Calcuta, comenzó la atención de los más pobres y enfermos de la India, sin recursos suficientes. Pero sì estuvieron llenos del amor de Dios.  Pedro se puso a caminar solito, después de la invitación de Jesús, pero Jesús no invita a todos de la misma manera; pues invocar la ayuda milagrosa de Dios, sin conformarse primero a su voluntad, significa tentar a Dios.

        A pesar de todas las seguridades nuestra vida, sigue siendo un camino sobre las aguas. ¡cuántos peligros nos amenazan en cada momento! Esto es la Iglesia, que comenzó tan frágil, pero con la ayuda divina sigue caminando aún en medio de las zozobras del mar y del oleaje. Son veinte siglos de perseverancia, son veinte siglos de la presencia divina se cumple lo que dijo: “Yo estoy con ustedes, todos los días hasta el fin del mundo” No  han faltado personajes que a lo largo de la historia quisieron opacar y tal vez querer destruir la Iglesia. Voltaire presumía de poder demostrar al mundo que un solo pensador iluminado sería suficiente para destruir toda la estructura eclesiástica” El murió, pero la Iglesia sigue adelante. La presencia de Jesús nos debe llenar de confianza. Él se actualiza en la Eucaristía. Es la fe ante la crisis, las dudas y los fantasmas del miedo. El camino hacia Dios significa superar la oscuridad de la duda temerosa. Es ponernos en sus manos. El nos da una seguridad perpetua. Cuando nos entran dudas, ante la situación de la vida, ante la muerte, ante las enfermedades tenemos una fe débil, y parecemos ahogarnos, es el momento de dirigirnos hacia Dios y decirle: “Señor sálvame” ojalá todos digamos con humildad y podamos sentir esa fuerza transformadora de Cristo en nuestros corazones.

 

 

 

 

Cuadro de texto: VENCER LOS MIEDOS
 
«...Sacudida por las olas, 
porque el viento era contrario» (Mt 14, 24)
 
Señor Jesús:
«Aumenta en nuestros corazones el espíritu filial,
para que merezcamos alcanzar la herencia prometida»
Necesitamos reafirmar nuestra fe:
«Realmente eres Hijo de Dios»,
para sentirnos hijos del Padre, que nos ama.
Cuando Tú no estás en la Iglesia,
«la barca va sacudida por las olas,
porque el viento es contrario.»
Tenemos el peligro de caer en las tentaciones,
como nos dejemos arrastrar por tantos humanismos,
que se cierran a la trascendencia 
y a los valores sobrenaturales.
Sin embargo, sigues diciéndonos cada día:
«¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!»,
porque sabes que sin Ti nos hundimos.
Tenemos miedo a muchas cosas:
*los signos de los tiempos,
*las ideologías materialistas,
*el progreso mal entendido,
*la secularización...
Pero, nos interpelas, como a Pedro:
«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» 
Y «extiendes tu mano... y subes a la barca», 
y contigo seguimos avanzando. 
Señor Jesús:
Permítenos experimentar tu presencia constante 
como un «susurro», que nos invita a seguir siempre adelante. Amén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

 

v      Primera lectura. Is 56, 1.6-7: A los extranjeros los traeré a mi monte santo.

v      Salmo 66 R/. Oh Dios que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

v      Segunda lectura ● Rm 11,13-15.29-32. Dones y llamada irrevocables de Dios

v      Evangelio. Mt 15,21-28. Muer, ¡Qué grande es tu fe!  

v       

UNA FE HUMILDE PERO INSISTENTE.

 

 

Muchas veces, hemos escuchado decir: “Dios no me escucha”, “Dios no hizo lo que pedí” y tantas otras parecidas. Y a veces nuestra fe en Dios se reduce, “hago esto” y “Dios concédeme esto”. Por eso, la fe que tenemos es como una fe comercial, interesado. Es verdad que no recibimos todo lo que pedimos, pero es verdad también que Dios no desatiende nuestras plegarias. Tal vez no nos hemos preguntado ¿Mi oración es confiada, sencilla e insistente? Hoy la mujer cananea nos muestra que con mucha fe, confianza e insistencia logró la curación de su hija.

Jesús nos invita a la perseverancia,  a no desanimarnos en nuestras plegarias. Vemos el ejemplo de la extranjera que se acerca a Jesús con una confianza e insiste por el bien de su hija. Impresiona, por tanto, que esta no-judía llame a Jesús “hijo de David”, con lo que está reconociéndolo como el Mesías que los judíos esperaban. Impresiona, también que, siendo pagana, le pida a Jesús que le sane a su hija que está “terriblemente atormentada por un demonio”.

Jesús declara a los discípulos que no ha sido enviado más que a los judíos, y así se lo recuerda a la mujer que le suplica. No obstante, por el desenlace se ve claro que Cristo nunca rechazó la fe donde quiera que la encontraba; lo mismo en este caso que en la del centurión romano que intercedía por su criado y cuya fe también encareció sobre manera. Le dice a la mujer: “Mujer qué grande es tu fe” “que se cumpla tu deseo”. Pudo más la fe y la insistencia de la mujer que todos los rechazos. Nos imaginamos la reacción de los apóstoles y acompañantes con respecto a  una extranjera.

Jesús, ante la insistencia de las palabras de una extrajera, muestra su mejor rostro. Dios encarnado en un hombre, pero con un corazón lleno de compasión y misericordia.

Lo cierto es que Dios eligió al pueblo de Israel para asignarle un papel primordial en la historia de la salvación. Los israelitas serían los primeros en recibir el llamado a la salvación. Pero luego la salvación se extendería a todo pueblo, raza y nación. La elección de Israel no significa, entonces, el rechazo a otros pueblos.

Queda esto claro en la Primera Lectura (Is. 56, 1.6-7), en la que Dios, por boca del Profeta Isaías, asegura que cualquier extranjero (no israelita) que crea en Él, que lo sirva y lo ame, que le rinda culto y que cumpla su alianza, “los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración... porque mi casa será casa de oración para todos los pueblos”.

Todo el que crea en Dios será reunido en su Casa. La Casa de Dios será morada para todos los que quieran creer en Dios y hacer su Voluntad.

La Segunda Lectura (Rm. 11, 13-15.29-32) de San Pablo, “el Apóstol de los Gentiles”, nos habla también de la salvación universal. San Pablo se dirige especialmente al no-judío, lamentándose de los judíos, los de su raza, que han rechazado a Cristo.

 

Pensemos hermanos, que siempre puede más la fe, que la duda, la insistencia que el cansancio. La fe verdadera no se demuestra llenando las iglesias. A veces tratamos a Dios como si fuera un gran comerciante: yo te doy unas misas o una novena o un rosario, y Tú me das suerte en los negocios. No hermanos, la  fe verdadera está en ser humildes, en no darse por vencidos, en la confianza en Jesús por muy mal que nos vayan las cosas y en el interés por hacer bien a los demás sabiendo que el bien que hagamos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos.

Decía, el Padre Pío: “Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración... La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...” –

A Dios removerá nuestras plegarias y súplicas. Él se compadece de nuestros dolores y sufrimientos. En la mujer cananea se ha visto siempre un modelo acabado de fe y oración unidas, es decir, de fe suplicante. Pues su fe aparece con un fuerte relieve personal: fe centrada en la persona de Jesús a quien reconoce como Mesías, fe que sale al encuentro del Señor, fe dinámica y orientada a la liberación del prójimo, su hija en el caso.

Su oración reúne las condiciones que Cristo quiso para la misma: fe, confianza y perseverancia sin desmayo. Abre su corazón sin miedo ante la grandeza de Dios y simultáneamente al bien del otro. La fe es la actitud básica del creyente, la condición constitutiva e indispensable, lo primero de todo según Jesús, como se concluye en el evangelio de hoy; pues es nuestra respuesta a la oferta de amor y salvación de Dios.

Muchas veces, nosotros nos alimentamos de las migajas, poca oración, poco meditación, migajas que se reducen a momentos de estar con Dios. Frente a esto nos enseña el evangelio que la oración es fe, es diálogo con Dios y disponibilidad ante él, es apertura a la fraternidad humana y a los problemas de los que sufren por cualquier motivo, es alabanza y bendición al Dios uno y trino y es también, súplica de quien se reconoce indignamente ante el Señor y necesitado de su amor, de su gracia, de la fuerza del Espíritu y de otros muchos dones y favores.

Que nuestra Madre, la Virgen María nos ayude a acercarnos con toda humildad a Dios.

 

 

 

Cuadro de texto:  LA FE LO PUEDE TODO
«Qué grande es tu fe:
 que se cumpla lo que deseas» (Mt 15, 28)
Señor Jesús:
«Infunde tu amor en nuestros corazones, 
para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, 
consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo». 
La «mujer cananea» del Evangelio te pide ayuda: «Señor, socórreme», 
porque sufre al ver padecer a su hija,
y pone su esperanza en Ti. 
Siempre cumples nuestros «deseos», 
cuando confiamos en tu Palabra:
«¡Mujer, qué grande es tu fe!».
También quisieras poder decirlo de cada uno de nosotros,
que, muchas veces, somos «las ovejas descarriadas»,
que, pudiendo participar de tu salvación,
preferimos ir a la nuestra
y prescindir de «alcanzar tus promesas».
Queremos vivir «amándote en todo»:
en los momentos buenos y en los malos,
en la salud y en la enfermedad, en el éxito y en el fracaso...
Queremos vivir, «amándote sobre todas las cosas»:
en la abundancia y en la escasez,
en el poder dar y en el necesitar recibir,
en la prosperidad y en la desgracia...
Señor Jesús:
«Infunde tu amor en nuestros corazones»,
para poner nuestra fe en Ti y superar todas las dificultades.
AMÉN.                                                        Mt 15, 21 - 28
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

 

v      Primera lectura. Is 22, 19-23 colgaré de su hombro la llave del palacio de David.

v      Salmo 137. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

v      Segunda lectura ● Rom 11,33-36. El es origen, guía y meta del universo.

v      Evangelio. Mt 16,13-20. Tú eres el Mesías, y te daré las llaves del reino de los cielos.

 

PREGUNTA CLAVE PARA  TODO CREYENTE.

 

       Dicen que un sacerdote que hizo un viaje por oriente, se le acercaron dos jóvenes un muchacho y una muchacha que se presentaron como  periodistas de una radio privada y querían hacerle un reportaje sobre la vida de Europa. El sacerdote aceptó pues la preguntas eran razonables. Al despedirse el sacerdote  regaló a la muchacha una medalla con la imagen de Cristo. En ese momento hicieron una pregunta totalmente inesperada: “¿Cuántos Cristo hay? Uno es el Nazareno, otro el de los íconos y el tercero de Ramakrishna…” Es claro el sacerdote no supo responder a una pregunta tan profunda. Tratò pues de investigar de donde provenìa la periodista. Había oído hablar de Cristo pero no había leído nada sobre él.

 

        Si también nosotros preguntáramos a nuestros jóvenes, “Quién es Cristo para ellos”, aseguro que no todos nos dirá: “El es el Mesías, el Dios bendito”. Estamos en una sociedad donde reconocer a Cristo como tal està siendo cada vez difícil. Se quedan en que es un personaje digno de recordar, otros dicen que es un amigo, otros un personaje que vivió hace tiempo. En los tiempos de Jesús el pueblo sencillo, impresionado por la personalidad, doctrina y milagros del rabí de Nazaret, lo tiene por un profeta. Unos lo identifican con Juan Bautista, otros con Elías, o Jeremías.

 

        Cuando Jesús se dirige a sus apóstoles con la misma pregunta, escuchará aquella respuesta de Pedro: “Tu eres el mesías” y con la fuerza del Espíritu Santo añade: “el Hijo de Dios vivo”;  demuestra la intervención de la revelación del Padre. Jesús se alegró con esta respuesta y le promete a Pedro nada menos que el custodio de su Iglesia, cambiò su nombre, le diò el encargo de las llaves, lo cual indica autoridad y gobierno sobre la casa y la ciudad; y la potestad de atar y desatar, expresa además de la autoridad, también el gobierno, el magisterio, el discernimiento y el juicio absolutorio o condenatorio.

 

        Ahora el Señor sigue dirigiéndonos a nosotros la pregunta: “¿Quién soy yo para ti?” interrogante que sigue abierto hoy como ayer, esperando nuestra respuesta. Es la pregunta central de la religión cristiana, pues contiene la razón de nuestra fe y el fundamento de nuestra vida y conducta. ¿En quién creemos? Pregunta que cada uno debemos responder con absoluta sinceridad, sabiendo que en el respuesta nos va el ser o no ser cristiano, pues no se queda en lo periférico sino que toca el núcleo de nuestra fe religiosa, según la concepción que tengamos de Cristo actuaremos en nuestra vida, según la fe que tengamos en él seremos más o menos comprometidos con nuestra fe cristiana.

        Frente a esto hay dos clase de cristianos: los que conciben a Cristo como hombre del pasado, muerto y resucitado y que ha dejado la tierra, y los que se fijan en Cristo cmo hombre del presente, resucitado, pero viviendo hoy entre nosotros. Los primeros tomarán parte fielmente las ceremonias religiosas, pero como un simple recuerdo pasado, su vida algo bonito. Rezarán al que está arriba con la esperanza de llegar allí.

 

        En cambio los segundos rezaran al Dios del cielo pero mirarán con la misma fe a la tierra para descubrir en ella a Jesucristo, muerto y resucitado, que està presente en cada ser humano. Buscarán reconocer a Cristo en lo cotidiano, en los enfermos, encarcelados, los pobres, y la vida diaria, ahí estará Cristo presente. Esto es lo que debemos de tener presente hermanos, Cristo sigue vivo en medio de nosotros, en sus sacramentos, en las personas y los acontecimientos de mundo en que vivimos.  Esta es la verdadera fe cristiana, pues Cristo nos dijo: Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo. Y lo que hagan a los demás, a mí me lo hacen.

        Señor, tú eres el Hijo de Dios vivo, que no vives en las nubes; vives en cada uno de los seres humanos.

        Santa Rosa de Lima, nuestra patrona, nos ayude a vivir y reconocer a Cristo en cada momento de nuestra vida, así como ella vivió entregada a Dios y a sus hermanos, todos los días de su vida.

 

JESÚS Y LA IGLESIA

«Te daré las llaves del Reino

de los Cielos.» (Mt 16, 19)

Señor Jesús:

«Inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos

y la esperanza en tus promesas, para que,

en medio de las vicisitudes del mundo,

nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría.»

¿Hay mayor alegría que reconocerte a Tí,

como «el Mesías, el Hijo de Dios vivo?».

Sabemos que no, porque tu presencia entre nosotros,

como nos dice el Papa en la Encíclica «Redemptor hominis»,

supone «que todo hombre puede encontrarte,

para que puedas recorrer con cada uno el camino de la vida,

con la potencia de la verdad acerca del hombre y del mundo,

contenida en el misterio de la Encamación y de la Redención,

con la potencia del amor que irradia de ello».

Reconocerte y descubrirte como «Hijo de Dios vivo»

significa aceptar la Iglesia,

como comunidad edificada «sobre la piedra de Pedro»,

con el servicio de «las llaves del Reino de los cielos».

Permítenos, Señor Jesús, sentirnos Iglesia,

para tener todos «el mismo deseo» de darte a conocer

como Salvador y de vivir nosotros como miembros vivos,

que testifican, con las obras y palabras, la verdad del Evangelio.

AMÉN.     Mt 16, 13 - 20

 

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

  

v        Primera lectura. Jer 20,7-9. La palabra del Señor se volvió oprobio para mí.

v      Salmo 62. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

v      Segunda lectura ● Rom  12,1-2. Ofrecézcanse ustedes mismos como sacrificio vivo.

v      Evangelio. Mt 16,21-27. El que quiera venir conmigo, niéguese a sí mismo.

v       

CARGAR NUESTRA CRUZ Y SEGUIR A JESÚS.

 

        Un muchacho iba a hace un examen a la universidad. Temblaba por la agitación que tenía y no quería ni siguiera tomar el desayuno. “¿Y se me suspenden?”, se lamentaba. Su madre lo escuchó y se enojó: “”¡Así no debes ir a hacer un examen! No debes ni siquiera dejar que se te pase por la cabeza ser suspendido, ni  se te ocurra pensarlo. Sólo así se puede vivir. De vez en cuando se puede tener un suspenso, pero se debe olvidar lo más pronto posible no pensarlo más e ir hacia adelante”.

 

        Se puede  pensar que un optimismo semejante haya manifestado también Pedro cuando reprendió a Jesús para que no hablara de su pasión. Este discurso no coincidía con el contexto de lo que había sucedido antes. Apenas habían bajado del monte Tabor donde habían visto a Jesús en la gloria y habían sentido el testimonio del Padre sobre su único Hijo. Y entonces, de repente, Jesús comienza a hablar a sus discípulos diciendo que debe ir a Jerusalén donde será rechazado por  los sumos sacerdotes, los ancianos del pueblo, los intérpretes de la escritura, que lo matarán y que después resucitará. El evangelio dice que san Pedro tomó aparte a Jesús y comenzó a protestar: “¡Dios te libre, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!”.

        Pedro quería la gloria pero no la cruz. Quería el triunfo pero no el sacrificio; quería la salvación pero no la sangre. Quería a Jesús a su manera humana pero no la voluntad de Dios Padre. Quería un Jesús superestrella pero no un Jesús humillado. El querer humano siempre tiene una mezcla de egoísmo, de vanidad, de carne y sangre, de placer y de odio a todo lo que nos lleva la contraria y nos hace sufrir. Cuántas veces nosotros buscamos también lo fácil, lo que se acomoda a nuestro gusto y no el querer de Dios, pensamos de modo limitado con nuestra mente. Que cada uno podamos examinarnos y veamos como más humildad lo que Dios tiene preparado para todos.

Por un lado Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección. Y por otro lado expone las condiciones de su seguimiento. Invita a una opción fundamental hacia Cristo, hacia el Reino de Dios. Así podremos entender a Cristo que pasó por la cruz para llegar a la gloria de la resurrección

        La comunión de destino con Jesús. El  seguimiento de su persona puede concretarse en la contemplación de su vida desde el comienzo hasta la victoria final en la resurrección. Cristo siendo rico se hizo pobre,  por tanto él vive en  todo hombre necesitado. A Dios le encontramos en el prójimo, sobre todo en el que sufre. Toda persona que sufre es Cristo que sufre. Y qué largo el camino de la cruz del Señor. Ese camino no terminó en el Calvario tras largas horas de torturas: ese camino continúa con el sufrimiento de los hombres de hoy.  A Jesús le ayudamos a llevar la cruz cuando a los demás les ayudamos a llevar sus cruces. Hay cruces para familias deshechas, cruces para niños abandonados, cruces para quieres mueren de hambre, cruces para los padres a quienes les envenenaron sus hijos, cruces para los que quieren trabajar y no pueden, cruces de todas las formas y de todos los tamaños. La mayoría de esas cruces las fabricamos nosotros mismos cada día con nuestros egoísmos y nuestros muchos pecados. Cristo nos ama; y todo el que ama sufre al ver sufrir a la persona amada. Cuantas veces, nos vence las tentaciones, el orgullo, la comodidad en el seguimiento del Señor. Pidámosle al Señor que derrame su gracia para que verdaderamente realicemos la opción fundamental para el seguimiento. Entonces sentiremos ese gozo de su seguimiento. Esto mismo vemos en Jeremías, cumpliendo su misión en medio del pueblo que espera solo victorias y Jeremías anuncia la voluntad de Dios sobre ellos, que hay perdido el horizonte, y ahora temen perder toda la seguridad.

 

 

LA CRUZ DE CADA DÍA

 

«El que quiere seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz.

cada día y se venga conmigo». (Lucas 9, 23)

 

Señor Jesús;

Nos desconcierta tu postura ante los apóstoles,

porque después de reconocerte como Mesías,

les anuncias el camino que vas a seguir:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho,

ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados,

ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Este es tu programa que después se cumple,

pero que también nos afecta a nosotros, porque añades con realismo:

«El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo,

cargue con su cruz cada día y se venga conmigo.

Pues el que quiera salvar su vida, la perderá;

pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará».

Parece una paradoja, pero no quieres engañamos

 y nos previenes de la lucha de «cada día».

 Necesitamos constancia y tenacidad para seguirte,

 y «negamos a nosotros mismos»:

— vencer el egoísmo,

— abrimos a los demás,

— superar el narcicismo,

— aceptar nuestra fragilidad...

Permítenos, Jesús, ser coherentes

y construir nuestras vidas

«en el sólido fundamento de tu amor».

AMEN.

 

 

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

 

v      Primera lectura. Ez 33,7-9.  Si no hablas al malvado te pediré  cuenta de su sangre.

v      Salmo 94. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor, no endurezcan el corazón

v      Segunda lectura 13,8-10 La plenitud de la ley es el amor

v      Evangelio. Mt 18,15-20 Si te hace caso has salvado a tu hermano.

v       

AMOR VERDADERO A DIOS Y AL HERMANO

 

        Hermanos, continuamos con el tiempo ordinario. Qué grande las lecturas de hoy, nos hablan de la necesidad de vivir como auténticos cristianos. Caminando juntos  no solo en los buenos momentos, y los momentos de alegría. Que importante es ayudar al hermano con nuestras palabras y correcciones, nadie quiere cargar con la culpa de los demás como nos dice Ezequiel en la primera lectura.

La corrección fraterna, según el espíritu del evangelio proclamado, ha desaparecido. Todos rechazamos la corrección.

Cuando alguien nos hiere o insulta, además de sentirnos mal lo contamos a los demás: “Mira lo que me ha hecho este tipo”. Se comienza a crear divisiones, odios y venganzas, pero la actitud de un cristiano es una actitud de hermano, no se alegra cuando ve a otro en el error; como testigos del evangelio practica la corrección con diálogo y acercamiento.  

 

        Nos cuentan del violista, un pobre que anda tocando su  viejo violín de cuando en cuando, para luego pasar su sombrero y obtener algunas monedas.

Cierto día comenzó a tocar como solía, se reunió la gente, y salió lo de costumbre: unos ruidos más o menos armoniosos. No daba para más ni el violín ni el violinista. Y acertó a pasar por allí un famoso compositor y virtuoso del violín. Se acercó también al grupo y al final le dejaron entre sus manos el instrumento. Con una mirada valoró las posibilidades, lo afinó, lo preparó... y tocó una pieza asombrosamente bella. El mismo dueño estaba perplejo y lleno de asombro. Iba de un lado para otro diciendo: ¡Es mi violín...es mi violín...es mi violín...! - Nunca pensó que aquellas viejas cuerdas encerraran tantas posibilidades.

No es difícil que cada uno de nosotros, profundizando un poco en sí mismo, reconozca que no está rindiendo al máximo de sus posibilidades. Somos en muchas ocasiones como un viejo violín estropeado, y nos falta incluso alguna cuerda. Somos... un instrumento flojo, y además con frecuencia desafinado. por eso necesitamos que alguien nos pueda afinar con sus palabras, con las correcciones. Entonces, seremos personas más auténticas, más asertivas, caritativas, compasivos con nuestros hermanos.

        Es Dios quien nos pone en nuestro camino. Puede ser un amigo, un compañero, un maestro espiritual.  Es bueno dejarnos afinar y así poder y recibir con gratitud aunque el principio duela aceptar y nos cueste interiorizar.

El evangelio nos invita a practicar la corrección con nuestros hermanos: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos”. Qué bien sabía Jesús  de nuestra vida. Nos necesitamos unos a otros.

        Para practicar correctamente la corrección fraterna, debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos en aquello mismo que corregimos a los demás; y, por tanto, el que corrige –ya se trate de un maestro, de un educador y, con mayor razón, de un padre o madre de familia– debe hacerlo primero con el propio testimonio de vida y ejemplo de virtud, y después también podrá hacerlo con la palabra y el consejo. 

Nunca mejor que en estas circunstancias hemos de tener presente el sabio proverbio popular de que “las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra”. Las personas –sobre todo los niños, los adolescentes y los jóvenes– se dejan persuadir con mayor facilidad cuando ven un buen ejemplo que cuando escuchan una palabra de corrección o una llamada al orden.

        También al corregir  al hermano, hemos de ser muy benévolos y respetuosos con las personas, sin humillarlas ni abochornarlas jamás, y mucho menos en público. 
¡Cuántas veces un joven llega a sufrir graves lesiones en su psicología y afectividad por una educación errada! Y es un hecho que muchos hombres han quedado marcados con graves complejos, nunca superados, a causa de las humillaciones y atropellos que sufrieron en su infancia por parte de quienes ejercían la autoridad. Y no digo yo que no hay que corregir a los niños – “para no traumarlos”–, pero sí que hay formas y formas.

        Cuando se corrija, hemos de procurar usar de una gran bondad, mansedumbre y miramiento, y de un hondo sentido de la justicia y la equidad. 

Finalmente, si somos corregidos alguna, no nos rebelemos ni tomemos a mal la corrección, sino con buen ánimo, con humildad y sencillez, según las palabras del autor sagrado:  “Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor y no te abatas cuando seas por Él reprendido; porque el Señor reprende a los que ama, y castiga a todo el que por hijo acoge” (Hb 12, 5-6; Prov 3, 11-12).

 

ORACIÓN:

                                                                  Gracias Jesús,

                                                     Porque nos enseñas en tu Palabra la importancia

  de vivir como hermanos, alentándonos en la vida,

  y practicando la virtud de la corrección con nuestros hermanos.

  Una vez más, nos reconocemos pecadores ante ti, cada uno

  personalmente y todos juntos como comunidad de fe y conversión.

  Con la fuerza de tu gracia y de tu amor queremos enmendarnos

  y mejorar, caminando juntos como hermanos hacia ti.

  Haz, Señor, que nos ayudemos mutuamente en este empeño

  mediante la corrección fraterna que brota del amor que nos une.

  Danos comprensión, paciencia, tolerancia y talante dialogal

  ante los inevitables fallos humanos, propios y ajenos.

  Ayúdanos a socorrer al hermano para ayudarle a salir del error,

  al mismo tiempo danos humildad,

  para aceptar la corrección del hermano hacia nosotros.  Amén.

 

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lecturas:

 

v       Primera lectura. Eclesiástico 27,33-28,9. Perdona la ofensa a tu prójimo y serás perdonado.  

v      Salmo 102. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

v      Segunda lectura Romanos 14,7-9. En la vida y en la muerte somos del Señor.

v      Evangelio. Mt 18,21-25. Perdón hasta setenta veces siete.

 

PERDONAR SIEMPRE

 

        Continuamos con el Tiempo Ordinario, donde el Señor sigue enseñándonos con su palabra, en este mes de la Biblia. Nos exhorta a vivir reconciliados, en paz con nosotros mismos y con los demás. Nos puede servir la actitud de las grandes almas que ante las ofensas, ante las maldades de demás en vez de practicar la venganza, supieron practicar el amor, el perdón y la reconciliación. Vemos al papa beato Juan Pablo II que el 13 de mayo de 1981 sufrió el ataque del turco  Mehmet Ali Ağca que le pone al borde de la muerte, cómo después de restablecerse el papa demostró, el perdón visitándole y invitando a una vida nueva. Igual santa María Goretti, está agonizando y cuando fue su agresor, no demostró su venganza solo dijo: “te perdono, en el cielo nos vemos”. Son muestras de las grandes almas que a semejanza de Jesús, que supieron perdonar y olvidar las ofensas aunque fuesen muy graves. Todos debiéramos examinarnos y preguntarnos, si nuestra actitud se parece al de Jesús, si somos capaces de olvidar y demostrar el perdón a los que nos incomodan.

 

        Si no perdonamos, no podemos rezar el padrenuestro. Cuando rezamos el padrenuestro le decimos a Dios: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Por lo tanto, si no perdonamos, al rezar el padrenuestro estamos mintiendo. Ojalá que aprendamos todos a perdonar, pues al fin y al cabo todos estamos necesitados del perdón de Dios.

La mayoría de nuestros pecados son agravios hechos a otros hombres: la calumnia, los robos, la dureza en el actuar, etc. Por tanto nos deben perdonar aquellos a quienes ofendimos. El hecho de que pidamos perdón se deriva de otro hecho, es decir, que él se identificó con los hombres: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,40).

Jesús extrae la enseñanza de la parábola y nos dice: “Lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Idea que abunda en la primera lectura de hoy tomada del libro del eclesiástico.

En línea de principio, estas consecuencias nos parecen aceptables. Sin embargo, tenemos la sensación de que en los continuos actos de perdón hay algo humillante. El que pide perdón se humilla, se disminuye, pide la gracia. Es difícil poder cambiar esta percepción, pero esto se compensa con un hecho opuesto. Cuando perdonamos somos superiores. Algunos no quieren perdonar pensando que para ellos es algo humillante. Al contrario; perdonando crecen, perdonando junto con Dios, se sientan por así decir, a su derecha.

Toda ofensa suscita en el hombre el deseo de vengarse, y esto llena al hombre de mucha turbación y cuando no es canalizado por el perdón, escuchamos noticias, de asesinatos, de tragedias, y la muerte. Por tanto es necesario perdonar, así podremos lograr la paz y la tranquilidad que buscamos. Necesitamos sentirnos amados, liberados, y rehabilitados como seres humanos, como personas capaces de reconstrucción y de convivencia en el amor, necesitamos experimentar el perdón. Gracias al ejemplo de Cristo, perdonar es posible para el cristiano. Como siempre él practicó lo que nos enseñó y mandó. Estando Jesús en la cruz para morir víctima del odio mortal de sus enemigos, teniendo el poder suficiente para confundirlos, no obstante optó por hacer justicia a lo divino, es decir, perdonar a todos venciendo el mal con el bien, el odio con el amor.

        El cristiano es un ser PERDONADO. El oficio de Dios es perdonar y lo hace bien y siempre. Yo me defino a mi mismo como un pecador feliz. “El Señor tuvo lástima de aquel empleado, de mí, y me dejó marchar, perdonándome toda mi deuda”. Porque es eterno su amor. Porque no lleva cuentas del mal. Porque no sabe matemáticas.

El cristiano es un ser que perdona. Pero yo, perdonado, salgo a la vida y grito: Ya me lo pagarás, te espero a la salida, …el espíritu del mundo que llevo dentro no entiende lo de setenta veces siete ni lo de 24/7. El problema está dentro del corazón.

El PERDÓN es la llave maestra que sana todas las relaciones humanas.

        Perdonarse, perdonar a los hermanos, es mandato de Jesús, pero es también condición esencial para vivir en plenitud.