Yo, que hablo mucho con mi ángel, a veces logro sacarle cosas sobre
el mundo, que sé muy bien que ningún científico serio las firmaría. Pero ...
peor para ellos.
Por
ejemplo, una noche, mientras quería dejarme arrebatar por el sueño, jugueteando
por entre mis cabellos y mis oídos, con susurros, me soltó esto:
“Las flores son cabellos de Dios”
Soy muy curioso, lo sabéis. ¿Qué quería
decir aquello?. Más o menos, era así:
Una tarde, concluido el mundo vegetal,
que no tenía flores, mientras Dios (el Padre) caminaba pensativo (es un decir)
en seres nuevos, Dios (el Hijo) trenzaba pequeños palitos entrecruzándolos y
poniéndolos a contraluz del sol poniente, y Dios (el Espíritu) jugueteaba con
las ramas de los olivos, sintieron que faltaba algo junto a la verde hierba y
los árboles llenos de frutos.
Se sentaron. Jugueteaban con el sol
(rojizo se veía ya), haciéndole cosquillas y riendo y tosiendo este (de ahí las
mal llamadas “manchas solares”*) llegaron los miles y miles de ángeles,
arcángeles, y serafines y querubines ... formando una gran algarabía e
intentando alcanzar un pequeña mariposa que había escapado del pensamiento de
Dios, pero que ya casi extenuada, no tenía donde parar. El Padre, le ofreció su
cabeza, señalando con un dedo y allí se posó la mariposa. Todas las turbas
celestiales se quedaron paralizadas y la Trinidad sonreía complacida.
De pronto, el cabello del que pendía la
mariposa cayó al suelo con más velocidad de lo normal, por el peso de la
mariposa, que sorprendida y cansada, no encontró la forma de volar. Y al caer
el cabello a tierra, se convirtió en un bella flor (margarita, la llamáis).
Miles de cabellos de Dios, soltaron miles de flores de todos los colores,
tamaños, formas ... y la hierba se encontró salpicada de miles de especies de
flores; y como si hubiese recobrado la fuerza, la mariposa iba feliz de flor a
flor.
Desde entonces, los ángeles persiguen
mariposas para atraparlas, solo cuando vuelan. Cuando se posan sobre una flor,
dejan de seguirlas y contemplan la belleza de los cabellos de Dios, y su
pensamiento, hecho mariposa.
Aquella tarde terminó cuando un ángel
cortó una flor y la puso sobre su cabeza, divinizándola. La risa de todos se
convirtió en tormenta que apagó el sol, y la lluvia regó para siempre y mojó,
los cabellos de Dios.
(Esto al menos entendí, por raro que
parezca, porque ya el sueño, me llevó placidamente hacia él).
*/ lo de las manchas del sol, lo explicaré
en otro relato