EL ÁNGEL
"There must be an angel playing with my heart"
Tengo un ángel (de la guarda). Os podría contar montones de
cosas de él. Los secretos que me confía (si supieseis), de lo que me enseña, o,
a veces, me riñe.
Pero
quiero, mejor, hablaros del ángel de cada uno. Porque todos tenemos (un) ángel.
Hasta las cosas y los pueblos. Es fácil descubrirlos, si observáis bien. No se
trata de "mirar", sino de "ver". Si solo miráis, lo único
que aparece es el "genio", que es un ángel al que deformamos, cuando
no le dejamos actuar a él, sino a la carga de confusiones que tenemos.
Si
os ponéis a "ver", cosa no tan difícil, encontraréis lo mejor de cada
uno, su "ángel", aguardando a manifestarse, a ser descubierto, para
decir las mejores cosas de nosotros. El problema es que no hay fórmulas. Se le
ve, se le encuentra y punto. Tampoco sirve el hacer fotografías, ni siquiera la
grafología o los astros; miles de test que os hicieran no os lo harían
descubrir.
Ni
yo encuentro la forma de decir, cómo lo descubrí. Pero cuando me siento
tranquilamente a ver qué soy, qué tengo, qué me hace ser más yo mismo ... ¡Paf!
... me lo encuentro jugueteando con mis ideas, revolviéndolas y colocándolas
por un orden absolutamente inconcebible; otras veces está situándose entre los
sentimientos, apagando rencores, animando amores, recordándome rostros,
miradas, palabras que tenía por olvidados; a veces, sonríe ante algo que me
preocupa, y se pone tranquilamente a cantarme con música de ángeles, si no
puedo dormir. También es verdad, que, a veces, se esconde tras un amargo
sentimiento de culpa, porque no he actuado bien, y sufro ... (porque no lo
encuentro, así escondido). Pero aparecerá radiante, cuando soy capaz de
reconciliarme conmigo mismo.
Hay
que decir, que si tenemos que hacer algún día un tratado sobre los ángeles,
tendremos que echar mano de los niños para intentar hacer un retrato robot.
Pero es solo, porque cuando somos pequeños, las confusiones nos las dan otros y
es muy difícil que aparezca el "genio" propio. De mayores, es más
fácil confundirse, porque ya nos creemos más fuertes y podemos más, y no
dejamos que actúe el ángel.
La
característica más fundamental del ángel, es la sonrisa; sin venir a cuento,
sonreír porque sí. Ser capaz de caminas sonriendo, hablar sonriendo, dormir
sonriendo ... La sonrisa es siempre la mejor oración del ángel, porque
significa que estamos en paz con nosotros mismos; significa la "lucida
ingenuidad" que dice Carlos Díaz, de los que están tocados de divinidad.
Claro que no conviene confundir la sonrisa, con la estupidez de la risa
grotesca del "Genio". Es fácil distinguirlas, porque el
"genio", siempre tiene que ver con un defecto, mientras que la
sonrisa es una virtud.
El
ángel aparece más por la noche, porque el manto de oscuridad con que nos
arropa, nos hace sentir miedo de lo externo y nos sentimos confortados
sumergiéndonos en la seguridad de su compañía, de su amistad, de su caricia,
ante la tremenda soledad de nuestro ser. Lo encuentra más fácilmente aquel que
tiene un parabrisas limpio en sus ojos, porque al mirar no encuentra sombras en
los demás, que son sus propias manchas, y ve mejor con los ojos del corazón,
como el Principito. Por eso, también, el que lo encuentra, encuentra miles de
tesoros de amigos.
El
ángel, actúa a veces, sin que nosotros queramos. Por eso, nos enamoramos y
aparece el ángel radiante del otro ante nuestros ojos, y no cejamos de él,
hasta que no se hermana con el nuestro, y dialoga y se entretiene en caricias y
en juegos que parecen a los ojos de los otros, cursilerías, si ellos no han
hallado el ángel de otro. También, al enamorarnos, podemos ocultar nuestro
ángel y hacer aparecer al "genio", inmerso en mil especulaciones
materiales, que tienen mucho que ver con nuestros deseos, y que se
transformarán en los "celos", porque intentamos encarcelar el libre
ángel del otro, en un calabozo oculto. Y eso es imposible.
Gracias a Dios, el ángel, no tiene nada
que ver con la apariencia externa. Forma parte de lo eterno, de lo inmaterial,
de lo que está más allá, incluso, de nosotros mismos. Por eso, tengo en mi
casa, perdidos entre mis recuerdos, cientos de cosas inútiles, inservibles,
feas, deformes, que quiero, porque tienen ángel. Por eso, también, los amigos
no se miden por guapos o feos, simpáticos o no, sino porque encuentras su ángel
o no. Todos lo tienen. El problema es saber descubrirlo. Os aseguro que es
maravilloso
encontrarlos,
verlos. Os invito a intentar "ver" el ángel de los demás. No ocultéis
el vuestro, tras el "genio"; dejad que aparezca, como aparece en
vuestros hijos, o de vuestros amigos, o de vuestros amores. Descubriréis así,
que el ángel se transformará para vosotros en un inmenso rastro de gozo, de
riqueza de esa que no se puede calcular porque es inmensa, de paz.
Feliz
encuentro.