Hace unas semanas fui a sustituir a un compañero en una Misa, cuando me encontré con un sacristán o encargado de la Iglesia, que me atendió muy amablemente, aunque yo noté en su forma de hablar que algo pasaba pero no le di importancia porque cada uno es muy dueño de expresarse como tenga a bien.

El Alba casi tengo que usar calzador para entrarla; al preguntar si no había otra de tamaños mayor, me respondió que esa era la que usaba el cura de allí y no había manera de que me diera una respuesta acorde, repetía una y otra vez: “esta es la falda de aquí”

 

Como pude y pareciendo un embutido comencé la celebración; yo notaba cierta sonrisita en la clientela, pero uno tiene asumido ya hace tiempo eso de ser gordo.

Cuando comulgué el “Señor” sabía fatal; era una mezcla de vinagre con sabor a agua estancada. Yo creo que Él me dio la fuerza para no arrojarle estrepitosamente sobre el altar. Las campanas tocaron casi toda la Misa por lo que era muy difícil pronunciar ni palabra. Los micrófonos no funcionaban bien; pitaban, se apagaban, un desastre; nuestro amigo pasaba de vez en cuando por delante del altar en plena celebración, me decía en voz alta (“esto es que no funciona bien, mire usted”) y se dirigía al amplificador, enredaba en todos los botones y ya se pueden imaginar lo que sucedía; yo esperaba que de un momento a otro saliera alguien y me dijera que era una broma de televisión de esas cámaras ocultas, pero no, era real como la vida misma.

 

Al finalizar y dirigirme a la sacristía pensaba cómo decirle a este hombre sin ofenderle el lamentable espectáculo que habíamos dado; comencé diciendo con suavidad, que el agua sabía muy mal, a lo que me respondió un tanto extrañado, (“de ninguna manera, he llenado yo mismo la vinajera antes de la Misa de la botella”); miré la botella de 2 litros y con miedo seguí preguntando, ¿cuánto tiempo lleva esa botella ahí?; lo que me temía (“¡mucho tiempo mire usted, ni me acuerdo!”); ya no pregunté, porque no quería saberlo, sobre la botella de vino.

... Y luego dicen que los curas no corremos peligro diciendo Misa .....

 

                                   En un pueblito de Extremadura.    

 

 

 

Esta anécdota sucedió a un cura que hace dos años fue destinado a mi pueblo. Resulta que fue a inscribirse al Ayuntamiento. Una empleada de las oficinas le preguntó en qué le podía servir. Él respondió:

-Vengo a por la inscripción...

Ella preguntó:

-¿Qué es, niño o niña?

-¡No, mujer, no! Quien viene a inscribirse soy yo. Soy el nuevo vicario...

 

 

Segunda anécdota:

 

Esto era un cura que había residido en mi pueblo. Antes de ser destinado aquí estuvo en otro pueblo rural. El Viernes Santo estaba oficiando la función correspondiente. Había en la iglesia una madre acompañada del hijo pequeño, el cual hacía rato que iba pidiendo agua a su madre porque tenía sed. El cura empezó a leer el Evangelio de la Pasión correspondiente al Viernes Santo. Llegó a la frase que Jesús dice desde la cruz:

              -Tengo sed.

            Entonces el niño se giró hacia donde estaba su madre y le dijo:

-¿Lo ves, mami? El cura también tiene sed...

 

(Montserrat Coll Capdevila)

 

Fue por los primeros años de la década de los 70. Cuatro curitas marcharon de vacaciones con el firme propósito de no ser reconocidos como curas. Se vistieron de paisano y llegaron a un hotel del Norte de España . Cuando el conserje les pregunta de dónde son, el más decido contesta sin dudar:  Somos de la diócesis de Plasencia".

Lo cuento como me lo contaron: Un cura religioso anciano celebra la eucaristía en la capilla de la enfermería. Al llegar a decir:"Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo..." se despista y dice: "He aquí la esclava del Señor" a lo que todos su hermanos de orden también ancianos y también despistados dijeron: "Hágase en mí según tu Palabra".

 

(Juan José Rodríguez)

DESDE NAVARRA

 

Aquel cura nuevo que llega al pueblo el día de la Inmaculada, día grande y con procesión. Sale la procesión y  el cura que no se sabe los cantos dice a los que iban en la primera fila: "canten una canción a la Inmaculada",

y comienzan a cantar: "Hostia pura, Hostia santa, Hostia la Inmaculada..."

 

Un amigo periodista, profesor de la Facultad de Ciencias de la Información, despistado como él solo, abrió la puerta de la Biblioteca, se cascó una genuflexión perfecta y salió. (En las casas del Opus Dei, y en muchos otros sitos, hay costumbre de saludar al Santísimo cuando uno entra o sale de ellas, éste lo hizo en plena biblioteca. Creería que entraba en la capilla.

 

Otra anécdota que es rigurosamente cierta, en Gallipienzo, un pueblo de calles empinadas y accidentado de nuestra geografía de Navarra, mientras se estaba llevando a cabo la procesión de Corpus Christi por una de las calles de abajo, un cerdito que pacía apaciblemente por una de las calles de arriba cayó al vacío desde lo alto, con la mala suerte de que fue a parar a la parte superior del palio que pasaba en ese momento por debajo. En lugar de pétalos cayeron cutos.

 

 

Está el cura dando la Extremaunción a un hombrecico que parecía que se moría y rezando: "Sal alma al Padre que te crió, al Hijo que te redimió, al Espíritu Santo que te santificó..." En esto el buen hombre abre un ojo y dice: "¡No salgas tuavía, no, que nos han de joder a los dos!".

 

(Gregorio Silanes-Navarra)

 

EL SAGRARIO Y EL CORREO

 

Tal y como me lo contaron lo cuento:

Un cura de un pueblo extremeño, cruza la plaza del pueblo, va con unos sobres en la mano. Llega al buzón de correos, situado por allí, y los habitantes del pueblo que en ese momento están en la plaza, miran con cara de asombro, como el cura, tras entrar las cartas en el buzón, hace genuflexión y caputflexión ante el buzón. Luego se retira como si tal cosa.

- La fuerza de la costumbre –

 

EL NIÑO

 

A mi amigo y compañero Dioni y a un servidor, nos mandó el Obispo a Montijo, con cuatro meses de diferencia. Yo llegué en Septiembre, el se incorporó a la otra Parroquia en Diciembre. Para haceros una idea exacta: Dioni es bajito, como yo, muy moreno y con una voz ... “basta”, dura.

      Es sábado, está celebrando la Eucaristía de la tarde. De pronto, un niño de no más de 2 años, sube hasta el altar, agarra a Dioni del alba, y dice: “papa, papa”. Mi amigo Dioni, al mismo tiempo que le intentaba soltar la mano al niño del alba, contesta con la suficiente voz como para que se oiga por todo el templo: “niño, coño, ¡qué llevo aquí cuatro meses!”.

 

EL RATÓN BEATO

 

          Esto lo vi yo. Hacía más de una semana que Dioni me decía: “tengo un ratón beato, cuando llega el momento de la homilía, sale de su escondrijo”. Estábamos siempre de bromas, así que no le creí. Pero insistía tanto, que pensé que había preparado alguna de las suyas. Un sábado que no me tocaba celebrar en la Parroquia, llegué al templo de San Gregorio, acababa de comenzar la Eucaristía. Desde que me vio, sabía que iba por lo del ratón. Comienza la homilía, y allí, no pasa nada. Pero al cabo de uno o dos minutos, veo que Dioni, me mira insistentemente y me señala con la mirada, muy disimuladamente a un lado del presbiterio. El ratón, jugueteando, se iba acercando al centro, enfrente del altar, pasa hacia el ambón y enfrentado a Dioni, levanta sus dos manos, y durante 15 o 20 segundos, parece que no pestañea y que escucha atentamente. Con las mismas, pasado ese tiempo, continúa su camino ... Os ruego que me creáis, es rigurosamente cierto. Al poco tiempo desapareció para siempre el Ratón Beato.

 

LA SALUD DE JUAN MIGUEL

 

Lo cuento tal como me lo contaron.

 

Juan Miguel, es un cura que ha dado más de lo que se suponía que tenía, su persona, su salud, e incluso su prestigio personal, por aquellos que lo han necesitado.

Pues bien, en una reunión de los curas de la diócesis con el obispo, este invita a Juan Miguel que se siente cerca de él. En mitad de la comida, Juan Miguel tiene un ataque de tos (es invierno) y tras lograr a duras penas controlar la tos, recibe un consejo del obispo:

-    Juan Miguel, tienes que cuidarte, cúrate el resfriado y la tos.

Y Juan Miguel responde:

-    Don Antonio, esto se cura con sudor de pecho ajeno, pero ustedes, no nos dejan.

Un poco más, y todavía dura la carcajada de los que pudieron oírlo.

 

OTRA DE DIONI

 

Celebración de la Eucaristía de un domingo cualquiera. Por la tarde. Llega la hora del “Cordero de Dios”. Dioni, comienza ,,, “este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, “d i c h o c h o”, uy ...”. Imagináos lo demás. Mi tía Isabel,  a la que encontré poco más tarde en el atrio de la Parroquia de San Gregoria, sin poder contener la risa me comenta, “si no llega a decir lo de “uy”, seguramente ni nos hubiéramos enterado”. Cuando sale Dioni al atrio, casi recibe un aplauso, pero nadie dejaba de reír y así es difícil hasta aplaudir.

 

EL HISOPO

 

Poneos en situación: estoy al lado del féretro ya en el coche fúnebre, porque asistí al entierro. Había concluido el funeral, y Andrés salió a despedir el cadáver, costumbre que se mantenía por aquella fecha en Lobón, donde sucedió esto. Como os digo, estoy al lado del féretro, ya en el coche. Andrés va a concluir el rito con la bendición, saca el hisopo, y cuando este se encuentra en pleno funcionamiento, el bolo se desprende del mango, dando pequeños botecitos por todo el féretro concluyendo en su caída en el suelo del coche entre intentos de sofocar la risa con las manos, de todos los presentes. Por cierto, Andrés, ni se inmutó, enroscó el bolo y terminó con la aspersión.

 

OTRA DE ENTIERRO

 

Yo era diácono, en Zafra. Había fallecido una hermana carmelita, y fuimos al entierro. Quién conociera a don Juan Peralta, Visitador de Monjas por aquellas fechas, no se extrañará nada de la anécdota. Es difícil mantener la compostura con este hombre, que por cierto, respira bondad. Toda la celebración fue para mí un continuo intento por mantenerla, lo prometo. Pero estallé cuando a la hora de comulgar, alguien le hace notar que quedase vino para dar la comunión bajo las dos especies (pan y vino) a las hermanas. Don Juan, mira el cáliz, ve su contenido y dice en voz alta:

- Calla. Si queda para emborracharlas a todas.

No pude más, agache mi tronco, que casi toqué el suelo con la cabeza. Cuando sofocamos la risa, como pudimos, nos dimos cuenta que las hermanas estaban en desbandada por las risas. Ellas también lo habían oído. La difunta fue la única que se mantuvo como estaba.

 

 

COMPAÑERA A LA FUERZA

 

En un pueblecito de la sierra almeriense, cuando estaba en mi primer año de sacerdocio con 26  abriles recién cumplidos, me llaman para administrar una unción de enfermos a una viejecita. Pedí, para hacer una celebración mínimamente digna que fuese comunitaria, y para ello hice reunir a los vecinos y me presenté con una religiosa claretiana de edad avanzada. Al llegar me presento a la enferma:

- Abuela: Soy el cura nuevo que ha llegado a este pueblo

Y ella mirando a la religiosa me dice:

- Y esta... una chica ¿no? ja...ja...!

Viendo por donde iba la anciana, intento salir al paso y le respondo:

- Abuela. Un poco mayor para mi ¿no le parece?

Y ella ni corta ni perezosa me responde:

- Hijo...En los tiempos que corren hay que conformarse con lo que hay....  

 

SU PRIMERA COMUNIÓN (desde Navarra)

 

Esta anécdota le ocurrió a un cura de nuestra diócesis.

Aquel día era el de las primeras comuniones. Estaba la gente y el cura en la iglesia esperando a los niños y a sus padres que venían en procesión. Y resulta que a una niña la habían "decorado" con una diadema de lucecitas tipo "belén" y además intermitentes, que lucían gracias a unas pilas que la niña llevaba escondidas en la espalda.  Va transcurriendo la ceremonia entre las risitas y el regocijo del personal. Y cuando en el momento de la comunión llega la niña ante el altar a recibirla de manos del cura, éste le dice: "Mira hija, dile a tu madre que la hostia habría que dársela a ella"...

Así me lo contaron y cada vez que me imagino la escena todavía me río.

 

               (Muy bueno, Chema)

 

LE QUITARON EL MUERTO

 

   Estaba en Bruselas de capellán de emigrantes; a mi parroquia llegó un sacerdote para celebrar un funeral de un español conocido. (En Bélgica se entierran más o menos a la semana ya que el cupo y la hora para los empleados de los cementerios es sagrado, por eso han de esperar tantos días).

 

Nuestro amigo, que desconocía la costumbre local, se alargó en la predicación y se sentía a gusto hablándoles de lo que se sufre fuera de la patria y cómo venimos a morir fuera de nuestra tierra, etc., etc.  Magdalena, la religiosa, y yo que escuchábamos tan erudita disertación, nos mirábamos y nos decíamos... se lo quitan, se lo quitan; y en efecto, entraron en el templo los cuatro mozos de la funeraria, elegantemente ataviados, hicieron capuflexión a la familia y cogiendo el ataúd salieron de la Iglesia.

 

La familia, tras unos segundos de duda, salieron a todo correr detrás de su difunto, el cura se quedó con los brazos extendidos y con una cara de idiota inmejorable; Magdalena y yo no pudimos aguantar la risa, el cura se volvió hacia nosotros y con voz solemne nos recriminó de esta manera: “¡Parece  mentira que vosotros os riáis de algo tan serio!” Lo que hizo que aumentaran nuestras carcajadas. Nuestro digno sacerdote se fue sin despedirse.

 

 

EL NEOTERONOMIO (Juan Agost desde Alicante)

 

 

Es una parroquia de pueblo. De unos 15.000 feligreses. Parroquia de tradición e historia. Es la misa de diario. Las feligresas de la misa de la mañana. Santas mujeres todas.

Sube a leer una voluntariosa mujer de edad avanzada, siempre dispuesta.

(La primera lectura del día, del libro del Deuteronomio, narra la profesión de fe de los judíos fervorosos: "Mi padre era un arameo errante...")

                                    Como digo, la mujer sube al ambón. Se coloca las gafas de leer y, tras el cotidiano resoplido al micrófono, para ver si está enchufado y que se le oiga bien, (hace resonar los altavoces de la Iglesia), comienza la mujer a proclamar la Palabra como sigue:

 

"Lectura del libro del Neuterononio:  Mi padre era un quememeo errante..."

 

Mi compañero, pegando botes en la sede, partido de risa, tapándose la cara como puede...

 

 

IMPASIBLE ANTE LA CONTRARIEDAD (Juan Agost)

 

 

Otro día, siendo seminarista, asiste a la siguiente escena.

Es el momento de la comunión. Se acerca la fila de los fieles a recibir el Cuerpo del Señor. "El Cuerpo de Cristo, El Cuerpo de Cristo", repite el compañero diácono que ayuda al párroco a dar la Comunión. Aprisica, porque hay mucha gente. Es sábado por la tarde.

Se acerca en la fila una de las mujeres de toda la vida, que ayuda mucho en la labor parroquial, en lo que haga falta. La buena mujer lleva dentadura postiza. Le toca el turno de comulgar: "El cuerpo de Cristo", dice el amigo diácono, mientras le acerca a la lengua la Sagrada Forma. La mujer responde: "Amén". Y al terminar de decir su respuesta, con la boca abierta, se le despega la dentadura superior y se le cae sobre la inferior. La mujer pasmada. El diácono, impasible, sigue dando la comunión en la otra fila. La mujer se  mete en la boca el dedo índice, separando la dentadura, y se acerca de nuevo al diácono diciendo: Aén, Aén... El diácono le da la comunión, impasible -teníais que conocerle, bueno es él, imperturbable...-. Y aquí no ha pasado nada.

 

 

LA DENTADURA VIAJERA (Juan Agost)

 

 

En otra parroquia de una zona turística, en la misa de domingo, en verano. Hay una aglomeración de fieles que se acercan a comulgar. Una señora mayor, que también lleva dentadura postiza, previendo posibles incidentes, cuando se acerca su turno, disimuladamente se quita la dentadura. Hay mucha gente, nadie se dará cuanta, entre las apreturas de la cola de la comunión. Pero hete aquí que al guardar la dentadura en lo que ella cree que es su bolsillo, se confunde con el bolsillo de la vecina.

                                "El cuerpo de Cristo. Amén."

De regreso, ya sentadas, en el banco, la vecina se mete la mano en el bolsillo para sacar un pañuelo. Se oye un grito de ¿asombro? "¡Ay...¿QUÉ ES ESTO?" Y la otra mujer: ¡Gracias a Dios, menos mal, que pensaba que ya la había perdido, con lo caras que van...!

 

 

AL PIE DE LA LETRA, COMO DEBE SER!

 

 

En Quintanar de la Orden, provincia de Toledo, un cura diciendo misa estrena monaguillos. Durante la celebración de la misa, estos con toda la atención que pueden ayudan al cura. Llega el momento del lavatorio de las manos y los chicos no sabían qué hacer. Ante las dudas de ellos, el cura les dice que le echen agua. Y ellos obedecen: meten la mano en el "cacharrito" del agua y se la echan con los dedos a la cara.

¿Os imagináis la cara de circunstancia del cura, el susto del beaterio y las risitas del respetable...? Los monaguillos no entendían qué pasaba, ellos habían cumplido las órdenes...

 

 

 

DEL INFIERNO TAMBIEN SE SALE

 

 En una ocasión, asistí como seminarista a una misa por el eterno descanso de una chica, hermana de un compañero seminarista.  El celebrante fue un sacerdote que no tenía muy buena formación y, en parte se debió a que comenzó sus estudios filosóficos y teológicos luego de haber enviudado, siendo bastante mayor.  El sacerdote, al comienzo de la misa dijo:  "Vamos a ofrecer esta misa para que nuestra hermana fallecida esté con el Señor.... y de estar en el purgatorio, para que salga.... y........ si está en el infierno (aquí el sacerdote refleja un gran susto en su cara), pues que salga también.

Está de más decir la risa que nos dio a todos los seminaristas.  En adelante, decíamos que ese sacerdote era el único con la capacidad de celebrar misas que sacaran del infierno a las almas condenadas. 

(de Yoyo Boing)

 

DEL TROPICO

 

No sé qué tendrá de verdad, pero creo que sí es cierta. A un obispo procedente de un país tropical, le preguntan cómo se las apaña en un país tropical, sobre todo de cara a lo que es el sexto mandamiento, con la moral de sus “ovejas”. Más o menos, la respuesta del obispo fue la siguiente:

 

   “Hijo, la gente peca allí, tropicalmente; se confiesa, tropicalmente; y esperemos que Dios los salve ... tropicalmente”.

 

   Sin comentarios.

 

 

¿Tienes alguna historia de curas (o aledaños) que quieras contar?

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Más anécdotas de las que habéis enviado ........